Mujeres con cargos de poder

foto Jarque ARCO

Cristina Jarque, Directora del Observatorio de Psicoanálisis de Arco Europeo

Gracia Querejeta

La directora de cine Gracia Querejeta hace poco fue entrevistada con motivo de su última película titulada «Invisibles». Me ha parecido una entrevista muy interesante para iniciar este escrito en el que quiero compartir intensas reflexiones de varias mujeres que alzan la voz para dar cuenta de sus personales experiencias cuando han tenido sobre sus hombros la responsabilidad de algún cargo de poder (presidentas, vicepresidentas, directoras, jefas, coordinadoras…).

Gracia dice: «El Feminismo no es sinónimo de mujeres empoderadas. Nos hemos acostumbrado a que una película  feminista lo es por hablar de mujeres empoderadas, mujeres que toman el mando de la situación. Pero no, también se puede hablar de feminismo desde el miedo, la soledad o la angustia».

La película Invisibles, como su nombre lo indica, intenta concientizar al público de algo que es un hecho: que a partir de cierta edad, las mujeres ya no son tenidas en cuenta como cuando eran jóvenes. De allí la palabra invisibles, como indicando que desaparecen, que ya no son miradas. Dice Gracia Querejeta que las mujeres tenemos más presión y que el tiempo es más injusto con nosotras que con los hombres.

Esta entrevista me hace constatar lo que vengo pensando hace mucho tiempo y que coincide con varias de mis colegas. Es una verdad dolorosa pero pienso que es necesario ponerla en palabras porque efectivamente, la presión en las mujeres sigue siendo devastadora. Esta verdad es, que pese a los cambios positivos que los movimientos feministas han ido aportando a las mujeres, aún queda mucho por hacer porque sigue siendo más difícil ocupar un cargo de poder, si se es mujer.

María.

María es una mujer inteligente y brillante que ocupa un cargo importante en su profesión. Ha sido reconocida por sus superiores porque es una mujer muy trabajadora, la primera en llegar y la última en irse. Por si fuera poco, tiene un don para organizar y coordinar eventos. Allí donde sus compañeros a duras penas logran coordinar un evento, esta mujer tiene el talento de coordinar diez. Esto le ha acarreado una gran cantidad de envidias y celos de todos sus compañeros en la empresa en la que trabaja, tanto hombres como mujeres.

– La presión que tengo sobre mis hombros es tan grande que a veces siento que me voy a romper me dice María consternada.

Me centraré en una escena que puede quizá dar luz a la problemática de María y puede abrir nuestra comprensión para entender lo que intento transmitir en esta escritura.

María estaba coordinando uno de sus eventos. Era el momento de la clausura. ¡Todo había salido precioso! La gente que había asistido (tanto intervinientes como público asistente) todos estaban muy satisfechos con el evento. Así lo demostraron con las palabras amables y los aplausos que le habían dirigido a María la noche anterior, en la cena de gala que había tenido lugar.

En la clausura uno de los directores de le empresa pidió la palabra. Este hombre es muy querido y reconocido en ese grupo, incluso hay quienes piensan que es un auténtico genio en la materia, así que el público escuchaba atentamente, incluso embelesado. Lo que dijo fue tan emotivo que cuando terminó la gente aplaudió a rabiar… Pero hubo un olvido. El olvido fue darle la palabra a otro hombre que era el encargado de clausurar ese evento. Aquel hombre estaba muy enfadado. De manera impulsiva se levantó de su silla y empezó a gritarle a María de manera muy grosera. Le decía que por qué no se le había dado la palabra, que él era el que debía de haber hablado en la clausura… En fin, que estaba hecho un basilisco.

Cabe preguntarse la causa de ese enfado. A la fecha María se lo cuestiona.

¿Qué es lo que causó semejante ataque de ira? ¿Por qué vino a desquitarse con María? ¿Por qué usó a esta mujer de tiro al blanco descargando contra ella toda su furia?

Estas son las cosas que nos hacen reflexionar sobre las mujeres en cargos de poder.

Es evidente que el enfado de este hombre no tenía nada que ver con María.

¡El enfado era con aquel otro hombre! ¡El que tomó la palabra en su lugar!

La ira surge porque este hombre se da cuenta que nadie ha echado en falta que hable, que clausure el evento. Esa rivalidad entre hombres es lo que lo ha llevado a cometer una injusticia con María. María ha sido el chivo expiatorio, la cabeza de turco.

¿Por qué María? ¿Acaso por el patriarcado?

Sin duda. Sigue siendo más fácil para un hombre atacar a una mujer. Sigue siendo más fácil echar la culpa a una mujer, sigue siendo más fácil tachar de incompetente a una mujer. Lamentablemente, aunque María sabe todo esto, no ha podido superarlo y ha renunciado a su cargo.

Krystal.

En su función de presidenta de su empresa, Krystal ha organizado un Simposio.

En esta reunión se van a tratar varios puntos importantes en relación a temas de la empresa. El Simposio es un éxito. Los compañeros están muy contentos con el resultado. La Mesa Directiva está muy satisfecha con el trabajo de Krystal. En el momento de las preguntas, surge una mujer que dice:

– Considero que este Simposio ha sido de muy bajo nivel.

Varias mujeres se unen a esta mujer sosteniendo que, efectivamente el Simposio (en opinión de todas estas mujeres, ha sido de muy bajo nivel.

Krystal se siente atacada en lo más profundo de su ser.

Krysral sabe que lo que está pasando es producto de la envidia pues la Mesa Directiva de la empresa acababa de promocionarla.

No obstante, aunque Krystal sabe que es envidia, aunque sabe que la Mesa Directiva le da su apoyo, Krystal no logra superarlo y esa misma tarde presenta su dimisión.

Por lo expuesto aquí, podemos constatar que nosotras, las feministas, tenemos mucho trabajo aún por hacer. Por eso considero que es muy importante alzar la voz. Hablar las injusticias que se cometen contra las mujeres es un primer paso. Hay violencias de las que no se hablan, violencias ejercidas hacia las mujeres que logran tener reconocimiento y llegan a ocupar cargos que más que de poder, son de una gran responsabilidad.

