LA SOCIEDAD MONOSINTOMÁTICA DE SUJETOS DOPADOS

evitar-el-consumismo-en-navidadEn la sociedad de consumo, nadie puede convertirse en sujeto sin antes convertirse en producto y nadie puede preservar su carácter de sujeto si no se ocupa de ser un artículo vendible. Esta es la materia de la que están hechos los sueños y los cuentos de hadas de una sociedad de consumidores: transformarse en un producto deseable y deseado.

Se conforman así individuos malcriados por el facilismo del mercado de consumo, donde de cada elección se hace una transacción única, sin obligaciones a futuro, un gesto no vinculante, riesgo mínimo, responsabilidad reducida, un modelo de discapacidad social.

Aparecen los seres aferrados al rol de objeto. Fetichismo de la subjetividad basado en una ilusión.

Se tiende a sacar a la luz la similitud monosintomática, anulando la diferencia donde las partes tienen derecho a tratarse entre sí como tratan a los objetos de consumo.

Ya Barman nos decía que la sociedad actual es “ahorista”, radica en adquirir, acumular, eliminar, y reemplazar. Compre, disfrútelo y tírelo. Donde el consumismo no se dirige a la gratificación de deseos sino a un aumento del volumen y la intensidad de ellos. Potenciando la inestabilidad de los mismos, la insaciabilidad de las necesidades de una cultura acelerada cual encadenamiento de presentes.

La falta de dinero ha comenzado a competir con la falta de tiempo. La ilusión de dominar el tiempo, encapsular el “ahora”, tranquiliza. La cultura es “presentista” y pone el énfasis en la velocidad y la efectividad, no valora ni la paciencia ni la perseverancia.

El uso lingüístico de expresiones como “no tener tiempo”, “perder el tiempo”, “ganar tiempo”, denotan el grado de importancia que se invierte en las acciones individuales para igualar la velocidad y el ritmo del tiempo, convirtiéndose en la preocupación más frecuente del sujeto, desgastante y perturbadora. Sino se consigue igualar esfuerzo y recompensa se produce un “complejo de inadecuación” que es la grave dolencia de la vida moderna.

Este complejo sólo es superado por la sensación de “vivir intensamente”. Aquí la satisfacción experimentada sobrevive a la causa.

La causa se olvida y se recuerda el gusto de la alta intensidad y la confirmación de la capacidad personal de estar a la altura del desafío inmediato planteado.

La cultura consumista se caracteriza por la presión constante de ser alguien más. Cambiar la identidad, esforzarse por volver a nacer como si lo que fuimos ayer no pudiese impedirnos ser algo diferente hoy. Identidades renovables.

La eternidad no es valor ni objeto de deseo, sino la tiranía del momento. Durabilidad desvalorizada.

El sujeto vive en estado de fuga permanente y el pasado no tendrá la menor oportunidad de alcanzarle. Buscar el yo real, es pura diversión, a condición de que nunca lo encontremos. Porque si lo encontramos, la diversión terminaría.

El despilfarro consumista tapona el aburrimiento, “no aburrirse nunca” es un parámetro de vida exitosa. Ya Kierkegaard trató sobre “el hombre inmediato”, aquel cuya conducta era la de un buscador de placeres continuos y compulsivos, no sólo por el presentismo de una vivencia que necesita ser satisfecha ya, sino en el sentido de quien no es capaz de ganar distancia de perspectiva alguna de su vida, ni pasada ni futura. Experiencia de vértigo y de éxtasis, producida al salir  de sí la persona para trascenderse su propio yo. Difuminar las fronteras del yo, romper los límites de la conciencia, para entrar en un más allá por la vía rápida de la anulación personal e incluso de la muerte anticipada.

Pero el vértigo tiende una trampa existencial que devuelve al sujeto a la caverna desnuda de su realidad, una y otra vez, con dolorosa obstinación.

Despertar para volver a dormir, alargar el sueño artificial para volver a lo real, para volver a empezar un ciclo sin solución de continuidad.

Cuando en el círculo faltan los proyectos y la ausencia de ideales, todo ello hace que la persona se encierre en sí misma. Un día se descubre eliminando el malestar de su vida con una poderosa voluntad de ser feliz pero sin reconocerse a sí mismo, así como si el yo no fuera el propio yo, sino el yo de los otros.

Afirmar el yo mediante el acto libre de elegir ser dependiente, quiere ser yo pero lo destruye al hacerlo depender de algo o alguien que no es su yo.

Comienzan así las conductas dopantes como un anestésico contra la fatiga de vivir y una escapatoria para aplazar a un eterno mañana la asunción de las responsabilidades personales cotidianas.

La sociedad se acostumbra y acepta como políticamente correcto la muleta farmacológica para sobrellevar cualquier malestar físico o psíquico. Vivimos una “cultura adictiva al dopaje”. Las adicciones a las pastillas son la nueva esclavitud que tiene enganchada a media humanidad en el siglo XXI.

Si pensamos en las innumerables personas que se automedican sin prescripción médica o que solicitan a los médicos los fármacos que ellos desean ingerir, nos podremos hacer idea del enorme problema de falta de sentido de la vida que arrastran tantas personas en nuestra sociedad y sin apenas enterarnos. Como decía Paracelso, la diferencia entre medicina y veneno está en la dosis.

Podemos hablar de una mentalidad dopante ambiental, cuya finalidad es transformar la angustia en felicidad, en esperanza y dar un sentido existencial al vacío.

Los males más frecuentes de la sociedad de consumo son, la depresión, el cansancio depresivo, la falta de sentido vital, la hiperactividad y la incapacidad de mantener la identidad.

Los sufrimientos humanos más comunes en la actualidad suelen producirse a causa del exceso de posibilidades más que del exceso de prohibiciones.

La oposición entre lo posible y lo imposible ha reemplazado a la autonomía de lo permitido y lo prohibido.

La sociedad de consumidores ha transformado el motivo de las depresiones, antes las provocaban el terror a la acusación de inadaptación por transgredir reglas, en definitiva una depresión por neurosis causada por el horror a la culpa, hoy día es sustituida por una depresión provocada por el terror a ser inadecuado. Por cada “no debe” hay un “deber ser”.

Por todo ello, el nuevo espíritu del capitalismo nos fabrica unos héroes de la modernidad dopados para poder representar su función de bobos engatusados con promesas fraudulentas y engaños, seducidos, arrastrados y manipulados por fuerzas subrepticias, pero ajenas, con patrones de comportamiento a la medida de los mercados.

Hay tres mensajeros del bienestar, serotonina, noradrenalina y dopamina, que pueden ser incrementados con sustancias o con comportamientos. Producen un efecto de condicionamiento por vía dopaminérgica que asocian la sensación de placer/ ausencia de dolor al momento y al acto, entorno en el que se realiza la conducta, de forma que basta la simple presencia de una dificultad de ese entorno para disparar la necesidad incontrolable de autoadministrarse la conducta o el fármaco.

Vivir dopado crea la ilusión de un significado pero tiene un efecto de retorno, aparece el vacío y hay que rellenarlo de nuevo.

El psicoanálisis intenta cambiar la pastilla por la palabra, que el esclavo del fármaco y de sí mismo, se conozca más allá de su adicción. Que aprenda por la palabra a utilizar sus propias capacidades para existir. Poder atreverse a ser lo que se es.

Belén Rico

La violencia

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La violencia en nuestro mundo tiene una presencia constante, casi agobiante, aunque no lo parezca a primera vista.

Intentemos definir qué es violencia. Se trataría de la coacción física o moral ejercida sobre una persona o grupo de personas, mediante una fuerza desproporcionada y que intimida con el fin de doblegar su voluntad y/o inspirar temor relacionado con la propia persona, los bienes propios o seres allegados, y para obligar a seguir una conducta determinada. La OMS nos ofrece también una definición de violencia. Este organismo internacional explica que la violencia es el uso intencional de la fuerza física o el poder hacia otra persona, grupo o comunidades y que trae como consecuencias lesiones físicas, daños psicológicos, alteraciones del desarrollo, abandono y hasta la propia muerte.

