Clinton vs Trump: política exterior y seguridad nacional en el primer debate presidencial

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El presidente de EE.UU que salga de las elecciones del próximo 8 de noviembre tendrá que lidiar con un contexto internacional complejo y resbaladizo. Un Oriente Medio en transformación e inmerso en una Guerra de los Treinta Años (Haass), una Europa que atraviesa una crisis profunda y se revela incapaz de contener la oleada terrorista, dos “patios traseros” que invitan a una Rusia envalentonada a intervenir mediante acciones que recuerdan cada vez más a la Guerra Fría, y una China que está mostrando músculo militar en el Sudeste Asiático.

Los candidatos presidenciales, Donald Trump (Partido Republicano) y Hilary Clinton (Partido Demócrata), acudieron a su primer debate presidencial el 26 de septiembre de 2016 y tuvieron ocasión de dedicar unos minutos a política exterior y seguridad nacional.

Donald Trump se presentó como el candidato que va a impedir que el mundo siga robando a EE.UU, que pierde miles de empleos que terminan en México. Denunció los acuerdos comerciales que tanto daño han hecho a las empresas y al empleo en EE.UU, por ejemplo, el NAFTA negociado por el presidente Bill Clinton. Acusó a China de manipular su moneda para inundar EE.UU de productos baratos. Sus inclinaciones aislacionistas salieron a la superficie cuando indicó que no quiere que EE.UU sea el policía del mundo: “No podemos proteger a todos los países del mundo” espetó Trump a Clinton.

Por su parte, Hilary Clinton defendió los beneficios económicos que ha reportado el libre comercio para EE.UU y reivindicó el valor de los compromisos adquiridos por Washington con sus aliados. Pretendía mandar un mensaje de tranquilidad a los socios tradicionales de EE.UU en Europa, Oriente Medio y Asia.

La candidata demócrata señaló que los ataques cibernéticos contra empresas, partidos políticos y administraciones de EE.UU representan una amenaza in crescendo para la seguridad nacional y denunció que sus principales artífices son Rusia y grupos independientes de hackers. Donald Trump cuestionó los indicios que vinculan a Rusia con los ciberataques. En el pasado Donald Trump se ha mostrado conciliador con Rusia, incluso ha llegado a proponer una alianza con el presidente Vladimir Putin para rebajar tensiones en Siria y en el resto del mundo. De hecho, Trump es favorable a dar rienda suelta a una mayor implicación de Moscú en la estabilización de Oriente Medio al considerarla mejor posicionada para influir en los actores principales de la región.

Clinton, por su parte, que ya intentó en 2009 recomponer las relaciones con Moscú y  ha llamado “bully” (matón) a Putin,  señaló  en el debate que urge hacer frente a sus amenazas. En otros foros ha señalado tres vías para contener a Rusia: más sanciones, el reforzamiento del escudo antimisiles en Europa del Este y librar a Europa de su dependencia energética de Rusia.

En relación con la Alianza Atlántica, Donald Trump insistió en reclamar a los países europeos una compensación económica por el paraguas de seguridad que les proporciona Washington. Si no es así EE.UU debería abandonar la alianza. El candidato republicano también ha defendido que la Alianza debe implicarse más en la estabilización de Oriente Medio. Clinton y Trump coincidieron en exigir a la OTAN que dedique más recursos a la guerra contra el terrorismo.

Hilary Clinton señaló dos elementos de su plan para combatir a DAESH, que recibieron el asentimiento del candidato republicano, aunque éste culpó a la administración Obama del caos que sufre Oriente Medio. Por un lado, la intensificación de los bombardeos contra DAESH y el reforzamiento de la alianza con las facciones kurdas y árabes que combaten al Estado Islámico en el terreno. Por otro, la guerra online contra DAESH, un grupo yihadista que ha alcanzado un notable éxito en la utilización de las redes sociales como vehículos de radicalización. Para combatir esta amenaza Clinton pretende cooperar estrechamente con las grandes empresas tecnológicas.

Por su parte Donald Trump ha propuesto en otros foros prohibir la entrada de musulmanes a EE.UU, una medida que Clinton considera no solo inconstitucional sino contraproducente y perjudicial para los relaciones de EE.UU con sus aliados árabes. También ha sugerido la eliminación de familiares de terroristas y una utilización menos restrictiva de la tortura en la guerra contra el terrorismo. La catástrofe siria fue la gran ausente del debate. En este asunto ambos candidatos han defendido una zona de exclusión área en Siria, una medida que chocaría con la estrategia rusa de apoyo al régimen de Bachar al-Asad.

Por último, Trump señaló que el Pacto Nuclear de julio de 2015 entre Irán y las grandes potencias es un mal acuerdo. Los iraníes solamente tienen que esperar diez años y se convertirán en una potencia nuclear. En otras ocasiones Trump ha amenazado con renegociar el acuerdo nuclear con Irán porque permite a los iraníes acceder a 150 billones de euros que serán trascendentales para aumentar su influencia en la región. Clinton fue la madre de la criatura y defendió la oportunidad y la utilidad del acuerdo nuclear con Irán. La candidata demócrata ha prometido compensar a Israel garantizando su superioridad militar en la región.

Hilary Clinton y Donald Trump se verán de nuevo las caras en dos debates presidenciales que tendrán lugar el 9 de octubre en St. Louis y el 19 de octubre en Las Vegas.

José Luis Masegosa / Blog La mirada a Oriente / @lamiradaaoriente

¿Qué hay de nuevo en Libia?

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El 17 de diciembre pasado los representantes de las autoridades de Trípoli y Tobruk, que se han disputado el poder en Libia desde las malogradas elecciones de junio de 2014, firmaron un acuerdo político en la bonita ciudad marroquí de Skhirat, a orillas del Atlántico. También acudieron representantes de los partidos políticos, sociedad civil,  y municipios del país norteafricano. La clave de bóveda del “Acuerdo Político Libio”, negociado con la mediación de Naciones Unidas y refrendado por el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas mediante la Resolución 2259, se encuentra en la formación de un Gobierno de Unidad Nacional (GUN) negociado por la ONU. Además, prevé un Parlamento bicameral que integre las instituciones legislativas de Trípoli y Tobruk  (1).

El Acuerdo Político Libio pretende poner fin a dos guerras que se libran en paralelo desde hace años. Por un lado, la guerra civil que se inició a raíz de las controvertidas elecciones legislativas de junio de 2014 que perdieron los partidos Islamistas. Estos se aferraron al poder e instauraron un Gobierno de Salvación en Trípoli con la ayuda de las milicias islamistas y de la milicia de Misrata, la tercera ciudad del país. La Cámara de Representantes de Tobruk, surgida de esas elecciones y reconocida por la comunidad internacional, recibió la adhesión de la Coalición “Dignidad” liderada por el general retirado Jalifa Hafter. Esta coalición reúne entre sus filas a una Brigada de Fuerzas Especiales y los restos de las FF.AA. libias. Ha contado con el beneplácito de Egipto y Emiratos Árabes Unidos.

Por otro, la lucha contra DAESH (el acrónimo en árabe del Estado Islámico de Irak y Levante). La fragmentación de la gobernanza libia favoreció la instalación de esta organización yihadista en Derna a finales de 2014 y su avance hacia el centro del país. Las milicias islamistas y la coalición Dignidad han combatido por separado a DAESH  pero no han conseguido frenarlo. La milicia de Misrata, la más poderosa del país según The Military Balance 2016 (página 313), se retiró de Sirte ante el empuje del Califato en agosto de 2015. En la actualidad, DAESH, con más de 5000 efectivos en sus filas en Libia, se extiende 200 kilómetros a lo largo de la costa alrededor de Sirte y controla muchos pozos e instalaciones de petróleo aunque se desconoce si comercia con el petróleo para financiarse como hace en Irak y Siria.

La descomposición interna no es el único catalizador del crecimiento de DAESH en el país sahariano. Jason Pack, investigador de Oriente Medio en la Universidad de Cambridge, asegura que a medida que su Califato en Siria e Irak se ha visto más golpeado por tierra y aire, significándole la pérdida de un 22% del territorio que controlaban, se han visto forzados a un progresivo traslado de sus combatientes a la ciudad libia de Sirte. DAESH demuestra, en definitiva, resiliencia y capacidad de adaptación a las nuevas circunstancias.

Hace dos semanas el primer ministro del Gobierno de Unidad Nacional, Fayez Serraj, llegó a Trípoli acompañado de seis ministros para hacerse cargo de la situación. Para sorpresa de muchos, el Gobierno de Salvación transfirió pacíficamente el poder, una vez que las milicias dejaron de apoyarle.

El primer ministro Serraj se ha rodeado de tecnócratas alejados del primer plano de la política libia de los últimos años. Sus principales valedores en el exterior se encuentran en Naciones Unidas y la UE. Francia, Italia, Alemania y R.U.  han enviado a sus ministros de Asuntos Exteriores para mostrarle su apoyo. Nuestro país ha anunciado una visita del ministro Margallo para la semana próxima: la presencia de DAESH en Libia también amenaza España. Dentro de Libia Serraj ha recibido el aval de las instituciones centrales: el Banco Central que paga los salarios de las Fuerzas Armadas de los dos Gobiernos y de muchas de las milicias, la Empresa Nacional del Petróleo que gestiona la principal fuente de ingresos del país y la Autoridad Libia de Inversiones. No obstante, el primer ministro Serraj carece de capacidades militares de envergadura para imponer su autoridad más allá de la lealtad interesada de algunas milicias.

