SHAME: VERGÜENZA

IMG_20161021_193147

                         La fuga alcohólica o la compulsión sexual alivian  la vergüenza y al mismo tiempo la alimentan. En el film de Steve McQueen titulado Shame (2011) (traducido al español como Deseos Culpables),  se retrata a un personaje llamado Brandon, exitoso ejecutivo de una empresa, soltero y que vive en un lujoso apartamento en Nueva York, quien para evadir la monotonía del trabajo se dedica a buscar aventuras nocturnas con mujeres.  Adicto al sexo, Brandon es un hábil seductor de mujeres y un competente amante sexual, pero incapaz de establecer relaciones afectivas e íntimas. Un sujeto esclavizado por la cosa sexual en todas sus modalidades (masturbación, pornografía, relaciones con hombres o con mujeres) e incapaz de controlar sus impulsos, a quien cualquier vínculo emotivo le parece demasiado amenazante. De hecho, en el momento en que la relación con una mujer comienza a ser demasiada cercana y comprometedora, la impotencia sexual aparece como síntoma.

            La vergüenza aquí no deriva de la adicción al sexo en sí, sino de la mirada del otro, puesto que la inesperada irrupción de una hermana en su vida, mujer frágil y melancólica que se instala temporalmente en su casa, obligará a Brandon confrontarse con sus miserias y sus compulsiones. La incapacidad para responder a la demanda de ternura e intimidad de su hermana, quien tratará de suicidarse ante el rechazo de su hermano, le revelará así a Brandon la magnitud de su desorden interior y su estado de impotencia, abandono e indefensión frente a su compulsión sexual. 

                       Si bien en el lenguaje común pudor y vergüenza son sinónimos y en gran parte de los

textos aparecen trabajados indistintamente, desde el psicoanálisis no suponen exactamente lo mismo. El pudor lo podríamos situar ligado más intensamente a la presencia del cuerpo del otro, mientras que la vergüenza tiene un lazo más directo con lo más íntimo de cada sujeto.

            Freud en uno de los trabajos donde aborda la cuestión del pudor es en el texto El chiste y su relación con lo inconsciente” (1905). Allí habla de la “pulla indecente”: lo que motivaría a estos dichos obscenos sería “el placer de ver desnudado lo sexual”. Esta inclinación a ver desnudo lo especifico del sexo, aparece como uno de los componentes originarios de la libido (mirar–ser

mirado). Freud ubica al pudor y la vergüenza como diques ante el desenfreno pulsional, aquello que se opone a la libido con carácter de resistencia. Lo que impide ese desenfreno es la represión. A su vez ubica aquello que queda reprimido como lo que va a ser correlativo de la existencia de lo inconsciente.

            A diferencia de la culpa, que remite a una posición subjetiva ligada a la transgresión y a lo prohibido, a la violación de los límites, a la ética del deber o la conciencia moral, la vergüenza se manifiesta en otro escenario. Este escenario está dominado por la tensión entre el yo actual y el ideal del yo, un ideal sobredimensionado y en función del cual el sujeto se ve llevado a una inevitable desvalorización, que se alimenta de auto-desprecio e inferiorización. El sujeto de la vergüenza experimenta un Yo destituido frente a las exigencias de su Ideal, sufre de una parálisis anímica que lo inhibe y le impide actuar, que lo desalienta y crea en él una conciencia fatalista. La vergüenza anestesia el imaginario, estrechando el horizonte de la proyección subjetiva e impidiendo al sujeto imaginarse otro.