La violencia ha sido una constante en la Historia y no hace falta que apuntemos ejemplos de tantos que existen. El marxismo ha interpretado la violencia en su análisis del capitalismo. Las relaciones entre los propietarios de los medios de producción y el proletariado tendrían una naturaleza o raíz coercitiva, que sería el origen de la violencia en la sociedad. Así pues, la violencia se relacionaría con el control social y con la violencia subliminal que ejercerían el poder y las clases dominantes. Es la represión, y que se manifiesta de diversas maneras: el uso de la violencia física, la eliminación de los disidentes o contestatarios, el dirigismo de conductas privadas o públicas y hasta la imposición de una cultura y/o moral oficial. Esta visión de la violencia chocaría con la que se tendría desde posicionamientos conservadores o desde el poder, siempre preocupado por el orden contra la violencia que se desataría en la protesta social. En este sentido, parece muy interesante aplicar las dos visiones distintas sobre la violencia en la Historia contemporánea de España. La derecha española siempre ha acusado al movimiento obrero y a la izquierda de fomentar la violencia y el desorden en las calles y en el campo, con la quema de Iglesias y el terrorismo anarquista y de otro signo. Pero, por otro lado, pensemos en la violencia que se ejercería con la represión del movimiento obrero o con la situación de miseria impuesta a amplios sectores obreros y entre los jornaleros del campo. ¿Y la violencia ejercida por la dictadura franquista durante tantas décadas?

¿Cuál sería, pues, el origen o naturaleza de la violencia? Trasladándonos a nuestro presente: ¿son violentos o no los escraches, las manifestaciones, la presión en la calle, o los desahucios, el paro, la elevación de las tasas universitarias, las cargas contra los inmigrantes en las vallas de nuestras fronteras, la penalización por manifestarse, el posible fin de la sanidad universal…?

Pero la violencia tiene otras facetas presentes en nuestra vida. La principal de todas ellas es la violencia de género, la que ejerce el hombre contra la mujer como un instrumento de dominación, discriminación, desigualdad y supremacía del varón. La violencia de género incluye las agresiones físicas, sexuales y psicológicas, así como las coacciones, y la privación de la libertad personal. Por otro lado, tenemos la violencia homófoba, en el puesto de trabajo y la violencia en el seno del ámbito escolar o infantil y juvenil. Todos estos tipos de violencias tienen que ver con graves problemas o carencias en la educación de valores de la sociedad y con el arraigo de comportamientos de dominación de épocas pasadas. Lamentablemente, estas últimas violencias han dejado de ser una prioridad para las administraciones controladas por nuestra derecha, con la excusa de los recortes económicos. Tampoco interesa mucho la violencia que se ejerce contra los más desfavorecidos. La única violencia que importa es la que estalla en la calle, una violencia, por cierto, bien moderada con lo que está ocurriendo cada día.

Eduardo Montagut

Doctor en Derecho

INTRANSIGENCIA Y CONTROL SOCIAL: FLAUBERT Y BAUDELAIRE EN EL BANQUILLO

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Las palabras son imágenes del espíritu de cada uno

Dionisio de Halicarnaso

Estamos viviendo el preludio de tiempos sombríos. En casi todas partes se experimentan retrocesos alarmantes. La denominada crisis de los refugiados dice mucho sobre la forma de no afrontar los problemas y sobre la pérdida de solidaridad y valores cívicos.

El triunfo de Donald Tramp, el auge de los populismos y de las soluciones y recetas fáciles a problemas complejos es un pésimo síntoma de lo que nos aguarda.

Vamos a hacer una incursión liviana a la Francia de Napoleón III. Podremos observar como determinados aspectos y coordenadas se repiten aunque con algunas variantes.

¿Qué ocurre cuando se pierden o se marginan los valores republicanos? Impera el miedo y están en retroceso las libertades. En esos momentos, que pueden durar décadas, son frecuentes las delaciones, se incrementa el control social y se crea un ambiente irrespirable y, en cierto modo, putrefacto.

¿Por qué molestan y a quiénes molestan los escritores, los creadores, los artistas, los periodistas? Aquellos que investigan sobre la realidad social y dan cuenta de lo que pasa, son con frecuencia sospechosos e incómodos al poder.  Quienes analizan y se atreven a exponer lo que  quieren  mantener oculto los representantes de poderes tanto explícitos como no visibles pero   que mueven muchos hilos y son la mano que mece la cuna. En cuanto a quienes molestan, la respuesta parece clara. A quienes aspiran a ejercer un férreo control social sin reparar en medios.

El delito de los que gritan su verdad,  con frecuencia no es otro que exponer,   y  dar forma a los miedos y represiones colectivas.

La despreocupación culpable  y la falta de información contrastada son un excelente caldo de cultivo para que surjan tentaciones totalitarias de quienes quieren, a toda costa, controlar la vida de los demás.

Cuando se discrimina, el siguiente paso es la persecución. Pensemos en el macartismo y en Arthur Miller que en sus “Brujas de Salem”  desveló, en forma metafórica y simbólica,   trasladando al pasado problemas del presente, cómo la ignorancia, el fanatismo y los intereses mezquinos envueltos en el manto hipócrita de la respetabilidad pueden  convertir en irrespirable la convivencia y erigirse en dictadores, más o menos, encubiertos.

Michel Winock, en “Las voces de la libertad” acierta a hacer visibles alguno de esos momentos y como se llega a lo más nauseabundo e inhumano.

Centrémonos en una página de la historia de Francia. La dictadura de Napoleón III. Sus plebiscitos y sus múltiples atentados contra los valores republicanos y contra las libertades, tanto cívicas como las vinculadas a la moral y a las costumbres.

La censura es una buena mano ejecutora para tapar bocas y para imponer el dogmatismo disfrazado de buenas costumbres en un ejercicio de hipocresía.

Gustave Flaubert se atreve a meter el bisturí en lo que no es conveniente: en las pasiones, en los ambientes sórdidos, en las duras consecuencias de trasgredir la moralidad vigente y en la simpleza y la maldad de quienes convierten el pecado en delito. En este ambiente irrespirable publicó “Madame Bovary” y tuvo que pagar un alto precio por ello. Fue denunciado, acosado y juzgado por inmoralidad.

Flaubert, a lo largo de su vida, no hizo otra cosa que escribir y viajar. Escrutaba la realidad y la describía con objetividad. En 1856, publica “Madame Bovary”, la historia de una mujer provinciana víctima de sus sueños románticos, que casada con un hombre mediocre, llega al adulterio. La mezquindad y la estupidez pequeño-burguesa confunden, una vez más, la causa con el mensajero y Flaubert sufre una campaña de descredito y un acoso que pasa por su procesamiento para que sirva de escarmiento a otros. Los supuestos moralistas se ceban en él. De ahí su conocida expresión “Madame Bovary, soy yo”.

La historia que narra la novela está basada en hechos reales. Flaubert recrea un asunto del que la prensa se hizo eco, que no es otro, que el adulterio de Delphine Couturier, cuyas ensoñaciones y visión alienada de la realidad la llevan primero a las transgresiones a la moral vigente y más tarde al suicidio. Todo ello en un ambiente lleno de chismorreos y tedio. Finalmente Flaubert fue absuelto pero, el mal, ya estaba hecho y, los franceses  de provincias, tomaron buena nota del precio que había que pagar por salirse del cauce establecido.

Baudelaire también fue enviado al banquillo de los acusados, al juzgarse peligroso para la moral el ataque a dogmas religiosos contenidos en el poemario “Las flores del mal”

Es  uno de los más lúcidos e inspirados poetas europeos. Se le considera el máximo exponente del simbolismo e incluso el creador que sienta las bases de la poesía moderna.

¿Por qué Baudelaire resultaba sospechoso a los bien pensantes? En primer lugar por su vida bohemia, sus costumbres desordenadas… pero, sobre todo, por su pasado revolucionario. Escribió espléndidos ensayos sobre Delacroix y Manet cuando estos eran denostados por vanguardistas y por seguir derroteros que se apartaban de la pintura realista.

Sin embargo, sus problemas se incrementaron con la publicación, en 1857, de “Las flores del mal”.  Los periódicos más conservadores lo acusaban de propalar monstruosidades y de ofensas a la moral pública y a las buenas costumbres.

Tuvo menos suerte que Flaubert y, también, menos apoyos y fue condenado a una fuerte sanción económica.

El control de la policía, el ejército y la iglesia pretendía ser total y totalizador. Podemos hablar de lo que Karl Marx en el “18 Brumario” califica como la alianza del sable y el hisopo. He querido hablar de Flaubert y de Baudelaire pero lo podría haber hecho de Víctor Hugo, que fue considerado un proscrito y un indeseable; o de Tocqueville que llegó a ser detenido. También fueron acosados y perseguidos los hermanos Goncourt o Eugène Sue que recibieron las consabidas acusaciones de “corruptores de la verdad y las buenas costumbres” y de ser un peligro por sus incitaciones a las transgresiones más diversas.