Menos suerte ha tenido Fayez Serraj con el otro bando del conflicto armado, el Parlamento y el Gobierno de Tobruk, que se ha partido en dos facciones enfrentadas en torno a la adhesión o no al acuerdo político de Skhirat y la aprobación del Gobierno de Unidad Nacional. Un obstáculo principal radica en el futuro político del general Jalifa Hafter, Jefe de las FF.AA. del gobierno de Tobruk, que no tiene demasiados amigos en el gobierno de Serraj pero es muy popular en la Cámara de Representantes.

Una tarea de titanes aguarda al gobierno del primer ministro Serraj. Su supervivencia dependerá de su pericia a la hora de superar los siguientes desafíos:

  1. El refuerzo de la legitimidad del Gobierno de Unidad Nacional requiere que la Cámara de Representantes ratifique el Acuerdo Político Libio, toda vez que solo lo aprobó en principio hace unos meses.Esta semana la facción contraria al acuerdo encabezada por el presidente de la Cámara de Representantes impidió la votación del acuerdo y del Gobierno de Unidad Nacional.  Para conseguir el aval de Tobruk, el primer ministro tendrá que encontrar  un acomodoal General Jalifa Hafter, muy popular entre los parlamentarios. Además, Serraj necesitará ensanchar la base de apoyo de ese acuerdo, en particular, entre los líderes tribales, municipios, jóvenes, y sociedad civil.
  2. La integración de los grupos armados y milicias en el ejército y la policía se encuentra pendiente y resulta necesaria para centralizar el uso legítimo de la violencia en suelo libio. Muchas de las más de 1500 milicias y grupos armados
    actuales adquirieron legitimidad en la lucha contra Gadafi y han asumido desde entonces las tareas de seguridad y orden en el vacío de poder que dejó tras de sí el derrumbamiento del régimen anterior.
  3. La contención de DAESH solamente es posible con un gobierno legítimo con capacidad militar y policial unificada.La batalla contra DAESH dependerá, a su vez, de dos factores externos.
    1. Un Gobierno que goce de legitimidad interna estará en disposición de solicitar ayuda internacional. De hecho, EE.UU., Italia, Francia y R.U. esperan la invitación del primer ministro Serraj para poner en marcha unos planes militares para desplegar una misión de estabilización de 6.000 soldadosy, además, impulsar una campaña más enérgica contra el grupo yihadista en Libia.
    2. Y la resistencia de DAESH en Siria e Irak.Jason Pack (citado más arriba) observa que si Rakka y Mosul siguen siendo hostigadas, Sirte podría convertirse en un centro de mando del “Califato”.
  4. La mejora de la situación socioeconómica, muy  precaria actualmente. La economía se contrajo en 2015 un 10% y la producción de petróleo descendió a su mínimo histórico, 400.000 barriles de petróleo diarios. Solamente prospera un sector, desgraciadamente, el tráfico ilegal de personas hacia las costas de Italia y Grecia en condiciones infrahumanas. Así las cosas, una quinta parte de los libios sufren malnutrición. El Banco Mundial proyecta un crecimiento del 22% y 45% para 2016 y 2017, siempre que la Cámara de Representantes de Tobruk ratifique el Acuerdo Político Libio y se estabilice la situación.

Se antojan muchos condicionantes para un Gobierno de Unidad Nacional que se ha limitado, por el momento, a sustituir al Gobierno de  Salvación de Trípoli, un ejecutivo carente de toda legitimidad internacional desde junio de 2014.  Toda una paradoja que ahora nos encontremos con dos autoridades, ambas dotadas de cierta legitimidad: el Gobierno de Unidad Nacional negociado por la ONU y fruto del Acuerdo Político Libio, y el de la Cámara de Representantes de Tobruk surgida de las elecciones generales de junio de 2014.

Con este choque de legitimidades pendiente de resolver y DAESH sólido en Sirte, la inestabilidad y el caos continuarán en Libia por algún tiempo, favoreciendo las oleadas de inmigrantes ilegales que salen de los puertos libios a tan solo 350 kilómetros de la isla italiana de Lampedusa.

Por último, no olvidemos que las vicisitudes del entorno regional también afectarán el devenir del país sahariano. El Norte de África y Oriente Medio es una región convulsa sacudida en los últimos años por una serie de terremotos políticos y geopolíticos de magnitud siete: la Primavera Árabe, las embestidas del DAESH y el extremismo,  la multiplicación de los Estados fallidos, el desplome de los precios del petróleo, el descuido negligente de los europeos o el creciente desinterés estratégico de EE.UU.

José Luis Masegosa, analista de temas internacionales de Arco Europeo Progresista

/ @joseluismase @lamiradaoriente / Blog: La Mirada a Oriente

 

LOS PELIGROS DE GENERALIZAR

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LOS PELIGROS DE GENERALIZAR: ¿TODOS TERRORISTAS?

Cuando todavía estaba en boca de todos la terrible realidad de los refugiados sirios, mujeres y niños huérfanos de la guerra concentrados  el campos como el de Zaatari, en Jordania, considerado como el segundo campo de refugiados más grande del mundo, donde malviven hacinadas alrededor de 85.000 personas a apenas 12 kilómetros de la frontera con Síria, cuando todavía asombra la trágica muerte de niños, cuando todavía hay países discrepantes sobre permitir la entrada masiva, cuando todavía hay voces racistas y xenófobas de extrema derecha alimentando el sentimiento antiinmigrante, cuando todavía sigue la gente huyendo de la terrible realidad de Siria, sucede la masacre de Paris, masacre brutal e indiscriminada  y a partir de ahí, personas que usan todo tipo de recursos  y que no dudan en tirar de falsedades, convierten en chivos expiatorios a los refugiados sirios aprovechando el miedo y la frustración de la ciudadanía ante el peligro que suponen los terroristas suicidas.

A raíz del ataque no solo en Europa hay  políticos que pidan cerrar el paso a los refugiados sino también políticos estadounidenses atacan el plan de Obama de abrir el paso a 10.000, otros dicen  que la ayuda debería basarse en la religión, cristiana por supuesto, otros han propuesto prohibición de la entrada y algunos incluso tildan la idea de lunática.

Donald Trump no solo ataca el plan de Obama, inflando la cifra de inmigrantes que quiere aceptar, 250.000 en lugar de los 10.000 que se tiene previsto. Y digo yo, ¿Qué más da la cifra? ¿Hablamos de cifras o de personas? y si uno de los terroristas era de siria, ¿vamos a culpar a los otros miles de sirios? Si uno era francés ¿van a expulsar a todos los franceses? O español ¿Qué van a hacer?

No solo eso, Trump dice que el que nadie tenga armas excepto los malos  en su opinión es determinante en el desenlace.

Si todos tuviéramos armas  la situación hubiera sido distinta, dice Trump,  de eso estoy más que segura, pero no ese día, todos los días  ¿alguien se imagina a gente armada en una sala de fiestas un viernes por la noche como algo normal?

Yo no me lo imagino, ni me imagino en la frontera cortándoles el paso a los refugiados

Ni me imagino negándoles el derecho a sobrevivir huyendo de la guerra

Ni me imagino poniendo pegatinas que muestran el dibujo de un cerdo, acompañado de la bandera de España, y con el mensaje de “Refugiados no bienvenidos’’, tal y como ha pasado en una localidad española.

Todo esto no me hace olvidar el drama palestino, el drama de la violencia de género ni todos los dramas humanos que hay, y en todos y cada uno de ellos hay opiniones de desalmados egoístas que no tienen empatía ni son capaces de entender que cualquiera de ellos es un ser humano y no un número entre los cientos de miles que tienen necesidades básicas para sobrevivir y en su país no pueden acceder a ellas.

No voy a analizar los motivos que iniciaron el conflicto en los países árabes, no voy a justificar actuaciones injustificables en nombre de la religión, de la moralidad, de los intereses económicos, ni causas ni soluciones, solo voy a comentar la deleznable actitud de una parte de la ciudadanía que generaliza las actuaciones de unos terroristas, vengan de donde vengan, que en principio, lo hacen por la creencia de estar cumpliendo con un mandato divino o no, respaldados e idolatrados por grupos fanáticos que les animan a actuar sometiéndose totalmente a los objetivos colectivos  y que supera con creces el precio que deben pagar, el suicidio, al menos para ellos.

¿De verdad somos humanos? He oído a alguien decir que si mataran a su hijo en unas circunstancias similares, dedicaría el resto de su vida a matar moros, moros, no miembros de ISIS, moros.

Entiendo la frustración y el deseo de venganza, entiendo el deseo de ver pagar al responsable pero no en contra de los que no son culpables sino también, victimas.

Por favor, luchemos contra el fanatismo en todo su significado,  no contra nosotros.

Aniria García

Directora de Relaciones Socio Políticas de AEP

Conferencia de Delia Blanco: “Refugiados del siglo XXI”

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Arco Europeo Progresista

Se complace en invitaros a la conferencia que impartirá Delia Blanco, Diputada por Madrid en el Congreso y ex Presidenta de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), sobre los “Refugiados del siglo XXI”.

Será en la sede de Arco Hagión a las 18.30 horas (c/ Alfonso Gómez 42, 3ª planta) el próximo viernes 13 de noviembre. Moderará el Presidente de Phoenix Unum.

Por favor, confirmar en arcohagion@gmail.com

Europa y Occidente con los refugiados sirios

TOSHIBA CAMCORDER

La guerra civil siria se cuela de nuevo en las agendas de las cancillerías de Estados Unidos, Rusia y Europa merced al éxodo masivo de refugiados sirios que llegan a Europa después de recorrer miles de kilómetros en condiciones precarias y de riesgo altísimo para sus vidas. Una imagen vale más que mil palabras y la escena del niño Aylan muerto en la orilla turca del Mediterráneo despertó la conciencia de Europa a principios de septiembre.