De Gaulejac, sociólogo y psicoanalista francés en su ensayo sobre este tema (De Gaulejac, 2011), afirma que la vergüenza puede ser vista como un meta-sentimiento complejo y multidimensional en el que se articulan elementos dispares, depresión, odio, culpa, desprecio, ambición, rivalidad, agresividad, burla, resignación, humillación, impotencia. Y propone distinguir ocho rasgos que caracterizan a la vergüenza y al sujeto de la vergüenza:

  1. La ilegitimidad: el sentimiento de no ocupar o merecer el lugar que se posee al interior de la familia o en el deseo de los padres.
  2. La caída de los padres: experiencias de humillación por parte de los progenitores o de humillación a los progenitores.
  3. La inferioridad: desvalorización de si mismo como resultado del abismo insalvable entre el Yo actual y el Ideal del Yo.
  4. La violencia: real o simbólica, y asociada al padecimiento de injusticias, burlas, silencios o humillaciones.
  5. El desgarramiento o la ambivalencia: debilitamiento de las identificaciones del yo, sentimientos encontrados y paradójicos.
  6. La degradación: autodesprecio, repugnancia por uno mismo, sentimiento de ser un desecho o una nada.
  7. Lo no-dicho: represión y silenciamiento de lo vergonzoso, incapacidad para simbolizarlo.
  8. La inhibición: impotencia, parálisis, temor a desprestigiarse o a ser acusado de algo.

            Por otra parte, podemos decir que existen tres niveles en la vergüenza:

1-Vergüenza como sentimiento moral, que remite al ideal y al narcisismo.

            La ambición, entendida desde la perspectiva de la soberbia/orgullo, y la vergüenza son los dos polos alrededor de los que se organizan las respuestas a la humillación. La ambición lleva al deseo de superar a los demás. Moviliza, estimula, ayuda a producir obras visibles. Por otra parte, la vergüenza es inhibidora, el vergonzoso se esconde. Sin embargo, tanto una como la otra tienen sus raíces en el narcisismo: es la imagen de sí mismo la que esta en juego, la doble relación del sujeto consigo mismo y con el otro.

2-Vergüenza como sentimiento social, que concierne a la identidad del sujeto, a su necesidad de pertenecer a una comunidad y ser reconocido por ella. Posee efectos de control social.

            Podemos decir que si el  individuo no siente vergüenza es o porque rechaza las normas o porque se vuelve indiferente, no busca el reconocimiento del otro. Ahora bien, no es lo mismo ser un sinvergüenza que estar sin vergüenza. El individuo desvergonzado rompe el vínculo social.  Por otra parte, la vergüenza no dicha condena al aislamiento y a la separación. Pero una vez confesada, la vergüenza se traslada al otro.  Por tanto, el desprecio, la agresividad, la violencia son engendradas por una vergüenza que separa. En cambio, una vergüenza que une, puede engendrar compasión (vergüenza ajena). Al reconocer que su conducta es vergonzosa, el sujeto puede conservar su lugar en la comunidad social. En caso contrario, corre riesgo de desviarse hacia la locura o la inhumanidad . Esto resulta interesante para la lectura de las psicoanalistas, en la medida en que Sartre pone en la misma serie la falta de vergüenza ante el Otro social con la desubjetivación, es decir, con la locura o la inhumanidad. Siguiendo esta línea, la vergüenza humaniza, da un lugar subjetivo frente a los otros.

3-Vergüenza como sentimiento existencial,   que remite al sujeto puesto al desnudo, revela la intimidad de cada ser, su subjetividad profunda, su íntimo deseo.

            La vergüenza nos lleva a descubrir un aspecto de nuestro ser, que de otro modo no habríamos conocido: nos descubrimos como el objeto creado por la mirada del otro. Descubrimos lo que Sartre llama nuestro «ser-para-otros». Nos vemos forzados a juzgarnos como un objeto.

                       Hay un antes de la vergüenza, en el que el sujeto no tiene vergüenza porque no hay conciencia de tener o hacer algo vergonzoso. Es la mirada del otro lo que le pone en el lugar de la vergüenza. Y hay un después de la vergüenza, que es lo que el sujeto haga con esa vergüenza. Si la acepta, es decir, si el sujeto reconoce la falta, acepta su subjetividad, se desmorona su orgullo recalcitrante y baja su ideal del yo sobredimensionado, entonces se supera la impotencia, es decir, la inhibición, la ira, dando un giro a la situación y contemplándola desde otra perspectiva. Si no se acepta  esa vergüenza,  el sujeto cae bajo la desmentida, al creer que la imposibilidad de lo real se puede vencer, negando la evidencia, o dicho de otro modo, el sujeto cae en la estupidez.