Los encargados de velar por la moral pública no soportan que alguien se atreva a hablar de lo que ellos consideran que no debe hablarse. La libertad de expresión ha de pasar por lo que estiman tolerable y asimilable. De ahí, sus hirientes ataques perpetrados contra los  libros que no coincidían con sus “devotos principios”  y eran considerados licenciosos y nocivos para la moral.

La concienzuda mirada de Flaubert es, en cierto modo, la del sociólogo y la del historiador.

Baudelaire tuvo que soportar a su vez  la prohibición de “las flores del mal” que por cierto estuvo vigente, nada menos que hasta 1946, tras la finalización de la II Guerra Civil Europea o Guerra Mundial.

El autor de la frase “hay que ser sublime sin interrupción” y traductor de Edgar Allan Poe fue estigmatizado por atentar contra la moral religiosa, insultar a la figura de San Pedro, tomar partido por Caín o incluir en su poemario las conocidas letanías de Satán.

Nuestra incursión, a vista de pájaro, toca a su fin. He querido compartir una honda preocupación. Cuando las libertades están amenazadas y en retroceso, cuando no hay ciudadanos exigentes, dispuestos a garantizar los principios democráticos y a denunciar su conculcación, cuando la posverdad y los hechos alternativos recuerdan insistentemente distopías, utopías negativas como las de Orwell o Huxley… si no sabemos reaccionar con presteza, podemos estar a las puertas de un periodo oscuro e inhumano.

Los voceros de turno nos meten en el cuerpo el miedo a los bárbaros… ¿Y si los barbaros fuesen ellos?

Antonio Chazarra

Profesor de Historia de la Filosofía

 

 

Todo Abel tiene su Caín

Cristina Arco

Cristina Jarque

Al revisar los textos freudianos nos encontramos con diversos desarrollos en torno a la violencia familiar que contrastan con los desarrollos lacanianos que evocan un más allá que subyace siempre en todo caso de violencia. En este artículo intentaré demostrar las relaciones que existen entre la teoría freudiana, la teoría lacaniana y la violencia. La violencia que abordaré en esta escritura es la que se gesta al interior de la familia. Con el propósito de citar ciertos ejemplos que puedan dar cuenta de mis reflexiones, comentaré una viñeta clínica y citaré una película española titulada Te doy mis ojos. Tanto la viñeta clínica que comentaré en este artículo, como la película, ponen de manifiesto muchos aspectos interesantes sobre este tema: tema complejo, tema complicado, tema tabú porque de eso no se habla, porque los trapos sucios se lavan en casa, porque avergüenza, porque culpabiliza, porque atemoriza… Porque hablar de violencia, es ya de por sí, violento.

En el diccionario de la Real Academia Española, la violencia se define como: Uso de la fuerza para conseguir un fin, especialmente para dominar a alguien o imponer algo.

Hoy en día, cuando hablamos de violencia decimos que se trata de un concepto complejo, puesto que no todo el mundo se posiciona igual frente a este concepto, es decir, que depende en muchas ocasiones de lo que llamamos las apreciaciones subjetivas. No obstante, aunque existan estas apreciaciones subjetivas que pueden ocasionar confusiones o incoherencias a la hora de precisar si un acto puede ser calificado o no, de violento, lo que sí voy a puntuar es que existen diferentes tipos de violencia como la violencia física, la sexual, la económica, la patrimonial, la psíquica y que estos actos de violencia pueden tener lugar en diferentes lugares como por ejemplo: en la escuela, en el trabajo, en las instituciones y también en la familia.

Mi propósito en este texto es demostrar la violencia que daña la dignidad y la integridad psíquica del sujeto, lo que deseo es que podamos ver a través de mi escritura, las heridas emocionales que tienden a propagarse a través de los llamados lazos familiares. Para ello, nos centraremos en escuchar a la violencia misma desde los sujetos concernidos (escucha que se realiza en el único dispositivo donde puede ser posible darle voz: en el dispositivo de la clínica psicoanalítica) para que a través de sus historias podamos dar cuenta de la teoría. Es decir, que mi propuesta y mi apuesta en esta escritura es demostrar la teoría a través de la clínica. En otras palabras: que en lugar de ir de la teoría a la clínica, propongo ir de la clínica a la teoría: que sea la voz de los analizantes quienes den veracidad a los conceptos teóricos.

Empiezo mi relato clínico con un analizante a quien llamaré Marcelo. La historia de Marcelo girará en torno a su hermana mayor (a quien llamaré Soco). En las primeras sesiones Marcelo me dice la frase Todo Abel tiene su Caín. El recorrido analítico de este sujeto va a estar sostenido en esta primera frase que nos va a permitir desarrollar el acto violento que da origen a su sufrimiento. Las asociaciones que hace el analizante durante su análisis van girando en torno a la historia del relato bíblico donde Caín, preso de celos, mata a su hermano Abel de una puñalada. Marcelo tiene pesadillas con estas imágenes, pesadillas que lo persiguen todas las noches como sombras obscuras que no lo dejan pegar ojo. Alguien viene a apuñalarlo, alguien quiere matarlo, alguien desea su muerte. A ratos se vuelve francamente paranoico y me dice que incluso hay momentos en los que tiene que mirar atrás para cerciorarse de que nadie lo sigue. En su imaginario viene alguien a por él, siempre provisto de un cuchillo, trae en la espalda la maldición de creer que hay un Caín que desea matarlo.

Marcelo nos dice que él es el hijo preferido, no sólo de la madre, sino también del padre. Soco la hermana queda de lado, parece que por ser mujer (nadie quiere a una hija mujer dice Marcelo, son muy liantas). En el recorrido analítico el analizante podrá descubrir que ha habido una huella importante en su psique alrededor de la hermana Soco. Hay amor pero también hay odio. La relación entre hermanos es muy tirante desde el inicio, marcada principalmente por los celos de Soco hacia su hermano. Estos celos son tan intensos que llegan a tomar dimensiones verdaderamente destructivas y desastrosas. Los hermanos se confrontan constantemente, se insultan y recurren al sarcasmo, la burla y la humillación partiendo básicamente de las ventajas y las desventajas que cada uno percibe en relación a su género.

Tanto para Marcelo como para Soco, comienza lo que podemos llamar una guerra de género, o en otras palabras lo que ahora se conoce como la violencia de género. No obstante, esta violencia se da de los dos lados porque no va únicamente de lo masculino a lo femenino, sino que la crueldad de Soco está presente constantemente y en este caso en concreto, podemos decir que es ella, la hermana, la que tiene los arrebatos más crueles hacia el hermano. Lo interesante de este caso en particular es el destino amoroso de Marcelo pues lo que trae a análisis a este sujeto son las relaciones amorosas (sumamente tormentosas) que establece con las mujeres. A lo largo de las sesiones Marcelo puede ir haciendo la conexión entre la hermana y las mujeres que él elige para relacionarse en el amor. Queda claro que el patrón escogido es la hermana Soco: Mujeres que entran en una dinámica de competencia con él donde parece primar el quién gana entre el hombre y la mujer. Todas las novias de Marcelo tienden a humillarlo, insultarlo, provocarlo, torturarlo… Poco a poco él va dándose cuenta de que estas mujeres son consideradas unos trastos en el núcleo de sus familias: son hijas problemas, hijas de las que los padres se quejan amargamente, es decir, en una palabra: Soco.

Cuando Marcelo comprende la necesidad que tiene de hacerse amar por su hermana algo empieza a cambiar en él pero el bucle pulsional de la violencia vivida lo mete nuevamente en el mismo camino. El mira las cosas, se da cuenta, pero no logra cambiar de elección de objeto de amor. La pregunta que él tiene es sencilla: ¿Puedo llegar a amar a una mujer que no me torture?.

La pregunta de Marcelo es muy importante porque es la clave para poder reflexionar en torno a lo que un psicoanálisis puede lograr y puede ofrecer a un sujeto. Cabe preguntarse junto con el analizante si es posible un cambio de posición en el amor, un cambio de elección de objeto de amor. ¿Es esto posible? ¿Acaso puede cambiar un sujeto que está inmerso en transmisiones inconscientes donde la violencia y la tortura se confunden con el amor? Es una apuesta. La apuesta que la clínica psicoanalítica nos muestra y nos demuestra en el caso por caso. Pero no es algo que se pueda aprender, no es algo que tenga que ver con una enseñanza en la conducta o la actitud del sujeto. Por ello el psicoanálisis no es una práctica de la conducta, sino una práctica dirigida al campo inconsciente, es decir, eso que precisamente no se gobierna a partir de la enseñanza conductual.