Así surgieron corrientes de opinión pública favorables a los refugiados, un cuarto poder que presiona desde entonces a los gobiernos occidentales para que hagan algo. Estos han respondido de dos formas: han revisado sus opciones para resolver el origen de la crisis, la guerra civil siria, o/y se han centrado en aliviar sus efectos, el drama de los miles de refugiados que llegan a Europa.

Los gobiernos han reaccionado sin concierto. EEUUs ha reanudado los contactos militares con Rusia para coordinar sus acciones militares contra el Estado Islámico y evitar un choque accidental. Rusia refuerza con soldados, aviones y armamento a su aliado, al régimen sirio. Aviones franceses han iniciado operaciones militares contra el Estado Islámico de Irak y Levante (DAESH) en Siria. Alemania se ha erigido en el campeón de la causa de los refugiados sirios. Y Reino Unido y España se han se han comprometido a aceptar más refugiados.

La guerra civil siria 

Siria ha explotado en mil pedazos en los últimos cuatro años de guerra civil. El conflicto armado se ha cobrado más de 240.000 vidas y un millón de heridos. La guerra ha desplazado internamente a 8 millones de personas y ha expulsado a más de cuatro millones de refugiados a  los países vecinos (Turquía, Líbano, Jordania, Irak y Egipto).

Poco o nada queda de los movimientos sociales que se manifestaron de forma pacífica contra el presidente Bachar al Asad durante la mal llamada Primavera Árabe en 2011. El objeto del enfado popular con esta autocracia árabe no se limitaba a la ausencia de libertades y oportunidades laborales. Protestaban igualmente contra una estructura de dominación heredada de la época colonial en la que la mayoría sunita (alrededor del 65% de la población) se encontraba bajo el yugo de la minoría alauita (una secta próxima a la rama chií del Islam que representa algo más de un 10% de la población).  Bachar al Asad, que pertenece a la minoría alauita,  sofocó violentamente la protesta y la otrora revuelta pacífica se transformó en una rebelión militar de la mayoría sunita.

Cuatro años de guerra civil han convertido Siria en un Estado fallido en el que tres actores clave se disputan el territorio: el régimen sirio de Bachar al Asad y dos organizaciones terroristas de signo yihadista, el Frente al Nusra y el Estado Islámico de Irak y Levante (DAESH). Estas dos últimas combaten al ejército sirio y, al mismo tiempo, pelean entre ellas.

El régimen sirio del presidente Asad resiste con muchas dificultades en Damasco, en el bastión alauita de Latakia y en la frontera con el Líbano, en este última gracias a la ayuda de la milicia libanesa Hezbollah (alrededor del 20% del territorio sirio). Sus principales apoyos internos se encuentran entre los alauitas y la minoría cristiana. Rusia, Irán y Hezbollah constituyen sus principales pilares externos. Meses de derrotas militares han colocado al régimen sirio a la defensiva, en una situación tan precaria que Rusia ha incrementado considerablemente su asistencia militar en las últimas semanas para evitar su colapso.

Desde finales de 2013 el islamismo radical violento ha ido progresivamente desplazando a los moderados sirios del liderazgo de la lucha contra el régimen sirio. La renuncia del presidente Obama a castigar al régimen sirio cuando éste gaseó y mató a más de 1500 personas en agosto de 2013 fue un punto de inflexión en el proceso de radicalización de la oposición. Desacreditó a la oposición moderada y su brazo armado, el Ejército Libre Sirio, que hasta entonces había movilizado buena parte del apoyo occidental.

Dos organizaciones terroristas compiten actualmente por el liderazgo del campo contrario al régimen sirio, DAESH o Estado Islámico y el Frente al-Nusra. Se financian vía exportaciones clandestinas de petróleo, tráfico de arte, secuestros y donaciones externas. El Estado Islámico, una escisión de Al-Qaeda, es la más fuerte. Su estrategia no es solo militar, es sobre todo política. El Califato declarado el año pasado actúa como un auténtico protoestado en los territorios que controla en Irak y Siria, principalmente a lo largo del Río Éufrates. Allí aplica la Sharia, presta servicios sociales, exporta el petróleo y cobra impuestos

El Frente al Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, constituye el segundo grupo armado más fuerte. A diferencia de DAESH, el Frente al Nusra coordina actividades con el resto de la oposición en la que ha ganado peso. Y participa con otras milicias islamistas en una coalición conocida con el nombre del “Ejército de la Conquista” que hoy amenaza el bastión alauita de Bachar al Asad en la costa mediterránea después de echar al régimen sirio de Idlib.

Un actor menor del rompecabezas sirio es la entidad kurda independiente de facto, Rojava o Kurdistán occidental, en la frontera de Siria con Turquía, que resiste la embestida del Estado Islámico con la ayuda de los bombardeos de los aviones de la Coalición internacional que lidera Estados Unidos contra el Estado Islámico.

Contradicciones, limitaciones y dilemas morales de Occidente en Siria

Las perspectivas de una solución al conflicto no son nada halagüeñas para los próximos meses. Las dificultades son proporcionales a la complejidad que rodea esta guerra civil. La realidad ha superado el carácter sectario que tuvo en sus primeros años y la violencia desatada entre organizaciones suníes ha ganado intensidad, especialmente entre el Ejército de la Conquista, en el que se integra el Frente al Nusra, y DAESH. Esta tendencia no es pasajera. El Institute for the Study of War pronostica que el escenario más probable en los próximos tres meses es una escalada del conflicto entre esas dos organizaciones terroristas.

No es solamente una guerra entre sirios, es también una guerra indirecta patrocinada por potencias extranjeras que proyectan en Siria las tensiones regionales y también globales. Siria forma parte de un teatro de operaciones  más amplio (Líbano, Yemen, Irak, Bahrein) en el que Arabia Saudí resiste el ascenso imparable de Irán y éste intenta salvar al régimen de Bachar al Asad para asegurar el corredor de aprovisionamiento de la milicia libanesa Hezbollah.

No son estas las únicas derivadas del conflicto. La cuestión kurda y la lucha entre DAESH y Al-qaeda por el liderazgo global del yihadismo también despliegan sus tentáculos en suelo sirio.

Las derivadas regionales complican la labor de las instituciones internacionales. El Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, el foro encargado de garantizar la paz y la seguridad internacional, se encuentra bloqueado por las divergencias entre Rusia y Estados Unidos.

Sin probabilidad de acuerdo en la ONU, Washington lidera desde septiembre de 2014 una coalición de estados que bombardean al Estado Islámico en Irak y Siria. Sus resultados no son alentadores, las preferencias contradictorias en el seno de la coalición le restan eficacia. La estrategia americana ha logrado solo en parte contener a DAESH pero ha tenido el efecto contraproducente de beneficiar al primer responsable del conflicto sirio, el  presidente Asad, tal como advertimos en estas mismas páginas en septiembre de 2014. Esta es una de las razones por la que la estrategia americana no ha logrado implicar de forma satisfactoria a las potencias suníes del Golfo Pérsico en la guerra contra DAESH.

La incorporación de Turquía en agosto pasado a la Coalición contra DAESH evidencia aún más esas contradicciones. Desde entonces el ejército turco golpea con muchísima más fuerza a la guerrilla kurda del Partido Kurdo de los Trabajadores (PKK) que al Estado Islámico. No importa que los kurdos iraquíes, sirios y turcos hayan sido la infantería que ha combatido eficazmente a DAESH en el norte de Irak y Siria.

Esta guerra civil suscita dilemas morales mayúsculos a la comunidad internacional. En 2013 las cosas estaban claras, los buenos eran el Ejército Libre Sirio que había empuñado las armas para defenderse del tirano. Hoy en día, no hay buenos ni malos, salvo los millones de civiles refugiados e internamente desplazados que huyen de la guerra. El ejército sirio y el Estado Islámico martirizan a la población civil por igual. DAESH constituye un mal mayor para Occidente porque atenta en suelo europeo y americano. El régimen sirio es ahora un mal menor y su supervivencia deseable para Occidente: su colapso empeoraría el vacío de poder en Siria y dejaría vía libre al Estado Islámico hasta Israel y el Mar Mediterráneo.

Existen no menos obstáculos para encauzar el conflicto por la vía diplomáticaEl comunicado de 30 de junio de 2012 de Ginebra I ya no sirve para sentar a las partes en torno a unos principios de acuerdo consensuados. Difícilmente podemos imaginar un gobierno de transición y unidad nacional con miembros del régimen sirio y de la oposición para pilotar la transición a la democracia cuando los pesos pesados de esta última son dos organizaciones terroristas. Ese comunicado tenía sentido cuando el bando rebelde se encontraba en manos de los moderados sirios pero carece de toda lógica en la actualidad.

El futuro de Siria no se encuentra en manos de los sirios y sí, al menos en parte, en las cancillerías de las potencias regionales y de Estados Unidos y Rusia. La resolución del conflicto requiere negociaciones paralelas entre las potencias extranjeras que han metido la cuchara en Siria: Estados Unidos, Rusia, Irán, Turquía, Catar y Arabia Saudí. La otra parte corresponde al yihadismo global, DAESH y el Frente al-Nusra, con los que nadie se sentaría a negociar.

Así las cosas, la guerra civil siria continuará en los próximos meses e incluso años y la prolongación de las hostilidades y la inusitada violencia que emplean las partes agravarán la crisis de refugiados de este verano.

