Los socialistas contra la Guerra de Libia

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En el centro de la foto el historiador Eduardo Montagut en una conferencia en el Ateneo de Madrid. A su lado Belén Rico, Vocal de la Junta de Gobierno del Ateneo,  y Manuel Según, Vicepresidente de la Agrupación Ateneísta Agustín Argüelles.

El siglo XX trajo cambios importantes en la política imperialista italiana. La tensión con Francia en el Mediterráneo terminó cuando Italia consiguió el apoyo de su poderosa vecina para hacerse con Trípoli y la Cirenaica. Los italianos ofrecerían, a cambio, un acercamiento a Francia, tan aislada, y el reconocimiento de sus intereses en el norte de África, especialmente en Marruecos. Ambas potencias firmaron un acuerdo secreto en 1902, que establecía la mutua neutralidad en caso de agresión. Tenemos que tener en cuenta que Italia pertenecía a la Triple Alianza, uno de cuyos objetivos era seguir manteniendo a Francia aislada, según lo diseñado en su día por Bismarck. Francia conseguía abrir brecha en su aislamiento a cambio de ser generosa con Italia en Libia. Así pues, en 1911 los italianos decidieron actuar. En el mes de septiembre se publicó un “estado de quejas” contra Turquía, dueña del territorio y se declaró la guerra, a pesar de que el sultán estaba dispuesto a negociar. En noviembre se proclamó la soberanía italiana sobre la Tripolitana y la Cirenaica. Pero Italia se animó a seguir expandiéndose a costa del enfermo y decadente Imperio turco. Ocupó la isla de Rodas y el Dodecaneso en 1912. Al final, en el otoño se firmaron una convención y un tratado entre ambos estados por el que Turquía reconocía todas las anexiones italianas.

El PSOE publicó en su número 1337 (24 de noviembre) de El Socialista la declaración de la Segunda Internacional contra la guerra de Libia, que emitió el Comité ejecutivo de la Oficina Socialista Internacional en Zurich. En la noche entre el 26 y 27 de septiembre el Gobierno italiano había enviado un ultimátum al turco, y cuarenta y ocho horas después se había producido la declaración de guerra. La Internacional protestaba en nombre de todos los trabajadores contra la que se consideraba una empresa colonial “loca” y desastrosa para ambas partes porque podía provocar una guerra general, ya que, no nos olvidemos el mundo se encontraba en plena paz armada con tensiones permanentes, pero, además de abrir “un abismo entre Europa y el nuevo mundo islámico”, además de servir de pretexto a las grandes potencias para hacer más pesada la carga de los armamentos. La Internacional animaba, en virtud de los acuerdos tomados en los Congresos de Stuttgart y Copenhague, así como por la resolución de Zurich de 25 de septiembre de 1911, a organizar actos en las ciudades europeas contra el golpe de fuerza de Trípoli y contra la guerra en general. Los socialistas afirmaban que esta acción en Trípoli era una más de las que se estaban produciendo en aquel momento, aludiendo a cómo Inglaterra se había apoderado de Egipto, Francia y España se repartían Marruecos, Alemania había protagonizado el episodio de Agadir, y el Imperio de Austria-Hungría se había apoderado de Bosnia y Herzegovina. Así pues, no sólo era la política italiana el problema sino la de todas las potencias, algo que el socialismo internacional debía denunciar. Recordemos, además, que en 1911 se reanudó el interés del gobierno español de Canalejas por Marruecos y comenzaron las negociaciones con Francia para establecer sendos protectorados. El PSOE continuó con la denuncia de la situación en Marruecos, como lo pone de manifiesto el espacio creciente que esta cuestión ocupaba en El Socialista.

En la denuncia de esta guerra, además, y como hemos apuntado más arriba al aludir al posible resentimiento musulmán, se aludía a las consecuencias que podía acarrear en Turquía y el resto del mundo musulmán, justo cuando se estaba intentando introducir en esa parte del mundo las libertades conquistadas en Occidente, proporcionando a los sectores más reaccionarios argumentos contra la penetración de la “civilización europea”.

