Tsypras al pueblo griego

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Queridos compatriotas griegos:

Durante los últimos seis meses, el Gobierno griego ha estado presentado batalla en mitad de unas condiciones creadas por una asfixia económica sin precedentes para poner en práctica nuestro mandato del 25 de enero [fecha de las últimas elecciones griegas]. Fue un mandato para negociar con nuestros socios con la misión de poner fin a la austeridad y restaurar la prosperidad y la justicia social en nuestro país.

El objetivo era conseguir un acuerdo viable que respetara tanto la democracia como las normas europeas y condujera a una salida definitiva de la crisis. En todo este periodo de negociaciones, nos pidieron que adoptáramos los acuerdos de rescate que habían sido acordados con anteriores gobiernos, a pesar de que habían sido condenados de forma rotunda por el pueblo griego en las recientes elecciones.

Pero nosotros, ni por un momento, contemplamos ceder. Eso hubiera sido lo mismo que traicionar vuestra confianza.

Después de cinco meses de duras negociaciones, nuestros socios presentaron desgraciadamente en el Eurogrupo antes de ayer una propuesta, un ultimátum a la República Helena y el pueblo griego.

Es un ultimátum que contraviene los principales fundadores y los valores de Europa, el valor de nuestra estructura común europea.

Se pidió al Gobierno griego que aceptara una propuesta que suma nuevas cargas insoportables al pueblo griego y socava la recuperación de la sociedad griega y de su economía, no sólo manteniendo la incertidumbre, sino llevando aún más lejos los desequilibros sociales.

Las propuestas de las instituciones incluyen medidas que llevarían a una mayor fragmentación del mercado laboral, recortes de pensiones, nuevas reducciones en los salarios del sector público y un aumento del IVA en alimentos, restaurantes y turismo, con la eliminación de las deducciones fiscales en las islas.

Estas propuestas claramente violan las normas sociales europeas y el derecho fundamental al trabajo, la igualdad y la dignidad, dado que el objetivo de algunos socios e instituciones no era conseguir un acuerdo viable y beneficioso para ambas partes, sino la humillación de todo el pueblo griego.

Estas propuestas ponen en evidencia la fijación, especialmente del Fondo Monetario Internacional, en una austeridad dura y de castigo.

Ahora es más necesario que nunca que las principales fuerzas europeas den un paso al frente y tomen iniciativas con las que trazar una línea firme en relación a la deuda griega, en una crisis que también afecta a otros países europeos y que amenaza el futuro de la unidad europea.

Queridos compatriotas griegos. Asumimos hoy una responsabilidad histórica en favor de las luchas del pueblo helénico y de la protección de la democracia y de nuestra soberanía nacional. Es una responsabilidad ante el futuro del país. Y esa responsabilidad nos obliga a responder a este ultimátum con la voluntad del pueblo griego.

Hace unos momentos, he reunido al Gobierno al que he propuesto la celebración de un referéndum para que el pueblo griego decida de forma soberana. La sugerencia ha sido aceptada de forma unánime.

Mañana (por este sábado) el pleno del Parlamento griego se reunirá para ratificar la propuesta del Gobierno de un referéndum el próximo domingo 5 de julio, con la pregunta de si acepta o rechaza la propuesta de las instituciones [europeas].

Ya he comunicado mi decisión al presidente de Francia, a la canciller de Alemania y al presidente del BCE. Mañana (por este sábado) pediré formalmente a los líderes e instituciones de la UE una extensión de unos pocos días del programa [de rescate] para que el pueblo griego pueda decidir, sin presiones ni coerciones, como dicta la Constitución de nuestro país y la tradición democrática de Europa.

Queridos compatriotas griegos, ante este ultimátum y chantaje, os convoco para que decidáis de forma soberana y con orgullo, como dicta la historia de Grecia, sobre la aceptación de esta [propuesta de] austeridad estricta y humillante, que no ofrece ningún fin a la vista ni opción que nos permita recuperarnos social y económicamente.

Ante esta dura austeridad autocrática, debemos responder con democracia, serenidad y determinación.

Grecia, el crisol de la democracia, debe enviar un claro mensaje democrático a Europa y la comunidad internacional.

Estoy personalmente comprometido a que se respete el resultado de vuestra voluntad democrática, sea la que sea.

Estoy completamente seguro de que vuestra elección estará a la altura de la historia de nuestro país y enviará un mensaje de dignidad a todo el mundo.

En estos momentos cruciales, todos debemos recordar que Europa es el hogar común de sus pueblos. No hay dueños ni invitados en Europa.

Grecia es y continuará siendo una parte indispensable de Europa, y Europa será una parte indispensable de Grecia. Pero Grecia sin democracia sería una Europa sin identidad ni dirección.

Os convoco para que toméis las decisiones que se esperan de nosotros.

Por nosotros, por las generaciones futuras y por la historia de los griegos.

Por la soberanía y la dignidad de nuestro pueblo.

Cómo hacer que Venezuela parezca una dictadura

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No importa que el Consejo Nacional Electoral convocase a elecciones legislativas para el 6 de diciembre de este año. Hoy en día las formas para derrocar gobiernos constitucionales y democráticos es transformarlos en dictaduras. En la república bolivariana de Venezuela el itinerario ha sido transparente. Primero se busca descalificar el proyecto globalmente, adjetivándolo de populista, negando el valor jurídico del proceso constituyente y rechazando la Constitución. Se infravaloran las nuevas instituciones, a los procesos electorales se les considera un fraude, se deslegitima a los representantes electos y se levanta un relato en el cual los partidos opositores y los medios de comunicación son perseguidos por hordas marxistas totalitarias.

Para que la historia tenga credibilidad, se tensa la gobernabilidad democrática y se juega en el filo de la conspiración y el golpismo. El objetivo, colmar la paciencia del gobierno y obligar a las autoridades a tomar medidas represivas. En este plan hay quienes asumen el papel de mártires que serán paseados por el mundo como víctimas de la dictadura bolivariana. Son dirigentes que llaman a la sedición, a romper la legalidad vigente y a conspirar contra el Estado. El fin, deslegitimar al gobierno bajo la acusación de situarse fuera de la ley y la Constitución. Los mismos opositores que la tildaron de totalitaria, excéntrica y ajena a la tradición constitucionalista, se trasforman en sus guardianes. Y desde sus cargos de representantes electos democráticamente hacen un llamado a la desobediencia civil, a tomar las calles, a ejercer la violencia. Leopoldo López, encarcelado por sedición, ha sido trasformado en preso político por sus acólitos. Ya tienen su ícono. La siguiente escala, subrayar que el país está en manos de un gobierno corrupto e ilegítimo. Democracia versus dictadura. Ellos se autodenominan demócratas y descalifican a la ciudadanía que no comparte su criterio. Para completar el cuadro de ser Venezuela y su gobierno un régimen dictatorial, falta acoplar el frente exterior, promoviendo sanciones internacionales y declaraciones tendentes a demostrar que con Hugo Chávez y ahora con Nicolás Maduro se vive una cruenta dictadura donde los derechos humanos no son respetados.