Los refugiados, el bando bueno merecedor de protección. 

Ante el dilema moral que plantea la guerra civil siria, la comunidad internacional debe proteger a los millones de refugiados que se apiñan en los países limítrofes y huyen a Occidente. La inmensa mayoría de los sirios, afganos, somalíes o iraquíes que llegan a Europa huyen de sus casas para conservar su vida o preservar su libertad y, como tal, la comunidad internacional debe velar por la salvaguardia de los derechos fundamentales que el país de origen ha dejado de proteger. Son obligaciones derivadas de la Convención que regula el Estatuto del Refugiado de 1951 y del resto del derecho internacional.

Sin embargo, Europa no solo rehúye el cumplimiento de sus obligaciones, también se distancia de los valores de la solidaridad de los que tanto alardea. Al igual que EEUUs. Llama la atención la cicatería de los gobiernos europeos a la hora de asumir cuotas de refugiados en comparación con las cifras desorbitadas que albergan los países vecinos de Siria, que son a su vez mucho más pobres que Occidente: casi dos millones en Turquía, uno en el Líbano y más de medio millón en Jordania. Es peor aún. Según la Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), la inmensa mayoría de esos refugiados viven fuera de los  campamentos y en la más absoluta pobreza, entre otras cosas, debido a los problemas de financiación de los programas de refugiados de la ONU.

Y, por último, Europa desaprovecha una oportunidad como apuntaba la OCDE hace unos días. Si las oleadas de recién llegados son bien gestionadas aportarán beneficios económicos y sociales a los países de acogida. Entre el 30 y 40% de los sirios que llegan a Europa tienen carrera universitaria. Y esos refugiados (y también los inmigrantes) pueden cubrir los huecos que la baja natalidad no hace con el fin de aumentar la población activa para pagar las pensiones del futuro en un continente aquejado de un problema muy grave de envejecimiento.

José Luis Masegosa Carrillo,

Analista de política internacional  de Arco Europeo Progresista, septiembre de 2015

@joseluismase / Blog La mirada a Oriente

Oriente Próximo por Masegosa Carrillo

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PUNTO DE VISTA entrevista al analista político internacional de Arco Europeo Progresista y del Instituto Internacional de Ciencias Políticas, José Luis  Masegosa Carrillo, quien ha contestado a las preguntas sobre la compleja situación que están viviendo diversos países de Oriente Próximo.

Actualmente asistimos ante una pacto entre las potencias occidentales e Irán…¿En qué contexto se produce esto? ¿verdaderamente puede ser un pacto duradero, u obedece a cuestiones coyunturales?

 Efectivamente el pasado 14 de julio, Irán, Estados Unidos y el resto de las grandes potencias alcanzaron un acuerdo para resolver el conflicto en torno a la naturaleza, pacífica o militar, del programa nuclear iraní. A este pacto se llega en un contexto distinto al de los primeros años del siglo XXI en los que el mundo conoció las instalaciones secretas de enriquecimiento de uranio que ocultaba el régimen iraní de los Ayatolás. Eran los años inmediatamente posteriores a los atentados de las Torres Gemelas de 2001 en los que Estados Unidos aplicó sus tesis de la guerra preventiva. La idea era que las intervenciones militares en Irak y Afganistán implantarían la democracia en Oriente Medio y lograrían estabilizar la región para garantizar el suministro regular de petróleo.

El contexto actual es ciertamente distinto. En los últimos años contemplamos varios cambios geopolíticos de gran envergadura y para nada coyunturales que promueven el afán de Estados Unidos en replegarse de Oriente Medio y centrarse en Asia / Pacífico (la iniciativa de Obama conocida como “Pivot to Asia”). Oriente Medio ha perdido parte del valor estratégico que tuvo para el gigante americano hasta hace poco tiempo. En los últimos siete años Estados Unidos casi ha doblado su producción de crudo gracias al “fracking”, la técnica de fracturación hidráulica que permite extraer hidrocarburos atrapados en rocas, y se encamina a la autosuficiencia energética.

Al tiempo que Oriente Medio perdía peso en el interés nacional, la región Asia / Pacífico se convertía en el centro de gravedad del planeta merced a la transferencia histórica de riqueza y poder a Oriente que ya inició la Globalización y se aceleró con la Gran Recesión de 2008 que golpeó especialmente a Occidente.

Y luego está la política interna norteamericana. No olvidemos que el presidente Obama llegó al poder en 2008 después de prometer que terminaría las guerras del Gran Oriente Medio. Se retiró de Irak y lo hará también de Afganistán. La sociedad norteamericana se encuentra cansada de unas intervenciones militares que se han cobrado miles de vidas estadounidenses y han costado billones de dólares al erario público sin que hayan logrado pacificar, mucho menos instaurar la democracia.

Estos tres cambios geopolíticos y de política interna ayudan a entender mejor la apuesta decidida del Presidente Obama por la diplomacia en lugar de las armas para superar el conflicto nuclear con Irán, o sus reticencias para embarcarse en una nueva guerra en Siria en 2013.

Para el Ayatolá Ali Jamenei, que ocupa la más alta magistratura de Irán y ha dado luz verde a este acuerdo, la supervivencia del régimen islámico instaurado en 1979 se encontraba en entredicho. Dicho de otra forma, Teherán ha aceptado las limitaciones temporales (10-­‐15 años) de su programa nuclear a cambio del levantamiento de unas sanciones económicas que durante los últimos 7 u 8 años han hundido en la pobreza a miles de iraníes y deteriorado el nivel de vida del resto. El régimen iraní ha cedido para conjurar un escenario de revueltas populares. Están muy presentes en la memoria de sus dirigentes las manifestaciones multitudinarias de 2008 contra la reelección fraudulenta del presidente Ahmadinejad y el terremoto social y político de la Primavera Árabe en sus vecinos árabes.

Los dirigentes iraníes anticipan que EE.UU. y Occidente desbloquearán unos activos iraníes, congelados hasta ahora, de alrededor de 100.000 millones de dólares, y el levantamiento de sanciones multiplicará las inversiones en su principal industria, los hidrocarburos.

Pero no se trata solamente de recuperar el favor del pueblo. La prosperidad económica también permitirá al régimen movilizar más recursos para luchar contra el Estado Islámico de Irak y Levante y sostener a sus principales aliados en la región a los que aquel amenaza (Hezbollah, el régimen sirio y el gobierno chiita en Irak). Estas aventuras exteriores son necesarias para mantener las credenciales revolucionarias del régimen de los Ayatolás y perseverar en sus ambiciones de convertir a Irán en una potencia regional.

Con este acuerdo Irán normalizará relaciones diplomáticas con occidente y regresará a la comunidad internacional. Es un lavado de imagen de un régimen hasta ahora aislado y acusado de formar parte del “eje del mal” y financiar al terrorismo internacional.

En definitiva, hay algo más que razones coyunturales detrás de este acuerdo. Nos encontramos ante un compromiso histórico que desactivará, al menos de forma temporal y para tranquilidad de Occidente, la carga explosiva que ha acompañado a este foco de tensión, al tiempo que afectará al reparto de poder en Oriente Medio en beneficio de Irán. Un quid pro quo.

Por cierto que el pacto muestra el camino para resolver otros conflictos que desangran a la región como la guerra civil siria: reivindica las virtudes del poder blando de las sanciones económicas y de la diplomacia, frente al poder duro de las intervenciones militares extranjeras que ha obtenido un sonoro fracaso en Oriente Medio.

Se han producido revoluciones o revueltas en varios países con mayorías sociales de musulmanes. Tal es el caso de Siria. ¿Es una crisis de origen social pidiendo más pan y derechos? O es una carencia de estructuras políticas e ideológicas en torno a un ideario que facilite la convivencia? es decir, ¿está acabado el nacionalismo árabe? ¿es el islamismo o el islam político suficiente para articular un gobierno serio y responsable?

En el caso de Siria, yo diría que ambas cosas. El impulso de la mal llamada Primavera Árabe en Siria y también en Túnez, Egipto o Libia procedía del paro juvenil que dobla la media mundial, de la explosión demográfica, de esa mitad de la población que tiene entre 15 y 24 años, y de la desigualdad de oportunidades en el campo de la educación. Una penetración de Internet del 40%, 6 puntos por encima de la media mundial, fue el factor catalizador de un proceso de movilización colectiva sin parangón en la historia de la región.

Pero el enfado popular contra el régimen sirio de Bachar al Asad también se dirigía contra una estructura de dominación heredada de la época colonial francesa en la que la mayoría sunita se encontraba bajo el yugo de la minoría alauita (una secta próxima a la rama chiita del Islam y a la que pertenece el clan de los Asad).

El presidente sirio Bachar al Asad sofocó violentamente las revueltas pacíficas y pronto estalló una rebelión militar contra el régimen sirio que desembocó en una guerra  civil  de  carácter  sectario  que  se  ha  cobrado  en  casi  cinco  años  más   de 250.000 vidas y ha desplazado a la mitad de su población, provocando un éxodo de miles de refugiados a Europa este verano.

Bachar el Asad resiste con el apoyo de los alauitas y la minoría cristiana y la ayuda militar de Hezbollah, Irán y Rusia. Aunque me aventuraría a decir que su baza principal para resistir descansa en las divisiones de sus oponentes y el miedo de las cancillerías occidentales a su caída y a una victoria de las milicias islamistas.