Eduardo Montagut

SEPTIEMBRE EN EL ATENEO

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En la foto la Ministra de Trabajo Magdalena Valerio en la puerta del Ateneo con Cristina Valera y José Antonio García Regueiro.

ARCO ATENEO os recomienda para este mes de septiembre los siguientes actos:

El 11 de septiembre a las 19:00 h. la conferencia organizada por  la Sección de Filosofía en el Salón Ciudad de Úbeda: “Sexto empírico: contra todo dogmatismo, una serena actitud escéptica”. Interviene Antonio Chazarra. Presenta Francisco Forte. Introduce y modera Félix Recio. Salón Ciudad de Úbeda.

El 12 de septiembre la conferencia sobre “El ideal federal”, dilema permanente en la política de nuestro país, que dará Miguel Iceta en la Sección de Comunicación, presentado por Nicolás Sartorius; modera Cristina Valera,.

El 16 de septiembre a las 19:30 h la mesa redonda organizada por la Sección de Psicología en la Sala Nueva Estafeta sobre “Análisis de personalidad de El pícaro de Aragón, de Eduardo Cordo”. Intervienen: Ezequiel Triñaque, Alfonso Gómez y el autor. Presenta y modera M.ª Teresa Pedraza.

El 18 de septiembre a las 19:30 h, la conferencia organizada por la Agrupación Especial Ateneísta “Ángel Garma” en la Sala Nueva Estafeta: “Un viaje psicoanalítico al sufrimiento de las depresiones”. Interviene Alfonso Gómez Prieto. Presenta Pablo Bahillo. Modera Belén Rico. Sala Nueva Estafeta. 19.30 horas.

Y, por último, el 25 de septiembre a las 19:00 h. la conferencia organizada por la Agrupación Especial Ateneísta “Agustín Argüelles” en la Sala Nueva Estafeta: “El paradigma español: Memoria Histórica”. Presenta Belén Rico. Introduce y modera Cristina Valera. Intervienen Alfonso Gómez Prieto y Manuel Según. Concluye José Antonio García Regueiro.

EL IDEAL FEDERAL EN EL ATENEO

Federal

El próximo 12 de septiembre en el Ateneo de Madrid Miguel Iceta dará una conferencia sobre «El ideal federal», un tema sin duda de especial interés en el momento actual.

Lo presentará Nicolás Sartorius y lo moderará Cristina Valera que es la Presidenta de la Sección de Comunicación del Ateneo y Vicepresidenta de la Agrupación Ateneística Agustín Argüelles.

Desde Arco felicitamos a nuestra compañera Cristina Valera por la organización de este evento.

Os esperamos

APUNTES SOBRE EL ATENEO DE MADRID

Escalera

En la foto la candidatura de Arco Renacimiento 2019

El pasado 31 de mayo, encabezando la candidatura de Arco Renacimiento, 108 socios del Ateneo confiaron en mi para ser Presidente, pero no fui elegido porque el candidato de la Red Ateneísta consiguió 9 votos más, es decir, 117 votos.

Ese mismo día se renovó la mitad de la Junta de Gobierno de tal forma que en la misma encontramos 5 representantes de la Unidad Ateneísta elegidos hace un año; y cuatro de la Red Ateneísta, uno de Convergencia y uno de Arco Renacimiento, elegidos este año. En consecuencia, si bien la Unidad Ateneísta no se ha presentado en estas elecciones, sigue teniendo mayoría en la Junta de Gobierno. Esta circunstancia abre interrogantes de calado como, por ejemplo, si el nuevo Presidente Juan Armindo Hernández Montero va a tener el apoyo de la Unidad para sus proyectos estrella, pues si no fuera así se convertiría en una figura meramente decorativa. Veremos.

Por otra parte, llama la atención que llevando sólo unos días en el cargo el nuevo Presidente, y sin el respaldo de la Junta General, se haya estrenado con un Acuerdo Transaccional con la arrendataria de la cafetería para intentar poner fin al importante pleito existente.

