Los orígenes del antimilitarismo en España

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La oposición al ejército ha adoptado diversas formas a lo largo de la Historia española. En este artículo nos centraremos en la oposición que en amplias capas populares generó el reclutamiento y el servicio militar en la crisis del Antiguo Régimen y en la época liberal.

Al parecer, se puede detectar un claro rechazo a servir al rey en las armas ya en el Antiguo Régimen. Algunos textos del siglo XVIII nos informan de este rechazo, que pudo darse de forma paralela al descontento fiscal o ante la escasez y subida del precio del pan y otros víveres. La desconfianza popular hacia el ejército se sustentaba en las experiencias que se vivían a causa de los desmanes y daños económicos que las tropas ocasionaban cuando se alojaban en los pueblos y aldeas camino de alguna campaña militar.

Pero la cuestión se complicó cuando se produjo el cambio del sistema de reclutamiento en tiempos del rey Carlos III, el gran reformador del ejército, ya que se transformó en un sistema regular anual. Eso provocó un evidente rechazo. Al igual que existieron motines provocados por las crisis de subsistencia y/o por la presión fiscal, también los hubo contra las quintas, como el acontecido en Barcelona en 1773. Los territorios forales, por su parte, también experimentaron protestas porque, además, allí se aludía a que las quintas iban contra los fueros y costumbres propias. Es significativo que entre uno de los diversos factores que propiciaron el triunfo del pronunciamiento de Riego en 1820 estaría el del rechazo de la tropa a marchar a América a luchar contra los insurgentes, habida cuenta del peligro del viaje y, sobre todo, de lo penoso del servicio tan lejos, lleno de riesgos frente a quiénes luchaban por su independencia.

El Estado liberal introdujo, por su parte, novedades en relación con el reclutamiento que generarían un nuevo motivo de protesta. Aunque el liberalismo había promulgado el derecho y deber de todos los españoles de defender a la patria, en consonancia con lo que se venía defendiendo desde la Revolución Francesa, muy pronto se conculcó este principio. La Ley de Quintas del Trienio Liberal abrió la puerta a las excepciones, ya que establecía que el servicio militar podía ser desempeñado mediante sustitutos. La Ordenanza de 1837 creó la fórmula de la redención en metálico para librarse del servicio bajo pago de una cantidad, y la figura de la sustitución, por la que también mediante pago, un quinto prestaba servicio por otro. Era evidente que solamente los hijos de las clases elevadas podían afrontar estos desembolsos, por lo que casi exclusivamente prestaban el servicio militar los hijos de los obreros y campesinos. Tenemos que tener en cuenta que el servicio militar era muy largo, impidiendo poder trabajar y desarrollar una vida propia, y con unas condiciones nada prometedoras y sí muy degradantes. Para rematar lo poco atractivo del servicio estaba el largo tiempo en el que un soldado licenciado seguía a disposición de las autoridades militares para ser llamado a filas ante el estallido de un conflicto. Pensemos en la dureza de las guerras carlistas, especialmente de la primera, o después de las guerras en Cuba y Filipinas donde, por lo demás, era casi más fácil morir de una enfermedad que en combate.

Muchos motines del siglo XIX combinaron la protesta fiscal contra los consumos, los odiados impuestos indirectos sobre productos de primera necesidad con la protesta contra las quintas. El apoyo popular a la Revolución de 1868 que derribó el sistema liberal isabelino y que pretendió construir uno mucho más democrático se basó en las supuestas promesas de abolición de las quintas. Pero el Gobierno Provisional optó por un reformismo más político que social frenando todos los impulsos radicales. El caso de las quintas, en este sentido, es significativo, porque se mantuvieron. Este hecho desencadenó protestas y revueltas. Importantes fueron las que se dieron en Cataluña y Andalucía exigiendo el fin de las mismas. Los republicanos federalistas prometieron, establecida la Primera República, su abolición, pero, como es sabido, dicho proyecto político duró muy poco tiempo.

A finales del siglo XIX, el antimilitarismo creció y se hizo más sofisticado, ya que recibió la influencia del movimiento obrero, por lo que se planteó desde diversos puntos de vista y de forma más global, atacando al ejército de forma contundente. Famoso fue el periódico El Globo, a mediados de la última década del siglo, con sus artículos demoledores sobre la vida de los oficiales y la hipocresía del valor patriótico. El socialismo español desarrolló una intensa campaña contra la redención planteando que atacaba la igualdad cuando estalló la Guerra de Cuba, aunque el conflicto fue criticado en su totalidad por más razones.

El Desastre del 98 abriría una nueva etapa en la Historia del antimilitarismo en España, a las puertas del intenso siglo XX.

Eduardo Montagut. Doctor en Historia.

Los inicios del catalanismo

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El centralismo del Estado liberal frustró las aspiraciones de los catalanes en la compleja Revolución Liberal española. En las décadas centrales del siglo XIX surgió el fenómeno cultural de la Renaixença, produciéndose una clara recuperación de la lengua y cultura catalanas. Era el primer paso para el nacimiento del catalanismo político.

Durante el Sexenio Democrático (1868-1874) comenzó a plantearse que Cataluña tenía una personalidad específica. A través del republicanismo federal se aspiraba a contar con instituciones políticas y administrativas propias, pero la Restauración frustró esta aspiración aunque, no cabe duda, que gran parte de la burguesía catalana apoyó el regreso de los Borbones y el establecimiento de un sistema político muy conservador y centralista. Primaban más sus intereses económicos que los catalanistas.

Al final de la década de los años setenta del siglo XIX comenzaron a surgir personalidades, asociaciones y grupos defensores de los derechos específicos de Cataluña. En 1879, el antaño republicano federalista Valentí Almirall sacó el Diari Català, primer periódico en catalán, e intervino en la creación del Centre Català, una entidad que se encargó de defender los intereses económicos y culturales de Cataluña y que convocó varios congresos catalanistas. En 1885 redactó el Memorial de Greuges, que fue entregado al rey Alfonso XII. En 1886 publicó Lo catalanisme, donde se establecían los acontecimientos históricos catalanes y se sentaban las bases del catalanismo. Almirall fue uno de los más encendidos críticos de la celebración de la Exposición Universal de Barcelona de 1888 por considerarla un escaparate de la Monarquía borbónica centralista.