Los rebeldes pertenecen mayoritariamente a la rama sunita del Islam. No están unidos. Desde 2012 se han disputado el liderazgo de la revuelta militar el Ejército Libre Siria de tendencia moderada, hoy casi desaparecido, y las milicias islamistas que reciben ayuda de Turquía y de los países del Golfo Pérsico. Las milicias islamistas se han impuesto desde 2014, principalmente el Estado Islámico de Irak y Levante, una escisión de Al-­‐Qaeda que proclamó el Califato en la ciudad siria de Raqqa en el verano de 2014 y controla actualmente una buena parte de Siria e Irak. El Frente Al-­‐ Nusra, la filial de Al Qaeda en Siria, y las milicias kurdas, que resisten la embestida del Estado Islámico en el norte, constituyen los otros grupos armados más potentes del bando rebelde.

Poco queda ya de las protestas de 2011 pidiendo pan y derechos. La Primavera Árabe ha dado paso en Siria a una guerra civil de todos contra todos, una guerra indirecta en el que el futuro de Siria no lo deciden los sirios sino las cancillerías de las potencias regionales y de Estados Unidos y Rusia. Y aunque se quisiera contar con los representantes del pueblo sirio en una futura negociación, la dificultad sería mayor porque difícilmente se le puede atribuir esa representación a los grupos armados en el terreno o a la Coalición Nacional Siria sita en Estambul.

En relación con la capacidad del Islamismo para articular gobiernos serios y responsables, no se puede generalizar. En principio, el islamismo, como expresión política de una ideología inspirada en la moral y los principios del Islam, puede ser democrático. No es el caso, evidentemente, de las milicias islamistas a las que acabamos de referirnos. Pero sí es el caso del Partido de Justicia y Desarrollo que gobierna en Marruecos o de “Ennahda” en Túnez que recientemente ha entregado el poder de forma pacífica al partido Nidaa Tounes del presidente Beji Caid Essebsi. No se les puede meter a todos los islamistas en el mismo saco.

Sin duda es Turquía y el Partido de Justicia y Desarrollo (AKP) del presidente Recep Tayyip Erdogan el mejor ejemplo de integración de islamismo y democracia, aunque crecen la críticas de deriva autoritaria dirigidas contra el presidente Erdogan.

Turquía y Siria tienen una relación, como mínimo, conflictiva…¿a qué se debe esto? ¿Cómo observa la actualidad en Turquía?

No siempre fue una historia conflictiva. Erdogan, al frente del Partido de Justicia y Desarrollo (AKP), llegó al poder en Turquía en 2002. Su gobierno islamista aplicó una política exterior de “Cero Problemas con los Vecinos” y buscó una alianza estratégica con el Presidente Bachar al Asad que acababa de suceder a su padre. Los dos países zanjaron los contenciosos tradicionales que los han dividido durante décadas: desacuerdos en torno al trazado de la frontera de más de 900 kilómetros que comparten, el reparto del agua del Éufrates y la cuestión kurda.

Esta luna de miel terminó con el estadillo en 2011 de las revueltas populares y pacíficas contra el régimen de Bachar al Asad. Erdogan defendió la democratización de su vecino y su apoyo a la oposición política y a la rebelión militar  contra el régimen sirio se hizo cada vez más sonoro. Eso le costó la amistad de Bachar al Asad (y de Irak e Irán) que acusó a Ankara de práctica una política imperialista y neo-­‐ otomana ambiciones. La peor pesadilla del gobierno turco, una guerra civil en su frontera sur y una entidad kurda autónoma de facto en el país vecino, se han hecho realidad en los últimos años.

Hace unas semanas el ejecutivo turco movió ficha para enfrentar su entorno regional de una forma más firme. Después de casi un año de resistencia, Ankara firmó un acuerdo técnico con los EE.UU. para unirse a la Coalición que Washington lidera para contener al Estado Islámico. Turquía también emprendió una campaña de castigo contra la guerrilla kurda del Partido de los Trabajadores del Kurdistán, rompiendo así casi dos años de negociaciones y el alto el fuego con los separatistas kurdos. Desde entonces las fuerzas armadas turcas han golpeado mucho más fuerte a la guerrilla kurda que al Estado Islámico.

Este giro inesperado en política exterior coincide precisamente con las dificultades del  partido  islamista  para  formar  gobierno  después  de  las  últimas   elecciones legislativas. Y es que el proyecto islamista de Erdogan para Turquía muestra signos de agotamiento. Después de tres mayorías absolutas consecutivas el partido islamista de Erdogan derrapó en las últimas legislativas de junio pasado y se quedó a las puertas de la mayoría absoluta. Una complicación severa para el presidente Erdogan que aunque no se presentaba a las elecciones parlamentarias se jugaba mucho en ellas. Solamente una mayoría absoluta habría permitido al partido islamista reformar la Constitución de 1980 y transformar el régimen parlamentario en una república presidencialista que dotase a Erdogan (presidente desde 2014) de plenos poderes ejecutivos. Ante las dificultades para formar un gobierno de coalición, el presidente Erdogan convocó elecciones anticipadas, previsiblemente para noviembre.

Para la oposición y para muchos analistas, la campaña militar del ejército turco contra la guerrilla kurda será la principal baza electoral de los Islamistas del AKP de aquí a noviembre. Erdogan confía en que el ímpetu nacionalista y el miedo a la inestabilidad devuelva la mayoría absoluta a su partido.

¿ A qué se debe el aumento del radicalismo conocido como islámico?

 

¿Cómo surge y hacia dónde se dirige?

 La forma más radical que puede adoptar el Islamismo es el terrorismo a través de organizaciones de signo yihadista que luchan contra la injerencia extranjera en el Norte de África y Oriente Medio. Este islamismo radical se da a conocer en la década de los años 1980 cuando combate con éxito a los soviéticos en Afganistán. Allí se funda la organización terrorista Al-­‐Qaeda, con Osama Bin Laden al frente, que proclama que su primer objetivo es matar americanos para oponer la presencia e influencia de Estados Unidos en Arabia Saudí y Oriente Medio. Esta organización alcanza el zenit de su fama con los atentados de las Torres Gemelas en 2001, cuatro ataques simultáneos contra el corazón del poder económico y militar norteamericano. Las intervenciones militares en Afganistán e Irak tuvieron un efecto contraproducente, reforzaron la narrativa yihadista de resistencia a la opresión extranjera.

Estos procesos de radicalización violenta se basan en tres elementos interrelacionados: los agravios e injusticias sociales, una ideología que canaliza ese enfado en una dirección particular y la movilización colectiva de grupo. Los agravios e injusticias sociales están omnipresentes en la región. Y el islamismo radical, en todas sus formas, nutre sus filas de una juventud urbana, alfabetizada en masa, con un alto índice de paro, y una población mayoritariamente joven sin posibilidad de movilidad social por la carencia de oportunidades de educación.

La Primavera Árabe presentó una alternativa movilizadora al islamismo violento por un breve espacio de tiempo. Sin embargo, la marea yihadista ha vuelto. Encuentra su impulso en el inmovilismo político de las autocracias árabes, la contrarrevolución en Egipto, los conflictos internos que se han desatado, la inseguridad y la descomposición de las instituciones estatales, y los bajos niveles de identificación nacional (Irak, Siria, Yemen, Libia).

En la vanguardia del yihadismo ya no se encuentra Al-­‐Qaeda sino el Estado Islámico de Irak y Levante, una escisión de aquélla que ha hecho realidad una de sus grandes aspiraciones: un dominio en el que imponer una versión rigorista del Islam. En junio de 2014 esta antigua marca de Al-­‐Qaeda en Mesopotamia proclamó un califato para gobernar los territorios conquistados en el noroeste de Irak y el este de Siria. Allí aplica la Sharia, presta servicios sociales, exporta el petróleo y cobra impuestos. La proclamación del califato recuerda al gobierno de los Talibanes de Afganistán. Es un “protoestado” en toda regla. Y éste es un aspecto novedoso del islamismo radical violento, su capacidad para construir una entidad política duradera con un territorio, una población y un gobierno.

16 de septiembre de 2015, José Luis Masegosa Carrillo

Las transformaciones económicas en Cuba: Visión externa

 

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I

Algo que sin dudas ha llamado la atención a lo largo de la historia de la Revolución es la proliferación de múltiples interpretaciones externas sobre lo que se hace en el país, especialmente en el orden de la política económica. Desafortunadamente, la cantidad no hace la calidad y muchos de los trabajos que se han publicado adolecen de un mínimo de rigor analítico en sus análisis, en especial, aquellos que parten de una visión anti socialista excluyente de otro modelo que no sea afín a la economía de mercado en las diferentes versiones de la misma.

En el presente artículo no se pretende realizar un balance exhaustivo de todos estos enfoques, ni siquiera de aquellos que se han producido a lo largo de los últimos cinco años y que se relacionan con la actualización del modelo económico en curso. No obstante, resulta útil destacar algunas tendencias presentes en el ámbito académico y que permiten identificar los principales enfoques acerca de las transformaciones económicas que se desarrollan en Cuba en la actualidad.

Lo primero que valdría la pena subrayar es que no se aprecia una ruptura con paradigmas anteriores que han preponderado a la hora de examinar la realidad económica en Cuba a lo largo de los años. Ello se aprecia en los análisis que se llevan a cabo por la Asociación para el Estudio de la Economía Cubana (ASCE) de Estados Unidos, que se reúne sistemáticamente todos los años desde 1990 y que publica la memoria de sus debates en los que continúa siendo mayoritaria una visión cercana al neoliberalismo más ortodoxo y al mainstream de la cubanología tradicional al evaluar nuestra realidad.