LOLA BURGOS

ABRIL 2021

La Tercera Ola y la Reina Cristina de Suecia, por Cristina Jarque

 Reina-CristinaEn este mes de marzo estamos cumpliendo un año del primer confinamiento en España. Tengo la impresión de que en aquellos momentos, la mayoría de las personas, no contábamos con que la pandemia iba a tenernos confinados nuevamente, un año después, en lo que estamos llamando la tercera ola. A nivel de la clínica (aquí en España) he visto un gran incremento en la demanda. ¡La gente está cada vez más angustiada! Es un momento histórico complicado, donde el psicoanálisis, en mi opinión, tiene un lugar de gran trascendencia. Es por eso que desde que esta crisis comenzó, no he cesado en mi empeño por trabajar arduamente, incluso mucho más que antes, en la difusión del psicoanálisis. 

En este año de pandemia, hemos publicado en España (Editorial Ledoria) con la participación de varios colegas de diferentes países del mundo (Francia, España, México, Brasil, Italia, Grecia, Perú, Colombia) cinco libros: «Relaciones familiares, elecciones amorosas», «Monólogos Femeninos (Las voces de la violencia)», Covid-19: Reflexiones y vivencias», Cine y Psicoanálisis» y «Niños al diván». ¡No hemos parado de producir! Actualmente tenemos en curso otros cinco libros más. Uno de estos libros se titula: «Feminismo y Psicoanálisis» y traerá (traducidos al español) todos los textos del coloquio de la FEP (Fundación Europea para el Psicoanálisis) que coordinamos en noviembre. Cada mes, estamos teniendo entre ocho y nueve eventos «online». Todos estos eventos son gratuitos y muchos de ellos, han tenido aforo completo. Todo este trabajo que estamos haciendo desde España y México (bajo mi dirección) tiene múltiples efectos y consecuencias: por un lado, nos mantiene activos, vivos, incluso diría yo, entregados, con gran amor y pasión al psicoanálisis. También tienen función de apaciguamiento de la angustia y la incertidumbre, tanto en los colegas que intervenimos en los eventos, como en todas las personas que nos escuchan, pues son tiempos convulsos para todos.

Finalmente, pienso que todo este trabajo que estamos realizando, está teniendo una enorme función de difusión del psicoanálisis. Con cada evento realizado vamos día a día, alcanzando a más personas, muchas de ellas, no tenían idea de que el psicoanálisis seguía vigente, pensaban que ya estaba obsoleto. Por otro lado, quiero comentar que en los últimos tres meses he sido entrevistada en varios periódicos y programas de televisión, sobre todo por dos motivos que han llamado la atención de los periodistas en Toledo y en Madrid: el libro sobre «Cine y Psicoanálisis» y el monólogo femenino sobre «La Reina Cristina de Suecia».

Estas entrevistas han sido muy fructíferas porque han permitido que aparezcan más personas interesadas en nuestro grupo al percatarse de la labor que estamos realizando en torno al estudio e investigación de la mente humana. En el libro de «Cine y psicoanálisis» han participado ochenta colegas psicoanalistas de muchas ciudades del mundo. Varios de estos colegas han escrito en francés. En nuestro equipo de trabajo nos hemos unido para realizar, la imposible pero necesaria, traducción al español de todos estos magníficos textos, con el fin de dar a conocer en los países hispanohablantes el interesante y valioso trabajo de estos colegas. A partir del libro de cine, y por iniciativa de nuestro querido colega Sebastian Gutiérrez (actual representante de LaTE, Lapsus de Toledo España en México) abrimos un espacio todos los sábados al que hemos llamado «Tertulias para diván». En estas tertulias estamos invitando a los colegas que han participado en el libro. ¡Es un placer constatar el gusto con el que nuestro público de las tertulias recibe a los colegas invitados! Cuando hablan en otro idioma, ponemos el texto en español en la pantalla para que todos los hispanohablantes puedan leerlo y seguir al colega que está hablando en otro idioma.