En el sector conservador y burgués aparecieron las figuras de Joan Mañé i Flaquer, Enric Prat de la Riba, Duran i Ventosa, y Puig i Cadafalch, además de asociaciones como la Lliga de Catalunya de 1887 y la Unió Catalanista de 1891. Esta última redactó las importantísimas Bases de Manresa de 1892.

Entre los días 25 y 27 de marzo de 1892 en Manresa, la Unió Catalanista organizó una asamblea de delegados con el fin de elaborar el programa político de la entidad. El resultado fueron las Bases per la Constitució Regional Catalana, más conocidas como las Bases de Manresa. El presidente de la asamblea fue Lluís Domènech i Montaner, actuando como secretarios Enric Prat de la Riba y Josep Soler i Palet. Las Bases tenían una inspiración federal y apelaban a las antiguas leyes o libertades catalanas previas a 1714.

Al finalizar el siglo XIX, el catalanismo se encontraba muy desarrollado. Se trataba de un sentimiento arraigado que defendía la existencia de una identidad lingüística y cultural propias y que generó un sentimiento de orgullo. Este catalanismo era aún regionalista, aceptando la pertenencia a España, ya que en las Bases de Manresa se reivindicaba el poder político para Cataluña pero dentro del Estado español.

El desastre de 1898 provocó una situación de enfrentamiento entre el poder central y los nacientes regionalismos no españolistas, que pasaron a ser nacionalistas. En este sentido es muy interesante la Carta de Duran i Bas a Francisco Silvela del 5 de enero de 1899:

“Va acentuándose aquí la creencia de que dentro de breves años sufrirá España una desmembración; este peligro comienza a mirarse como natural y, lo que es más triste, con indiferencia. Se reconoce que Cataluña podrá ser absorbida por Francia, pero lo más alarmante del hecho es que la contestación que se da a los que hacen tal advertencia es la siguiente: peor gobernados que por la gente de Madrid no lo podemos estar. Usted, conociendo ahora estos hechos, apreciará si en su próximo discurso le conviene apoderarse de algunas de las afirmaciones del general Polavieja que más entusiasmo han producido aquí, en Zaragoza y algunos otros puntos, y si le conviene, como yo creo, ser explícito, tanto para inspirar a las clases neutras como para calmar la excitación de los regionalistas de Cataluña, Vascongadas y Galicia, los más peligrosos por su proximidad a Francia y a Portugal”.

El catalanismo adquirió fuerza política con las aspiraciones de Polavieja, que presentó un manifiesto el primero de septiembre de 1898 donde, además de criticar el caciquismo, la corrupción administrativa, y plantear la necesidad de reformas educativas y hacendísticas, hizo una defensa de la descentralización. Para este militar era una necesidad imperiosa que la vida económica del país se desenvolviera sin las trabas de la centralización que ya levantaba protestas alarmantes.

El catalanismo siguió sin ser segregacionista, pretendiendo regenerar desde la periferia el desastre en el que se había precipitado España.

La burguesía catalana implicada e integrada en el sistema político optó, ante la situación de crisis general, por aliarse con los defensores del catalanismo en una coalición electoral que triunfaría en las elecciones de 1901. Estaríamos en el inicio de la creación del primer partido catalán conservador, la Lliga Regionalista de Francesc Cambó y Prat de la Riba. El principal objetivo del partido sería lograr la autonomía dentro del Estado español. Por fin, el catalanismo conservador basculó entre su deseo autonómico y su preocupación por el auge del movimiento obrero anarcosindicalista en Cataluña.

Eduardo Montagut. Doctor en Historia.

ARCO CON LAPSUS

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El Presidente y el Vicepresidente de Arco Europeo, José Antonio García Regueiro y Alfonso Gómez Prieto, participarán hoy en la presentación de dos libros dirigidos y coordinados por las Co-directoras de la asociación psicoanalítica Lapsus de Toledo, Cristina Jarque y Dolores Burgos.

Os esperamos

 

Los refugiados: ayer y hoy

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Los Estados no consiguen o no desean acabar con la existencia de los refugiados. Los conflictos de todo tipo que saltan en cualquier lugar, siguen generando refugiados, miles, decenas de miles de refugiados. En este trabajo pretendemos realizar algunas reflexiones sobre estas personas que huyen de la persecución, del hambre, de las guerras, del horror, incidiendo en la prevalencia en el tiempo de este terrible fenómeno de sufrimiento humano.

Un refugiado es la persona que, a causa de una guerra, conflicto, revolución, golpe de estado o persecución se ve obligada a huir de su país e intentar trasladarse a otro. Un refugiado vive en la inseguridad jurídica porque no tiene la protección de su país de origen y, al carecer de la nacionalidad de su país de acogida, solamente posee un estatuto legal distinto al de la población autóctona.

En el siglo XX, las dos grandes guerras mundiales, especialmente la segunda, junto con otros conflictos más locales, pero no menos intensos, generaron millones de refugiados. El siglo XXI no ha comenzado mucho mejor.

En el período de entreguerras la Sociedad de Naciones abordó la cuestión creando en 1921 la Oficina Nansen, atendiendo con prioridad a los refugiados rusos que huían de la Revolución y la Guerra Civil y a los armenios. En este sentido, se creó el denominado Pasaporte Nansen, un documento o cédula personal, debidos al explorador y diplomático noruego Fridjof Nansen en 1922, y que permitía trasladarse al refugiado. Pero este período de gran inestabilidad política, salpicado de durísimos enfrentamientos, como el de la guerra civil española, trajo nuevos y más refugiados. El triunfo del totalitarismo fascista provocó otro aluvión de personas que intentaban escapar. En 1938 se fundó la Organización Internacional para los Refugiados, un hecho capital en la historia porque generó la creación de la figura jurídica del refugiado, que pretendía acabar o mitigar la indefensión legal de la persona que tenía que huir para salvar la vida. Era el primer paso para crear un estatuto.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial y crearse la ONU la cuestión de los refugiados se hizo prioritaria porque se calcula que había que atender a unos sesenta millones de refugiados. Hasta 1951 no se pudo reorganizar esta situación de forma global con la creación del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Este organismo se cuida de la protección, asentamiento, repatriación voluntaria, y todo lo relacionado con el refugiado.