En este sentido destacan –como ejemplo- los numerosos artículos de Luis R. Luis, uno de los editores del blog de ASCE, que se empeña en pintar con los tonos más oscuros posibles la realidad económica en Cuba calificándola como economía arruinada y carente de liquidez internacional, lo cual se aprecia en sus recientes artículos “Cuba’s Feeble International Liquidity” (La débil liquidez internacional de Cuba) publicado en el blog de ASCE el 9 de abril y “Cuba-US Reconciliation and Limited Reforms” (Reconciliación Cuba-EEUU y reformas limitadas) publicado el 22 de mayo pasado. En ambos trabajos se constata la ausencia de un análisis objetivo, que no excluya otros enfoques desarrollados por la academia en los propios EEUU, y que no ignore informaciones oficiales del gobierno cubano tales como el discurso del Ministro de Economía y Planificación Marino Murillo, pronunciado en la Asamblea Nacional en diciembre de 2014, donde se brindan numerosas informaciones sobre la política de financiamiento externo del país, entre otros temas de importancia para el análisis.[1]

Afortunadamente, se pueden encontrar otros enfoques no necesariamente afines a las ideas socialistas, pero que elaboran sus tesis con una mayor seriedad y rigor, aun en el terreno en el que necesariamente se mantienen discrepancias de fondo con los economistas que defendemos la Revolución.

Si se examinan los años transcurridos desde que se aprobaron los Lineamientos de la Política Económica y Social del país en abril de 2011, se proyecta una valoración crítica de las medidas propuestas en diversos trabajos del profesor Carmelo Mesa-Lago tal y como aparecen en su libro “Cuba en la era de Raúl Castro. Reformas económico-sociales y sus efectos” (Editorial Colibrí, Madrid, 2012), que reseñé en la revista TEMAS Nº 73 de 2013. Su valoración resumió diversos argumentos basados en una ideología keynesiana que sustentaba el análisis de errores que en su opinión llevaban a la inviabilidad del socialismo en Cuba.

 

Con posterioridad al 17 de diciembre de 2014, Mesa-Lago se ha pronunciado sobre los cambios en Cuba, incluyendo la perspectiva que se abre en las relaciones con Estados Unidos. En un reciente trabajo titulado “Normalización de las relaciones entre EEUU y Cuba: causas, prioridades, progresos, obstáculos, efectos y peligros” (Real Instituto El Cano, Documento de Trabajo Nº 6/2015, 8 de mayo de 2015 disponible enwww.blog.rielcano.org ) el profesor Mesa-Lago realiza un interesante análisis de la nueva situación y ofrece una visión notablemente objetiva de muchos temas que atañen a la evaluación de los cambios en Cuba, lo cual resulta destacable en relación a otros trabajos anteriores. No obstante, el documento tiene un enfoque negativo sobre las relaciones de Cuba con Venezuela tomando como válidas informaciones y datos que resultan especulativos, especialmente cuando valora el supuesto impacto sobre la economía cubana de una contracción económica en Venezuela este año y ubica la situación de ese país como un motivo para buscar el acercamiento de Cuba con Estados Unidos, lo cual no se corresponde con la verdad.

 

Igualmente el documento cierra con lo que el autor denomina como el enigma de la posición cubana frente al proceso de negociación con Estados Unidos, el cual revela un alto grado de especulación y desconocimiento de las razones que asisten a Cuba para fundamentar sus posiciones. A pesar de estos aspectos controversiales, el documento revela un análisis profundo y abarcador de las relaciones posibles entre Cuba y Estados Unidos por parte del autor, que revela el fruto de un trabajo sistemático y serio sobre estos temas durante muchos años.[2]

II

Un aspecto que es tomado como premisa en el análisis de las transformaciones más recientes de la economía cubana por la mayoría de los autores, es el fracaso del modelo socialista de desarrollo y lo inevitable de la transición a una economía de mercado.

Al respecto se destacan investigadores como Richard E. Feinberg, ex funcionario del gobierno norteamericano, actual profesor de la Universidad de California en San Diego y Senior Fellow de Brookings Institution, uno de los principales tanques pensantes de Estados Unidos. Este analista ha venido publicando sistemáticamente trabajos sobre la economía cubana, entre los que se destacan sus ensayos “Extendiendo la mano: La nueva economía de Cuba y la respuesta internacional” Iniciativa para América Latina, Brookings Institution, Washington, noviembre de 2011, www.brookings.edu y “¿Aterrizaje suave en Cuba? Empresarios emergentes y clases medias” Iniciativa para América Latina, Brookings Institution, Washington, noviembre 8 de 2013, www.brookings.edu.

 

En el primero de estos trabajos Feinberg defiende la tesis de que constituye una anomalía la no pertenencia de Cuba a organismos financieros internacionales como el FMI y el Banco Mundial, por lo que propone un programa de aproximaciones sucesivas para superar esa situación, tomando como ejemplo los casos de Nicaragua y Vietnam para ello. Sin embargo, esta propuesta no parte de aceptar los cambios que Cuba se planteó en los Lineamientos de la Política Económica y Social, sobre los que el autor expresa que “Las pautas están plagadas de contradicciones internas y siguen rindiendo culto a la planificación centralizada, pero las fracciones pro reforma fueron lo suficientemente fuertes para incluir un lenguaje que transformaría la cultura política y la ética social cubana si se lo interpretara y actuara en consecuencia.”

Claramente sale a relucir que la transición al capitalismo es a fin de cuentas lo determinante y para ello se cifran esperanzas en lo que Feinberg denomina como “las fracciones pro reforma”.

Adicionalmente faltaría por demostrar que es posible ingresar al FMI y sostener un programa de desarrollo como al que Cuba aspira, especialmente si se tiene en cuenta el papel que ha jugado este organismo en la aplicación de las recetas neoliberales a toda costa, tal y como se refleja en estos momentos en su posición frente al actual gobierno de Grecia en la Unión Europea.

Acerca de este supuesto papel positivo del FMI, bastaría con examinar su desempeño en la transición al capitalismo en Europa Oriental y la antigua URSS, cuestión abordada muy seriamente por la investigadora del Banco Interamericano de Desarrollo Emily Morris en el artículo “Unexpected Cuba” publicado en New Left Review Nº 88, Julio-Agosto 2014www.newleftreview.org [3].

 

Un analista que trabaja los temas de la economía cubana desde la década de los años 70 del pasado siglo es el profesor de la Universidad de Carleton Archibald Ritter. Autor de uno de los pocos libros sobre la estrategia de desarrollo de Cuba –“The economic development of revolutionary Cuba: strategy and performance”, Praeger, New York, 1974- ha incursionado con una visión crítica en distintos aspectos del desempeño económico del país, dedicándole especial atención en los últimos años al desarrollo del sector privado. En este sentido Ritter publicó junto a Ted Henken el libro “Entreprenurial Cuba: The Changing Policy Landscape” que vio la luz en 2014[2], trabajo que aborda desde diferentes ángulos la temática del llamado sector no estatal.

 

Al igual que otros textos, en este libro se examinan las insuficiencias para el desarrollo sin límites de la propiedad privada y cooperativa, por lo que se deja establecido que solo en una economía de mercado pueden evaluarse sus verdaderas potencialidades, con lo que evidentemente se niega la posibilidad de su desarrollo en los límites que supone una economía socialista.

Finalmente vale la pena destacar otro trabajo que –previo al escenario actual de posibles relaciones con Estados Unidos- se elaboró anteriormente. Este es el caso del ensayo de Gary Clyde Hufbauer, Barbara Kotschwar y Cathleen Cimino “Economic Normalization with Cuba. A Roadmap for US Policymakers” Policy Analysis Nº 103, Peterson Institute for International Economy, 2014 www.piie.com . Siguiendo la línea de otros autores, en este análisis se propone para Cuba un modelo de transición a una economía de mercado siguiendo el modelo de Europa Oriental a través de diferentes pasos, que incluyen la apertura del mercado de Estados Unidos y el ingreso a los organismos del sistema financiero internacional, es decir, al FMI, Banco Mundial y Banco Interamericano de Desarrollo.

III

Otros análisis de interés sobre la economía cubana en años recientes, que no toman como premisa una transición inevitable a la economía de mercado en nuestro caso, también puede encontrarse en diferentes autores, sin que se pretenda en este breve artículo hacer un listado exhaustivo de los mismos.

Profundo conocedor de la economía cubana a la que ha estudiado durante muchos años, el economista sueco Claes Brundenius, actualmente Profesor Honorario del Research Policy Institute de la Universidad de Lund, elaboró uno de los libros más importantes sobre el desarrollo socioeconómico en Cuba: “Revolutionary Cuba: The Challenge of Economic Growth with Equity” (Cuba revolucionaria: el desafío del crecimiento económico con equidad) Westview Press, Boulder, 1984, al que siguieron numerosos artículos y libros de especial valor –varios de ellos elaborados en esos años con el destacado profesor Andrew Zimbalist del Smith College.  Entre los trabajos más significativos se destaca “Revolutionary Cuba at 50: Growth with Equity Revisited” (Cuba revolucionaria a los 50: crecimiento con equidad revisados) Latin American Perspectives Volume 36, Nº 2, March 2009.