La enseñanza de la película Te doy mis ojos aclara muy bien este punto. ¿Cómo ver la violencia familiar? Hay quienes lo ven como una enfermedad que habría que extirpar. En la película que cito, el maltratador intenta curarse de esta enfermedad yendo a una terapia de grupo por métodos conductistas. Esto no funciona porque lo que se intenta es que el paciente cambie de conducta sin interrogar las causas. El psicoanálisis apunta precisamente a las causas. Lo importante es saber qué es lo que produce la violencia, de este modo, la violencia toma lugar de síntoma y no de enfermedad. Los protagonistas en esta película son Antonio y Pilar. Antonio es un hombre preso de una ira incontrolable. La ira lo habita y lo domina hasta el punto de obnubilar su entendimiento. En la terapia grupal el psicólogo trata de explicarle cómo debe controlar la ira. Le hace escribir un diario y le dice que cuando sienta la ira debe liberar su pensamiento y decirse a sí mismo la frase tiempo fuera para evitar golpear a su esposa Pilar. Estos consejos del psicólogo no ayudan a Antonio porque en realidad lo que se juega en la historia de él, es una huella psíquica que podemos articular con la frase que él mismo enuncia en una de las escenas. La frase es: “soy un gilipollas, soy un fracasado”. La escena clave (para reflexionar sobre las causas de la ira de este hombre) es cuando vienen en el coche después de haber ido a visitar al hermano de Antonio. Mientras conduce, Antonio empieza a recordar lo que pasó en la casa del hermano y de pronto golpea el volante del coche, grita enfurecido porque el hermano se ha burlado de él. Notamos la rivalidad que existe entre estos dos hermanos porque a uno le va mejor que al otro. Esa realidad pone a Antonio fuera de sí. Lo que desencadena la ira es la burla del hermano cuando dice “si, claro, Toñito el arquitecto con sus grandes ideas”. Esta frase trae mucha carga pues Antonio no ha estudiado, tiene un trabajo mediocre, gana poco dinero.

Estando en la casa del hermano, la esposa de éste, dice que desea construir una planta más en su casa para poder ver las vistas pero se queja de que llevaría mucho tiempo y sería muy caro. Entonces Antonio quiere sentirse útil, quiere ganarse el respeto de la cuñada y del hermano y comenta que quizá para que no gasten tanto dinero ni tiempo en otra planta podrían construir una torre. Apenas termina la frase, el hermano empieza a burlarse de él y le suelta esas palabras: “si, claro, Toñito el arquitecto con sus grandes ideas”. Cuando Antonio repite estas palabras en el coche voltea a ver a su mujer, ella está en silencio con una cara llena de miedo y entonces él revienta y le pregunta: “¿Qué piensa Pilar? ¿Qué estás pensando?”. Como Pilar no responde, él se descontrola, para el coche, se abalanza sobre ella como un energúmeno ante la cara horrorizada tanto de Pilar como del hijo que está en la parte trasera del coche). Al ver la cara de miedo de su esposa y de su hijo, Antonio sale del coche y comienza a patear los faros del automóvil hasta hacerlos pedazos.

La ira surge, fuerte, intensa, sin control. Pero ¿qué la ha causado? La causa es la burla del hermano que apunta a la herida más sensible de Antonio: el sentir que es un fracasado. Este sentimiento de ser un fracasado va a perseguirlo constantemente haciendo que sienta unos celos terribles cuando Pilar enuncia su deseo de trabajar, su deseo de tener algo para ella fuera de él. Las historias de violencia familiar son complicadas porque tienden a colocar etiquetas: por un lado está la víctima, en este caso Pilar, y por el otro está el verdugo, en este caso Antonio. Pero la clínica psicoanalítica nos demuestra que las cosas no son tan simples. Pilar tiene un sitio en esta relación de dos. Hay escenas donde vemos claramente el enganche tanto amoroso como sexual de la chica por Antonio. La hermana de Pilar, Ana, tiene también su sitio porque aún cuando trata de ayudar a la hermana, no hay manera. Mientras la hermana esté enganchada a este amor tormentoso, no hay manera. Es Pilar y sólo Pilar quien tiene que lograr salir de este enganche. La escena del cementerio nos ayuda a encontrar la repetición familiar: están las tres mujeres (la madre y las dos hijas) en el cementerio llevando flores al padre y la madre comenta cuánto ha amado a su marido. Entonces Pilar explota recordándole toda la violencia que esa madre aguantó. La madre dice que aguantó por ellas pero Pilar no lo acepta. Le dice a la madre que no es así, que no aguantó por sus hijas sino por ella misma. Que es lo que ella (la madre) quería. Ante esta respuesta la madre dice: “es lo mejor que yo supe hacer, espero que tú sepas hacerlo mejor que yo”. Todo indica que esta frase de la madre es lo que permite que Pilar vea de manera más profunda la repetición en la que está cayendo.

En el malestar de la cultura Freud se pregunta sobre la violencia y señala:

“… el ser humano no es un ser manso, amable, a lo sumo capaz de defenderse si lo atacan, sino que es lícito atribuir a su dotación pulsional una buena cuota de agresividad. En consecuencia, el prójimo no es solamente un posible auxiliar y objeto sexual sino una tentación para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infligirle dolores, martirizarlo y asesinarlo” .

Cuando Lacan teoriza sobre la violencia lo hace evocando siempre ese más allá que apunta al enigma de lo femenino, enigma que convierte lo femenino en algo insoportable, de allí el surgimiento de la agresividad que se convierte en una violencia por el temor hacia lo desconocido.

Para concluir diré que hace poco en España escuchamos la terrible noticia de que una mujer maltratada por su marido había conseguido por fin la orden de alejamiento. Meses después al marido le diagnosticaron cáncer y la mujer decidió libremente ir a cuidarlo y el marido la degolló. Este tipo de noticias son las que nos confirman lo dicho en este artículo: que en los casos de violencia amorosa, los dos sujetos están enganchados y para poder salir de ese bucle pulsional destructivo es necesario que los sujetos descubran las causas por las que están en esa relación. El psicoanálisis logra echar luz a esas causas tal y como lo puede corroborar Marcelo, quien con el tiempo logró desengancharse y encontrar la manera de construir su deseo en torno a un objeto de amor diferente a Socorro.

 Por Cristina Jarque, Psicoanalista y Directora de la Asociación Psicoanalítica Lapsus de Toledo

 

 

MONOLOGOS EN FEMENINO

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En la foto las Directoras de Lapsus de Toledo, Lola Burgos y Cristina Jarque, “custodiadas” por el Presidente y el Vicepresidente de Arco, José Antonio García Regueiro y Alfonso Gómez Prieto (de izquierda a derecha).

 

Queridos amigos de Arco Europeo Progresista,

El pasado sábado, 24 de Septiembre, asistimos a un encuentro con el grupo de nuestras entrañables amigas de Lapsus de Toledo, colectivo psicoanalítico de indudable valía, en el que pudimos disfrutar de escuchar unos monólogos en femenino llenos de sentimiento, escenificados con rigor y con palabras que nos emocionaron. Felicidades a cada una de las participantes por un trabajo de tanta calidad y donde se pudo notar la huella del psicoanálisis como forma de pensamiento. Este proyecto, único, esta basado en la creación y dirección del mismo por una colega, amiga y psicoanalista de prestigio internacional que es Cristina Jarque, la fundadora y presidenta de la Asociación Lapsus de Toledo, y con el apoyo incondicional de la cofundadora Lola Burgos.

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Como se aprecia en la foto, no había un sitio libre (unos 100 asistentes al acto). En la foto de la derecha la Vicepresidenta de Cultura de Arco, Ana Pulido, con el jurista José Antonio García Campo (a la izquierda de la foto) y el periodista Eliseo Sánchez (a la derecha de la foto).

El sábado se consiguió la magia de que todos fuéramos tocados en nuestro inconsciente por una transferencia de trabajo de gran calidad; el lleno de la sala fue absoluto y se dio vida a diversos personajes en femenino, reales y míticos, a los que pusieron palabras y emociones todas las participantes, siendo cada una, en su estilo, un ejemplo de creatividad y profundidad intelectual.

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En la foto, dos de las “actrices” durante su intervención.