La figura del refugiado ha adquirido nuevas dimensiones desde mediados del pasado siglo porque también ha terminado por aceptarse bajo esta condición a quienes huyen de catástrofes naturales de todo tipo, como las sequías, por ejemplo.

La dimensión de la cuestión de los refugiados, que no mengua con el tiempo, crea nuevos problemas a los países de acogida. Parte de las poblaciones huéspedes generan rechazo ante los refugiados y más en tiempos de crisis porque consideran que compiten por recursos escasos, como el trabajo o los servicios. Pero también es cierto que provocan efectos positivos relacionados con el crecimiento económico y hasta en la demografía. En los países de acogida se generan intensos debates y hasta conflictos entre los defensores de la solidaridad, apelando a los sentimientos de empatía, y los sectores contarios a la llegada de alto número de personas que huyen, jaleados, por su parte por el auge de los sentimientos xenófobos y de extrema derecha, parecidos a los que se suscitan con la inmigración extranjera. El terrorismo actual alimenta estos miedos con un discurso harto manipulador, no sustentado nunca en hechos reales relevantes.

Eduardo Montagut.-Doctor en Historia.

Revolución Liberal e Iglesia Católica en España

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La Revolución Liberal en España generó un nuevo escenario de relaciones entre el Estado y la Iglesia Católica, en principios conflictivas, aunque terminarían encauzándose hacia la colaboración, fruto del triunfo de las tesis más moderadas o conservadoras del liberalismo español.

La Constitución de 1812 estableció que la religión oficial de España sería la católica, por lo que parecía que se quería contemporizar con el viejo orden en esta materia. En realidad, era la única concesión de los liberales de Cádiz, y parece evidente la influencia del clero liberal que tanta importancia tuvo en la elaboración del texto constitucional.

Pero el liberalismo progresista tenía un proyecto político y económico que afectaba a la Iglesia en su base y poder económicos. La desamortización de Mendizábal supuso la expropiación de los bienes del clero regular para ser vendidos en pública subasta, con el fin de sanear la maltrecha hacienda y generar una clase adicta al nuevo sistema político, obviando, por otro lado, cualquier atisbo de reforma agraria. En consecuencia, una parte muy numerosa del clero abrazó la causa carlista, provocando casi un cisma en el seno de la Iglesia Católica española. La posterior Regencia de Espartero (1840-1843) tensionó mucho más la situación.

La llegada de los liberales moderados al poder de la mano de Narváez en 1844, inaugurando la conocida como Década Moderada, provocó un cambio en la política seguida por el Estado español en materia religiosa, de hondas repercusiones posteriores. El Partido Moderado era favorable a la reanudación de las relaciones con la Iglesia, buscando el apoyo de Roma y de los católicos hacia la reina Isabel II. Las negociaciones fueron arduas porque incluían las cuestiones económicas generadas por la desamortización, y por la necesidad de plantear un orden nuevo de relaciones que no podía seguir siendo el diseñado en el Concordato de 1753, propio del Antiguo Régimen, y que había sido fruto del regalismo español de la época de Ensenada. Pero el papa Gregorio XVI parecía más favorable a que se volviera a la situación anterior.

A causa de la desamortización de Mendizábal se habían vendido casi todos los bienes del clero regular y una parte de los del secular. Ya no se podrían restituir; a lo sumo, se podían paralizar las nuevas subastas y ventas. Además, como el diezmo había sido suprimido, una de las principales fuentes de financiación de la Iglesia había desaparecido y ni los moderados estaban dispuestos a restablecerlo porque conculcaría principios muy básicos del liberalismo en materia fiscal. Pero, por otro lado, el moderantismo aceptó el principio de que el Estado debía encontrar nuevas fuentes de financiación para la Iglesia. Las Constituciones de 1837 y de 1845 establecían que el Estado tenía la obligación de mantener el culto y sus ministros, una prueba más de que no eran textos constitucionales tan distintos, como tradicionalmente se defiende. Había que decidir de dónde se sacaría la financiación y establecer el monto de la misma. Pero esos no eran los únicos problemas relacionados con lo económico. Si el Estado tenía la obligación de mantener a la Iglesia, había que dilucidar si lo debía hacer como compensación por los bienes expropiados y dejar que el clero dispusiera libremente de la cantidad entregada, o si los eclesiásticos recibirían un salario como funcionarios del Estado, algo así como una adaptación española de la constitución civil del clero de la Revolución francesa, salvando los aspectos más radicales de la misma. Comenzaron unas negociaciones que duraron siete años.

En el año 1845 se llegó a un primer acuerdo entre los diplomáticos españoles y los cardenales, en el que diseñaron soluciones a las dos cuestiones que generaban más fricciones: la provisión de las sedes vacantes y la dotación económica de la Iglesia. Pero no se firmó el Concordato por la presión de los progresistas en el Congreso de los Diputados, porque consideraban que era muy favorable para los intereses de la Iglesia. La llegada de Pío IX, un papa más flexible que el anterior, imprimió un poco de dinamismo al proceso negociador.  Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que las tropas españolas colaboraron para que el pontífice recuperara su poder después de la experiencia revolucionaria que había llevado al establecimiento de la República romana con Mazzini. Por fin, el 16 de marzo de 1851 se firmó el Concordato.

El Concordato consagraba la paralización de la venta de los bienes de la Iglesia, aunque, a cambio, tenía que renunciar a reclamar la restitución de los bienes ya vendidos. En realidad, la cuestión de la financiación de la Iglesia comenzó antes. La ley que sacó adelante Mendizábal en 1837 abolía los diezmos, nacionalizaba los bienes del clero secular, y establecía que las rentas que generaban estos bienes debían ser administradas por unas juntas diocesanas para el sostenimiento de la Iglesia. Pero la propia ley creaba una alternativa, ya que el primer medio era insuficiente para el objetivo que se pretendía. La ley creaba la Contribución de Culto y Clero, que debía recaudarse a través de un sistema de repartimiento. A medida que se fueran vendiendo los bienes, la Contribución adquiriría un mayor peso en el conjunto de los fondos destinados para sostener a la Iglesia, hasta que fuera la única fuente. Pero esta reforma de Mendizábal no se pondría en marcha porque al poco tiempo dejó sus responsabilidades políticas por el complot de los moderados que derribó al gobierno de Calatrava.