En uno de sus libros más recientes, coeditado con Ricardo Torres: “No More Free Lunch. Reflections on the Cuban Economic Reform Process and Challenges for Transformation” (No más comida gratis. Reflexiones sobre el proceso cubano de reformas y desafíos para la transformación) Springer, London, 2014; Brundenius ofrece una evaluación sobre los cambios en Cuba y las reformas económicas en Vietnam. Sin dejar de plantear ideas que pueden resultar polémicas, Brundenius arriba –como en trabajos anteriores- a conclusiones más objetivas y balanceadas al afirmar en este libro “Es un poco irónico que mientras nosotros hablamos sobe la crisis del modelo socialista en Cuba, el capitalismo en todo el mundo atraviesa su crisis más profunda desde la Gran Depresión (…) Pero claramente, el capitalismo no es “el fin de la historia” y es ahora más que nunca importante buscar modelos alternativos que puedan combinar la eficiencia de la competitividad de los modelos de mercado con sostenibilidad ambiental combinada con equidad, solidaridad y democracia. Modelos cooperativos pueden ser una importante parte de esas soluciones como se discuten en este volumen.”

Además de Emily Morris ya mencionada anteriormente, un grupo de diversos autores se han destacado por aportes puntuales al análisis socioeconómico de la realidad cubana desde posiciones igualmente objetivas y no prejuiciadas de nuestra realidad.

Entre ellos vale la pena destacar la labor de Albert Campbell, Profesor de Mérito de la Universidad de Utah, que durante años ha emprendido estudios sobre Cuba en el campo de la economía política y la filosofía de indudable relevancia y que fue el editor del más reciente libro publicado en Estados Unidos escrito totalmente por autores cubanos residentes en nuestro país: “Cuban Economist on the Cuban Economy” (Economistas cubanos sobre la economía cubana) The University Press of Florida, Gainesville, 2013.[4]

En este grupo pueden incluirse con diversos matices, los británicos George Lambie –uno de los editores del International Journal of Cuban Studies, del International Institute for the Study of Cuba- y Mervyn Bein, especialista en temas de relaciones entre Cuba y los antiguos países socialistas; el canadiense John Kirk, durante muchos años estudioso de la colaboración internacional brindada por Cuba en el campo de la salud y editor de la colección Contemporary Cuba de la University Press of Florida; los académicos norteamericanos Nelson Valdés Profesor Emérito de Sociología en la Universidad de Nuevo México profundo conocedor de la realidad cubana, creador de uno de los proyectos de investigación más completo sobre Cuba contemporánea –Cuba-L Direct-; Frank Thompson, profesor de la Universidad de Michigan; Paolo Spadoni, profesor asistente de Georgia Regents University y autor del libro “Cuba’s Socialist Economy Today. Navigating Challenges and Change” (La economía de Cuba socialista hoy. Desafíos de la navegación y cambio) Lynne Rienner, Boulder, 2014, libro en el que se realiza un análisis macroeconómico –no exento de criterios debatibles pero interesantes- acerca de las transformaciones en desarrollo actualmente en Cuba; y Jorge R. Piñón un destacado especialista en temas energéticos y director de Latin America and Caribbean Energy Program en la Universidad de Texas en Austin.

Lógicamente, con posterioridad al 17 de diciembre de 2014 el tema de Cuba y su economía ha pasado a ocupar un destacado lugar en todos los análisis, tanto por los especialistas, como por aquellos que comienzan a enfrentarse al estudio de nuestro país.

Un examen sobre estas nuevas visiones y las diferentes teorías que se enarbolan para sustentarlos, merecerá una evaluación más detenida en la misma medida en que se vayan despejando obstáculos que –como la permanencia del bloqueo norteamericano contra Cuba- no permiten una proyección clara de los posibles derroteros de las relaciones económicas entre nuestros dos países a corto plazo.

Por el momento, resulta de mucha importancia para los economistas cubanos mantener un seguimiento de todos los trabajos que se publican en el exterior, especialmente de aquellos académicos que han demostrado una mayor rigurosidad en sus análisis hasta el presente, tomando en cuenta su posible contribución al debate científico y a profundizar en el  desarrollo de los estudios sobre la economía cubana.

 

Por: José Luis Rodríguez, en Cuba Debate

Notas

[1] En esta misma línea de pensamiento se incluyen autores como Jorge Sanguinetty, Roger Betancourt, Rolando Castañeda, Joaquín J. Pujol y Ernesto Hernández-Catá todos ponentes regulares de “Cuba in Transition” el anuario que publica la ASCE desde 1990. Ver www.ascecuba.org
[2] En este trabajo no solamente se contrastan críticamente los elementos esenciales de la política económica cubana con la aplicada en los ex países socialistas europeos, sino que se incluye una valoración crítica de los enfoques de la cubanología al respecto, lo cual es un valor añadido muy interesante para el análisis.
[3] Hay una versión disponible en español. Ver “Emily Morris: Cuba ha demostrado que la economía socialista es posible” Cubadebate, noviembre 24 de 2014 en www.cubadebate.cu.

[4]La introducción a este libro se encuentra en www.thecubaneconomy.com

Deshaciendo con los pies lo que se hizo con ideas y sacrificios…

CUBA MAYO 2009-041Mientras la inmensa mayoría del mundo celebra el cambio de política de los Estados Unidos de América hacia Cuba en pos de la normalizacición de las relaciones bilaterales y muchos lo ven como una justa rectificación a más de cincuenta años de fracasos y hostilidad que nada bueno aportaron; mientras se reconoce que tal hecho histórico estuvo en gran medida sustentado en una confrontación de ideas en la que una mayoría del pueblo cubano residente en el país resistió al precio de soportar grandes limitaciones y penurias, afloran en el país hechos y acciones que parecen emborronar toda la gloria que se ha vivido.

Ayer en la tarde/noche me llamaron o escribieron varias decenas de amigos, muchos solidarios con Cuba y otros que desechan todo tipo de enemistad, preocupados por un documento que está circulando como la pólvora respecto a actos de censura contra un Director de Cine y Teatro cubano hasta ahora jamás vinculado ni con la política de Washington ni con la oposición o disidencia interna cubana.

Intenté, en vano, obtener de medios oficiales cubanos alguna referencia al respecto y resultó imposible. Incluso le puse un Twit a uno de esos medios digitales, a un blog oficial, y hasta hoy no he recibido respuesta. Fue en otro diario digital, 14ymedio, también editado desde La Habana, donde finalmente apareció copia de la carta que en respuesta a actos de censura y cuestionamientos ideológicos remitió el creador cubano Juan Carlos Cremata a un funcionario del Ministerio de Cultura, o adscripto al mismo.

La epístola de respuesta, redactada con una argumentación lógica impresionante, cuasi un guión de teatro real, lanza con crudeza una cáustica crítica política a los representantes del sector de la cultura cubana y, por consiguiente, a procederes que parecen irracionales por parte del modelo político cubano.

Leyendo tal documento cualquier persona medianamente instruida se atrevería a decir que, en otro contexto en que todo victimismo producto de acciones externas parece fenecer, los errores y ataduras comienzan a deshacer con los pies lo que se hizo con ideas y sacrificios. Comienza a aparecer en pantalla una imagen de Cuba hasta ahora cuestionada, pero internamente no aceptada en cuestión.

Cremata indignado – y me parece un tanto exagerado -, incluso, compara tal actuar de representantes del socialismo nacional cubano con los del nacional/socialismo de Hitler. Lo cierto es que hace rato se viene haciendo un daño serio a la imagen del país. Leonardo Padura, con distancia el mejor escritor y novelista actual de Cuba, ha tenido que soportar la crítica ideológica mordaz e intolerante; igual, con sus matices, el gran pintor pinareño Pedro Pablo Oliva, así como otros cantantes y actores se han visto bajo fuego cruzado por similares prácticas lamentables. Las ideas sólo se cambian con ideas mejores.

El impacto de tales actos, además que vienen como anillo al dedo para todo tipo de especulación y epítetos contra Cuba, transmiten una imagen que contrasta, da al traste, con la lucha y reivindicaciones que la izquierda global desarrolla contra el pensamiento único neoliberal, la leyes de censura y recortes de derechos y los embates que ellos están padeciendo desde la derecha. Pocos, muy pocos, por tanto, podrán estar de acuerdo con que en Cuba sucedan tales cosas.

Hay en la Isla, parece, alguien con pretensiones de revivir viejos y dañinos periodos pasados y están jugando peligrosamente con un sector, el de la cultura, que es, junto con la Iglesia Católica, parte de los únicos canales o vehículos por, o con, los que se pueden generar estados de opinión de consideración que podrían crear situaciones que pongan en riesgo la soberanía e independencia nacional. La cuestión no es de simple retorica y ostracismo.

Desde esa posición, constructiva y de reflexión, apelo al cambio sabio y taimado; pido la ruptura de métodos y estilos obsoletos e inoportunos; llamo a que se rectifique un actuar restrictivo y arbitrario que nada tiene que ver con las ideas de renovación y sin más bien con las de fracaso.

Julio Antonio Alfonso Fonseca.
Madrid, 11 de julio de 2015.

Tsypras al pueblo griego

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Queridos compatriotas griegos:

Durante los últimos seis meses, el Gobierno griego ha estado presentado batalla en mitad de unas condiciones creadas por una asfixia económica sin precedentes para poner en práctica nuestro mandato del 25 de enero [fecha de las últimas elecciones griegas]. Fue un mandato para negociar con nuestros socios con la misión de poner fin a la austeridad y restaurar la prosperidad y la justicia social en nuestro país.

El objetivo era conseguir un acuerdo viable que respetara tanto la democracia como las normas europeas y condujera a una salida definitiva de la crisis. En todo este periodo de negociaciones, nos pidieron que adoptáramos los acuerdos de rescate que habían sido acordados con anteriores gobiernos, a pesar de que habían sido condenados de forma rotunda por el pueblo griego en las recientes elecciones.