Desde la dirección del Arco de Estudios Psicoanalíticos es para mí un orgullo este tipo de eventos, me permite ilusionarme y sentir que el psicoanálisis, a pesar del rechazo que ha sufrido en España, sigue estando vivo en encuentros como el de este sábado.

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Cristina Jarque, impulsora e ideóloga de Feminástica.

En cualquier caso, nada de esto habría sido posible sin la apuesta valiente, de libertad y progresismo del Presidente de Arco Europeo Progresista, José Antonio García Regueiro, que siempre ha tenido la sensibilidad de posibilitar, dentro de Arco Europeo, un espacio de privilegio para el psicoanálisis. Es un orgullo en un país tan atacado por diversas fuerzas retrógradas contar con una persona que, como el presidente de Arco Europeo, mantiene firmes los postulados del librepensamiento.

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En las fotos de la izquierda posan, tras sus brillantes intervenciones, las chicas de Lapsus. En la foto de la derecha el Presidente de Arco con la socióloga Carmen Calvo y, entre los dos, la joven promesa de Arco Marina Gómez.

Espero que sea el inicio de nuevos actos y realizaciones de colectivos hermanos como Arco Europeo y Lapsus de Toledo. Ambos espacios, a los que pertenezco, creo que son un honor para todos los que esperamos que la creatividad como libertad tenga un lugar en nuestra sociedad.

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A la izquierda panorámica de nuestras amigas de Lapsus. A la derecha nuestro Vicepresidente, que nos escribe este emotivo recordatorio, con la Directora del Área Socio Política de Arco, Belén Rico, que también fue una de las participantes.

 

Alfonso Gómez Prieto

Director del Arco de Estudios Psicoanalíticos de AEP

Vicepresidente Institucional de AEP

Escudo AEP con triangulo 2

La bella insatisfecha

charcot

La belle indifférence siempre me sugiere la Belle Epoque. La Belle Epoque es una expresión nacida antes de la Primerra Guerra Mundial para designar el periodo de la historia de Europa comprendido entre las últimas dos décadas del siglo XIX, convencionalmente desde 1871 hasta el estallido de la Primera Guerra Mundial en 1914. Quizá no sea tan casualidad que ahora se cumplan 100 años del final de esa época y nos encontremos abordando el tema de la histeria de nuevo.

La belle indifférence es uno de los fenómenos que, desde el punto de vista de la psicopatología clásica, más claramente muestran la manifestación histérica. Para introducir la histeria desde esta perspectiva, vamos a familiarizarnos con términos como alienación, sugestión, hipnotismo, catarsis, para llegar a la asociación libre de Freud y a la articulación entre la demanda y el deseo en Lacan.

Philippe Pinel (1745-1826), líder del movimiento alienista trazó las lineas fundamentales de la psiquiatría y de la psicopatología de la que somos herederos. Su obra publicada en 1798 con el titulo Nosographie philosophique ou Méthode appliquée à la médecine dedica su segundo volumen a las “neurosis”, entendidadas como “enfermedades de los nervios”. Se detallan cuatro tipo de afecciones; la primera de ellas, “las vesanias”, esta a su vez dividida en cuatro agrupaciones: hipocondría, melancolía, manía e histerismo.

Pinel apuntó determinadas predisposiciones hereditarios y concedió una especial importancia a los acontecimientos exteriores y a las emociones violentas en la génesis de la alienación. Apoyándose en estos fundamentos propuso sustituir el término tradicional de folie (locura) por el de alienation mentale. Este cambio terminológico, la sustitución de fou (loco) por aliene (extranjero), indica con suma precisión la ruptura radical con las visiones pretéritas de la locura: el alienado es un extranjero de si mismo que conserva, no obstante, un núcleo inalienable de humanidad; gracias a ese núcleo de humanidad conservada se podrá establecer con el algún tipo de relación transferencial que permitirá desarrollar el tratamiento “moral” o psíquico, además de conservar también su calidad de ciudadano, importante también en la Francia revolucionaria del momento.

En este siglo  XIX, fuera del terreno de la gran patología mental que terminaría por reunirse bajo la rúbrica “psicosis”, práctica de los psiquiatras y alienistas, el campo de los “nervios” y las neurosis estaba más próximo al quehacer cotidiano de los médicos de familia y de los neurólogos. Los balnearios, las curas de reposo, la electroterapia, los masajes y algunas formas rudimentarias de psicoterapia constituían las propuestas de tratamiento mas socorridas para estas patologías menores o “nerviosas”.

Sin embargo a finales del siglo XIX y merced al trato con sujetos histéricos, se produciría una nueva dimensión de la clínica mental que traería como consecuencia el nacimiento del psicoanálisis. Denostada como pocas otras alteraciones, la histeria incomodaba sobremanera a los médicos, que adoptaban frente a ella una actitud de rechazo, o en el mejor de los casos, de paternalismo. En términos generales, el enfoque de los escasos alienistas que se interesaron por la histeria coincidió en destacar sus rasgos del carácter mas insoportables, esa “mentira patológica” que constituía la esencia de su mal. Pero frente a los alienistas, los neurólogos insistían en que el poder de la sugestión constituía su verdadera esencia.

Así llegamos a Jean-Martin Charcot (1825-1893), que a partir de 1870 emprende una revisión de la histeria estudiándola como si de una enfermedad neurológica se tratara. Después reivindicó hasta entonces el marginal hipnotismo como método diagnostico, incorporándolo a la terapéutica médica de la histeria. Sin embargo, este autor llevó hasta el extremo la asimilación de la hipnosis y la histeria, considerando que el síntoma histérico era el resultado de una autosugestión sobrevenida a consecuencia de un traumatismo.

Las elaboración de Charcot y su escuela fueron rebatidas por el profesor de medicina interna Hippolyte Bernheim (1840-1919). Conocedor profundo del hipnotismo, Bernheim se opuso frontalmente a la asimilación de la histeria a la hipnosis y abogó a favor de que la hipnosis es un efecto de la sugestión, un fenómeno casi universal que no es patrimonio exclusivo de los sujetos histéricos. Seguidor de los principios fisiopatológicos alemanes antes que de los anatomoclínicos parisinos, Bernheim consideró las manifestaciones histéricas como fenómenos emotivos.

A pesar de tantas criticas y rectificaciones, la enseñanza de Charcot habría de convertirse en la referencia de la nueva psicopatología de las neurosis. Y esto fue así por el inusitado talento de dos de los asistentes a sus conferencias y presentaciones de enfermos allá por 1885: Janet y Freud.

Se dice que Pierre Janet (1859-1947) fue el primero que utilizó el término “belle indifférence” para describir una actitud de gran calma observada en algunos casos de histeria que contrastaba con el importante grado de incapacidad que producían los síntomas de la enfermedad. En la actualidad se define como un fenómeno observado en algunos pacientes con trastornos conversión, quienes mostraban una falta inapropiada de preocupación acerca de sus incapacidades.

Pierre Janet escribe en 1888 “El automatismo psicológico” que fue el primero, dentro de la psiquiatría, que se ocupo de manera exclusiva de la psicopatología de la histeria. Freud escribe junto con Breuer en 1893 “Estudios sobre la histeria”, libro eminentemente clínico que nos ilustra diferentes casos de histeria y los métodos terapéuticos utilizados.

En esa época Freud ensayó inicialmente las técnicas terapéuticas al uso (masajes, hidroterapia, electroterapia) para abandonarlas definitivamente en favor de otros procedimientos más activos como la sugestión, la hipnosis y la catarsis, hasta hallar definitivamente el método fructífero de la asociación libre. Método que supuso un giro radical ya que presuponía un saber en el paciente al que podía accederse franqueando el muro del lenguaje.

Lacan descarta la oposición entre lo intelectual y lo afectivo, a la que llama psicológica. Para él la psicología misma es un error de perspectiva sobre el ser humano. Plantea la situación analítica como una relación no dual, introduciendo como tercer elemento lo simbólico. Este planteamiento posiciona al analista, a través de la transferencia, en el lugar de “sujeto supuesto saber”, saber supuesto que en realidad funciona como un lugar de ignorancia docta que abre las vías del saber del propio sujeto para el propio sujeto. Lacan decide plantear las diferencias entre transferencia y sugestión en términos de demandas. La demanda, por una parte, es un pedido para satisfacer una necesidad (más del lado del Yo ) y, por otra parte, se  pide a alguien, es decir, se dirigirse a otro. Este dirigirse a Otro se modula como demanda de amor. Desde este punto de vista, la demanda divide al sujeto, entre un pedido y un deseo (de reconocimiento), es decir, se nos presenta un sujeto sujeto a un deseo sin él saberlo. Al suponer al sujeto ese deseo, el psicoanalista no le encierra en su demanda. De esta manera el psicoanalista no responde a la demanda del sujeto sino que la sostiene en esas dos vertientes. Así Lacan nos muestra la primacia del deseo, y nos enseña que en la histeria el deseo permanece insatisfecho.