Cuando regresaron los progresistas al poder en 1840 con Espartero se estableció la Contribución de Culto y Clero, que debía salir de los municipios, encargados de sostener el culto parroquial, de los bienes nacionalizados del clero y de un repartimiento provincial, que se fue elevando año tras año. Los moderados renovaron esta Contribución en el año 1844, aumentando considerablemente su cuantía. Mon, al frente de Hacienda, decidió que saliera de las rentas de los bienes devueltos a la Iglesia, ya que la desamortización fue paralizada en ese mismo año, dentro del intento de restablecer buenas relaciones con la Santa Sede, además de los plazos que faltaban por pagar de las propiedades ya vendidas, así como del producto de la Bula de Cruzada y de los territorios de las Órdenes Militares,  más lo que resultase de un impuesto sobre la riqueza rústica y urbana, ya que, el diezmo no se recuperó. La Iglesia tendría derecho a acumular un patrimonio propio, aunque, desde entonces, pasó a depender, en gran medida, de la asignación presupuestaria del Estado español. Si no se llegaba al total, que ascendía a 150 millones de reales, se recurriría al crédito.

Por otro lado, la Iglesia obtuvo el reconocimiento como única religión de la nación española, así como el carácter católico de la enseñanza en todos los niveles, permitiendo a las autoridades eclesiásticas velar e inspeccionar esta cuestión en los centros de enseñanza. Esta concesión se recogería en la creación del primer sistema educativo nacional con la Ley Moyano, y generaría una intensa polémica en la Universidad Central en los años sesenta entre los krausistas y los neocatólicos. En la misma destacó la intervención de Castelar. Posteriormente, esta cuestión religiosa en la educación provocaría otro conflicto en la recién inaugurada Restauración canovista, y que llevaría a la creación de la Institución Libre de Enseñanza.

Eduardo Montagut. Doctor en Historia.

Teoconservadurismo

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La Iglesia española sigue defendiendo el teoconservadurismo, a pesar de los aires frescos que, en cierta medida, pudieran proceder del Vaticano. El teoconservadurismo puede ser definido como un movimiento religioso que hace una nueva formulación de la tradicional teocracia de la Iglesia Católica. La teocracia es una concepción que supedita el poder temporal al espiritual, pero, lógicamente, esta teoría tiene que ser defendida en las democracias de forma distinta a cómo se formulaba y desarrollaba en el Antiguo Régimen con sociedades estamentales tradicionales muy controladas y con monarquías absolutas de derecho divino, no valiendo, tampoco el discurso nacional-católico, en el caso español, porque está salpicado con la mancha indeleble del franquismo, aunque eso no impida que algún eclesiástico añore aquella etapa histórica.

El teoconservadurismo se desarrolla en relación con el neoconservadurismo y el neoliberalismo que, en los ochenta, comienzan a hacer furor en las tendencias y formaciones políticas de la derecha. Juan Pablo II resucitó la vieja máxima de la Iglesia que establecía que fuera de la misma no habría salvación y encuentra una respuesta favorable a sus tesis en los máximos mandatarios occidentales, en Ronald Reagan y Margaret Thatcher, que sin ser católicos comprenden que la Iglesia Católica es un poderoso aliado ideológico no sólo en su lucha contra el comunismo sino, también en su cruzada por el rearme moral conservador paralelo al triunfo del neoliberalismo económico, ya que el Papa prima el discurso moral sobre el de la justicia social, más propio de la democracia cristiana tradicional. El teoconservadurismo encuentra en Benedicto XVI un teórico mucho más fino y sofisticado, aunque ya había ejercido su influencia en el pontificado anterior. En la encíclica Spe Salvi (2007) la democracia es considerada como una verdadera falacia porque se basaría en la soberanía popular que no estaría supeditada a la voluntad divina que administra la Iglesia Católica.

En realidad, se está diciendo, con otras palabras, que la soberanía debe regresar a su verdadero origen divino, es decir al lugar donde estuvo hasta que se produjo la Revolución francesa. De ese modo, la Iglesia decide intervenir y presionar, con los medios de la sociedad moderna, en las materias en las que considera que tiene potestad absoluta, abandonando el espíritu tolerante del Concilio Vaticano II, como son las cuestiones referidas a la reproducción artificial, la investigación médica con células-madre, los derechos de gays, lesbianas y transexuales, las terapias contra el dolor, la eutanasia, el aborto, el matrimonio, el divorcio y la educación, cuestionando la potestad del poder legislativo para legislar en un sentido que no sea el estrictamente marcado por la moral católica en su versión integrista. Eso supone, por un lado, un ataque a la legitimidad de las instituciones de un Estado democrático y, por otro, el intento de imponer una determinada moral a toda la sociedad.

En el caso español, esta tendencia del teoconservadurismo encuentra en el Partido Popular un gran aliado, primero en Aznar y Mayor Oreja, pero, y luego en algunos de los ministros del primer gobierno de Rajoy, de mucho mayor perfil ideológico, como lo demostrarían los ministros Fernández Díaz, Gallardón y Mato.

Eduardo Montagut. Doctor en Historia.

PATEANDO MADRID: EL TRIDENTE BARROCO IV . LA ESTACIÓN DE ATOCHA Y SU ENTORNO (II)

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En el artículo anterior de esta serie, que titulaba la Estación de Atocha y su entorno (I), hablaba de la Estación de Atocha, del Grupo Escolar Menéndez Pelayo y el antiguo Hospital Ferroviario. En este voy a continuar con el entorno de la Estación de Atocha pero hacia la Avenida Ciudad de Barcelona ya que allí se encuentran los edificios administrativos de la Estación, la Basílica de Atocha, la Real Fábrica de Tapices y el Panteón de Hombres Ilustres.

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Muy próximo a la estación se ubica el primer edificio administrativo de la antigua estación, el pabellón del arquitecto francés Bonoist V. Lenoir. Se trasladó desde la estación original en 1883, ubicándose en la actual Avenida Ciudad de Barcelona, y se le acompañó de tres edificios similares, siguiendo la estética francesa que se unen entre si por corredores elevados de estructura metálica.