Después pasamos al momento de preguntas y respuestas que son traducidas para lograr la comunicación. Varios colegas me han escrito diciéndome que las tertulias son ¡momentos mágicos que regresan la alegría de vivir, en estos tiempos difíciles! Lo mismo ha ocurrido con otros muchos colegas, algunos de la FEP, otros de CRIVA, con los que nos vemos constantemente en pantalla como son: Gorana Bulat-Manenti, Aspasie Bali, Monique Lauret, Claire Gillie, Laura Pigozzi, Daniel Sibony, Gérard Pommier, Zorka Domic, Izabel Szpacenkopf, Orsola Barberis, Ahmed Bouhlal, Hélène Godefroy, Mauricio Maliska, Emmanouil Konstantopoulos, Evangelina Kanava y muchos más, con quienes nuestro equipo tiene una gran transferencia de trabajo. Una colega me decía que lo único que aplaude de esta crisis es que estamos trabajando, como diríamos en México «de sol a foco».

Realizamos un evento en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) coordinado por nuestra querida colega Varinia Cortés que ha sido un éxito y ha permitido que se conozcan los trabajos de los colegas de Europa y Sudamérica a nivel de las universidades en México. Han estado muy contentos y quieren seguir trabajando con nosotros más adelante.

En cuanto al arte, sabemos que debido a que estamos confinados no podemos presenciar actos artísticos, así que estamos organizando varios eventos en torno al arte, porque en mi opinión, es el arte lo que nutre nuestra alma. Daniel Arizmendi (representante de Monólogos Femeninos de LaTE en México) me apoya en la organización de varios eventos en España, Francia, Washington, México y Perú.

Con Estrella Romeralo (vicepresidenta de EnsoñArte) damos un curso en EnsoñArte, una vez al mes, que cada día llega a más personas en Toledo y se está internacionalizando. Gracias a Adriana Varona (representante de LaTE en Colombia) estamos haciendo lazo con colegas en Colombia, con quienes ya estamos trabajando. Quiero también decir que José Antonio García Regueiro, presidente de Arco Europeo, me ha invitado a ocupar el cargo de Directora del observatorio de psicoanálisis de Arco Europeo. Este cargo me ha llenado de energía y estamos realizando juntos un evento al mes, trabajando en conjunto con el Ateneo de Madrid en la agrupación ateneística Agustín Argüelles. Nada de esto sería posible sin el valioso apoyo de los colegas que pertenecen al equipo de trabajo de LaTE y que (además de los ya mencionados) son: Paola Franco, Carlos Mayén, José María Bautista, Susana Alcalá, Yolanda Cogolludo y Ana María García.

En cuanto al monólogo de la Reina Cristina de Suecia, quiero decir que ha sido un personaje que ha venido a seducir y a propiciar la entrada de nuevos miembros a nuestro grupo de trabajo. He hecho el monólogo en tres idiomas: inglés, francés y español. ¡La acogida ha sido magnífica! Eso es lo que he comentado en una reciente entrevista que he tenido con motivo de una invitación que me han ofrecido para darlo en un teatro (si la pndemia lo permite, será el 3 de marzo) junto con un grupo de estudiantes con quienes ya he trabajado antes de la pandemia. Los personajes que he interpretado anteriormente tienen un destino final bastante triste e injusto: son mujeres maltratadas por la sociedad patriarcal y muchas de ellas terminan incomprendidas y en pulsión de muerte.