Es un hecho que se constata: Las mujeres con cargos de poder tienen más presión. Y esto es así por el simple hecho de ser mujeres.

PSICOANALISIS Y FEMINISMOS: CUERPOS EN DISPUTA

Lola

El tema de reflexión que propongo es cómo el psicoanálisis freudiano con la relectura que hizo Lacan, llamada el retorno a Freud, puede conceptualizarse como una teoría que pone uno de los cimientos para el desarrollo de los feminismos del siglo XXI. Judith Butler representa un ejemplo de este ensanchamiento al que me refiero, por eso resaltaré los aspectos que me llevan a proponer esta idea. Expondré una posible relación entre deseo e identidad, desde  autores relevantes en Estudios Culturales  y algunos desarrollos de Freud y Lacan sobre estos temas.

En primer lugar, una pequeña aproximación teórica para hacer inteligible, desde Lacan, la ética en la praxis clínica. Se parte de la base de que lo que guía la práctica del psicoanálisis, entendido como intervención clínica, es la ética del deseo. Esta ética del deseo afecta tanto al sujeto analizante como al sujeto analista. En relación con el analizante, lo que hay que dirimir en un análisis es el descubrimiento, construcción, reconstrucción o aceptación del propio deseo que habita al sujeto, para después hacerse responsable de este. En relación al analista, el deseo de analista se refiere al lugar del profesional que ocupa ese rol, cuya función es poner las condiciones para que surja el deseo del sujeto analizante.

Judith Butler, filósofa postestructuralista estadounidense, muestra una perspectiva ética en su acercamiento a los feminismos, es decir, sus presupuestos o planteamientos a la hora de escribir este texto, no son solo académicos sino que también surjen de su participación en movimientos sociales. Una de las preguntas esenciales que se plantea Butler, a la hora de señalar su intención al escribir El género en disputa, la expresa así: “¿Es la disolución de los binarios de género tan monstruosa o temible que por definición se afirme que es imposible, y no se pueda pensar de otra manera el género?” Son los significantes “monstruosa y temible” los que sirven de ejemplo para mostrar aspectos que tienen que ver con el sufrimiento de un sujeto. Otro aserto, que se puede relacionar con una perspectiva ética, tiene ver con preguntas que los sujetos concernidos por su sexualidad se plantean: “ Me propuse entender parte del miedo y la ansiedad que algunas personas experimentan al “volverse gays”, el miedo a perder el lugar que se ocupa en el género o a no saber quién terminará siendo uno si se acuesta con alguien ostensiblemente del “mismo” género…” Judith Butler expresa su deseo, el deseo que le habita, el que guía su camino: “…el deseo intenso de contrarrestar la violencia normativa que conllevan las morfologías ideales del sexo… obedece a un deseo de vivir, de hacer la vida posible, de replantear lo posible en cuanto tal.”

Otro elemento fundamental que plantea Judith Burtler es lo que ella misma nombra como promiscuidad intelectual. Refiere que en este libro no se trataba de aplicar el postestructuralismo al feminismo, sino exponer las teorías postestructuralistas a una reformulación específicamente feminista. Ya que “tiende a interpretar juntos, en una vena sincrética a varios y varias intelectuales franceses, Lévi-Strauss, Foulcault, Lacan, Kristeva, Wittig…” Y esta promiscuidad intelectual hace que el discurso psicoanalítico no se quede en el dogmatismo, de los “evangelistas lacanianos”, que señala Stuart Hall, y avance: “En Gender Trouble (1990) y más especialmente en Bodies That Matter (1993), Judith Butler abordó, a partir de su interés en «los límites discursivos del «sexo»» y la política del feminismo, las transacciones complejas entre el sujeto, el cuerpo y la identidad, para lo cual reunió en un marco analítico ideas extraídas de una perspectiva foucaultiana y psicoanalítica.”

Deseo e identidad

La palabra identidad, etimológicamente viene del latín identitas, y esta a su vez de idem que significa “lo mismo”. Tiene una dualidad, por una parte una persona es única y diferente a las demás, con su propia identidad; pero a la vez la identidad describe atributos que se comparten con otras personas. Por tanto, nunca se llega a una identidad que identifique inequívocamente a cada persona. Como identidad es un concepto tan equívoco, se habla mejor de identificación. Como dice Stuart Hall, representante de los Estudios Culturales, campo de investigación interdisciplinar, en su libro Quién necesita identidad: “La identificación es, entonces, un proceso de articulación, una sutura, una sobredeterminación y no una subsunción. Siempre hay «demasiada» o «demasiado poca»: una sobredeterminación o una falta, pero nunca una proporción adecuada, una totalidad.”

Para ilustrar el concepto de identificación desde una perspectiva psicoanalítica, voy a señalar sucintamente qué significa el Estadio del Espejo de Lacan y el rasgo unario del que habla Freud en Psicología de las masas y análisis del Yo. El Estadio del Espejo que  es una teoría que explica la formación del Yo,

(consta de dos etapas. La primera, cuando el bebé, alrededor de los 6 meses, se mira en el espejo, no ve su imagen, ve a un otro que le fascina, porque lo ve no tan indefenso como se siente él. Esa imagen de completitud va a establecer el proceso de identificación. Solo después de esta identificación, aparece la vivencia del prójimo como rival.  Es en el rival donde el sujeto se capta como Yo y donde comienza la lucha por el reconocimiento. Después, hay un momento,  de los 6  a los 18 meses, en el que el bebé está en brazos de un adulto, mirándose al espejo;  en ese momento  (se)reconoce como tal su imagen en el espejo. La mirada del adulto refuerza, con su asentimiento, que esa imagen es él, es su Yo. Aquí tiene su origen el sentimiento amoroso, que al principio es amor hacia su propia imagen, tal como el mito de Narciso nos sugiere.)