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El primer y segundo edificio presenta la particularidad de incluir sobre las ventanas metopas con relieves alusivos al transporte ferroviario y a las ciudades conectadas por el ferrocarril respectivamente.

A continuación nos encontramos con un conjunto histórico-artístico que suele pasar desapercibido a muchos madrileños. Se trata de la Basílica de Atocha, el Panteón de Hombres Ilustres y de la Real Fábrica de Tapices. Habitualmente pasamos por la zona bajo tierra en la línea 1 de metro, o circulamos por las calles Avda. Ciudad de Barcelona y paseos de la Infanta Isabel y de la Reina Cristina, sin percatarnos de que en esta zona se encuentran algunos de los edificios con más historia de Madrid.

Real Fábrica de Tapices

IMG_20170730_110708_713 IMG_20170730_112422_154Fundada en 1721 por Felipe V, esta Real Fábrica, creada a semejanza de los talleres reales establecidos en Francia a principios del siglo XVII, ha sobrevivido sin cambiar su uso durante tres siglos, lo que la convierte en una de las manufacturas de tapices mas longevas de la historia.

Su objetivo era crear una industria nacional para que España no dependiera de las importaciones de productos franceses o flamencos.

Tras su primer director, el maestro tapicero de Amberes Jacobo Vandergoten, la fábrica vive un periodo de esplendor en el siglo XVIII, bajo la dirección artística de Mengs, y en el que destacan los tapices tejidos según los cartones pintados por Goya.

Durante el siglo XIX y principios del XX, recibe encargos por todo el mundo. En 1996, la regia manufactura se convierte en la actual Fundación Real Fábrica de Tapices, entidad sin ánimo de lucro destinada a garantizar la transmisión de los oficios y la divulgación de su legado histórico.

El edificio que ocupa en la actualidad, diseñado por el Arquitecto Mayor de Palacio José Segundo de Lema con un estilo neomudejar bastante sobrio y ladrillo visto, fue construido entre 1884 y 1889 sobre la antigua huerta y olivar del convento de Atocha. Con un cuerpo central noble y cuerpos laterales para los telares, el solar alberga en uno de sus ángulos una elevada chimenea de ladrillo. En 2006 fue declarado Bien de interés cultural.

Basílica de Atocha

IMG_20170730_113010_866Su historia tiene su origen en la devoción a una pequeña imagen de la Virgen traída desde Antioquia según la leyenda.

Hacia el siglo XI se edifico una primitiva ermita que con el paso del tiempo se fue deteriorando hasta que en el siglo XVI se crea una gran iglesia y un convento de dominicos. Su impulsor fue fray Juan Hurtado de Mendoza, confesor del emperador Carlos V. Desde entonces, la familia real española sintió predilección por la Virgen de Atocha convirtiéndose incluso en un talismán para las victorias bélicas de Felipe II.

Felipe V la proclamó en 1643 protectora de la monarquía española y de la realeza.

Tras el saqueo de las tropas napoleónicas a principios del siglo XIX se restaura  el conjunto  y después de la desamortización el convento de los dominicos se transforma en un cuartel de inválidos. A causa del estado ruinoso que llegó a alcanzar hacia 1890, la reina Mª Cristina encarga el proyecto de una nueva Basílica de Atocha en estilo romano oriental y se ordeno la construcción de un Panteón de Hombres Ilustres.

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La Guerra Civil haría mella en la iglesia pues fue incendiada perdiéndose todas las obras de artes excepto la imagen de la Virgen de Atocha. No sería hasta una década después cuando se iniciasen los trabajos de restauración aprovechando parte de los muros prexistentes pero eliminando cualquier vestigio de decoración bizantina.

Hacia la década de los 60 del siglo XX se construye el colegio de la Virgen de Atocha presidiendo la torre campanile exenta y los patios de recreo.

Esta basílica tiene nave única, capillas laterales y galerías entre contrafuertes, bóveda rebajada con lunetas y camarín semicircular en la cabecera. La fachada a los pies, de corte clasicista, está rematada con frontón triangular y flanqueado por dos torres con chapitel de pizarra al “estilo de los Austrias”. La zona conventual, de plata en “L” se adosa a la cabecera formando un claustro de planta cuadrada.

Panteón de Hombres Ilustres

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Responde a dos de las constantes de fines de siglo: la arquitectura historicista y la escuela funeraria.

En el siglo XIX, dentro de la clase política, surgió la idea de crear un gran Panteón que acogiese los restos mortales de grandes personajes de nuestra historia, a similitud de la abadía de Westminster en Londres donde reposan los restos de reyes.

En noviembre de 1837, las Cortes aprobaron la creación de un Panteón Nacional en la Basílica de San Francisco el Grande que acogería los restos mortales de personas consideradas de especial relevancia. Los restos mortales de los elegidos, serían propuestos por las Cortes con la condición que deberían haber pasado cincuenta años desde su fallecimiento. El 20 de junio de 1869 quedó inaugurado el Panteón en una capilla de San Francisco el Grande, pero el proyecto no cuajo y el proyecto quedó en el olvido. Hasta que la reina regente María Cristina, tomo la decisión como ya he comentado anteriormente de realizar una nueva construcción sobre los restos de la Basílica  de Atocha y retomo la vieja idea del Panteón de San Francisco, el proyecto contemplaba construir un anexo que realizara las funciones de Panteón.

El concurso público realizado entre los años 1888 y 1890. Se trataba de un conjunto de estilo neobizantino, incluía un campanil italiano, que albergaba un reloj de cuatro esferas y tres campanas, el panteón, tenía carácter de claustro de la basílica y estaba inspirado en el camposanto del Campo dei Miracoli de Pisa. El proyecto era muy ambicioso ya que la basílica estaba destinada a ser el templo de la Corte. En 1891 comenzaron las obras del conjunto arquitectónico, pero los problemas económicos obligaron a suspender las obras en 1899, solo se había construido el panteón y el campanil.