Curiosamente, quienes hacen estas declaraciones pueden transitar libremente, conceder entrevistas, recibir apoyos económicos, convocar a mítines, conferencias y ser aclamados en cualquier espacio público sin sufrir represión alguna. Al contrario, cuentan con protección gubernamental para que se expresen libremente ¿Qué dictadura permitiría tal acción?

El juego se traslada de escenario. Ya no se trata de provocar la actuación de las fuerzas armadas, más bien dividirlas, romper su disciplina y compromiso con la revolución bolivariana. Igualmente, definir el régimen como una dictadura se ajusta al itinerario, estrategias y argumentos recurrentes propios de la guerra fría, aunque los tiempos y la realidad no guarden parangón. Tras la II Guerra Mundial, el anticomunismo y la necesidad de bloquear una revolución socialista llevaron a las burguesías latinoamericanas a mostrar su lado oscuro. Ningún proceso de cambio social, cuyo liderazgo no ejercieren, tendría éxito. Lo abortarían de cualquier manera. Si el conflicto se les escapaba de las manos y perdían el control político, podían optar por incluir las clases trabajadoras, concediendo derechos sociales, económicos y políticos, siempre bajo su tutela; también podían cooptar a los dirigentes políticos y sindicales de los partidos obreros y populares, frenando las reivindicaciones democráticas a cambio de un trozo del pastel y una economía saneada en lo personal. Sindicatos corruptos, vinculados a los partidos dominantes fueron la mejor arma para diluir las demandas de las clases trabajadoras. También lo fue crear partidos políticos ad-hoc para legitimar una oposición sumisa y dar la imagen de vivir en una democracia; por último, practicaron una política represiva consistente en la exclusión. Las tres vías son reconocibles en las historias políticas de los países latinoamericanos.

Mientras tanto, Estados Unidos se trasformaba en gendarme político de la región. Así, propondrá a las burguesías locales vincular el cambio social a tres conceptos irrenunciables. Condición sine qua non para disfrutar de las ayudas económicas y ser socios subordinados del proyecto estadunidense. Seguridad, desarrollo y democracia fueron los ejes sobre los cuales se levantó la dominación imperial en la región. Su agenda no tuvo fisuras. Bajo el manto del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR) se planificó la seguridad frente al enemigo exterior e interno y la subversión. La Organización de Estados Americanos (OEA) sirvió de escaparate para el nuevo panamericanismo y promover acuerdos económicos de cooperación. La modernización política consistió en brindar el apoyo a las élites del pacto anticomunista. Democratacristianos, socialdemócratas, liberales, progresistas y nueva derecha.

No hubo muchos argumentos para derrocar gobiernos democráticos y antiimperialistas. Si una coalición o partido político ganaba unas elecciones libres, poniendo en marcha la reforma agraria, un plan de nacionalizaciones y fomentando la participación de las clases populares, caía en desgracia. Las fuerzas armadas, en nombre de la patria ultrajada, actuaban contra la implantación de ideologías foráneas disolutivas de la nación, y en defensa de los valores de la cultura occidental, católica, apostólica y romana. En definitiva se alzaban contra el totalitarismo marxista. Hoy, para romper la institucionalidad democrática, las burguesías locales y el imperialismo estadunidense sólo tienen una salida, ante el descrédito de los golpes de Estado, mejor deslegitimar la democracia, promoviendo dictaduras blandas. Y en eso andan.

Marcos Roitman Rosenmann

28 junio 2015. Cuba Debate

Cuba y sus problemas

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Tiene Cuba problemas de todo tipo. País del tercer mundo al fin, de escasos recursos naturales, sus niveles educacionales y de salud pública hacen más valioso su tesoro mayor: su pueblo. La isla tiene por delante el gran reto de actualizar los causes democráticos mediante los cuales la diversidad de su gente pueda vehiculizase como participación efectiva real  de su empoderamiento y desarrollo cívico. Ese es, sin dudas, un gran problema que no debería dejarse como rezago irresoluto a las nuevas generaciones: debe labrarse ya entre todos.

Pero además hay dificultades con la vivienda, el transporte terrestre y marítimo, la red vial nacional, las infraestructuras, las capacidades de alojamiento turístico, las finanzas, la producción industrial y agropecuaria, el derecho y los derechos, en fin, una larga y casi interminable lista para todos los gustos. También para todos los disgustos.

Hoy hay, sin dudas, más oportunidades para la inversión extranjera que hace una década o hasta tres años. Tal vez su ubicación geográfica – y su geopolítica -, así como los pasos en pos de la normalización con Estados Unidos anunciados el 17 de diciembre de 2014, le hagan más atractiva. No es, por sí sola, un gran mercado, aproximadamente 11, 2 millones de habitantes mayormente de ingresos insuficientes lo atestiguan. Mas como plataforma del intercambio comercial multiregional hacia un mercado mayor, el norteamericano, centroamericano y el sudamericano, le hace recobrar valor. Los beneficios de ellos redundaran en un estado de bienestar mejor para el pueblo cubano; no para unos cuantos.

Si a los 11, 2 millones de residentes se le suma una posible población flotante – turista – de más menos 5 ó 6 millones de visitantes con ingresos superiores, entonces el atractivo del país, en términos económicos y gananciales, podría aumentar. En Cuba se podrían facturar a menos costo productos que hoy se elaboran con un alto valor añadido en EE. UU., hacia donde podrán ser exportados con alta rentabilidad. La mano de obra cubana es relativamente barata y altamente calificada o con muchas facilidades para su recalificación.

La total dependencia del vecino del norte hasta 1959, y la posterior hasta 1990 del este europeo comunista, casi mayor que la primera,  dejaron al país dos veces sumido en el final de un callejón de complejas, inconvenientes  y accidentadas salidas.

Diversificar la inversión extranjera y la participación foránea en la economía nacional, por cierto de carácter abierta, es una estrategia del gobierno cubano asumida desde mediados de los años noventa. Es ahí donde europeos, asiáticos y, sobre todo, latinoamericanos, tienen su mejor ocasión. Esa ventaja extra norteamericana se enfrenta ahora, luego del 17-D, a una carrera y competencia más aguda: los USA, por el momento, siguen perdiendo tiempo y terreno con sus políticas de embargo y mente caduca, aunque una parte relevante del empresariado norteño se ha percatado del craso error e intenta acelerar la incursión de sus intereses en la isla. Hoy hay en EE.UU. una mayoría favorable a la normalización con Cuba.