La reina Cristina de Suecia me fascinó porque es un caso diferente. Es una mujer que se rebeló y no quiso permitir que otros manejaran su vida y su destino. Influenciada por las ideas del filósofo René Descartes, decidió coger las riendas de su vida y vivir conforme al deseo que la habitaba. ¡Su vida me parece un ejemplo maravilloso! El ejemplo de un sujeto que antes de Freud y de Lacan, en los años 1630, escuchó en la voz de René Descartes algo que la motivó a ser la reina de sus propios deseos. Su vida, en mi opinión, es una oda en alabanza del psicoanálisis.

Este personaje me ha permitido difundir nuestra práctica, de una manera novedosa y diría yo, incluso divertida (lo que viene muy bien) en estos tiempos de pandemia. Tenemos tantas actividades que no me alcanza el papel para comentarlas todas, pero estamos con el deseo a todo vapor, trabajando unidos y hermanados, tanto con nuestros colegas de la FEP como con los de CRIVA y difundiendo el psicoanálisis a todo el que desee escucharlo. Por todo esto y por último, quiero mencionar que quizá sigamos teniendo olas: la cuarta, la quinta… Pero en algún momento esta situación va a cambiar, las vacunas están empezando a llegar. No obstante, por mi parte, puedo decir que lo que la pandemia me ha enseñado es que mi deseo es seguir trabajando «de sol a foco» hasta mi último aliento.

La tercera ola, por Cristina Jarque. Fundadora y Presidenta de LaTE

 

Reina Cristina de Suecia

Corría el año de 1632 cuando a los seis años de edad me convertí en la Reina Cristina de Suecia bajo la regencia del canciller Axel. Los grandes psicoanalistas y estudiosos de la mente humana, dicen que el primer recuerdo de infancia deja una huella profunda que marca nuestro destino. Debe ser así, porque cuando yo cierro mis ojos y evoco ese primer recuerdo, veo la cara de mi madre mirando desde lo alto, imperturbable, cómo su hija rueda hacia abajo cayendo de las enormes escaleras del Palacio Real. En aquel momento mi mente de niña se preguntaba por qué una madre no se angustia ante el inminente peligro de muerte de su hija. Pero si me esfuerzo, si logro dejar de lado mis infinitas resistencias, puedo ver que no sólo no se angustió, sino que su mirada contenía cierta satisfacción. Hoy en día tengo dos certezas: que yo no era lo que mi madre quería y que su rechazo trajo como consecuencia que mi deseo se estructurara en contra de ella. La noticia de la muerte de mi padre en batalla precipitó mi coronación como única hija heredera al trono. A partir de ese día me quedó claro el deseo de mi madre, ella quería que yo contrajera matrimonio con el hombre conveniente y sobre todo que tuviera un hijo, de preferencia varón, para que se convirtiera en el siguiente rey de Suecia. En otras palabras, el deseo de mi madre era que yo repitiera la vida que ella había vivido, que fuera como ella. Pero a mí, ni mi madre, ni su vida, me gustaban lo más mínimo.

Para fortuna mía, heredé el temperamento de mi padre: ambos éramos valientes, revolucionarios, rebeldes, de ideas fijas, apasionados, fuertes y con una sed insaciable de conocimiento. Ese legado paterno me llevó a tener correspondencia con los hombres más sabios de la época, como mi querido René Descartes, a quien invité a Suecia para intercambiar ideas. Las ideas de René dieron alas a mi deseo de libertad. En nuestras tertulias comprendí que yo era una librepensadora y que mi deseo era ser libre para seguir estudiando y para promover la cultura a nivel internacional. René me enseñó a entender que mi deseo estaba dividido: por un lado estaban las aspiraciones políticas (deseo de mis padres) y por otro lado mis propios deseos de libertad.

Mi conflicto interno se resolvió a la muerte de René Descartes. Se decía que había muerto de neumonía pero se rumoraba que había sido envenenado porque se le consideraba una mala influencia para mí. El asesinato de mi íntimo amigo filósofo me hizo comprender que mi reino me exigía lo mismo que mi madre: que traicionara mi propio deseo. Así que decidí realizar un acto que me llevó a ocupar un lugar de excentricidad en el mundo entero: la abdicación.