El estadio del espejo no es el comienzo de algo, sino la interrupción —la pérdida, la falta, la división— que inicia el proceso «fundador» del sujeto sexualmente diferenciado (y el inconsciente), y esto depende no sólo de la formación instantánea de alguna capacidad cognitiva interna, sino de la ruptura dislocadora de la mirada desde el lugar del Otro. Para Lacan, sin embargo, ya hay un fantasma: la imagen misma que sitúa al niño divide su identidad en dos. Por otra parte, ese momento sólo tiene sentido en relación con la presencia y la mirada de apoyo de la madre, que garantiza al niño su realidad. Y es en este momento en que la  lucha por el reconocimiento del Otro se convierte en el deseo primordial de todo sujeto humano. Es con el Estadio del Espejo que aparece el deseo como deseo de reconocimiento; por tanto el deseo no es deseo de un objeto concreto, sino de otro deseo. Los animales quieren objetos reales, los seres humanos quieren los deseos de otros seres humanos. Por tanto el Deseo es el deseo del otro. El filósofo francés de origen ruso Alexandre Kojève definió el deseo como “la presencia manifiesta de la ausencia de una realidad”. Esta ausencia, lo que nos falta, es la causa de nuestro deseo.

Por otra parte, en Psicología de las masas y análisis del Yo Freud destaca que en la vida mental de alguien siempre está implicado algún otro, como modelo, como objeto, como sostén o como obstáculo, de modo que la psicología individual es de entrada psicología social.  Si el hombre es una animal político es porque es un ser hablante, consciente, y hablado, sujeto del inconsciente, lo cual lo condena a recibir del Otro los significantes que lo dominan, lo representan y lo desnaturalizan, en el sentido de que lo separan de los animales. La política procede por identificación, habla de lo colectivo, de lo grupal, de vincularse, de unirse por algo, por un rasgo unario, idea o ideales, e irremediablemente los grupos que no están unidos por eso mismo son los diferentes.

El término identidad, como señala Hall, surge de la intersección entre los niveles más rudimentarios de la identidad psíquica y las pulsiones y los niveles de la formación y de las prácticas discursivas del campo social. Y es ahí donde aparece la dificultad de este término. Es improbable que alguna vez podamos armonizar estos dos constituyentes como equivalentes, ya que el inconsciente actúa entre ellos como la barrera o el corte que lo convierte en lugar de un perpetuo aplazamiento de la equivalencia (Hall, 1995)

Jacqueline Rose, catedrática de Humanidades inglesa, sostine en Sexuality in the Field of Vision (1986) que «la cuestión de la identidad —cómo se constituye y mantiene— es por lo tanto el tópico central por medio del cual el psicoanálisis entra en el campo político».«Esta es una razón por la que el psicoanálisis lacaniano llegó a la vida intelectual inglesa, a través de los caminos del feminismo y el análisis cinematográfico (un hecho a menudo utilizado para desacreditar a los tres).  El feminismo, porque la cuestión de cómo se reconocen los individuos en cuanto varones o mujeres, la exigencia de que así lo hagan, parece mantener una relación fundamental con las formas de desigualdad y subordinación que aquel procura cambiar. El cine, porque su poder como aparato ideológico se apoya en los mecanismos de identificación y fantasía sexual en los cuales, al parecer, todos participamos, pero que —fuera del cine— sólo se admiten en su mayor parte en el diván. Si la ideología es eficaz, es porque funciona en los niveles más rudimentarios de la identidad psíquica y las pulsiones»

Conclusión

El sexo y el deseo siempre han estado ahí, atravesando nuestra identidad como sujetos, pero especialmente como mujeres, para calificarnos, dividirnos, dañarnos, disciplinarnos, controlarnos. No en vano, Freud inventó el psicoanálisis a partir de la escucha de las mujeres. De alguna manera han conseguido que sintamos vergüenza o pudor, que el peso de los juicios y del miedo –a no ser creídas, a no ser deseadas, a no ser queridas– aplaste nuestra autonomía, nuestra expresión. Han hecho que sintamos nuestros cuerpos como lugares hostiles que controlar, que odiar y tratar de cambiar, siempre infructuosamente. Han conseguido que los placeres sean para nosotras actores secundarios y la culpa el plato principal, salvo cuando se trata del goce de otros.

Suscribo esa frase de Simone de Beavouir,  que dice que el feminismo es una forma de vivir individualmente y de luchar colectivamente. Y es justo ahí, pienso, entre lo colectivo y lo individual, entre el estar y el anhelo de estar aún mejor, donde el feminismo tiene su función.

La conclusión: «Si no puedo bailar, no es mi revolución», decía Emma Goldman, anarquista rusa de principios del siglo XX; y como Ana Requena Aguilar dice en su libro “Feminismo vibrante”: si no podemos desear y gozar sin ser penalizadas no es nuestra revolución.

Lola Burgos.

Directora del Área de Psicología de Arco Europeo. Cofundadora de la Asociación Psicoanalítica Lapsus de Toledo.

Octubre 2020.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

La Caja de Pandora

foto Jarque ARCO

El pasado 23 de agosto, a propuesta de José Antonio García Regueiro (Presidente de Arco Europeo Progresista) he sido nombrada Directora del Observatorio de psicoanálisis de Arco Europeo. Para mí, este nombramiento es motivo de gran satisfacción y también es un gran honor porque me permite (en mi función de directora de tan prestigiosa institución) continuar con la difusión del psicoanálisis, tanto en Europa como en América. Quiero agradecer profundamente a mi querido colega y amigo José Antonio García Regueiro, por la confianza que me brinda con este nombramiento. Quiero también reiterar por este medio, que aceptar el cargo de directora es para mí, una gran responsabilidad porque implica un fuerte compromiso de trabajo. Este compromiso laboral lo asumo con gran entusiasmo, porque en mi opinión, en tiempos aciagos es un privilegio ponerse manos a la obra para crear eventos. Es la manera de poder dar a nuestros queridos colegas, la oportunidad de alzar la voz y expresar lo que todos vamos viviendo y sintiendo. Es por ello que lo primero que he hecho tras el nombramiento, es ponerme manos a la obra con la coordinación de cuatro eventos en plataforma online (debido a la pandemia), que abrirán el nuevo Ciclo (2020-2021) y que se llevarán a cabo, uno por mes (de septiembre a diciembre):

1) Viernes 11 de septiembre: Rupturas en la pandemia.