La normalización plena de relaciones, para la cual el gobierno de Cuba estima indispensable el fin del bloqueo/embargo, demorará; atraviesa complejos intereses sembrados desde hace 50 años y una mentalidad que no se cambia por decreto en ambas orillas. Pensar en un retorno al pasado pre revolucionario es quimérico; pero las quimeras siempre han sido las barreras que imponen los fracasados para cuestionar los avances del futuro.

Como ya dije, abrir puertas y ventanas demostrará qué era o no pretexto y hará reflotar los errores internos en la conducción del país. Ello será, como ya está sucediendo, base de un cambio de pensar en la ciudadanía cuyas penurias siguen ahí, a la orden del día. Tampoco provocará una revolución contra la Revolución.

Duele sí, a los de dentro ver cómo la sociología comienza a oscilar en medio del relajamiento de la tensión que fue el acero de  la cohesión; y a los de fuera, cómo el país cambia, lentamente, y con él las relaciones Washington-Habana, mientras algunos quedan anclados en un pasado ya sin futuro aunque la normalización sufra altas y bajas en dependencia de cuál pueda ser el inquilino de la Casa Blanca y qué intereses estén en juego.

Las responsabilidades son compartidas, pero sin dudas el futuro será por entero del pueblo cubano que sabrá crecerse y a la vez ser libre y soberano. Nadie lo dude.

Julio Antonio Alfonso Fonseca

El calendario y la normalización entre Cuba y los Estados Unidos.

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Las normalización de las relaciones Cuba-EE.UU., avanza, como no podía ser de otra manera después de más de cincuenta años de hostilidad, en un marco de dialogo positivo en el que el ritmo lo marcan la superación de viejos y nuevos obstáculos rodeados, parece que por azar, de algún que otro prejuicios.

Dos aspectos polémicos propios de este inicio – Salida de Cuba de la lista de países patrocinadores del terrorismo, y solución para el acceso bancario de la representación diplomática-consular cubana en Estados Unidos – parecen en vías de solución, o al menos cuentan con la buena voluntad de la administración Obama para ello.

Incluso, el segundo, a estas horas, podría ser más determinante para la apertura de las respectivas embajadas y la designación de embajadores que la primera, pues el tema de la polémica lista ya es casi un hecho partiendo de las rutinas de su tramitación entre la Casa Blanca y el Congreso.

Se ha anunciado una nueva ronda de negociaciones Washington-Habana para el 21 de mayo en la capital norteamericana; no en París. Mayo es un mes polémico en Cuba por aquello de la república mediatizada que, bajo ocupación militar norteamericana colofón de la Guerra Hispanoamericana, nació un 20 de mayo de 1902. Tal vez por eso la nueva ronda sea jueves y no miércoles y hasta el anuncio de la decisión de cambiar el estatus de las dos “Oficinas de Intereses” sea en junio.

Hay prejuicios de todos tipos: Abril era un mes fatal para Washington por aquello de “Remember Girón,” en alusión a su derrota durante la invasión a Cuba en 1961  por Bahía de Cochinos; Mayo, ya explique el matiz de fecha negra que tiene para muchos cubanos. Pero junio es el cumpleaños de Raúl Castro y en julio ni hablar de los peses de colores para EE.UU., por lo que significa para el socialismo cubano el 26/07/1953, además de ser un mes estival.

Lo que sí parece posible es que para septiembre, cuando el Papa visite la isla, ya haya una solución al respecto. No sé si para  que Francisco le dé la bendición, o para que en tal marco el secretario de Estado John Kerry haga su primera aparición por La Habana en compañía  de su homólogo canadiense y media CELAC. En fin, así parecen las cosas del calendario.

Por lo pronto, recordándoles a algunos el Bonapartismo y a otros la Fraternité, el presidente de los galos, François Hollande, en mayo, acaba de hacer una visita a Cuba histórica, oportuna para sus intereses,  y provechosa para París, La Habana y Puerto Príncipe.

Al mismo tiempo en España lo más importante parece ser, además del guirigay democrático motivo de las consecuencias de las recientes elecciones andaluzas y la inminente convocatoria para las municipales nacionales, la disputa entre la Liga de Futbol y la Federación del mismo deporte; mientras, los empresarios que juegan, o quieren jugársela, en el Caribe ven cómo les cuelan en gol más, casi en propia puerta si nos atenemos a aquello de “los nexos históricos” y a la membrecía de Madrid y París en la UE.

Nada, que no van lejos de de adelante si los de atrás corren bien.

Julio Antonio Alfonso Fonseca.

Madrid, 18 de mayo de 2015

El “sorpasso”, China y Estados Unidos

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Esta semana pasó desapercibida una noticia que confirma un cambio de proporciones gigantescas en el mundo actual: 7,4 millones de barriles de petróleo al día importó China en abril, superando a Estados Unidos y convirtiéndose en el primer importador mundial de crudo.  La explicación es doble. Por un lado, el crecimiento económico constituye la variable clave detrás de la demanda de petróleo y ningún otro país ha crecido tanto como China en las últimas décadas (tasas anuales por encima del 7%). Por otro, la revolución energética americana, gracias al “fracking”, ha permitido a Estados Unidos casi duplicar su producción en los últimos años y reducir su dependencia del petróleo saudí. El Golfo Pérsico, declarado parte del interés nacional por el presidente Carter en 1980, pierde peso en la agenda exterior de EEUUs.

El gigante asiático se convierte en un cliente preferente para los países productores, Rusia y los países de la OPEC, mientras que Oriente Medio adquiere cada vez más relevancia en la política exterior china: el 43% del crudo que importa el gigante asiático pasa por el estrecho de Ormuz. Así se explica la nueva ruta de la seda, un vasto proyecto de inversiones chinas para conectar China con los mercados europeos y los productores de materias primas en Oriente Medio y Asia Central.

China destronará pronto a los Estados Unidos como primera economía mundial (ya lo ha hecho en términos de paridad de poder adquisitivo). Actualmente China produce más del 16% de todos los bienes y servicios del planeta, algo por debajo de EEUUs.

La política “pivot to Asia” del presidente Obama responde a este nuevo equilibrio de fuerzas en el mundo fruto de la Globalización. La puesta en marcha del giro asiático es harto complicada porque implica una reasignación de atención y recursos de Oriente Medio a Asia  que molesta a los socios tradicionales de Washington en la región, Israel y las monarquías del golfo. EEUUs necesita resolver pacíficamente el conflicto nuclear con Irán y calibrar con cuidado el alcance de sus intervenciones militares en esa región. En este contexto se entiende mejor  el desplante del Rey Salman de Arabia Saudita al presidente Obama al cancelar en el último momento su participación en la cumbre que EEUUs convocó en Camp David esta semana para persuadir a sus aliados árabes de las bondades del acuerdo marco alcanzado con Irán.