Por su trascendencia, considero que el nuevo Presidente antes de firmar ese Acuerdo Transaccional con la arrendataria de la cafetería, aunque haya tenido el apoyo de la mayoría de la Junta de Gobierno, debería haberse dirigido a todos los socios por escrito analizando la situación jurídica y con una explicación suficiente sobre los concretos motivos por los que considera que concurren las circunstancias idóneas para dar este importante paso. Al no haberlo hecho, desconocemos los socios por qué se debe considerar que el controvertido acuerdo es mejor que dejar que se resuelva el pleito por sentencia.

Un segundo frente abierto en las últimas semanas es el de las Agrupaciones Ateneísticas, las cuales están siendo objeto de “especial análisis” por algunos “sectores” a pesar de que están reguladas y reconocidas como órganos relevantes del Ateneo por el Reglamento y que las mismas están ofreciendo con regularidad conferencias de alto nivel y de especial interés para los socios y el público.

¿Debemos deducir que dichos “sectores” quieren suprimirlas o someterlas a unas estrictas reglas de censura?. Curiosamente esos mismos “sectores” suelen alabar a las Tertulias a pesar de ser una figura no reconocida ni regulada por el Reglamento. Me consta que las Tertulias del Ateneo son excelentes, como por ejemplo la que dirige la actual Vicepresidenta Segunda y compañera de candidatura del Presidente, pero también considero excelentes a las Agrupaciones, Secciones y Cátedras, las cuales no sólo son compatibles entre sí, sino que juntas contribuyen a un mejor funcionamiento del Ateneo.

Recordemos que los que fundaron bajo los principios de la Ilustración el Ateneo en 1820, ya avisaron sobre los riesgos a que están sometidas todas las instituciones humanas, pues es frecuente que desde el poder se quiera desalentar el pensamiento, el debate y la creación.

Proteger el trabajo de las Secciones, Agrupaciones, Tertulias y Cátedras frente a cualquier intento de censura o limitación, es el único camino para garantizar los principios fundacionales del Ateneo, esto es, que la libertad de manifestar el pensamiento es indispensable para descubrir y difundir la verdad, que sin libertad de expresión y de reunión no hay democracia, y que la mayor amenaza para la libertad es una sociedad inerte, sin debate público.

José Antonio García Regueiro,

Fue Vicepresidente del Ateneo de Madrid de junio 2017 a junio 2019

Letrado del Tribunal de Cuentas y Jurídico Militar por oposición (ingresó en 1994 y 1990, respectivamente). Ha sido Letrado del Tribunal Constitucional, Secretario General de la Delegación del Gobierno en Madrid y Asesor Responsable del Defensor del Pueblo.

La Ley Sálica y su repercusión en la crisis del Antiguo Régimen español

Eduardo Montagut

Cuando se estudia la cuestión de la sucesión femenina de la Corona de España se alude a la Ley Sálica. En este artículo intentaremos explicar algunas cuestiones sobre esta ley y su repercusión en el inicio de la Historia contemporánea española.

Entre las leyes sálicas, recopilación de disposiciones consuetudinarias de los francos salios de la Alta Edad Media, existía una que excluía a las hijas de la herencia de las tierras de una familia. Posteriormente, esta ley fue actualizada en la Francia moderna para excluir a las mujeres de la sucesión al trono y pasó a conocerse como Ley Sálica. Esta disposición fue adoptada por otras Monarquías.