2) Jueves 15 de octubre: Posiciones políticas en la pandemia: (reflexiones desde el psicoanálisis).

3) Viernes 12 de noviembre: Urbi et Orbi.

4) Viernes 10 de diciembre: La culpa y el superyó.

Todos los que nos dedicamos al análisis de la mente humana, hemos podido constatar que la Covid-19 ha provocado grandes consecuencias en todos los planos: laboral, personal, emocional, económico, político, de relaciones amorosas, de relaciones de amistad… El enfrentamiento con Tánatos (la pulsión de muerte) ha abierto varias cajas de pandora. Hemos vivido unos meses llenos de incertidumbre, hemos presenciado que la temporada de calor en España, esa temporada que antaño se había caracterizado por la alegría de las vacaciones estivales, en este 2020 se ha vivido de otra manera. Muchos psicoanalistas hemos trabajado en el verano, viviendo lo que los gobiernos de muchos países están llamando «la nueva normalidad» y que nosotros, en España, estamos llamando «la nueva realidad». En esta nueva realidad, hemos empezado a atender a nuestros analizantes de manera presencial, con mascarillas obligatorias, a dos metros de distancia y con gel desinfectante en la entrada del consultorio para que se desinfecten las manos. Tras irse el analizante, la nueva realidad nos obliga a desinfectar el consultorio y a abrir las ventanas, dejando pasar veinte minutos entre un analizante y otro. La nueva realidad nos ha obligado a reunirnos por plataformas online para poder realizar coloquios, congresos, presentaciones de libros… No hay certezas, nadie sabe cuándo volveremos a reunirnos para celebrar un evento de psicoanálisis presencial, como solíamos hacer antaño, cuándo volveremos a abrazarnos, a quitarnos las mascarillas… Yo me pregunto: esta pandemia ¿solo ha traído desgracia y malestar? Todo lo vivido ¿ha sido solamente Tánatos, pulsión de muerte? O ¿Acaso hay algo del orden de la pulsión de vida, del amor, de Eros, en esta tragedia mundial? Dicen que la mejor manera de curar una pústula es reventándola para que la podredumbre salga y pueda sanarse.

Para muchos sujetos esta pandemia ha sido, contrariamente a lo que se podría pensar, una cura para sus vidas. La escucha psicoanalítica da cuenta de la irrupción de lo real en el caso por caso. Ante ese agujero negro, que es lo que está fuera de control, se habla de que no puede haber lugar para el egoísmo ya que las decisiones personales afectan a otras personas. Nos dicen que la única salida que tenemos como humanidad es pensar en los demás. ¿A qué reflexiones está empujando esta contingencia? Lo que podemos ver de manera concreta es que cada sujeto tiene una forma particular de sufrir, una manera especial de relacionarse con su propio goce, por lo cual, el encierro ha traído consecuencias subjetivas muy diversas. El confinamiento ha permitido el encuentro y el reencuentro con ese goce propio, dejando al sujeto a su merced. Lo vemos por ejemplo con la angustia que genera el exceso de información que provoca paranoias, hipocondrias y en algunos casos, incluso delirios de conspiración. Nuestra praxis nos permite escuchar cómo cada sujeto, ante una misma situación de la presencia de ese real sin límites, va realizando su propia manera de apañarse para afrontar tanto la pandemia como el confinamiento. Vemos surgir lo particular de cada quien, ante la caída de las certezas.  Nos encontramos entonces ante nuevos síntomas que responden a la forma particular con la que cada sujeto se enfrenta al sufrimiento. La Covid-19 ha enfrentado a los sujetos a la radical soledad ante la ausencia del gran Otro, la ausencia de fe, de certezas y de esperanzas.

Esta pandemia nos abre la posibilidad de plantarnos varias preguntas, por ejemplo: ¿qué consecuencias acarreará este virus para nuestra práctica? ¿Acaso nuestro mundo se va a convertir en un mundo nuevo?

Estas preguntas surgen porque todos nos hemos visto confrontado a la muerte de una manera tan abrupta que no ha dejado a nadie indiferente.

Esta pandemia ha traído consigo rupturas a todo nivel: amorosas, de amistad, laborales, grupales. Ante la tragedia de la pandemia la negación ha cedido porque los tiempos de crisis hacen caer las máscaras y dejan ver lo que hay detrás del velo que tapaba esa podredumbre mostrando lo mejor y lo peor de cada uno. Por ello, es importante tener en cuenta cuál es la respuesta que cada uno da ante este tipo de hechos, según los recursos de cada cual. .Estamos viviendo situaciones complicadas que están dando paso a nuevos lazos. Estos lazos se están estableciendo a partir de un nuevo orden provocado por el surgimiento de sentimientos que hacen emerger el cuestionamiento que nos ha enseñado Lacan a propósito de la traición. La primera traición en la pandemia fue hacia las personas mayores bajo la consigna de que si una persona tenía más de 75 años ya no se le aceptaba en el hospital. Muchas personas mayores decían: «Uno lo ha dado todo y cuando te toca recibir, te dejan morir, peor que a un perro rabioso».

La palabra traición pulula hoy más que nunca en todos los discursos: se habla de analistas que han traicionado nuestra práctica porque se han acostado con sus analizantes, abusando del poder de la transferencia, hemos visto mensajes en las redes sociales de colegas que, lamentablemente, con su mala praxis desprestigian al psicoanálisis creyendo que pueden escudarse y esconderse en esos sitios de reconocidos y grandes analistas, pero la verdad es que hoy en día, todo se sabe y ya no salen impunes. Las vendas caen de los ojos y llega el tiempo de comprensión: se destapa la podredumbre. Estos crímenes abyectos quizá antes habrían quedado escondidos, tapados por el patriarcado machista que encubría esos actos viles, pero hoy en día, (gracias a la valentía  del movimiento feminista) muchos de estos actos deleznables están saliendo a la luz y ya no quedan tapados ni negados como antes.