Pero nosotros, ni por un momento, contemplamos ceder. Eso hubiera sido lo mismo que traicionar vuestra confianza.

Después de cinco meses de duras negociaciones, nuestros socios presentaron desgraciadamente en el Eurogrupo antes de ayer una propuesta, un ultimátum a la República Helena y el pueblo griego.

Es un ultimátum que contraviene los principales fundadores y los valores de Europa, el valor de nuestra estructura común europea.

Se pidió al Gobierno griego que aceptara una propuesta que suma nuevas cargas insoportables al pueblo griego y socava la recuperación de la sociedad griega y de su economía, no sólo manteniendo la incertidumbre, sino llevando aún más lejos los desequilibros sociales.

Las propuestas de las instituciones incluyen medidas que llevarían a una mayor fragmentación del mercado laboral, recortes de pensiones, nuevas reducciones en los salarios del sector público y un aumento del IVA en alimentos, restaurantes y turismo, con la eliminación de las deducciones fiscales en las islas.

Estas propuestas claramente violan las normas sociales europeas y el derecho fundamental al trabajo, la igualdad y la dignidad, dado que el objetivo de algunos socios e instituciones no era conseguir un acuerdo viable y beneficioso para ambas partes, sino la humillación de todo el pueblo griego.

Estas propuestas ponen en evidencia la fijación, especialmente del Fondo Monetario Internacional, en una austeridad dura y de castigo.

Ahora es más necesario que nunca que las principales fuerzas europeas den un paso al frente y tomen iniciativas con las que trazar una línea firme en relación a la deuda griega, en una crisis que también afecta a otros países europeos y que amenaza el futuro de la unidad europea.

Queridos compatriotas griegos. Asumimos hoy una responsabilidad histórica en favor de las luchas del pueblo helénico y de la protección de la democracia y de nuestra soberanía nacional. Es una responsabilidad ante el futuro del país. Y esa responsabilidad nos obliga a responder a este ultimátum con la voluntad del pueblo griego.

Hace unos momentos, he reunido al Gobierno al que he propuesto la celebración de un referéndum para que el pueblo griego decida de forma soberana. La sugerencia ha sido aceptada de forma unánime.

Mañana (por este sábado) el pleno del Parlamento griego se reunirá para ratificar la propuesta del Gobierno de un referéndum el próximo domingo 5 de julio, con la pregunta de si acepta o rechaza la propuesta de las instituciones [europeas].

Ya he comunicado mi decisión al presidente de Francia, a la canciller de Alemania y al presidente del BCE. Mañana (por este sábado) pediré formalmente a los líderes e instituciones de la UE una extensión de unos pocos días del programa [de rescate] para que el pueblo griego pueda decidir, sin presiones ni coerciones, como dicta la Constitución de nuestro país y la tradición democrática de Europa.

Queridos compatriotas griegos, ante este ultimátum y chantaje, os convoco para que decidáis de forma soberana y con orgullo, como dicta la historia de Grecia, sobre la aceptación de esta [propuesta de] austeridad estricta y humillante, que no ofrece ningún fin a la vista ni opción que nos permita recuperarnos social y económicamente.

Ante esta dura austeridad autocrática, debemos responder con democracia, serenidad y determinación.

Grecia, el crisol de la democracia, debe enviar un claro mensaje democrático a Europa y la comunidad internacional.

Estoy personalmente comprometido a que se respete el resultado de vuestra voluntad democrática, sea la que sea.

Estoy completamente seguro de que vuestra elección estará a la altura de la historia de nuestro país y enviará un mensaje de dignidad a todo el mundo.

En estos momentos cruciales, todos debemos recordar que Europa es el hogar común de sus pueblos. No hay dueños ni invitados en Europa.

Grecia es y continuará siendo una parte indispensable de Europa, y Europa será una parte indispensable de Grecia. Pero Grecia sin democracia sería una Europa sin identidad ni dirección.

Os convoco para que toméis las decisiones que se esperan de nosotros.

Por nosotros, por las generaciones futuras y por la historia de los griegos.

Por la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo.

Cómo hacer que Venezuela parezca una dictadura

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No importa que el Consejo Nacional Electoral convocase a elecciones legislativas para el 6 de diciembre de este año. Hoy en día las formas para derrocar gobiernos constitucionales y democráticos es transformarlos en dictaduras. En la república bolivariana de Venezuela el itinerario ha sido transparente. Primero se busca descalificar el proyecto globalmente, adjetivándolo de populista, negando el valor jurídico del proceso constituyente y rechazando la Constitución. Se infravaloran las nuevas instituciones, a los procesos electorales se les considera un fraude, se deslegitima a los representantes electos y se levanta un relato en el cual los partidos opositores y los medios de comunicación son perseguidos por hordas marxistas totalitarias.

Para que la historia tenga credibilidad, se tensa la gobernabilidad democrática y se juega en el filo de la conspiración y el golpismo. El objetivo, colmar la paciencia del gobierno y obligar a las autoridades a tomar medidas represivas. En este plan hay quienes asumen el papel de mártires que serán paseados por el mundo como víctimas de la dictadura bolivariana. Son dirigentes que llaman a la sedición, a romper la legalidad vigente y a conspirar contra el Estado. El fin, deslegitimar al gobierno bajo la acusación de situarse fuera de la ley y la Constitución. Los mismos opositores que la tildaron de totalitaria, excéntrica y ajena a la tradición constitucionalista, se trasforman en sus guardianes. Y desde sus cargos de representantes electos democráticamente hacen un llamado a la desobediencia civil, a tomar las calles, a ejercer la violencia. Leopoldo López, encarcelado por sedición, ha sido trasformado en preso político por sus acólitos. Ya tienen su ícono. La siguiente escala, subrayar que el país está en manos de un gobierno corrupto e ilegítimo. Democracia versus dictadura. Ellos se autodenominan demócratas y descalifican a la ciudadanía que no comparte su criterio. Para completar el cuadro de ser Venezuela y su gobierno un régimen dictatorial, falta acoplar el frente exterior, promoviendo sanciones internacionales y declaraciones tendentes a demostrar que con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro se vive una cruenta dictadura donde los derechos humanos no son respetados.

Curiosamente, quienes hacen estas declaraciones pueden transitar libremente, conceder entrevistas, recibir apoyos económicos, convocar a mítines, conferencias y ser aclamados en cualquier espacio público sin sufrir represión alguna. Al contrario, cuentan con protección gubernamental para que se expresen libremente ¿Qué dictadura permitiría tal acción?

El juego se traslada de escenario. Ya no se trata de provocar la actuación de las fuerzas armadas, más bien dividirlas, romper su disciplina y compromiso con la revolución bolivariana. Igualmente, definir el régimen como una dictadura se ajusta al itinerario, estrategias y argumentos recurrentes propios de la guerra fría, aunque los tiempos y la realidad no guarden parangón. Tras la II Guerra Mundial, el anticomunismo y la necesidad de bloquear una revolución socialista llevaron a las burguesías latinoamericanas a mostrar su lado oscuro. Ningún proceso de cambio social, cuyo liderazgo no ejercieren, tendría éxito. Lo abortarían de cualquier manera. Si el conflicto se les escapaba de las manos y perdían el control político, podían optar por incluir las clases trabajadoras, concediendo derechos sociales, económicos y políticos, siempre bajo su tutela; también podían cooptar a los dirigentes políticos y sindicales de los partidos obreros y populares, frenando las reivindicaciones democráticas a cambio de un trozo del pastel y una economía saneada en lo personal. Sindicatos corruptos, vinculados a los partidos dominantes fueron la mejor arma para diluir las demandas de las clases trabajadoras. También lo fue crear partidos políticos ad-hoc para legitimar una oposición sumisa y dar la imagen de vivir en una democracia; por último, practicaron una política represiva consistente en la exclusión. Las tres vías son reconocibles en las historias políticas de los países latinoamericanos.

Mientras tanto, Estados Unidos se trasformaba en gendarme político de la región. Así, propondrá a las burguesías locales vincular el cambio social a tres conceptos irrenunciables. Condición sine qua non para disfrutar de las ayudas económicas y ser socios subordinados del proyecto estadunidense. Seguridad, desarrollo y democracia fueron los ejes sobre los cuales se levantó la dominación imperial en la región. Su agenda no tuvo fisuras. Bajo el manto del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) se planificó la seguridad frente al enemigo exterior e interno y la subversión. La Organización de Estados Americanos (OEA) sirvió de escaparate para el nuevo panamericanismo y promover acuerdos económicos de cooperación. La modernización política consistió en brindar el apoyo a las élites del pacto anticomunista. Democratacristianos, socialdemócratas, liberales, progresistas y nueva derecha.

No hubo muchos argumentos para derrocar gobiernos democráticos y antiimperialistas. Si una coalición o partido político ganaba unas elecciones libres, poniendo en marcha la reforma agraria, un plan de nacionalizaciones y fomentando la participación de las clases populares, caía en desgracia. Las fuerzas armadas, en nombre de la patria ultrajada, actuaban contra la implantación de ideologías foráneas disolutivas de la nación, y en defensa de los valores de la cultura occidental, católica, apostólica y romana. En definitiva se alzaban contra el totalitarismo marxista. Hoy, para romper la institucionalidad democrática, las burguesías locales y el imperialismo estadunidense sólo tienen una salida, ante el descrédito de los golpes de Estado, mejor deslegitimar la democracia, promoviendo dictaduras blandas. Y en eso andan.

Marcos Roitman Rosenmann

28 junio 2015. Cuba Debate