La Ley Sálica aparece en España con la llegada de los Borbones en el siglo XVIII. En 1713, Felipe V dio un Auto Acordado en este sentido, derogando las disposiciones y reglas sucesorias tradicionales castellanas que se habían establecido en las Partidas. Este Auto anteponía el derecho de todos los varones del linaje real a heredar el trono al derecho de las mujeres de dicha dinastía. En 1789, recién entronizado Carlos IV, se aprobó la Pragmática Sanción, aunque no fue publicada hasta el año 1830 por su hijo Fernando VII y que anulaba la Ley Sálica. Fernando VII pretendía que su hija mayor, la futura Isabel II, reinara y no el hermano del monarca, Carlos María Isidro. Pero entre 1830 y 1833 se dio una intensa lucha cortesana entre los absolutistas, futuros carlistas, que no querían que el trono lo heredara una niña ni que estuviera en manos de su madre, la reina María Cristina, prefiriendo a Carlos María Isidro, firme defensor del absolutismo regio. Enfrente estaban los cortesanos y políticos más reformistas, que ante la personalidad del infante, se decantaron hacia la solución de la hija con una regencia de la madre. Ante su debilidad buscaron el apoyo de los liberales moderados, los cuales vieron una oportunidad de poder acceder al poder y, de ese modo, comenzar las reformas que pretendían aplicar en todos los ámbitos.

En 1832, el rey enfermó y los absolutistas consiguieron en La Granja maniobrar en torno al lecho del moribundo para que derogase la Pragmática Sanción, restableciendo la Ley Sálica, impidiendo, por lo tanto, que Isabel reinase. Pero el monarca se restableció y anuló el decreto, cambió el gobierno por otro más moderado y dejó definitivamente como heredera a su hija.

El nuevo gobierno de Cea Bermúdez optó por una tímida apertura hacia los liberales, buscando apoyos, decretando una amnistía y destituyó a todos los elementos carlistas de los resortes del poder. Carlos María Isidro decidió marchar al exilio portugués.

Fernando VII murió el 29 de septiembre de 1833. Isabel, con tres años de edad, heredaba la Corona y su madre pasó a ser la Reina Gobernadora. Para afianzarse en el poder frente a los carlistas, que no reconocían la sucesión, se apoyó en los liberales moderados para gobernar, a pesar de su escaso entusiasmo por el liberalismo. Por su parte, Carlos María Isidro publicó el Manifiesto de Abrantes donde se autoproclamaba rey con el nombre de Carlos V. La guerra carlista comenzaba, aunque debe tenerse muy en cuenta que la cuestión sucesoria, siendo importante, no es la única que explica esta primera guerra civil de la Historia contemporánea de España.

Eduardo Montagut Contreras

SOBRE DERECHO Y JUSTICIA EN EL ATENEO

El pasado 8 de julio de 2019, el Letrado del Tribunal de Cuentas y ex Letrado del Tribunal Constitucional José Antonio García Regueiro, presenta al Secretario General del PSOE de Madrid, José Manuel Franco, en el acto sobre Justicia y Derecho organizado por la Agrupación Ateneística Agustín Argüelles, de la cual el primero es Presidente.

Jaime Vera vuelve al Ateneo

Todos

Para los ateneístas es un motivo de satisfacción el que el lunes 17 de junio de 2019, a las 19 horas, se celebre en el Ateneo de Madrid un homenaje al ateneísta, científico y socialista Jaime Vera López (1858-1918), en un acto presentado por José Antonio García Regueiro, moderado por el periodista Luis de Benito y con la intervención de Carmen Barahona, Francisco Cánovas,  Juan José Castillo, Antonio Chazarra, Carlos López Riaño y Aurora Ruiz.

Recordemos que el Jaime Vera ateneísta tuvo una relevante actividad en la Docta Casa, sin perjuicio de que el tiempo haya ido difuminando su recuerdo al ir desapareciendo los testigos que le vieron y no existir toda la documentación que sería deseable al respecto.

Pero si le podemos imaginar en el Ateneo en los años ochenta del siglo XIX defendiendo sus ideas científicas como médico alienista o hablando en algún rincón, por ejemplo, con el entonces Vicepresidente del Ateneo Manuel Pedregal y Cañedo, un prestigioso jurista que fue también Presidente de la Sección de Ciencias Morales y Políticas, Ministro de Hacienda durante la Primera República en el Gobierno de Emilio Castelar y que fundó, junto con Francisco Giner de los Ríos y otras personalidades, la Institución Libre de Enseñanza en 1876.