¡Estamos viviendo tiempos diferentes!

No obstante la dificultad, yo he decidido seguir trabajando sin parar. Hemos publicado tres libros: Relaciones Familiares: elecciones amorosas, Covid-19: Reflexiones y vivencias y Monólogos Femeninos: las voces de la violencia.

 Estamos por publicar otros dos libros más: Cine & psicoanálisis y Niños al diván.

 Ante la pandemia, he podido escuchar a algunas personas que tienen una postura  negativa y triste, decían que lo que va a venir después de la pandemia va a ser el derrumbamiento, la anarquía, la pobreza y el caos.

Otras personas, sin embargo, tienen una posición más, diría yo, de reconstrucción.

Puedo decir que mi posición está de ese lado: el de reinventar, reconstruir, reestructurar. La pandemia ha puesto de manifiesto lo que nos ha enseñado la Historia Universal: que la gran mayoría de las veces, la traición no solo se destapa, sino que los traidores se castigan a sí mismos. Desde el psicoanálisis la traición es ceder en el deseo, por eso los traidores se ahorcan solos. Tal vez no podamos esperar nada de la justicia humana, tampoco de la llamada (en lo simbólico), la justicia divina, pero si hay algo que nos enseña nuestra práctica, es que la justicia del inconsciente es implacable. Quizá también por eso, nuestros próximos eventos online en Arco Europeo, estarán dirigidos a investigar más a fondo la traición, el deseo, el feminismo y el amor. Porque hoy, más que nunca, todos nosotros estamos invitados a reinventar, reestructurar, y reconstruir nuestro quehacer, siempre unidos y agrupados por el amor al psicoanálisis.

Cristina Jarque

Directora del Observatorio de Psicoanálisis de Arco Europeo

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Cristina Jarque nombrada Directora del Observatorio del Psicoanálisis de Arco

CRISTINA JARQUE

A propuesta de su Presidente, ha sido nombrada Directora del Observatorio del Psicoanálisis de Arco Europeo la prestigiosa psicoanalista Cristina Jarque, Fundadora y Directora de la reconocida asociación psicoanalítica Lapsus de Toledo y socia de honor de Arco Europeo.

Muchas gracias Cristina y enhorabuena ¡¡

Cristina Jarque Socia de Honor de Arco Europeo

CRISTINA

A propuesta de su Presidente, ha sido nombrada Socia de Honor de Arco Europeo la psicoanalista mejicana Cristina Jarque. Se ha tenido en cuenta su excelente trayectoria profesional, su reconocimiento en Europa y América como una de las más prestigiosas psicoanalistas y las colaboraciones entre Arco Europeo, especialmente con su sección de Arco Ateneo,  y la asociación psicoanalítica Lapsus de Toledo de la que es Fundadora y Directora.

Bienvenida ¡¡

 

 

La agresividad en la clínica psicoanalítica: Sabina y el Toro

Toro

Sabina Spielrein, la sibila, la profetisa, la elegida, que, a través                                        del destino de su pueblo y de su propio sufrimiento, pudo                                                contemplar los fondos abismales que los demás estamos                                              dispensados de ver. Ella dice lo que tiene que anunciar, y es                                            rechazada porque nadie la cree. (“La verdadera historia de                                          Sabina Spielrein”, Karsten Alnaes)

La agresividad en la clínica psicoanalítica: Sabina y el toro

En el significante toro me interesa resaltar dos acepciones: toro como animal, del latín taurus, y toro, del latín torus, que en arquitectura es la moldura en que se plasma la figura geométrica definida por una superficie tórica. En lenguaje común y gráfico puede decirse que es un «aro». En el campo semántico psiconalítico de taurus, se puede asociar temas relacionados con la pulsión de muerte y la agresividad, y por eso haré mención a Sabina Spielrein. Pero antes comentaré algunos aspectos relacionados con  el campo semántico de torus, en donde nos adentramos en las matemáticas como forma de poner orden y formalizar, con apreciaciones hechas por Gerard Pommier y por Jacques Lacan.

Torus y la poesía

             Gerard Pommier, en su artículo publicado en la colección Lapsus de Toledo “Mecanismos defensa en las psicosis”, intenta poner de manifiesto el hecho de que la poesía es la madre de la ciencia. Cito a Pommier: “Por mi parte, yo soy lacaniano a favor del gesto poético de Lacan más que por sus matemas, no solamente porque no son a menudo más que maneras de hablar, sino porque son siempre posteriores a la poesía.”

Pommier señala que en el nacimiento, todos los niños están aterrorizados por el movimiento de ir y venir de su propio grito. Este grito se alivia y se domestica a continuación gracias a la repetición poética. La repetición de los sonidos según sus distintos tonos, es musical, poética, y mantiene una distancia anti-incestuosa: crea la distancia, el espacio. La repetición ordena el efecto poético.

La poesía, y después la palabra hacen nacer a un padre mítico: es un padre que, quizá más tarde, encarnará al padre del complejo de Edipo.  Un padre oculta al otro. Antes del padre de la neurosis, se encuentra siempre el padre primitivo, el padre del Logos. Es el lobo, el ogro que existe desde el inicio.

Pero, mientras las palabras se vuelan al infinito, las cifras limitan un eterno presente. La cifra no tiene sexo contrariamente al significante. Todo lo que nombramos tiene un género, ya que nos proyectamos en todo lo que vemos. Contar, es una ducha fría, un contra-delirio. Hacer una operación calculada, es desexualizar al mundo, retirarle su género. No hay relación sexual en el mundo de las matemáticas, se puede descansar de ello. Un obsesivo que piensa con angustia en la mujer puede ponerse a contar a toda velocidad.