El “sorpasso” de China a Estados Unidos como primera economía mundial no significará necesariamente  la caída precipitada de EEUUs. La economía americana,  que se ha recuperado rápidamente de la recesión de 2008, seguirá liderando sectores tan punteros como la nanotecnología y la biotecnología gracias a unas universidades sin parangón que proporcionan el capital profesional que alimenta la economía del conocimiento. Además, Estados Unidos multiplica por siete el PIB por habitante de China. Estados Unidos, a diferencia de China y Europa, ha superado el problema que acompaña a la segunda transición demográfica, el envejecimiento de la población. Y seguirá siendo una superpotencia militar sin igual. EEUUs representa casi el 40% del gasto militar mundial, cuatro veces más que China y ocho veces más que Rusia.

José Luis Masegosa Carrillo / @joseluismase / Blog: La mirada a Oriente

Los vasos comunicantes entre el acuerdo nuclear y los derechos humanos en Irán

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Ríos de tinta han corrido sobre el impacto que un acuerdo nuclear pudiera tener en la situación de los derechos humanos en el país persa. Los representantes de la comunidad internacional y de la sociedad civil iraní reconocen la existencia de vasos comunicantes positivos y negativos entre estas dos cuestiones.

Suiza albergó en marzo dos reuniones clave para la negociación nuclear y los derechos humanos en Irán. En Lausana, las grandes potencias e Irán alcanzaron el 2 de abril un acuerdo marco para resolver el conflicto nuclear que ha enfrentado a Teherán con la comunidad internacional desde 2002. El comunicado establece limitaciones considerables al programa nuclear iraní a cambio del levantamiento de las sanciones económicas a Irán. El Gobierno iraní desmantelará 12.000 de sus 19.000 centrifugadoras, neutralizará la mayor parte de sus “stocks” de uranio enriquecido, no enriquecerá por encima del 3.67% en Uranio-235 (235U) y reconfigurará la planta de agua pesada de Arak[i]. Las partes tienen hasta finales de junio para redactar un tratado de carácter vinculante.

En Ginebra, el relator especial de la ONU para Irán, Ahmed Shaheed, presentó al Consejo de Derechos Humanos su último informe sobre la situación de los derechos humanos en Irán. Según Shaheed, la República Islámica ejecuta a más personas per cápita que cualquier otro país en el mundo y encarcela a más periodistas casi que cualquier otro país. El informe indica que el número de ejecuciones se disparó en 2014 para alcanzar la cifra de 753 (la más alta en los últimos doce años). Además, a finales de 2014 había 30 periodistas detenidos y acusados de delitos contra la seguridad nacional, el sistema político o insultos contra el Líder Supremo de la Revolución.

Las autoridades iraníes siguen acosando, arrestando, enjuiciando y encarcelando a los miembros de la sociedad civil que expresan críticas al gobierno, según Shaheed. El informe recoge que los líderes del Movimiento Verde, Mehdi Karroubi y Hossein Mousavi, que lideraron las protestas contra el pucherazo de la reelección del presidente Mahmud Ahmadinejad en 2009, continúan bajo arresto domiciliario desde 2011. En el informe se insta al gobierno iraní a modificar todas las leyes que violan los derechos de la mujer y socavan el disfrute pleno de sus derechos políticos, económicos y sociales incluyendo el derecho al trabajo sin ser objeto de discriminación.

El relator especial de la ONU concluye que la situación de los derechos humanos en Irán ha empeorado a pesar de las reformas prometidas por el presidente Hasan Rouhani que llegó al poder en junio de 2013. No obstante,  Ahmed Shaheed anticipa que un acuerdo nuclear mejoraría la situación de los derechos humanos en Irán. No es el único que se ha pronunciado en ese sentido.

El escritor Akbar Ganji, un icono de la disidencia iraní que pasó seis años entre rejas por atentar contra la seguridad nacional, coincide con el alto dignatario de la ONU. Para Ganji, el acuerdo marco de 2 de abril representa una victoria para las aspiraciones democráticas de los iraníes, al menos por dos razones. Por un lado, la democracia se convirtió en un sueño imposible en un país sobre el que pesaba la espada de Damocles de la amenaza militar norteamericana e israelí y un régimen de sanciones económicas sin parangón. El régimen utilizó al “Gran Satán” como su mejor excusa para aumentar la represión interna y acusar de traición a la oposición. La normalización de las relaciones con la comunidad internacional privará al régimen de su justificación habitual para atar corto a la sociedad civil y política del país.

Por otro, la guerra y las injerencias externas no son el camino para impulsar la democracia y los derechos humanos en el Gran Oriente Medio. Irak, Afganistán y  Libia fueron invadidos o bombardeados por los EEUUs; Siria y Yemen son el campo de batalla de una guerra soterrada entre Irán y Arabia Saudí. La situación de los derechos humanos en esos países es bastante peor que en Irán. Ninguno de esos países es una democracia. Para los iraníes, conscientes del caos que sufren sus vecinos, el acuerdo nuclear, la paz y la seguridad constituyen requisitos imprescindibles para avanzar por el sendero de la democracia y el respecto de los derechos humanos.

A mayor abundamiento, un acuerdo nuclear afectará los equilibrios de poder entre las facciones político-religiosas que compiten por el control de las instituciones electivas de la autocracia competitiva iraní. El acuerdo nuclear supondrá un espaldarazo para las expectativas de una coalición de moderados y reformistas cuando se renueven en febrero de 2016 el Parlamento y la Asamblea de Expertos, la institución encargada de elegir al Líder supremo de la Revolución, la magistratura más poderosa del régimen islámico.

Muchos activistas de derechos humanos se muestran más cautelosos y niegan los vínculos entre los derechos humanos, una cuestión de política interna y la negociación nuclear, una cuestión de política exterior. Peor aún, el régimen de los Ayatolás utilizará la baza de la normalización de las relaciones con la comunidad internacional para apuntalar el sistema político creado por la Revolución de 1979.

Otros representantes de la sociedad civil piensan que el acuerdo nuclear no se traducirá ipso facto en una mejora de la situación de los derechos humanos aunque sí reconocen unos efectos positivos indirectos: una vez cumplida su prioridad política, el presidente Rouhani prestará más atención a la sociedad civil. Por idéntica razón, los derechos humanos interesarán más a Occidente una vez resuelto el conflicto nuclear. Además, el  desarrollo económico que acompañará el levantamiento de las sanciones mejorará las condiciones de vida de los iraníes y aumentará los presupuestos del Estado para educación y salud.