La belle indifférence es uno de los prototipos del deseo insatisfecho en la histérica. Nos muestra de forma sorprendente que la histerica no pide tanto lo que realmente expresa, sino otra cosa que tiene que ver mas con el reconocimiento del otro, con que el Otro la reconozca. Solemos decir que el patrón de la histérica tiene que ver con algo parecido a esto: cuando el sujeto histérico quiere algo, se pone en funcionamiento y monta su escena. Cuando empieza a observar que su montaje escénico empieza a decaer, o bien porque el otro no entra en el juego imaginario que ella pretende, o porque se impone la ley que no le gusta acatar, es decir, cuando no hay un otro con un deseo que permita que se cumpla en la histérica eso de  “el deseo (de la histérica) es el deseo del otro”, entonces ella abandona la escena antes de tiempo, para que el otro no pueda “ganarle la mano”. Un ejemplo concreto: en una situación que le interese, pase lo que pase, se diga lo que se diga, el sujeto histerico tiene que decir siempre la ultima palabra.

Pienso que la belle indifférence en la actualidad se manifiesta a través de ese tipo de sujetos femeninos que esta situación la llevan al extremo.  La perseverancia, la insistencia, la firmeza con que pretenden llevar a cabo lo que, en principio quieren, les lleva a obviar todo lo que les rodea, tanto las consecuencias, como los daños colaterales y el sufrimiento que pueden llegar a producir. Sufrimiento producido no solo a los otros sujetos que tienen a su alrededor, sino incluso a ellas mismas, mostrándose incólumes, impertérritas, aparentemente a nivel anímico, aunque luego todo ese goce se manifieste normalmente en forma de somatizaciones, o lo que se llamaba tradicionalmente en síntomas conversivos.

Entran en juego componentes narcisistas y de victimizacion. Narcisismo entendido como que se pone en funcionamiento el Yo que no permite la castración, que no permite que el Yo de la histérica pierda lo que ella pretende conseguir y de la forma en que lo pretende conseguir. Despues, cuando se sale de la escena, como si ella no hubiera hecho nada, como si ella no hubiera provocado la situación o hubiera sido participe, es en ese momento, cuando al no conseguir lo que quiere y haber producido estragos alrededor, que aparece la pregunta por antonomasia de la Belle Indifférence: “¿Yo? yo no he sido”

Para ilustrar ejemplos actuales de la belle indifférence, esta vez escojo personajes de series de ficción porque la ficción también sirve para entender y explicar la realidad.Y escojo personajes de tres series, una emitida en el primer lustro del siglo XXI y otras dos de la actual segunda década. No por casualidad me decanto por series de estos dos periodos, una antes de la Gran Recesión del 2008 y las otras posteriores, la primera con una aproximacion más desenfadada y las otras con menos concesiones idealistas.

 Sexo en Nueva York, como primer referente de mujeres liberadas sexualmente y no juzgadas por ello, rompe con el estereotipo de la rivalidad femenina con una amistad entre ellas que es lo más valioso incluso que la relación con el otro sexo. Fue un planteamiento muy importante porque aún la transmisión cultural educa en la idea de que una mujer que expresa sus deseos de forma libre, que es promiscua, va a ser juzgada como puta y descartada como pareja. Fue una corriente de aire fresco ver a mujeres que disfrutaban con su cuerpo y se acostaban con quien les apetecía.

Las primeras que sirven de ejemplo son los cuatro personajes de esta serie televisiva. A estas podemos dividirlas a la vez en dos grupos, más del lado de la bella indiferente a Samantha y a Charlotte, y más del lado de la bella insatisfecha a Miranda y a Carrie.

Samantha y Charlotte, aunque a primera vista puede parecer que ambas están en las antípodas en su relación con el sexo, realmente ambas muestran su deseo de una manera mas clara y nítida. Samantha muestra unas maneras más masculinizadas, donde la forma de relacionarse con el otro sexo es follando y no tanto a través de la ternura y de un compromiso duradero. Charlotte se acerca más al clasico tipo romántico, donde lo que busca es un matrimonio tradicional. En ambas esa claridad en cuanto a su deseo las hace más indiferentes en el sentido de que cualquier contratiempo, cualquier cosa que les saque de su planteamiento, lo obvian, lo adaptan o lo fuerzan a su medida. En el caso de Samantha, cuando entabla una relacion más estable el magnate hotelero Richard o con el joven camarero Smith Jerrod, y no consiente en reconocer que se enamora de ellos, y hace toda una serie de pantomimas para no mostrarlo. Y en el caso de  Charlotte, haciendo como que cumple con el estereotipo de llegar virgen la matrimonio, no mantiene relaciones sexuales antes de casarse con Trey, su primer marido.

Miranda y Carrie están entre esos dos extremos de la bella indiferente que representan los otros dos personajes. Ellas se posicionan en puntos más intermedios, más en el tipo de “la bella insatisfecha”. Miranda, con un caracter muy caústico, tan sarcástica y cínica, con un punto de amargura , muestra bastante rigidez  y frialdad. Carrie, aparentemente más alegre y optimista, ingeniosa y divertida, destila altas dosis de ironía. Pero ambas se manifiestan más insatisfechas en las relaciones que mantienen, ya que dan muchos rodeos hasta que claramente ponen la carne en el asador y están dispuestas a perder y a aceptar que no existe la relación perfecta. Miranda reconoce su amor por Steve, el padre de su hijo, pero Carrie mantiene su posicion de insatisfaccion hasta el final con su ambivalencia en sus dos relaciones principales: entre Mr.Big y Aidan.

Las otras dos personajes femeninas corresponde a Betty Draper de Mad Men y a Birgitte Nyborg de Borgen. Borgen es una serie de television danesa que narra las interioridades de la politica danesa a traves de Birgitte Nyborg, quien se convierte en la primera mujer en llegar al cargo de Primer Ministro en Dinamarca. Borgen es el termino coloquial con el que se conoce a la sede de los tres poderes del estado y oficina del Primer Ministro.

Ambos personajes están más colocados en el semblante de la bella indiferente, sobre todo Betty Draper,  y ambas, como series realizadas durante la crisis, muestran de forma mas descarnada, la insatisfacción radical de la histeria, que es a la postre la insatisfacion radical del ser humano. También representan dos extremos, la perfecta ama de casa y la primera ministra que llega a la cota más alta de poder social.

Betty Draper es la primera esposa de Don Draper, protagonista de la serie Mad Men, serie situada en los años 60, que retrata las peripecias de unos publicistas en la epoca dorada de las agencias de publicidad en Estados Unidos.  Betty emerge en un inicio como el elemento decorativo perfecto en la vida de Don, esposa y madre sin derecho a queja, De hecho, sin derecho a palabra alguna. Cuando Betty insiste en la necesidad de una terapia psicoanalitica, Don accede, con una doblez infame: el analista le filtra la terapia entera al marido, convirtiendo a Betty en un cuerpo cercado y controlado a disposición del marido. Durante toda la serie, incluso hasta el final, Betty Draper representa el modelo perfecto de la bella indiferente. Sirva de botón de muestra lo siguiente: en su testamento deja anotado hasta el último detalle de cómo ha de ser su entierro, indicado cómo quiere ir vestida en su propio atadud.

Birgitte Nyborg rompe con el tópico de mujer poderosa masculinizada y aborda cuestiones que la vieja politica deja de lado: la familia, la conciliación, los cuidados. Parece que si uno se dedica a la vida pública tiene que renunciar a todo lo demás y viceversa.

Hay un capitulo de Borgen que muestra a las claras este llevar al extremo el querer que se ajuste a la medida del propio mundo, la realidad que rodea a las protagonistas. Tanto es así que llegan hasta el límite, y no ceden hasta que pagan un precio muy alto, pero hasta ese momento no lo ven o no lo quieren ver y muestran esa incongruencia entre la realidad y los afectos en la bella indiferente.