Por otra parte, Lacan utilizó , al final de su enseñanza, la topología para dar cuenta de ciertos rasgos de la estructura del sujeto. Lacan intentaba salir de la dicotomía filosófica del cuerpo-alma, del “pienso luego existo”, a un ser que “piensa sin saber lo que piensa”. Es decir, utilizaba los conceptos matemáticos en terminos de estructura, no como algoritmos para hallar soluciones cerradas.

La topología es el área más joven de las Matemáticas, es muy moderna y muy revolucionaria. Los topólogos ven igual una taza de café que un donut, porque ambos tienen la misma estructura. Es como si imagináramos nuestro mundo como si fuera de plastilina y todo se pudiera moldear. Pues eso es el mundo de la topología. Hay un teorema en topología que se llama “teorema de la bola peluda”, y haciendo un ejercicio de imaginación, si tenemos una esfera con pelo y la peinamos, ¿por dónde empezamos a peinar?, ¿dónde se termina?, ¿se puede peinar todo por igual?. La respuesta es que tiene que haber un remolino, ese remolino es una singularidad, hay un corte, algo distinto. En cambio en la figura del toro, si la imaginamos con pelo, esta se puede peinar sin remolinos; por tanto, no hay singularidad, no hay corte, es continuo.

La primera referencia de Lacan al toro es de 1953; pero solamente comienza a figurar con mayor importancia en su obra, a partir de su abordaje más profundo de la topología, en la década de 1970. La topología del toro le sirve para ilustrar ciertos rasgos de la estructura del sujeto. Por ejemplo: una característica importante del toro es que su centro de gravedad está fuera de su volumen. De la misma manera, el “centro” del sujeto está fuera de él: el sujeto está descentrado, es excéntrico. Otra propiedad del toro es que “su exterioridad periférica y su exterioridad central constituyen una región única”. Esto ilustra, por su parte, la manera en que el psicoanálisis problematiza la distinción entre el “adentro” y el “afuera” (concepto de extimidad).

Taurus y Tánatos

Sabina Spielrein es la primera psicoanalista que escucha a Tánatos. Tánatos fue como Freud llamó a la pulsión de muerte, uno de los conceptos psicoanalíticos  más controvertidos que existen. De hecho, se puede decir que el concepto de pulsión de muerte ha sido el que ha fracturado más profundamente las distintas corrientes psicoanalíticas después de Freud; (a parte, del concepto de libido, que ya trajo consigo rupturas profundas todavía con Freud vivo.)

Su artículo, de unas 50 páginas, titulado “La destrucción como causa primera del devenir”  ( del ser o del nacimiento, según otras traducciones)” escrito en 1911, es un trabajo psicoanalítico pionero. Cuando lo presentó el 29 de noviembre de 1911, en el círculo de psicoanalistas en casa de Sigmund Freud, en Bergasse 19, la actitud de la mayoría de ellos, incluido Freud, podríamos decir que fue desde escéptica hasta negativa. Solo en una nota a pie de página de su ensayo de 1920 “Más allá del principio del placer”, Freud, todavía dejando traslucir su desconcierto, nombra a su predecesora en este concepto: “En un trabajo muy rico en ideas, aunque para mi no del todo transparente, emprende Sabina Spielrein una parte de esta investigación y califica de “destructores” a los componenetes sádicos de la pulsión sexual” .

Pero en esa primera presentación de 1911, podemos suponer que las críticas oscilaron entre ser un texto excesivamente metafísico, en donde al basarse en la deducción, con referencias a los mitos, las leyendas y la filosofía, para justificar sus principales tesis, se estaba desviando del camino que debería seguir el psicoanálisis, que era el de la ciencia y el del método inductivo. U otro tipo de críticas, en las que se decía que Sabina Spielrein vinculaba su teoría a las cualidades biológicas del ser humano. Otras críticas, en cambio, entre la que en ese momento se colocaba Freud, se referían a que no se necesitaba ninguna teoría sobre una pulsión de muerte primaria, porque los aspectos destructivos de la conducta humana podían entenderse dentro del marco del principio del placer y de la libido.

En los días posteriores a la presentación del trabajo de Sabina Spielrein, los comentarios que Freud escribió a Jung giraron en torno a ciertas objeciones dirigidas a la forma como la autora, basada en las ideas de Jung, trataba los temas mitológicos. También Freud advirtió el “componente personal” existente en la comunicación de Spielrein, lo que no dejó de comentar con Jung con las siguientes palabras: “…su pulsión de destrucción no me es simpática, ya que lo considero como personalmente determinado. Me parece que tiene más ambivalencia de la normal. “Es difícil de leer y entender. Escribe de una manera torpe, extraña”.

La novedad de la teoría de Sabina Spielrein reside en que relaciona la pulsión de muerte con la pulsión de vida. Sostiene que esas dos fuerzas motrices no sólo se mantienen en equilibrio, sino que son una condición la una de la otra, que las dos son primarias. De modo que la existencia de una de ellas es impensable sin la de la otra. Y lo que llama la atención es que Sabina Spielrein muestra ante todo cómo los mitos, leyendas y textos sagrados de distintas culturas relacionan la muerte y el nacimiento. Hay cierta conexión lógica, dice, entre el volver a la materia de origen y el volver a nacer. También muestra cómo los mismos mitos y leyendas revelan un conocimiento del elemento agresivo y destructor en lo erótico, y cómo la autodestrucción está dentro de nosotros como un instino, tanto porque abre camino a lo nuevo como porque está relacionado con la sensación de placer.

La pulsión de muerte como base de la agresividad y la violencia

             Hoy podemos decir que si la agresividad natural del ser humano, basada en la constitución del yo por medio de la imagen del otro, no implica necesariamente la instalación de la violencia, entonces el paso a esta violencia, el acto violento, puede leerse como una utilización social de esta agresividad innata; esta violencia es extrapolada, usufructuada, extraída de esa agresividad en uno modo que podríamos considerar similar a la extracción de plusvalía, es decir, aplicarse a matar y morir el servicio de los intereses de los Príncipes, como dice Voltaire, del Amo.