Debemos, por último, tener en cuenta la advertencia del disidente iraní Akbar Ganji contra el uso interesado de la carta de los derechos humanos por parte de los detractores del acuerdo nuclear. Muchos neoconservadores en EEUUs y representantes de la Diáspora iraní oponen la situación de los derechos humanos en el país persa al levantamiento de las sanciones al país persa. No importa que el acuerdo marco de 2 de abril no contemple el levantamiento de las sanciones impuestas a Teherán en razón de su vulneración de los derechos humanos. Esas sanciones seguirán en vigor.

Por su parte, los duros del régimen iraní utilizarán la cuestión de los derechos humanos para sabotear la negociación nuclear a través del control que ejercen de los aparatos de seguridad y del poder judicial. Evidenciarán así las limitaciones de las prerrogativas del presidente Hasan Rouhani. En ese contexto debe contemplarse la detención desde agosto pasado del corresponsal norteamericano del Washington Post, Jason Rezaian, al que las autoridades iraníes acusan de espionaje[ii].

Sin duda, el acuerdo nuclear representa una palanca esperanzadora para provocar un cambio político en Irán en la dirección de la democracia y de los derechos humanos. Pero el proceso será harto complicado. El Ayatolá Ali Jamenei, que concentra en sus manos la mayor parte del poder, recela de los cambios incontrolados e identifica la apertura de Irán al mundo y el fin del aislamiento con la experiencia fallida de la “Perestroika” y la caída de Mijaíl Gorbachov en 1991. Él recuerda que el líder soviético y el presidente Ronald Reagan firmaron dos acuerdos de limitación de armas nucleares en 1987 y 1991 que precedieron la caída apresurada de la Unión Soviética y el fin de la Guerra Fría. Las comparaciones son odiosas pero inevitables.

@joseluismase / Blog: La mirada a Oriente

[i] Para más información sobre el acuerdo se recomienda este artículo de Graham Allison, el profesor de Harvard especialista en la negociación nuclear con Irán.

[ii] En esos términos se pronunciaba Thomas Erdbrink, el corresponsal del New York Times en Irán, hace unos días en el programa GPS (CNN) de Fareed Zakaria.

¿Qué busca Putin en Ucrania?

TOSHIBA CAMCORDER

El conflicto militar que enfrenta al gobierno ucraniano  con los separatistas prorrusos de sus regiones orientales se encamina, si nadie lo remedia, a una guerra total entre dos viejos socios de la Unión Soviética: Rusia, un gigante militar con los pies de barro y Ucrania.

Desde su estallido en mayo de 2014 el conflicto ha provocado más de 5.000 muertos, 12.000 heridos, un millón de personas desplazadas y 600.000 refugiados. Particularmente sangrientas han sido las últimas semanas en las que los separatistas prorrusos, que controlan la mayor parte de las regiones rusoparlantes de Luhansk y Donetsk, han lanzado una ofensiva general en todo el frente para arrebatar al ejército ucraniano la localidad Debaltseve, un importante nudo de comunicaciones entre esas dos regiones.

El conflicto en la frontera este de la Unión Europea ha deteriorado las relaciones entre Rusia, Estados Unidos y Europa. La situación es tan delicada que Francia y Alemania han emprendido un maratón diplomático en los últimos días con el fin de reunir a los mandatarios de Ucrania y Rusia en Minsk (Bielorrusia) el 11 de febrero con el fin de poner fin a la violencia y firmar un acuerdo de paz que incluiría necesariamente el despliegue de una fuerza de paz internacional para interponerse entre las partes en conflicto.

¿Cómo hemos llegado hasta aquí?

Conviene recordar tres hitos que conducen a la crisis actual. En la segunda mitad de 2013 Ucrania se fractura entre los partidarios de firmar un acuerdo de asociación con la Unión Europea y el gobierno de Viktor Yanukóvich que pretendía unirse al proyecto de Unión Aduanera del presidente ruso Vladímir Putin. Las dos sensibilidades, europea y rusa, habían coexistido desde la creación del estado Ucranio en 1991. Estallaron protestas violentas en Kiev en febrero de 2014 y la oposición logró la destitución del presidente Yanukóvich con la mediación de una misión de ministros de asuntos exteriores de la UE.

La formación de un gobierno provisional pro-occidental suscitó las suspicacias de Rusia que aprovechó la inestabilidad del país para recuperar en marzo la región de Crimea, territorio ucraniano desde 1954 y la sede de la flota rusa del Mar Negro. Rusia envió grupos armados que se hicieron rápidamente con el control de los puntos estratégicos y se anexionó Crimea después de un referéndum de independencia sin garantías en el que ganó la papeleta de la unión con Rusia.

La anexión rusa de Crimea animó a los ruso-parlantes de las regiones de Jarkov, Donetsk y Luhansk en el este de Ucrania a convocar referéndum de independencia y sublevarse contra Kiev, con la connivencia rusa,  en la primavera del 2014. Subyace el temor de estas regiones industriales a perder los mercados rusos a los que exportan mayoritariamente sus productos de baja calidad si Kiev firma un acuerdo de asociación con la UE. El pro-occidental Petró Poroshenko, vencedor en las elecciones presidenciales de mayo del año pasado, relanzó la operación contraterrorista para acabar con los separatistas.

Occidente ha culpado a Moscú del conflicto por inmiscuirse en los asuntos internos de Ucrania y librar una guerra soterrada contra Kiev, y ha impuesto sanciones cada vez más onerosas para el régimen del presidente Putin. Los separatistas prorrusos no sólo han recibido cobertura diplomática de Rusia; han contado también con la ayuda cada vez menos disimulada (pero nunca admitida) de Moscú, el cual ha orquestado un despliegue masivo de tropas en la frontera sin precedentes y enviado armamento pesado y soldados rusos a combatir en suelo ucranio.

La anexión rusa de Crimea y su intervención en el este de Ucrania constituyen una violación flagrante de la soberanía e integridad territorial de Ucrania, unos hechos poco habituales en la Europa de la posguerra fría.

Con sus acciones el gobierno ruso quebranta el Memorándum de Budapest de 1994 por el que Rusia, Estados Unidos y Gran Bretaña se comprometieron a garantizar la seguridad e integridad territorial de Ucrania (y también de Bielorrusia y Kazajstán) a cambio de la renuncia de Kiev a su arsenal de armas nucleares, el más numeroso de la antigua Unión Soviética.

¿Qué quiere Putin en Ucrania?