Es el capítulo penúltimo de la primera temporada, titulado “Divide y vencerás”, cosa que Birgitte no hace: no quiere dejar a sus ministros que se dediquen a sus funciones y ella se inmiscuye en sus tareas, porque asi cree que puede controlar una crisis de gobierno. Y a corto plazo es así en el aspecto profesional, pero el precio que ella paga en lo personal es altísimo. Así lo señala la periodista Katrin, otro personaje de la serie paralelo al de Brigitte, que en este caso ambos aspectos, lo personal y lo profesional no se pueden separar. Por no mostrar la corrupción de un ministro, Brigitte ordena una transparencia total en las agendas ministeriales. Es decir, para esconder hay que ser transparentes…Birgitte quiere quedar impoluta, al principio de su mandato dice que “es posible seguir siendo quienes somos y eso no impide ser buenos políticos”… Al final Birgitte pierde a su marido y Katrin, la periodista, tambien traspasa los límites y pierde el trabajo.

Pero a pesar de todo ambas siguen adelante y las bellas insatisfechas no permiten acallar a las bellas indiferentes.

Lola Burgos, Codirectora de Lapsus de Toledo. Pisicóloga y Psicoanalista.

La bestia insatisfecha

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“Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.”

Nicolás Maquiavelo

 ¿Cómo podemos pensar la histeria masculina? ¿Qué similitudes y qué diferencias existen entre un hombre histérico y una mujer histérica? Uno de los primeros libros que cayó en mis manos con artículos sobre histeria masculina fue una recopilación de textos que se llevaron a cabo en el Cuarto Encuentro Internacional (de lo que en aquel entonces se llamaba el Campo Freudiano) y que tuvo lugar en París en el mes de febrero de 1986. Este libro que fue publicado por Manantial consta de varios artículos que hablan sobre la histeria. Mi interés en aquel tiempo estaba centrado en lo que para mí en ese entonces era la histeria típica, es decir: la histeria femenina.

Recuerdo que en aquella época me introduje en el estudio de Dora, paradigma de la histeria, lectura básica para introducirnos en la investigación del descubrimiento del inconsciente realizado por nuestro querido Freud y, que llevó a cabo precisamente a través de la escucha de estas mujeres llamadas histéricas. Comprendí que cuando uno se adentra en el estudio de la histeria parece muy fácil poder hacerlo desde esa perspectiva precisamente: la femenina. Incluso porque la misma palabra nos habla de algo femenino de entrada pues todos sabemos que la palabra histeria  nos remite al útero. Muchos médicos e investigadores (Charcot entre ellos) pensaban que este padecimiento tenía como etiología el útero femenino y por ello durante muchos años se pensó que era algo exclusivo de las mujeres. La medicina lo achacaba a cuestiones genitales, sexuales, orgánicas y hormonales propias de las mujeres.

Pero después, poco a poco y con el descubrimiento de la realidad psíquica empezaron a surgir cambios en estas ideas. Llegó el momento en el que se logró pensar la sexualidad desde un punto de vista psíquico y no orgánico hasta el punto de darnos cuenta que la anatomía corporal no era necesariamente lo que posicionaba a los sujetos a nivel psíquico como masculinos o femeninos. Todas estas observaciones se han ido dando de manera paulatina pero es verdad que aún hoy en día existen muchas personas que son reacias a aceptar que se puede tener cuerpo de hombre y estar posicionado en sitio femenino (y viceversa). Solamente la clínica psicoanalítica logra demostrar en la práctica que, efectivamente, la teoría cobra sentido.  En relación a la histeria, la clínica nos demuestra que podemos tener la certeza de que hay casos de histeria masculina y este texto tiene el propósito de presentar uno.

Antes de introducir a los lectores en el caso clínico que deseo compartir me parece necesario comentar algunas palabras a modo de recordatorio y sobre todo para empaparnos un poco más en el tema de la histeria. Después de leer el caso Dora en Freud y estudiar las lecturas que Lacan pone a nuestro alcance en el Seminario 3 (el de Las Psicosis) podemos decir, que casi todos los psicoanalistas coincidimos en el hecho de que para que un sujeto haga una demanda de análisis (sin importar su estructura) se hace necesario que se histerice su discurso. ¿Qué quiere decir esto? Básicamente lo que quiere decir es que el sujeto tiene que sentir que algo no marcha, que algo se ha descolocado, que algo ha salido de su control. En ese momento, cuando ese algo cojea es cuando el sujeto va a sentir la necesidad de consultar con un analista. A eso le llamamos la histerización del discurso.

A mi parecer, decir que hay una histeria en el discurso es de alguna manera colocar ese discurso en el sitio de una queja porque ¿quién mejor que la histérica para ser el modelo de un sujeto que vive en la queja? Si algo se nota en los sujetos histéricos es precisamente la queja que traen y vuelven a traer como si no hubiera otra manera de relacionarse con el mundo que a través de esa queja que agota, realmente agota. No obstante, tiene su función. ¿Por qué tanto quejarse? ¿De qué se queja tanto? Si avanzamos en la idea de que el deseo de la histérica se sostiene en la insatisfacción (idea que logramos extraer precisamente de la experiencia que nos da la clínica) la queja parece ser precisamente el paradigma de esta insatisfacción.

Decimos que cuando el sujeto histérico siente un deseo (deseo que se forma precisamente porque no lo tiene) es decir, deseo que se forma a partir de la falta, cuando el sujeto lo llega a obtener, vemos que de alguna manera se las apaña para dejarlo caer. En otras palabras, para decirse a sí mismo: … no era eso. En la literatura psicoanalítica contamos con muchos casos de histeria femenina por ello cuando queremos adentrarnos en la histeria masculina encontramos menos material. Muchos colegas piensan que aún cuando pensemos la histeria masculina de alguna manera la histeria siempre será femenina y llaman a estos hombres así: los hombres histéricas. Dando a entender que aunque hablemos de hombres si estamos hablando de histeria es en femenino. Porque ¿quiénes son los sujetos histéricos sino mujeres?

La histeria está entonces siempre de lado femenino. Coincido con esta idea: creo que efectivamente la histeria es una cuestión femenina y aunque un sujeto tenga anatomía masculina, si su sufrimiento está del lado de la histeria hay una feminización tanto de su discurso como de la posición que ocupa en las fórmulas de la sexuación a nivel psíquico. No obstante, también podemos decir que lo que la clínica nos muestra es que no se vive igual la histeria teniendo cuerpo de hombre que teniendo cuerpo de mujer. En ese sentido la anatomía corporal es definitivamente un destino para el sujeto. Eso es lo que (desde mi experiencia clínica) he podido observar en este joven hombre al que llamaré Gabriel y que me ayudará a hilar ciertos conceptos teóricos de la histeria masculina. La primera pregunta que me hice cuando Gabriel llegó a mi consulta y me dí cuenta de que estaba frente a un caso de histeria masculina fue la siguiente: ¿Cómo empezó Freud sus indagaciones con hombres histéricos?

En la obra de Freud hay referencias de histeria masculina en relación al escritor Dostoievsky de quien saca a relucir sus ataques pseudo epilépticos (circunstancia similar a la de mi analizante que presenta también ataques epilépticos). Freud también habla de manifestaciones de histeria cuando se refiere a la vestimenta demonológica del pintor Haizmann. Sabemos que cuando un sujeto pide tratamiento psicoanalítico lo que trae en su discurso tiene lugar de síntoma. Ese síntoma es precisamente lo que va a hablar en él y por él. Aún cuando el sujeto no se percate de lo que dice, si el analista en su función de analista logra abrir la escucha al síntoma podrá abrir una posibilidad para que el sujeto pueda introducirse (él mismo) en la escucha del campo inconsciente. De esa manera el síntoma es la clave para permitir que el sujeto dilucide la responsabilidad que él mismo tiene en su propio sufrimiento, o por decirlo de otra manera: las razones que el sujeto histérico tiene para mantenerse en la queja y en la insatisfacción.

Esto me parece personalmente muy interesante porque aún cuando el sujeto se queja de su propia queja, vemos que no hace mucho (al menos de manera consciente) por salir de esa queja. Especialmente en la histeria (desde mi opinión) observamos una terquedad como una especie de empecinamiento a seguir sufriendo, algo así como si el lema del sujeto fuera vivir sufriendo y sufrir viviendo a sabiendas de que hay algo que se puede hacer para salir de ese bucle de sufrimiento pero parece que el sujeto no quisiera hacerlo. La pregunta que me surge es: ¿No quiere o es realmente incapaz? Es una pregunta que toca precisamente al deseo. Si el sujeto quiere cambiar esta queja es posible que pueda hacerlo. Pero ¿es así de sencillo? Lo que yo observo en la clínica es un más allá del deseo de bienestar.