Por tanto, se destaca una configuración imaginaria de la agresividad por un lado y una inscripción simbólica de la violencia por otro. Dicho de otro modo, la agresividad no da cuenta del acto violento, la agresividad primordial constitutiva del sujeto no podría fundamentar la barbarie.

Para profundizar y entender mejor la diferencia entre agresividad y violencia, podemos comparar cómo se trataban estos conceptos en la tragedia griega y cómo se tratan en la guerras actuales. Según Bernard Sichère, en la actualidad el espectáculo nos muestra  lo trágico de una manera débil, con ofensivas figuras del horror y cuya consecuencia primera es sumirnos en el abatimiento, en lugar de suscitar nuestra resistencia. A lo “trágico débil” se le opone lo trágico verdadero, la tragedia griega, que no se confunde con el espectáculo del horror. No es que en la tragedia griega no exista un momento de horror y de devastación, sino que este momento de exceso está detrás de lo que puede darse a ver, de lo que puede mostrarse: no veremos a Antígona enterrada viva, ni a Edipo en el momento de hacerse saltar los ojos, porque esto corresponde al orden de lo imposible. No lo vemos, pero lo oímos a través de la queja de Antígona que avanza a su propia muerte, de la queja de Edipo, o de la queja de Medea por el asesinato de sus hijos. La queja se transmite a través del entramado simbólico que le permite al espectador extraer la enseñanza de que el hombre, si franquea un momento de horror y devastación, se le torna imposible su salvación.

En otras palabras, en la tragedia griega no se ve lo violento, pero sí se ve lo agresivo, esto crea en el espectador implicación, empatía, impacto, realidad…. En las guerras actuales, se ve lo violento, pero no se ve lo agresivo, esto crea en el espectador indiferencia, vacunación, irrealidad… y esto tiene como consecuencia el desconocimiento permanente de la muerte.

A modo de conclusión y de acuerdo con lo que dice John Kerr, en su libro de 1993 “Un método muy peligroso. La historia de Jung, Freud y Sabina Spielrein”: “ El listado de los diez mayores psicólogos del siglo XX es una cuestión de moda y gusto, pero en cualquier lista, cinco nombres inevitablemente aparecerían: Freud, Jung, Piaget, Luria y Vygotski. Sabina conoció a todos y cada uno de ellos. Tanto Jung, como Freud, Piaget y Vygotski se beneficiaron de las ideas de Sabina Spielrein.

Lola Burgos, psicóloga y psicoanalista

 

 

 

 

NADIE SABE LO QUE PUEDE UN CUERPO

Amis

Antropológicamente nuestro mundo es el más irreal de la historia. La pandemia de la covid19 nos ha hecho (re)descubrir nuestra enorme vulnerabilidad. Estamos ante un acontecimiento que, siendo inesperado, tiene todos los ingredientes para constituirse en un hito del todo significativo, de manera que a su carácter de imprevisto, se suma su potencial de dejar en suspenso el mero fluir de procesos en curso para, en una situación nueva, concitarnos ante alternativas, dilemas, y cambios futuros respecto a los cuales hay y habrá que tomar decisiones sin precedentes.

                       Nadie sabe lo que puede un cuerpo es un aforismo del filósofo del siglo XVII Baruch Spinoza, llamado el filósofo de la alegría, que me parece muy ad hoc para estos tiempos. Lo que subyace a este aforismo es la pregunta de cuál es la forma de vida más conveniente para un cuerpo, para un sujeto. Hay quien pretende saberlo y establece una moral universal; Spinoza critica a estos que se erigen en este saber/poder supuestamente universal que debe ordenar el mundo humano. Esta fue una de las razones por las cuales Spinoza fue expulsado de la Sinagoga. Tampoco Spinoza fue tan naif para no saber de los límites del cuerpo. Un ejemplo metafórico que parece que él ponía, era que los seres humanos son una esfera geométricamente idéntica pero materialmente distinta, es decir, somos como esferas, hechos de distintos materiales que ocupan el espacio y distribuyen la luz de diferente manera. Esto es, los límites que la luz proyecta cada una de las esferas son diferentes, por tanto los límites son dinámicos.

            Por otra parte, Michel Foucault, ya en el siglo XX, acuñó el concepto de biopolítica, o biopoder. Hasta hace dos siglos, el poder se basaba en la capacidad del soberano de dar muerte; ahora se basa en la capacidad de gestionar la vida. Así pues, se trata de controlar la vida, de hacerla crecer, organizarla y optimizarla.  Las dos formas de biopoder son las disciplinas del cuerpo y los controles de la población. Son sistemas encargados de moldear al individuo para integrarlo en la sociedad y convertirlo en un elemento útil. Lo ejercen instituciones como la educación o el ejército, pero también la anatomía.

            Mientras que las disciplinas del cuerpo se centran en el individuo, los controles de población se centran en la especie. El poder ya no se basa exclusivamente en la ley. Si bien la ley sigue existiendo, esta es un elemento más en un entramado de instituciones (la familia, el sistema educativo, el ejército, la medicina, etc.) que busca gobernar a base de regular lo que es lo normal y adaptar a ello a todos los individuos de la sociedad.

El biopoder se convierte así también en un nuevo marco para las ciencias, que bajo este nuevo paradigma se erigen como parte del entramado de instituciones que ejercen el biopoder.

Por ejemplo, nuestra propia concepción del la salud y del sexo sería biopolítica. Precisamente es el sexo, aquella esfera innombrable, que parece libre de toda injerencia política, donde el biopoder se manifiesta de forma implacable. Así, las prácticas sexuales comunes, pero también las concepciones científicas sobre el sexo, serían una forma de apuntalar los equilibrios de poder del statu quo a través de la práctica sexual. Vemos aquí como para Foucault los sistemas de conocimiento generan aquello que tratan de describir, de forma que en su esencia son mecanismos de poder.