Podemos contentarnos con explicar la intervención rusa en Ucrania como una acción más del ambicioso Putin para recuperar la esfera de influencia de Rusia y reconstituir el imperio soviético. Es una explicación harto simplista.

La explicación principal de la política de Putin se encuentra lejos de Ucrania. Putin busca en su país vecino una distracción de los males políticos y económicos que aquejan al país.

El éxito de la revolución popular ucraniana representó una amenaza muy seria para el poder casi absoluto de Putin en Rusia después de 14 años de gobiernos ininterrumpidos. Con Yanukóvich no solamente caía un gobierno amigo, una marioneta que Putin podía mover a su antojo.También se resquebrajaba una forma de gobernar que Boris Yeltsin había inventado y Putin mejorado y exportado a Ucrania: un régimen autoritario a medida de su líder, adicto al poder y a la riqueza, y con un alto grado de corrupción institucionalizada, nepotismo, clientelismo político e influencia de los oligarcas. Putin no podía consentir que la revolución popular ucraniana se fuera de rositas, de hacerlo invitaría a la oposición rusa a imitar la revolución ucrania. Ucrania era un mal ejemplo para los rusos.

Para legitimar su gobierno y asegurar el poder, Putin ha jugado una carta recurrente en la historia del siglo XX de Europa central y oriental: el nacionalismo. Y esto en un momento en el que la economía no despegaba y el descontento social arreciaba. Bajo el pretexto de la protección de las minorías rusas en Ucrania se anexionó Crimea, un éxito político sin parangón en la política rusa de los últimos 25 años.

Crecido por el éxito doméstico y animado por la escasa resistencia ucrania e internacional se lanzó a la aventura de la recreación de la antigua provincia zarista de la Nueva Rusia en el este de Ucrania. Este es un hueso más duro de roer.

Su intervención en Ucrania le ha costado un aislamiento diplomático cada vez más notable, junto con el deterioro de la economía rusa, sometida a unas sanciones occidentales que han provocado una huida de capitales y una depreciación del 50% del rublo.

A pesar del coste diplomático y económico Putin disfruta de un apoyo mayoritario entre sus compatriotas que alcanza el 80% de la población gracias a la movilización popular que el régimen ha orquestado en torno a su líder y en contra de la agresión occidental. Llueve sobre mojado. Durante los últimos 25 años los rusos se han sentido humillados por las sucesivas ampliaciones de la OTAN y de la UE hasta alcanzar la frontera rusa y absorber a los países bálticos, sus antiguos socios de viaje.

 

Perspectivas 

A corto plazo es poco probable que Vladímir Putin deje de enredar en Ucrania. Putin no puede frenar de repente la bestia nacionalista que tanto ha alimentado con la propaganda antioccidental. Por lo demás, los rusos soportarán de buen grado un sacrificio económico incomparable con las penurias y miserias del desastre económico de la década de los 90.

Algunos analistas piensan que Putin amaga con una guerra abierta contra Ucrania con la intención de obligar al gobierno de Poroshenko y a sus aliados occidentales a negociar unos términos más ventajosos para los separatistas y, por tanto, una victoria para Putin ante su pueblo. Por ejemplo, un estado federal con amplias competencias para las regiones ruso-parlantes y una reserva de diputados en el Parlamento ucranio con capacidad de veto del destino de Ucrania. Una derrota humillante para Ucrania.

A medio y largo plazo Rusia no puede ganar. No importa que sus fuerzas armadas puedan plantarse en tres días en Kiev, más allá se encontrará con la OTAN. Y su política euroasiática de refuerzo de las relaciones económica con China le reportará pocos beneficios. Es una relación poco equilibrada en la que Rusia necesita más al gigante asiático que viceversa.

La cuestión clave es que la Federación Rusa no puede movilizar tantos recursos como Occidente: Rusia representa apenas el 3% del PIB mundial frente al potencial conjunto de las economías de la UE y de EEUUs que alcanza el 40% de la riqueza mundial.

Se estima que la economía rusa se contraerá este año un 5% como consecuencia del efecto combinado de las sanciones occidentales y del desplome del precio del petróleo, el principal ingreso de una economía rusa que se compara a veces con la gasolinera del mundo (Rusia extrae casi 10 millones de barriles de petróleo al día, casi la misma cifra que Arabia Saudita o EEUUs).

El descontento de la oligarquía, los principales valedores de Putin, y de las clases medias con el régimen es ya palpable según la analista de Reuters Chrystia Freeland y crecerá en paralelo al deterioro económico. Por otra parte, de prolongarse la guerra, el incremento  de las bajas rusas podría tener un impacto similar al que tuvo el fiasco militar y el coste humano de la guerra de Afganistán en la caída del imperio soviético.

El tiempo, por tanto, juega en contra de Putin. Europa y Estados Unidos no deben precipitarse en Ucrania.

Por todas estas razones es necesario darle una oportunidad al “partido” de la diplomacia encabezado por la canciller Ángela Merkel y el presidente Francois Hollande que se reúnen en unas horas con los mandatarios ruso y ucraniano en Minsk.

No obstante, “una diplomacia sin armamentos es como una orquesta sin instrumentos”, como decía el Rey de Prusia, Federico el Grande (1712-1786). De ahí la utilidad para la causa negociadora de los anuncios realizados por los partidarios de la guerra, la OTAN y de Estados Unidos, de armar a Ucrania para resistir la agresión rusa.

11 de febrero de 2015

José Luis Masegosa Carrillo / Blog: http://www.lamiradaaoriente.com / @joseluismase

Grecia, una última oportunidad para Europa

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El nuevo gobierno griego de Alexander Tsipras planta cara a Alemania, a la TROIKA y a la Unión Europea (UE). ¡Ya era hora que un gobernante europeo levantase la voz contra el dogma de la austeridad y su guardián¡ Alemania ha propiciado un austericidio en los países más afectados por la crisis económica que se inició en 2008, con la ayuda de Bruselas y de otros estados miembros de la UE (Finlandia, Holanda).

Dos sucesos recientes desafían el discurso predominante en la UE. Hace diez días el Banco Central Europeo de Mario Dragui inició, a pesar del rechazo de la canciller Ángela Merkel, una compra masiva de deuda pública y privada de los países de la zona Euro ante las débiles perspectivas de recuperación económica. Nunca es tarde si la dicha es buena. No obstante, con la adopción de esta medida no convencional la Unión susurra un mea culpa y reconoce el fracaso de las políticas económicas restrictivas  centradas en la austeridad.