Un poco antes de los años ochenta, el 2 de mayo de 1879, Vera había protagonizado, probablemente sin sospechar su repercusión histórica, el acto por el cual es más recordado, esto es, la fundación, junto con Pablo Iglesias y otros compañeros, del Partido Socialista Obrero Español.

Este acto político fundacional, en cualquier caso, no debemos dejar que nos oculte a uno de los más brillantes ateneístas de su tiempo y a un profesional excepcional de la medicina española en el campo de las enfermedades nerviosas y psiquiátricas, lo que se advera por su nombramiento como director del departamento psiquiátrico del Hospital General de Madrid y por ser reconocido como el representante más emblemático de la tercera generación de neuropsiquiatras madrileños del siglo XIX, iniciada por Pere Mata i Fontanet (1811-1887) y seguida por José María Esquerdo Zaragoza (1842-1912), quien fue su maestro.

De sus más relevantes logros profesionales podemos recordar, por ejemplo: en 1886 el juicio celebrado contra el cura Galeote, acusado de asesinar al obispo de Madrid-Alcalá, donde el informe redactado por los doctores Bustamante, Simarro y Vera, presentado ante el tribunal por éste último, salvó la vida del acusado; o en 1888 el informe emitido por los doctores José María Escuder, Luis Simarro y Jaime Vera acerca del estado mental de Martín Larios, que  concluye que no padece enfermedad alguna que perturbe su inteligencia y le prive de su razón, lo que determinó que los tribunales dictaran sentencia favorable a Martín Larios.

Sus conocimientos prácticos y teóricos los difundió Vera en el Ateneo de Madrid, como socio nº 4.390, llegando a ser Secretario de su Sección de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas de 1882 a 1884. En el curso 1883-84 se discutió su Memoria sobre el tema “¿Debe considerarse la psicología como ciencia natural?”.

Por último, debemos destacar que en el Ateneo hay una copia impresa de su tesis, presentada en junio de 1880, “Ligeras consideraciones clínicas sobre la parálisis general progresiva de los enajenados”; es un estudio sobre 32 pacientes del sanatorio privado del doctor Esquerdo cuyo original, escrito a plumilla, se conserva en la biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

José Antonio García Regueiro

Presidente de Arco. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid de junio de 2017 a junio de 2019

Artículo publicado en «Entreletras» el 11 de junio de 2019

Paul Singer

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En este artículo estudiamos la biografía de un socialista alemán muy significativo, Paul Singer.

Nuestro protagonista nació en 1844 en Berlín en el seno de una familia comerciante judía rica. Singer comenzó su andadura política en las filas del liberalismo, pero en 1868 conoció a August Bebel y Wilhelm Liebknecht, un hecho capital en su evolución política. En ese momento, además, sería cofundador de la Asociación de Trabajadores Democráticos, y miembro de la Asociación de Trabajadores de Berlín. En el seno de las fuerzas sindicales defendió la adopción del programa de la AIT. Después se unió al SDAP, pero tuvo la desgracia de enfermar gravemente de tuberculosis, lo que provocó que no tuviera una presencia activa en el movimiento obrero durante un tiempo. Pero Singer siguió luchando, siendo uno de los más firmes defensores de la solidaridad socialista frente a los ataques de Bismarck, además de ser punto de contacto en los socialistas alemanes y Marx y Engels en Londres. Singer llegó a ser puesto bajo vigilancia en su domicilio.

En 1879 fundó The Social Democrat. En 1884 creó y financió el  Berliner Volksblatt, siendo su editor junto con Wilhelm Blos. Cuando cayó Bismarck y cedió la presión sobre los socialdemócratas el periódico se transformaría en el Vorwärts, el órgano oficial del SPD.

Singer se destacó por su afán organizativo, además de financiero a favor del movimiento obrero alemán, creando periódicos, como hemos visto, y otras organizaciones.

En 1884 fue elegido para el Consejo de la Ciudad de Berlín (poder municipal). De esa época es su entrada en el Reichstag. En 1890 fue nombrado jefe del grupo parlamentario socialdemócrata. A pesar de su posición sería expulsado de Berlín en 1886. Hasta su regreso a la capital en 1890 residió en Dresde.