El cuerpo se lee, sin duda: es un texto. El cuerpo ya no puede ser pensado como una materialidad previa e informe, ajena a la cultura y a sus códigos. No existe más allá o más acá del discurso, del poder del discurso y del discurso del poder. El cuerpo es la representación del cuerpo, el cuerpo tiene una existencia performativa dentro de los marcos culturales (con sus códigos) que lo hacen visible. Más que tener un cuerpo o ser un cuerpo, nos convertimos en un cuerpo y lo negociamos, en un proceso entrecruzado con nuestro devenir sujetos, esto es individuos, ciertamente, pero dentro de unas coordenadas que nos hacen identificables, reconocibles, a la vez que nos sujetan a sus determinaciones de ser, estar, parecer o devenir.

El cuerpo es fronterizo, se relaciona bidireccionalmente con el entorno sociocultural; lo constituye pero a la vez es constituido por él.  Una de las labores más loables y necesarias del psicoanálisis y de los feminismos ha sido y sigue siendo mostrar cómo actúan esos mecanismos de poder que consiguen que percibamos como naturales prácticas que en sí mismas no lo son. El poder se ejerce verticalmente, de arriba abajo, pero también se otorga, de abajo a arriba… o a los lados.

¿Cómo nos desenvolveremos como cuerpos después de esta aporía?

En otro orden de cosas, me gustaría señalar, en un primer y somero acercamiento a nivel clínico, las quejas y manifestaciones sintomáticas escuchadas y observadas desde mi posición analítica que me han llamado más la atención:

– El aislamiento continuado produce un enlentecimiento psíquico debido al aumento de la incertidumbre sobre las perspectivas vitales a corto y medio plazo, junto con pérdidas de memoria, dificultades para restaurar recuerdos.

-Se dan también manifestaciones sintomáticas de tipo supervivencial: En los primeros momentos del confinamiento, la compra desaforada de papel higiénico está relacionada con un mecanismo de defensa típico de una regresión a la etapa anal, expresado en términos ortodoxamente freudianos, donde la necesidad de control ante una situación totalmente fuera de control del sujeto, se manifiesta reveladoramente.

En un segundo momento del confinamiento, el masivo consumo de productos se trasladó la compra de harinas y levaduras. Una regresión a la etapa oral. En un artículo muy ocurrente de una periodista española, Cristina Fallarás, titulado “Nuestro tiempo es un bizcocho”, señalaba que restar importancia a la alimentación, es de alguna manera restar importancia a nuestra dedicación a nosotras mismas. Un bizcocho es algo hecho en casa, casero, un bizcocho es tiempo de esmero de cuidado, compartido, íntimo, la diferencia entre dinero y tiempo, lo pragmático y lo antipragmático. ¿Porqué un bizcocho y nuestro trabajo por dinero es incompatible o irreconciliable?

El sostenimiento de la carga emocional por las muertes por la covid19 en los hospitales ha recaído sobre todo el personal sanitario, ya que no había familiares en las habitaciones, que son los que en condiciones habituales soportan dicha carga. A esto hay que añadir, que parte de los médicos de hospital habitualmente tienden a tratar la enfermedad como entidad clínica, más que al enfermo como sujeto sufriente, pero ahora les ha tocado atender a los enfermos, de una enfermedad que conocen poco. Esta situación pavorosa lleva inevitablemente a un repunte sustancial de síntomas ansioso-depresivos.

-Y aparecen un tipo de manifestaciones sintomáticas, llamemosles paradójicas:

Los sujetos con estructuras cercanas a la melancolía, confinados habitualmente en su narcisismo depresivo, aparentemente parece que llevan mejor la situación. Podría ser debido a que todo a su alrededor está confinado, y ellos o bien saben manejarse mejor en esta situación, o bien mejoran en comparación, porque el resto de los sujetos nunca se han enfrentado de una manera tan patente a los abismos subjetivos que produce una situación de confinamiento.

Los que tienen tendencia al aislamiento de forma habitual, en el confinamiento han acusado el estar aislados; a los sujetos que no les gusta ser tocados o besados o acercarse mucho a los otros, ahora echan de menos esa posibilidad; quizá se trate más de hacer evidente las limitaciones en la ficción de libertad en que vivimos habitualmente.

Con esta pandemia, todas nuestras ficciones, registros imaginados y simbólicos, semblantes, fantasmas, fantasías, simulacros, patrones, plantillas, planillas, apaños… se nos han resquebrajado, y aparece de forma cruda e inmisericorde lo real. Nos toca rehacerlo, rehacernos.

Contamos con la extraordinaria capacidad de adaptación del ser humano. Pero hemos de ser realistas. Circula por ahí la idea de que una mala experiencia vuelve mejor a la gente.

Uno de los principales propagadores de esta ilusión fue Charles Dickens y su Cuento de navidad, en el que un banquero avariento se vuelve generoso y benévolo gracias a una serie de oportunos escarmientos metafísicos. Frank Capra, cineasta de buen corazón donde los haya, fue bastante más honesto al plantear en el suyo la desagradable verdad: la gente suele avinagrarse cuando vienen mal dadas y a los banqueros sin corazón rara vez les crece uno en el pecho.

El devenir subjetivo marca la pauta de los actos, acting y pasajes al acto con los que cada una de nosotras nos enfrentamos a los sucesos traumáticos que nos rodean, pero no olvidemos que aunque un suceso sea traumático a nivel social, no significa automáticamente que lo vaya a ser para todos y cada uno de los sujetos.

Saldremos de esta como hemos hecho siempre. La cuestión es si lo hacemos con Dignidad. La dignidad es un principio antipragmático. El delito de indignidad consiste en tratar a lo que tiene dignidad como si solo tuviera precio. Saldremos de esta, pero no sin cicatrices. Lo prioritario es que cuando eso ocurra sepamos leer esas marcas. La vida espera al otro lado.

Lola Burgos es psicóloga y psicoanalista

Mayo 2020