Ese más allá del principio del placer que Freud observó. Digamos que el sujeto tiene claro que quiere dejar de sufrir, por lo tanto dejar de quejarse de la misma cantaleta… Pero al mismo tiempo hay algo que lo atrae, como si tirara de él para no dejarlo salir de esa queja o de ese bucle. En ese punto quiero centrarme. De alguna manera eso es lo que Lacan ha llamado el goce, ese goce que siempre surge en nuestra clínica psicoanalítica y que es tan particular a cada sujeto. Ese goce que es el responsable de que el sujeto no logre salir del círculo vicioso de la queja y el sufrimiento aunque diga que tiene el deseo de modificarlo o cambiarlo. En Gabriel está muy claro ese momento de su análisis donde él puede construir la queja que lo habita en torno a la problemática para salir de esa queja. Surge en el momento en que me está hablando de la primera vez que le vino un ataque epiléptico. El ataque epiléptico de Gabriel fue consecutivo a la muerte de su padre.

Llegar a este momento fue básico en este tratamiento porque permitió que el analizante pudiera cuestionarse por primera vez un hecho muy importante: que los ataques epilépticos podían quizá producirse por una cuestión psíquica y no eran necesariamente el resultado de algo fisiológico. Considero vital y trascendental este momento porque Gabriel viene de familia de médicos y él mismo es médico. Su profesión ha sido más obstáculo que ayuda en su recorrido porque es un sujeto muy escéptico a creer en aquello que no puede comprobarse según sus propias palabras de manera certera y científica. No obstante su escepticismo algunos efectos terapéuticos conseguidos en el tratamiento (entre ellos el alivio de problemas de eyaculación precoz que estaban minando su relación amorosa) permitieron que el analizante siguiera viniendo aunque he de decir que a veces me daba la impresión que regresaba solamente para encontrar mi propia falla (en mi función de analista) o la falla misma del psicoanálisis según su propia interpretación. Mi pregunta personal en relación a sus ataques epilépticos era la siguiente: ¿Eran ataques producidos por un problema neurológico o eran ataques histéricos? Pensaba también que no necesariamente tenían que ser excluyentes. Gabriel había traído consigo los estudios neurológicos que demostraban que, efectivamente tenía un foco epiléptico visible en el electroencefalograma y en la resonancia magnética. No obstante, los ataques eran muy puntuales. A la fecha había tenido sólo 8 ataques en total, siendo un hombre de 40 años podemos decir que no eran muy frecuentes. Por ello decidí concentrar mi escucha en el desarrollo que Gabriel me hacía de las circunstancias en las que se habían presentado esos 8 ataques.

El primero (como ya dijimos) fue consecutivo a la muerte de su padre. ¿Fue acaso un autocastigo por el deseo de muerte del padre odiado? ¿Qué es lo que se juega en los síntomas histéricos? Hay algo que entra en una lógica que se escapa a la comprensión pero que al mismo tiempo por retorcida que parezca logramos a veces esbozar un rayo de luz en esa lógica que llamamos del inconsciente.

Mientras el analizante me habla de todo el gran amor que siente por el padre, todo lo que lo echa de menos, todo lo que aprendió de él y lo maravilloso que fue como padre, de pronto surge un lapsus.

Su muerte fue adecuada dice Gabriel en lugar de decir inesperada.

El significante adecuada dio paso a la posibilidad de hablar de un sentimiento que Gabriel escondía como su mayor tesoro: el deseo de muerte contra el padre odiado.

Mientras Gabriel logra hablar del odio al padre, va pudiendo también hablar de las circunstancias que rodean cada ataque epiléptico que ha tenido lugar. Observamos que son momentos puntuales: a veces son momentos en los cuales el sujeto desea conseguir algo que parece inalcanzable, entonces surge el ataque epiléptico, otras veces es cuando se siente culpable por algo y en otras ocasiones se presenta cuando quiere realizar algo pero no lo dejan.

Mencionaré un ejemplo que logró esclarecerse muy bien en el transcurso del análisis: Gabriel quería cambiar de turno en el hospital donde trabaja pero sus compañeros no estaban por la labor. Esa noche en su horario de guardia se presentó el ataque epiléptico. En la sesión me dijo:

 He llegado a pensar que es una manipulación de mi parte. ¿Seré inconscientemente tan maquiavélico?

Hay otro momento del análisis donde se abre una luz que nos permite ver la complicada relación del sujeto con el deseo. Gabriel tiene una relación muy contradictoria con su propio deseo: a veces lo puede articular sin problemas pero otras veces le resulta extremadamente fatigante y no se aclara. Muchas veces me pregunta si ese deseo es suyo o es de otra persona de su historia. Muchas otras veces tiene picos en su deseo, es decir: Que a ratos hay euforia por hacer cosas y otras veces trae el deseo caído como él mismo dice y no tiene ganas de nada. Sabemos que la dirección de la cura se encamina a lograr que el sujeto histérico salga de sus deberes, de sus sufrimientos, de sus quejas… en una palabra que salga de ese particular goce que tiene y vuelva a ponerse en el camino que lo constituye como sujeto deseante. El problema de Gabriel es que a veces él mismo no se aclara y no sabe cuál de todos es su propio deseo. La problemática es fuerte porque cuando él realiza el deseo que ha estado anhelando, en ese mismo instante me dice: no era eso… he perdido el interés.

¿Cómo se puede lograr que un sujeto que sostiene su deseo en la insatisfacción pueda sentirse satisfecho cuando ese deseo se realiza? La respuesta a esta pregunta puede estar precisamente en eso que llamamos el final de un análisis. Porque si un sujeto ha hecho un recorrido y ha podido construir la manera en la que está estructurado su deseo es muy posible que encuentre las causas por las cuales necesita sostenerlo, por ejemplo, en este caso: la insatisfacción.

Gabriel logra atisbar algo de esto cuando después de andar detrás de una mujer por tres años consecutivos, deseándola fervientemente y amándola secretamente con gran devoción, cuando se dio el momento en el que esa mujer accedió a la demanda de amor de Gabriel… él volvió a tener el síntoma que había superado en el inicio del tratamiento: la eyaculación precoz.

Este caso abre nuevas observaciones ante nuestros ojos: la posibilidad por ejemplo de plantearse que la eyaculación precoz (en algunos hombres) al igual que la frigidez (en algunas mujeres) además de ser síntomas que sostienen el deseo insatisfecho (como hemos podido corroborar en este caso) pueden ser también síntomas que anudan cierta misoginia. Un odio hacia lo femenino (por ser enigmático y desconocido). Pues la eyaculación precoz y/o la frigidez crean siempre insatisfacción en la pareja de amor (no solamente en el sujeto que lo experimenta) por ello en algunos casos cabe la posibilidad de que vaya dedicado.

Lo que es cierto, es que ese día, mientras Gabriel me comentaba los acontecimientos sobre la eyaculación precoz observé una contradicción: lo que el sujeto me narraba no era chistoso, era más bien triste y penoso, tenía incluso lugar de fracaso y por qué no decirlo: de gran insatisfacción y frustración.

No obstante, él me lo estaba narrando entre risas y finalmente concluyó diciéndome:

¡Debes estar pensando que soy una bestia insatisfecha!

Cristina Jarque, Psicoanalista, Directora y Cofundadora de Lapsus de Toledo

Presentación de “Histéricas Insatisfechas”

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Querido amigos de Arco,

Mañana martes 5 de abril, a las 19 h, Lapsus de Toledo presentará el libro “Histericas Insatisfechas” en la Embajada de Méjico en Madrid.

Tendré el placer de intervenir con las psicoanalistas Cristina Jarque, Dolores Burgos, Soledad Godano y Lola Gómez.

Os esperamos

Alfonso Gómez

Médico, Psicoanalista, Miembro de Lapsus y Vicepresidente de Arco Europeo Progresista

 

MAÑANA VIERNES “MONÓLOGOS FEMENINOS” EN EL ATENEO

Escudo AEP con triangulo

BAJO LOS AUSPICIOS DE ÁGORA:

ARCO EUROPEO PROGRESISTA Y LAPSUS DE TOLEDO OS ESPERAN MAÑANA VIERNES 11 DE DICIEMBRE A LAS 19 H, EN EL ATENEO DE MADRID, CON LA REPRESENTACIÓN DE “MONÓLOGOS FEMENINOS”

Coordina la Directora de Lapsus de Toledo Cristina Jarque y presenta el Presidente de Arco Europeo Progresista José Antonio García Regueiro

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