En homenaje a Descartes, tuve la valentía de separarme de mi país, de mi familia, de mis amores y viajé a la Ciudad Eterna que en esa época era la cuna de mi gran sueño: la cultura y las bellas artes. Fui acogida en Roma por el mismísimo Papa Alejandro VII y tuve la osadía de cometer un acto calificado como revolucionario: cambiar de religión.

No lo hice por una cuestión de fe, sino por una cuestión de ética. En ese momento yo ya tenía claro mi deseo. Mi deseo era vivir para el arte y la cultura. La única opción que tenía una mujer para acceder al conocimiento, era estar dentro de la Iglesia, y así lo hice. La gente estaba muy pendiente de mi vida amorosa porque de joven en mi Suecia natal, me enamoré de la Condesa Ebba, y en Roma del cardenal Azzolino. Ambos amores eran amores prohibidos y transgresores. Mi vida ha dejado huella porque me atreví a cambiar lo que se esperaba de mí y tuve la sabiduría de escuchar el deseo que vivía en mi interior.

En Roma logré hacer accesible al pueblo, tanto el arte como la cultura, dando un golpe en la cara a los prepotentes y puritanos. He sido reconocida como un icono de la comunidad LGTB y como una de las primeras feministas . Encontré mi lugar en Roma y soy de las pocas mujeres que están enterradas en el Vaticano.

Nací y morí siendo una reina, primero me llamaban la Reina Cristina de Suecia y después me llamaban la Reina Intelectual y la Minerva del Norte. Aunque abdiqué a mi trono, seguí usando la corona porque mi vida ha transmitido el mismo mensaje que el psicoanálisis: lo importante en la vida no es ser reina de un país, sino ser reina de tu propio deseo.

Muchas gracias.

 

MARIA ZAMBRANO EN LOS CLAROS DEL BOSQUE

ARCO ATENEO

El próximo miércoles 10 de marzo, a las 18.30 horas, en la Sala Nueva Estafeta, la Agrupación Ateneísta Agustín de Argüelles y la Sección de Filosofía, te invitamos a la conferencia MARIA ZAMBRANO EN LOS CLAROS DEL BOSQUE, que pronunciará el psicoanalista y profesor de la U.C.M. Félix Recio Palacios. Presenta Francisco Forte.

Introduce el Presidente de la Sección de Filosofía, Antonio Chazarra, y modera el Presidente de la Agrupación Agustín Argüelles, José Antonio García Regueiro.

María Zambrano, es una pensadora imprescindible para entender el pensamiento del siglo XX, especialmente en sus diversos exilios. Los Claros del Bosque es un libro esencial y muy representativo de lo que suele denominarse «razón poética», que pone en valor como poesía y filosofía tienden a fecundarse mutuamente.

Esperamos que nos acompañes el próximo miércoles

AGRUPACIÓN ATENEÍSTICA AGUSTÍN ARGÜELLES

 

LA HERIDA DE NEVENKA

Lola

Se cumplen 20 años del la primera gran sentencia condenatoria por acoso sexual en España. Hace 10 años, en 2011, leí el libro de Juan José Millás que habla sobre Nevenka Fernández, la mujer que denunció a un político por acoso sexual, cuando era extrañísimo denunciar, ya que el contexto social no era nada propicio. A continuación, las reflexiones que me suscitó la lectura de aquel libro en aquellos años.

El “caso Nevenka” sirve de ejemplo paradigmático para analizar la clase de lazo destructutivo que une, a veces, algunos tipos de relaciones supuestamente amorosas.

De lo que voy a hablar hoy es de lo que un novelista dice en un libro sobre lo que le pasó a una mujer hace 10 años, en 2001. Hay varias razones por las que escogí este caso. Desde el punto de vista del novelista es:

-porque es Juan José Millás, ilustre periodista y escritor, que colabora en revistas sobre psicoanálisis y,  además, como le he escuchado en alguna ocasión, ha pasado por el diván y eso se nota a la hora de enfocar el tema del libro en el que hoy me baso.