En 1887 entró en el Comité Ejecutivo del Partido, además de presidir en varias ocasiones el Congreso Anual del SPD. Desde 1890 con Alwin Gerisch, y a partir de 1892 con Auguste Bebel, presidente del Partido.

En el seno del SPD fue contrario al revisionismo de Bernstein, aunque no fue partidario de su expulsión. Sin lugar a dudas, nuestro protagonista fue uno los líderes fundamentales tanto de la época de la represión bismarckiana, como del auge de la formación en la época previa a la Gran Guerra. Singer escribió sobre socialismo y política social. En este último caso podríamos destacar el trabajo que publicó en 1889 junto con Bebel sobre la Ley de invalidez y Seguro de la vejez, entre otros trabajos. En este sentido, hay que destacar, además su compromiso con las personas sin hogar en Berlín. También fue un intenso luchador contra el antisemitismo, colaborando con la comunidad judía de la capital alemana. Singer era un hombre rico, circunstancia que le permitió poder financiar muchos de sus proyectos y empeños sociales. Con su padre creó unos grandes almacenes y había sido también financiero.

Murió en enero de 1911 Su entierro fue multitudinario, precisamente, por su cercanía hacía las causas sociales en Berlín.

Los socialistas españoles le homenajearon en las páginas de El Socialista en su número 1300 a raíz de su fallecimiento. Para el periódico español, Singer era “corazón generoso, sintió en su alma la causa proletaria y pronto su naturaleza estudiosa llevó a su clara inteligencia las miserias de los oprimidos”. Los socialistas españoles destacaban cómo no se había dedicado a seguir la cómoda vida de la alta burguesía, si no que se había volcado en la causa socialista. También destacaban su posición firme frente a Bismarck.

El Socialista consideraba a Singer miembro de la trilogía completada por Bebel y Liebknecht padre, en la que se “reconcentraba toda la energía del socialismo alemán”.

Eduardo Montagut

Virginia González y la lucha por la igualdad salarial entre hombres y mujeres

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Virginia González es una de las mujeres más importantes de la Historia del sindicalismo español de las primeras décadas del siglo XX. En distintos trabajos nos estamos acercando a su conocimiento. En este nuevo artículo queremos glosar el artículo que publicó en El Socialista para el primero de mayo de 1919, y que llevaba por título:

“A trabajo igual, idéntico salario”

Virginia González tenía muchas cualidades oratorias, pero también poseía grandes virtudes a la hora de escribir. Su artículo comenzaba manifestando cómo las mujeres habían sido cantadas por los literatos elogiando su abnegación, aunque realmente lo que se cantaba era su pasividad y resignación, porque además de “entregar el hijo, el marido o el hermano” habían pasado a las fábricas para ocupar los puestos de los que combatían en la guerra, y no se habían quejado ni por el crimen que suponía la misma. Recordemos que la Gran Guerra acababa de terminar, y las mujeres habían desarrollado un enorme esfuerzo laboral, factor indiscutible en el triunfo de la causa aliada, añadimos nosotros.

Terminada la contienda se acabaron los cantos líricos. Las mujeres estaban saliendo de las fábricas para engrosar las filas del paro. Así pues, ni el hijo muerto ni la vida material se había hecho más fácil. La lucha por la supervivencia se estaba haciendo muy difícil.

Por lo tanto, Virginia González informaba que en la manifestación del primero de mayo de ese año se incluiría un cartel con la divisa:

“¡A trabajo igual, idéntico salario!»

Los obreros debían comprender la justicia de esta reivindicación, pero las obreras también debían entender que sus derechos solamente se podían salvar uniéndose a los trabajadores organizados, haciendo suyos los anhelos igualitarios del proletariado. Virginia González estaba haciendo un canto a la lucha obrera común, al feminismo socialista, a reivindicar que solamente en el socialismo las trabajadoras alcanzarían sus reivindicaciones. Y eso se conseguiría luchando por la igualdad salarial entre hombres y mujeres.