En cuanto a su estructura, el panteón es de planta cuadrada, con tres galerías con arcadas y vidrieras y dos cúpulas semiesféricas en las esquinas. El arquitecto Arbos fue un innovador en la utilización de los materiales y las técnicas de montaje, las fachadas son de ladrillo recubiertos con losas, tanto el tejado como la cúpula están cubiertos por planchas de zinc pintado en rojo. Otros materiales utilizados fueron, la piedra de granito para zócalos y sillares. Las losas que recubren las fachadas montadas en bandas negras y blancas son de piedra caliza. Los frontones son decorados con mármol negro y los fustes de las columnas que adornan puertas y ventanas son de mármol blanco. La entrada del edificio y los pavimentos están decorados con mosaicos.

 

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El Panteón, consta de dos espacios principales. En el patio del claustro se encuentra el Mausoleo conjunto que es obra de Federico Aparici, Ponciano Ponzano y Sabino Medina se le ha denominado Monumento a la Libertad, está formado por un cuerpo cilíndrico cubierto por un tejado cónico, rematado por una alegoría de la Libertad. Tres estatuas, representando la Pureza, el Gobierno y la Reforma, se apoyan sobre los sarcófagos de Mendizabal, Argüelles y Calatrava, para cuyos restos estaba destinado el monumento .

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En el segundo espacio del Panteón en su interior se encontraban enterradas personalidad de la vida política de finales del siglo XIX y principios del XX: Sagasta, Eduardo Dato, Rio Rosas, Cánovas del Castillo, Canalejas……Actualmente sólo se conservan los restos de Canalejas.

Entre los años 30 y finales de los 80 del pasado siglo, el panteón estuvo en un estado de abandono por los que los restos que quedaban los reclamaron sus ciudades de origen. A finales de los 80 Patrimonio Nacional procedió a la restauración y apertura al público.

Es muy llamativo que el Panteón tenga muy pocos visitantes y sobre todo teniendo en cuenta las magnificas obras funerarias que atesoran sus paredes y su entorno con la Basílica de Atocha y la Real Fábrica de Tapices.

Para terminar nuestro recorrido por el Panteón, voy a exponer algunos datos de los monumentos funerarios que permanecen en las galerías.

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El sepulcro de Canalejas, fue realizado en 1913 por Mariano Benlliure en mármol blanco y se inauguró en noviembre de 1915. Lo componen dos hombres y una mujer que descienden el cuerpo del político hacia la entrada de la tumba. Un bajorelieve de Jesús con los brazos abiertos recibe el cadáver.

 

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Los restos de Eduardo Dato fueron trasladados al Panteón en junio de 1922. El sepulcro fue realizado por Benlliure y está compuesto por la figura yacente de Eduardo Dato, el monumento realizado en mármol, dispone en su cabecera una figura femenina realizada en bronce y portando una cruz, a sus pies, se encuentran las figuras de dos niños realizados también en bronce escoltando a un gran Escudo Nacional. En el sarcófago se puede leer: “Eduardo Dato, vivió para la patria, murió por ella”

 El mausoleo de Mateo Sagasta es también obra de Mariano Benlliure, realizado en mármol, el IMG_20170730_111251_545sepulcro lo componen tres figuras: la efigie yacente de Sagasta, portando levita y el Toisón de Oro. En la cabecera, la Historia, representada por una mujer con un libro y a los pies del sepulcro, el Pueblo, representado por un obrero apoyado sobre los Evangelios, en la mano derecha porta una espada representando a la justicia con una rama de olivo como símbolo de la paz.

IMG_20170730_111406_040El monumento funerario de Cánovas, es obra de Agustín Querol, se realizó a petición de los sobrinos del político y fue inaugurado en mayo de 1906. Realizado en mármol blanco, está compuesto por el sarcófago con seis hornacinas que albergan las efigies de la Sabiduría, la Prudencia, la Constancia, la Templanza, la Justicia y la Elocuencia, sobre el sarcófago aparece la figura del difunto derramando lágrimas por la Patria. El mausoleo se completa con un lienzo con dos figuras femeninas, representando una a la Historia y con la cabeza baja, y la otra el Arte, situada a la izquierda. En el centro, Cristo resucitado, rodeado de plañideras y figuras admirando a Cristo. El conjunto se encuentra coronado por una cruz entre dos ángeles sumidos en la tristeza.

El mausIMG_20170730_111337_682oleo de Río Rosas es obra del escultor Pedro Estany. El proceso de construcción fue largo, ya que se inició en el año 1883 inaugurándolo finalmente en junio de 1905. Se encuentra adosado a la pared sobre una base de mármol, se sitúa el sarcófago elaborado en bronce damasquinado, dispone de una efigie, y un genio alado que le ofrece una rama de laurel, una mujer que llora abrazada al féretro.

 

 

El sepulcro IMG_20170730_111604_156mural de Manuel Gutiérrez de la Concha, Marqués del Duero fue realizado en mármol por Arturo Mélida y Elías Martín. El sepulcro se encuentra flanqueado por dos cañones a modo de columnas, bajo un arco de medio punto en el que figuran inscritas las batallas en las que participó, Marte el dios de la guerra, sostiene un medallón con el busto en relieve del difunto. El sepulcro fue realizado en 1890 quedando ubicado en el cementerio primitivo del Cuartel de Inválidos. En el año 1902, fue trasladado al interior del nuevo Panteón.

 

 

Ana Pulido.- AEP

 

 

El Congreso de la militancia

Rodolfo Llopis

Algunos de nosotros hemos podido vivir este fin de semana la primera clausura de un congreso en la historia del PSOE al que han asistido los socialistas con cargos y sin ellos, los que eran delegados y los que no lo eran, los militantes con carnet, los simpatizantes, los votantes y todos aquellos que sienten y viven el socialismo.

Somos la izquierda”, así versaba en varias pancartas que pendían de los techos del pabellón 3 del IFEMA. Un lema que después del “No es No” y del “Si es Si” ha llevado a nuestro compañero Pedro Sánchez a ser elegido, nuevamente, por la militancia, Secretario General del PSOE. Un camino que no ha sido nada fácil ni para él ni para la militancia desde el pasado 1 de octubre, en el que pudimos comprobar cómo el partido se partía en dos. Unos darán su visión de los acontecimientos de una manera y otros los darán de otra. Pero esto ya es pasado. Sí, esto ya quedará grabado en la historia del partido, no sirve darle más vueltas. Porque ahora, más que nunca, la mirada la tenemos que tener puesta en el futuro.