La Gran Recesión junto con las recetas equivocadas para combatirla han provocado millones de parados (casi cuatro millones de puestos de trabajo perdidos en España), una disminución colosal del nivel de vida de los países del sur (alrededor del 25% en Grecia) y un vertiginoso incremento de las desigualdad social (España es el segundo país más desigual de Europa según Oxfam Intermón). Además, los recortes draconianos en la periferia han interrumpido el proceso de convergencia del sur con el norte y han golpeado duramente la cohesión, otrora una seña de identidad de la Unión Europea.

¿Se podría haber evitado? Nunca lo sabremos pero sí podemos constatar que los países que apostaron decididamente por políticas keynesianas de estímulos fiscales y monetarios, como los Estados Unidos, han evitado una buena parte del descalabro social europeo y han salido airosos de la crisis hace tiempo. Actualmente, la economía norteamericana crece a buen ritmo con cifras record de creación de empleos. La lucha contra las crecientes desigualdades y la precariedad del empleo cobra importancia en la agenda del presidente Obama para sus últimos dos años en la Casa Blanca.

Y ahora vamos con Grecia. Para disgusto de la Canciller Merkel y de sus acólitos en el continente, incluyendo al presidente Mariano Rajoy, la Izquierda Radical “Syriza” griega se alzó con la victoria en las elecciones generales hace una semana y se quedó a un escaño de la mayoría absoluta.

En sus primeras declaraciones al frente del gobierno griego Alexander Tsipras ha plantado cara a Alemania y a los representantes del austericidio. Exige la renegociación de la deuda y no reconoce a la TROIKA de la Comisión Europea, el Banco Central Europeo y el Fondo Monetario Internacional, el órgano ad hoc encargado de supervisar a los países con problemas que han recibido financiación extraordinaria de la Unión Europea y del FMI desde 2010.

En 2010 los mercados cerraron el grifo de la financiación al gobierno griego, en un momento en que su déficit público estaba por encima del 12%, y la Unión Europea acudió al rescate de Grecia con una financiación extraordinaria de 110.000 millones de Euros (se elevaría posteriormente a 240.000 millones actuales).

Ciertamente los gobiernos griegos no son unos angelitos. Una gestión económica saludable ha brillado por su ausencia en los años previos a la crisis en los que la adhesión al Euro permitió una entrada importante de capitales a coste muy bajo que sirvió para financiar todo tipo de gasto. Los ejecutivos helenos han sido desleales con sus socios de viaje, han falseado durante años las cifras de déficit público que enviaban a Bruselas, con conocimiento de la Comisión Europea desde al menos 2004. La extensión de la corrupción política, administrativa, el fraude fiscal y las prácticas clientelares es de sobre conocida sin que ningún gobierno le haya puesto freno.

No obstante, cometeríamos un tremendo error de análisis si contemplamos la cuestión griega exclusivamente como un problema de deudor manirroto / acreedor, un relato que Alemania y los países ricos nos han vendido exitosamente en los últimos cinco años. Este diagnóstico es simplista. Se trata de algo más complejo.

En primer lugar, los rescates a Grecia (y al resto) se entienden mejor como planes de ayudas estatales a los bancos alemanes, franceses y europeos tenedores de deuda griega en la línea defendida por el nobel de economía Paul Krugman. Recordemos la situación delicada en la que se encontraban muchos bancos de la eurozona en 2010; un impago griego hubiese provocado la caída de algunos de ellos, o al menos, así se percibía en 2010.

En segundo lugar, las dificultades de las economías del sur para remontar la crisis recuerdan la enfermedad congénita del Euro, los “choques asimétricos”: la Unión carece de un presupuesto suficientemente voluminoso para aumentar el gasto público en aquellos países más afectados por una crisis con el fin de contrarrestar la pérdida de las competencias nacionales para depreciar su moneda o darle a la máquina de imprimir billetes. Efectivamente el presupuesto comunitario ronda el 1% del PIB europeo (comparado con un gasto público que alcanza casi el 40% del PIB español).

En tercer lugar, los episodios recurrentes de crisis de deuda y sus cierres en falso son sintomáticos de la profunda crisis de identidad que sufre la Unión Europea. Nadie está seguro actualmente si la zona euro es un conjunto de economías pequeñas muy interconectadas comercial y financieramente, o por el contrario, se trata de una Unión Monetaria irreversible, el embrión de un Estado Federal que se ha dotado de un atributo principal de cualquier estado soberano: la competencia para acuñar una moneda.

Si la idea de la irreversibilidad política del Euro se encontrase asentada en las capitales de los 28 y en Bruselas, habríamos sellado un destino político único, algo que no ha ocurrido. En ese caso, habríamos dotado a la Unión de un presupuesto más holgado para realizar transferencias de gasto que estimulasen la economía griega y solucionase los problemas de una economía que apenas representa el 4% del PIB europeo. En definitiva, un presupuesto federal financiado con la emisión de títulos de deuda paneuropeos (eurobonos) o lo que es lo mismo, mutualización de riesgos y solidaridad.

Sin duda, el talón de Aquiles de la respuesta europea a la crisis económica se encuentra en la ausencia de solidaridad europea. Los ciudadanos de los países de la periferia han soportado penosos recortes y ajustes de sus Estados del Bienestar y no son ellos los únicos responsables.

Grecia, España, Portugal son responsables de su destino. Pero la Unión Europea es corresponsable de la situación actual: la receta única de la austeridad, las debilidades estructurales del Euro y las incertidumbres en torno al proyecto europeo han lastrado la salida de la crisis de los países de la periferia. Y a pesar de eso han sido los griegos, españoles, portugueses e irlandeses los que soportado mayoritariamente el desmantelamiento de sus bienes públicos más preciados: su educación, su sanidad, sus pensiones, sus servicios sociales.

Por todas estas razones simpatizo con un gobierno, esta vez el griego, que exige corresponsabilidad a sus socios y a la Unión, y se alza contra del dogma alemán de la austeridad, igual que en su día aplaudí el intento infructuoso, tímido, del presidente Hollande de acompañar la austeridad con crecimiento.

Una gestión más saludable y eficiente de la cuestión griega exige tres condiciones como mínimo: 1) Grecia debe hacer honor a sus deudas; 2) Grecia debe estar en disposición de aplicar y sufragar medidas sociales de emergencia, por ejemplo, restaurar la asistencia sanitaria a los tres millones de personas que carecen de ella en estos momentos; 3) La UE debe contribuir solidariamente a la cuadratura del círculo a través de su presupuesto, de garantías, la mutualización del riesgo, la flexibilidad en los plazos y los intereses de la deuda. Se puede hacer y se debe hacer.