-Ese enfoque del libro me facilita el hecho, o me da la coartada para decir, que aunque ni Juan José Millás como autor, ni la mujer protagonista son analista ni analizante, hay algo en el tono que creo que nos sirve para aprender algo sobre lo que supone desde el psicoanálisis  “las relaciones amorosas destructivas”. Este tipo de relaciones siempre suponen un precio afectivo, que desde fuera, parece que no compensan desde ninguna perspectiva vital, pero que bajo el prisma del análisis nos lo hace más accesible.

-Como dice el propio autor, no es que este libro sea un novela, en el sentido de que cuente una historia de ficción verosímil. En este caso es al revés, es una historia de la realidad que podría pasar por una novela…. esto de la realidad supera a la ficción. Ejemplo paradigmático sobre la referencia de Freud a “la novela familiar del neurótico”.

Desde el punto de vista de la protagonista de la historia:

– Es un caso que ocurrió hace 10 años aproximadamente en España, y que hace mes y medio volvió a salir a la luz en relación a la crisis política que vivimos en nuestro país, y eso hace que todas lo conozcamos o hayamos oído hablar de ello.

-Entre los terapeutas que la tratan durante su calvario, uno es psicoanalista y es mientras que está en tratamiento con éste, que ella decide poner la denuncia.

El libro se titula “Hay algo que no es como me dicen: el caso de Nevenka Fernández contra la realidad”

Yo no voy a entrar a comentar los aspectos políticos, sociales, jurídicos del caso. El libro sí plasma todos estos aspectos que completan la visión general del caso. Yo me voy a centrar en el aspecto que, a nivel del psicoanálisis, más nos puede aportar y es intentar responder a la pregunta de en dónde hirió Ismael a Nevenka para que lo denunciara no solo públicamente sino jurídicamente, en contra de la opinión de todos los que estaban a su alrededor, pero incluso en contra de sus propios intereses y en contra de sus propios afectos. Con respecto a esto último de ir en contra de sus propios afectos, me refiero al alto precio que ha tenido que pagar,  porque en la realidad esta persona se ha tenido que marchar fuera de su entorno, fuera de España, pero como ella misma dice, “lo volvería hacer”.

Millás lo enfoca diciendo que Nevenka sufrió un proceso de extrañamiento que le llevó a romper con su mundo, porque ella debido al acoso sexual que sufre por parte de Ismael, toma conciencia de la hipocresía de su entorno (de ahí el título hay algo que no es como me dicen), pero en el momento de la denuncia todavía no tenía construida otra realidad. Pero hay algo en ella y en esa herida que le provoca Ismael, que hace que sea insoslayable la ruptura total. Su armadura se rompe totalmente y no tiene otra de repuesto. Ha creido tan a pie juntillas que nunca le iba a hacer falta otra cosa, otro mundo, ha confiado tanto en los seres que tenía a su alrededor, por lo menos a nivel consciente, que no tenía una armadura de repuesto. Es el suceso con Ismael, que le va a abrir su propia caja de Pandora y le va a romper su status quo. No va a haber nada ni nadie de su vida pasada, hasta los 23-24 años que tiene en la época de la denuncia, que vaya a mantenerse  tal y como fue.

Para entender en dónde Ismael hirió a Nevenka, pienso que podemos intuir qué patrón de relación tuvo Nevenka con Ismael… Evidentemente Ismael es un representante de su padre. Y hay un momento que Nevenka dice “yo he gustado a todos los hombres menos a mi padre”.

El primer recuerdo que nos ayuda a entender la herida de Nevenka es que a los 5 añitos hojea el libro de familia y ve que la anotación de la fecha de la boda de sus padres es dos meses antes de su nacimiento. Las fechas no cuadran. Pregunta a su abuela paterna y esta se puso roja y le arrancó el libro a la niña. La situación es más conmovedora cuando sabemos que la profesión que elige Nevenka es la de “auditora económica”, donde lo capital es que los números cuadren.