Este fin de semana se puso encima de la mesa lo que querían la mayoría de los militantes de este partido: su participación activa. Militantes que no solo sirven para pegar carteles, repartir propaganda electoral o llenar auditorios en los mítines. Esta participación ha sido uno de los ejes de la campaña del compañero Pedro, que ha sabido empapar, allá donde iba, en cada uno de los asistentes a sus mítines. Y, Pedro Sánchez, citando a Bob Dylan, lo volvió a demostrar: los tiempos están cambiando.

Una de sus frases más repetidas en los encuentros que ha tenido durante estos últimos meses con militantes por toda la geografía española ha sido que teníamos que construir “un PSOE del siglo XXI” y en política, en este siglo, las cosas ya no son como antes. La participación activa de los socialistas en la toma de decisiones es algo que hay que integrar en las bases del partido. Este hecho ya no se limita a que la toma de un determinado tipo de decisiones sea cosa de las baronías, o de cuatro que se reúnan en un despacho, o de los miembros del Comité Federal y que decidan por el resto (o al contrario de lo que opinan la mayoría). Una opción que defendía, por otra parte, un número considerable de militantes del partido, con la compañera Susana a la cabeza y que como se demostró el 1 de octubre, no ha sido válida, sino todo lo contrario. Porque los tiempos están cambiando y si no te adaptas a los tiempos, te ves advocado a que te pase como le pasó en su tiempo al PASOK o como le ha pasado también este fin de semana al Partido Socialista en Francia: que te diluyes como un azucarillo en una taza de café y otras fuerzas de izquierdas (o no tan de izquierdas) te fagocitan en el espectro político.

El proceso congresual está destinado a debatir, una máxima cuestión en este partido en este tipo de actos, y con ello defender así todas las enmiendas que se han presentado respecto a la Ponencia marco, redactada expresamente para una candidata y que apenas conectaba con el programa que ha apoyado la mayoría de los militantes. Ante esto, algunos han cogido el berrinche típico de un niño de dos años, mientras que otros se han limitado a reunirse en un restaurante con la compañera Susana, donde este grupo selecto ha podido escuchar una frase de su boca que lo resume todo: “en las primarias me han dado una hostia”.

Hace unos días me decía la compañera Paloma, de la agrupación socialista madrileña de La Latina, que en uno de los congresos en los que intervino el entrañable presidente del PSOE, Ramón Rubial, en los que estaba ella presente, dijo este: “el PSOE es un partido de mayorías, que debe respetar a las minorías y estas deben aceptar lo que decida la mayoría”. Tan simple y llanamente, eso es lo que se ha hecho en este trigésimo noveno congreso. Ante esto solo hay dos alternativas: o desenfadarse y aceptarlo, o seguir enfadado y enrocado en una postura que no tiene salida.

Ricardo Marchand Aguilera

PRIMARIAS

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Me siento en cierta forma un privilegiado, ya que en las tertulias de café soy el único que con su voto puede modificar el rumbo del PSOE. He explicado a mis amigos, que más allá de los “postdebates” que utilizan los tertulianos, había tres cuestiones que éstos no habían tratado después de las intervenciones de Patxi López, y que a mí me han resultado muy molestas.

La primera de ellas es la de haberse callado cuando Susana le reprochó que le habían dejado sus colaboradores “te lo tienes que mirar Pedro”. Patxi, es que ¿no tuviste nada que decir al compañero que te había hecho presidente del Parlamento?

La segunda cuestión que me preocupó fue la justificación de su abstención alegando la falta de libertad que se asume cuando uno se afilia al partido. No ha entendido ni lo que es la militancia ni lo que es la libertad.

Y la tercera, que ha respondido, como siempre brillantemente Borrell (artículo en sistema digital) es la pregunta que le lanzó a Pedro ¿sabes lo que es una nación? A mi juicio era una crítica velada al documento de 245 propuestas, en el que se hace la definición de España como una “nación de naciones”.

La pregunta es especialmente dolorosa si parte de un miembro del PSE, que en su acuerdo de investidura con el PNV, en el documento “Pilares para construir una Euskadi con más y mejor…..” en el apartado sobre el debate de la ponencia institucional se dice explícitamente “reconocimiento de Euskadi como nación”.

Este documento que fue aprobado por la Gestora no ha provocado en los llamados “barones territoriales” ningún escándalo. Ahora mismo estoy leyendo el libro del importante compañero González Casanova, “Cataluña, federación o independencia” y me estoy dando cuenta de los impedimentos permanentes que se han puesto por parte de ese nacionalismo español (también lo hay en PSOE) para resolver el llamado “tema catalán”. Casanova, que también tiene un libro titulado “memorias de un socialista indignado”, analiza los cuarenta años de federalismo socialista catalán, y los fallidos intentos de construir, no un estado propio catalán, sino un Estado español apropiado y apropiable para Cataluña.

Yo votaré a Pedro Sánchez, no por ser sanchista, eso me parece un reduccionismo, sino por haber leído y participado en las 245 propuestas que contiene el documento “POR UNA NUEVA SOCIALDEMOCRACIA”. Si algún tertuliano lo quiere tener, estoy a su disposición.

Félix Alonso, Presidente del Colectivo Rousseau y Miembro de Honor de Arco Europeo Progresista

 

PATEANDO MADRID: EL TRIDENTE BARROCO III. LA ESTACIÓN DE ATOCHA Y SU ENTORNO (I)

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En el siglo XIX se produce una asociación de ideas entre el ferrocarril y el progreso. Las estaciones adoptarían, gracias a esta identificación, el papel emblemático de las puertas de la ciudad.

Las estaciones se configuran como un punto importante. Las barreras de toda ciudad no corresponden ya a sus límites físicos, sino a las estaciones, punto de confluencias y de cambios de destino. Tampoco el carácter industrial de las edificaciones en hierro era ya sólo industrial. Unos temas arquitectónicos se mezclaban con otros. El hierro y el acero podían, además, articular espacios que antes sólo eran imaginables en el papel. La aparición  de la arquitectura del hierro a gran escala en Madrid vino de la mano de los mercados cubiertos y posteriormente de las estaciones.

p1040102-copiaLa construcción de la Estación de Atocha será uno de los hitos fundamentales para el primer desarrollo industrial de la capital, originando una línea de circunvalación en la que se acompañarán diferentes industrias y almacenes que facilitarán el traslado de mercancías a otras ciudades.