Grecia ofrece a la Unión Europea una nueva oportunidad para recuperar el alma perdida, la cohesión y la solidaridad entre sus pueblos y ciudadanos. En los años precedentes nuestros gobernantes han olvidado las exhortaciones de los padres fundadores que en la Declaración Schuman de 1950 aspiraban a construir Europa mediante realizaciones concretas “que creen en primer lugar una solidaridad de hecho”.

Nuestros políticos, incluyendo la izquierda, han caído en la trampa que ya nos advirtiera Tony Judt en su testamento (“Algo va mal”): la tendencia a evaluar nuestro mundo y decidir las opciones necesarias en función de un criterio exclusivamente económico sin referentes y juicios morales.

En un escenario político repleto de neoliberales sin alma, extrema derecha, populistas que surfean la ola del descontento como nadie y terceras vías que reniegan del apellido socialista, la socialdemocracia sigue siendo la mejor opción para recuperar los referentes morales de libertad, igualdad, pluralismo y justicia social en la toma de decisiones. Constituye la mejor opción para tender puentes y reunir a mayorías de ciudadanos en torno a un proyecto europeo más solidario.

Los griegos gritan su dolor, ojalá esta vez Europa despierte. Escucha aún a los pequeños, porque nada es despreciable en ellos“.   Séneca.

4 de febrero de 2015

Fernando Cálpena (1821)

El avispero libio

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El enviado especial de la ONU para Libia, el español Bernardino León, ha pospuesto en el último momento a la semana próxima una reunión que había convocado para hoy, 9 de diciembre, en Gadhames con todas las partes en el conflicto libio. Una prueba más del enroque de las dos facciones que se enfrentan desde hace meses en el país árabe.

Libia, un país de seis millones de habitantes rico en petróleo y de una extensión tres veces España, se desliza rápidamente hacia la guerra civil en un momento en que EEUUs, Europa, y los países de la región solamente tienen ojos para el Estado Islámico de Irak y Levante.  La transición a la democracia atraviesa el peor momento desde que en 2011 una rebelión armada derrotó a la dictadura de 42 años de Muamar Gadafi, con el apoyo de una operación de exclusión aérea de la OTAN, sancionada por la ONU.

España se ha implicado resueltamente en la estabilización de Libia. Un español encabeza la Misión de la ONU y nuestro país pretende acoger una segunda conferencia sobre Libia. No en vano se trata de una región estratégica para España. A la proximidad geográfica se añaden la cuestión de la seguridad energética, si bien las importaciones de crudo libio se han desplomado desde 2010, y la presencia de la multinacional española REPSOL en el país árabe con la explotación del campo de El Sharara en el sur. Desde hace meses la producción se encuentra interrumpida debido al caos y a la inseguridad. La cuestión migratoria y el desafío terrorista también se encuentra presentes en la preocupación española por el futuro de Libia.

Las Naciones Unidas median en un conflicto agravado en los últimos meses por la competencia entre instituciones políticas paralelas y un enfrentamiento armado que se ha cobrado cientos de víctimas, especialmente en la región de Trípoli y en Bengasi, la segunda ciudad del país. El terrorismo yihadista amenaza con echar raíces en el este del país.

 Dos facciones se disputan el poder en el campo de batalla. De un lado, la facción más liberal y secular incluye el Gobierno de Abdulá al-Thinni designado en julio por el Parlamento salido de las elecciones generales del pasado 25 de junio. Recientemente el Tribunal Supremo ha cuestionado la legalidad del gobierno de Al-Thinni por lo que el reconocimiento internacional de su legitimidad se encuentra en entredicho.

Al-Thinni ha recibido el apoyo del general retirado Jalifa Hafter que se rebeló contra el anterior gobierno en mayo y lanzó, con la ayuda de una parte del ejército y de las fuerzas especiales, la operación militar “Dignidad” contra las milicias islamistas, principalmente Ansar al Sharia, en Bengasi. Hafter lidera la maquinaria militar del gobierno de Al-Thinni. Cuenta para ello con armamento pesado y con aviación, con el apoyo del movimiento separatista de la Cirenaica, de la poderosa milicia nacionalista de Zintan en el oeste del país, y de países como Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Según varios observadores esta alianza se está imponiendo en campo de batalla.

De otro lado, la facción islamista que cuenta entre sus filas con la milicia de Misrata, sin sustrato ideológico y la más poderosa de Libia. Los partidos islamistas no salieron bien parados de las elecciones del 25 de junio, boicotearon el nuevo parlamento y resucitaron el Parlamento saliente que nombró a su vez un Gobierno de Salvación Nacional presidido por Omar al-Hassi en Trípoli. A su vez las milicias islamistas moderadas vinculadas a los Hermanos Musulmanes y las vinculadas a Al-Qaeda, Ansar el Sharia, se aliaron con la milicia de Misrata para formar la entente “Amanecer Libio” que arrebató el control del aeropuerto de Trípoli a las milicias nacionalistas de Zintan. La alianza “Amanacer Libio” se ha convertido en el brazo armado del Gobierno de Omar al-Hassi.

El terrorismo yihadista aprovecha la situación de desgobierno, inseguridad y desconfianza popular en sus instituciones para avanzar en Libia, al igual que en Siria o Irak. Ansar al Sharia, una organización terrorista vinculada a Al-Qaeda que se ha hecho fuerte en Bengasi, fue incluida en la lista de organizaciones terroristas de Naciones Unidas recientemente. Además, existen otras organizaciones yihadistas que han jurado lealtad al Estado Islámico de Irak y Levante, como por ejemplo, el Consejo de la Shura de los Jóvenes del Islam, que controla desde hace meses la ciudad de Derna en el este del país.

El caos institucional y la inseguridad perjudican a la economía libia dependiente del petróleo que representa el 80% del producto nacional bruto y el 97% de sus exportaciones. Libia exportaba un millón y medio de barriles de petróleo diarios (bdp) en tiempos de Gadaffi. La producción se recuperó en los años que siguieron a la revolución pero ahora no llega a la mitad de esos niveles y en noviembre se extrajeron 150.000 bdp menos que en octubre.

 

José Luis Masegosa Carrillo, Director del Área Internacional de Arco Europeo Progresista @joseluismase / Blog “La mirada a Oriente”: http://masegosa2012.wordpress.com

MAÑANA JUEVES ACTO DE ARCO EUROPEO EN LA COMISIÓN EUROPEA

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Estimados amigos, os recordamos que mañana jueves 23 de octubre, de 16.00 a 18.00 horas, Arco Europeo Progresista celebra un acto en la Representación de la Comisión Europea en España (Pº de la Castellana, 46 –MADRID-), en el que se tratarán los síntomas de la actual crisis en Europa y en España que, cada vez más, parecen indicar un cambio radical en nuestra sociedad.

Esperamos vuestra asistencia y vuestras ideas.