Eduardo Montagut

Hemos trabajado con el artículo de nuestra protagonista, publicado en el número 3552 de El Socialista.

La Nueva Era en el socialismo español

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La Nueva Era fue una publicación socialista española, fundamental para conocer la tendencia más intelectual o reflexiva de análisis del marxismo y del socialismo más allá de la postura oficial del Partido en su inicial y larga andadura obrerista. En todo caso, a pesar de su corta existencia, ya que comenzó su publicación en enero de 1901 y finalizaría en octubre del año siguiente, terminaría influyendo en el futuro cambio de estrategia política del PSOE cuando abandonase su antirepublicanismo feroz.

La Nueva Era fue creada por el tipógrafo Antonio García Quejido, uno de los padres del PSOE. El proyecto inicial proponía poner al alcance del lector textos de socialistas extranjeros para desarrollar de forma más profunda el marxismo en España, sin reduccionismos, ni obrerismos de corto plazo. Así pues, se incluyeron trabajos de Engels, Lafarge, Adler, Jaurès, Kautsky, Bebel, Plejanov, Turati, y Sorel. Hay que destacar, especialmente, el trabajo de Engels, El gobierno de la Comuna, el de Bebel, Socialización de la sociedad, y la controversia sobre el concepto de la Historia entre Lafargue y Jaurés. García Quejido explicaba esta apuesta porque reconocía que el socialismo español no contaba con grandes pensadores.

Otro capítulo importante de la revista se dedicó al socialismo latinoamericano, de la mano de Juan B. Justo o de José Ingenieros. Justo fue un fundamental socialista argentino, fundador del Partido Socialista de aquel país, diputado y senador. Por su parte, Ingenieros fue un polifacético siciliano que recalaría en la Argentina, también fundador del socialismo allí, aunque sin participación en lo organizativo.

En el caso español habría que destacar que Pablo Iglesias no participara en el proyecto, ya que era indudable que el mismo cuestionaba el pablismo. García Quejido incluyó una serie de artículos sobre la ley de bronce de los salarios. El autor estaba muy preocupado por difundir la teoría marxista, defendiendo que el socialismo español abandonase su preocupación revolucionaria inmediata por una revolución en un horizonte de largo plazo, y que solamente llegaría después de un proceso de reformas. En este sentido, habría que citar su artículo “¿La Ley de los salarios está bien formulada?”, que publicó en la revista en 1901. Podríamos calificar esta postura como evolucionista, y que sería el nexo ideológico de los colaboradores de la publicación.

Por su parte, Juan José Morato publicaría en un número de 1901, “Las subsistencias en Madrid”, y en otro número del siguiente año, el artículo “Por distintos caminos”. En el mismo sentido de García Quejido, el autor, que ya había estudiado los modos de producción en 1897, defendía, a través del análisis de las condiciones de vida en la capital, que los socialistas apoyasen la plena implantación del capitalismo mediante la lucha por los aumentos salariales.

También habría que citar los trabajos de Vicente Barrio, que con el tiempo tendría un gran protagonismo en la UGT, y de Manuel Vigil, fundamental socialista en Asturias. Ambos se dedicaron a la crítica del anarcosindicalismo en relación con sus propuestas revolucionarias. El PSOE debería dedicarse a una intensa labor propagandística para la futura responsabilidad que deberían asumir los trabajadores.

Al final, el proyecto fue decayendo hacia lo divulgativo, y cerró por inviabilidad económica.

Para conocer este interesante proyecto de reflexión ideológica del socialismo español es imprescindible el trabajo de Paul Heywood, El marxismo y el fracaso del socialismo organizado en España, 1879-1936, Santander, 1993, y, especialmente, el capítulo “Marxistas descafeinados: El PSOE, 18719-1914”, que ha sido nuestra referencia fundamental. También hay que acudir al trabajo clásico de Manuel Pérez Ledesma, Pensamiento socialista español a comienzos del siglo, Madrid, 1974.

Eduardo Montagut