En 1858 se inauguró la línea Madrid-Alicante gracias a las inversiones del Marqués de Salamanca y la creación de la Compañía MZA (Madrid-Zaragoza-Alicante). La estructura ferroviaria se ubicó en un antiguo embarcadero de la línea Madrid-Aranjuez, conocida como “Camino de Hierro de Aranjuez” construido en 1851. Este primitivo embarcadero constaba de dos cuerpos unidos en forma de “U”, y contaba con dos áreas, una para andén y otra que albergaba las dos vías principales.

Un gran incendio en 1864 destroza el antiguo embarcadero y hasta 1892 una estructura provisional sirvió para cubrir los andenes.

De 1888 data el proyecto definitivo de la estación de Atocha, realizado por Alberto de Palacio Elissage (1856-1939), conocido arquitecto de la época por ser autor del puente colgante de Portugalete. Mientras que Palacio se ocupó de la parte del diseño y decoración, un ingeniero francés, Henri de Saint James concebía una gran nave de estructura de acero laminado que cubría vías y andenes.

Palacio tenía ultimada y dibujada la estación de Atocha el 1 de diciembre de 1888, es decir con anterioridad a la Galería de Máquinas de Dutert y Contamin para la Exposición Universal de París de 1889. Ello es importante porque si bien Atocha recuerda formalmente la Galería de Máquinas, en modo alguno está inspirado en ella ya que se anticipa, en su forma de casco de nave invertido, al proyecto de Dutert y Contamin. No obstante nada tiene que ver el nuevo sistema inventado por éstos, a base de dos semicuchillos articulados, con la rigidez del sistema de Dion que todavía utiliza en Atocha.

p1040103-copiaEra una gran estructura de 48,76 metros de altura y 152 metros de longitud, estructura según el “sistema de Dion” (la armadura de Dion está articulada por 17 cuchillos que forman un todo compacto con los pilares de sostén, pilares que se fijan al suelo mediante una cimentación hundida, en su momento una gran novedad ya que la técnica constructiva se inspiró en la Galería de Máquinas presentada por Henri de Dion en la Exposición Universal celebrada en París en 1878), con un lucernario a lo largo de la cubierta que apoyaba sobre dos pabellones laterales. El hecho de que no haya desaparecido hace que en Madrid se perpetúe uno de los ejemplos más conseguidos de la arquitectura ingenieril del hierro procedente de la más avanzada técnica europea.

Para la ejecución de la obra metálica se abrió un concurso que el consejo de Administración de la Compañía resolvió a favor de la Societe Anonyme de Construction et des Ateliers de Willebroeck.

p1040107El montaje de la armadura exigió un gigantesco andamio de madera. En uno de los extremos, la carena va cerrada como una cortina “cuyo esqueleto lo forman hierros moldurados cubriendo los espacios libres con cristalería deslustrada”. Se trata de la fachada que mira a Madrid, donde Alberto Palacio, lejos de ocultar la realidad férrea, supo tratarla con acierto hasta el punto que los pabellones extremos y el cuerpo bajo que alberga las salas de espera se convierten en marco arquitectónico que realza la gran carena. En lo alto aparece rematada por dos grifos y en el centro una bola del mundo con el correspondiente pararrayos. En la vertical, y abajo, el antiguo reloj.

La arquitectura de los pabellones extremos, así como de los dos edificios de salida y llegada, responde a un mismo tratamiento a base de fábrica de ladrillo ordinario, revestido con ladrillo fino y prensado procedente de Ariza, zócalos e impostas y parte del entablamento de granito de Berrocal, columnillas de fundición en el piso alto y en cerámica todo aquello que responde a formas escultóricas como capiteles, escudos, etc.

Los escudos que aparecen sobre una cornisa de motivos clásicos, muestran los emblemas heráldicos de Madrid, Zaragoza, Alicante y Sevilla.

 La estación se cierra por un extremo con una fachada por dos cuerpos laterales. Esta fachada original da a la Glorieta del Emperador Carlos V, foco viario de primera categoría al ser el punto de intersección del tridente de Carlos III (Paseos de Santa María de la Cabeza, Delicias y Ronda de Valencia por un lado, con las arterias céntricas de Paseo del Prado, Calle de Atocha, Méndez Álvaro e Infanta Mª Cristina, por el otro. Destaca del exterior de la estación el rico conjunto decorativo: los grifos y el globo terráqueo que corona la marquesina y la mezcla de distintos materiales, como hierro, ladrillo, cerámica y piedra.

p1040111La estación estuvo en funcionamiento hasta 1988, siendo sustituida por la infraestructura actual, obra de Rafael Moneo, que incluye un intercambiador para trenes de cercanías y largo recorrido, así como una estación de metro, autobuses y un aparcamiento. El proyecto de Moneo se adosa en la planta posterior de la antigua estación, buscando la prevalencia de la antigua fábrica, hoy dedicada a centro comercial e invernadero tropical.

Jup1040109nto a la estación en un lateral de la fachada principal, haciendo esquina con la calle Méndez Álvaro, se encuentra el antiguo Hospital Ferroviario, un sencillo edificio con patio central que aparece recién restaurado.

p1040098Continuando por la calle Méndez Álvaro, nos encontramos con el Grupo Escolar Menéndez y Pelayo obra del arquitecto Antonio Flórez Urdapilleta (1877-1941), el creador de la Oficina Técnica de Construcción de Escuelas en 1920. La construcción de esta obra siguió los nuevos criterios racionalistas aplicados a los edificios escolares que fueron acordes con los nuevos métodos y criterios pedagógicos que requerían servicios e instalaciones más innovadores.

p1040097       El Grupo Escolar Menéndez y Pelayo es un paso más hacia planteamientos racionalistas. Es un buen ejemplo del cambio que en la década de los veinte se opera en la arquitectura escolar, protagonizado por este arquitecto de vanguardia con la introducción del muro cortina metálico de grandes ventanales, estructurado a base de pabellones rectangulares y perpendiculares al edificio central.

Ana Pulido. AEP