A este recuerdo se une la historia su nacimiento, la madre de Nevenka, Paquita, era hija de un panadero de Ciudad Real que por la enfermedad de su esposa se van a vivir a Madrid y se gastan todo el dinero en la bomba de cobalto. Conoce a Juvencio, estudiante en Madrid pero de Ponferrada,  y al poco tiempo se queda embarazada de Nevenka. A Paquita la echan de su casa y coge el autobús y se presenta en Ponferrada en casa de los padres de Juvencio, reconocidos empresarios del lugar. Se casan rápidamente y cuando es la hora del parto, inscriben a Paquita en el hospital como criada de sus suegros. Nevenka nace fuera de fecha y fuera de lugar, además nació con una hernia, era poca cosita, feilla y la madre cuando la vio, decepcionada dijo “¿Y para esto he sufrido yo tanto?”

Su nombre, Nevenka, otro descoloque, tanto como si encontramos a una Mari Carmen en la estepa rusa. La madre se empeña, lo único que puede imponer, en  ponerle el nombre de Nevenka, en recuerdo de una amiga suya rusa que tuvo cuando pasaban modelos en El Corte Inglés. Luego no se supo nunca nada más de aquella amiga de la madre.

Con todo esto, Nevenka intuye, a nivel inconsciente, desde pequeña que tiene que hacer méritos para conseguir un lugar en aquella familia, sobre todo de cara al padre. Esta situación la hacer mostrarse como una “comprensiva patológica”, con excesiva capacidad de empatía, que le hace adaptarse, ceder mucho como medio de defensa para no sentirse aislada, fuera de lugar. Y para mostrar eso, Nevenka es la buena chica de la familia, nunca dice no a sus padres, una noche olvida las llaves y se queda toda la noche en la puerta de la casa, es citurón negro como su padre a los 14 años, es zurda pero escribe con la derecha….Todo para agradar al otro.

Vamos ahora al momento en que entra en contacto con Ismael. Hemos dicho que su padre es un empresario de segunda generación muy reconocidos en Ponferrada. Parece ser que colabora en la confección de las listas del PP, porque su contacto directo no es Ismael sino su segundo, Carlos, que fue empleado del padre de Nevenka, muy querido por él. Está claro que para un empresario, tener contactos en el ayuntamiento de la ciudad donde reside es algo fundamental. Así entra Nevenka en las listas; que luego sea concejal de Hacienda, es porque la belleza y juventud de Nevenka deslumbra a Ismael. Nevenka es deslumbrada por Ismael, porque encuentra en él al padre que sí puede amarla. Nevenka vive el ofrecimiento de Ismael de la concejalía como el regalo que simboliza el amor del padre, además Ismael se presenta como apenado viudo reciente, y esto toca en la comprensividad patológica de Nevenka,  que unida a la necesidad de agradecer ese regalo recibido, hace que ella se acueste con él.

Pero en realidad ella no quiere seguir con esa relación y la rompe. Pero ya Ismael no la quiere dejar escapar y comienza el acoso, que está muy bien contado en el libro. Con ese acoso Nevenka poco a poco se va dando cuenta en su análisis que tanto el “ni caso” del padre hacia Nevenka como el “acoso” (demasiado caso) de Ismael hacia ella esconden lo mismo: el desprecio, el abuso, la conducta perversa, retorcida e interesada de ambos hacia ella. Y es ese descubrimiento la herida que inflige Ismael a Nevenka; porque Ismael le ha servido a Nevenka para desnudar a su padre. Y la denuncia es la manera de Nevenka de pagar el precio de su libertad interna.

En el fondo, ella no quiere seguir la relación con Ismael, porque realmente no quiere a su padre, realmente a nivel inconsciente siempre le ha odiado por no darla su lugar: aquí está la ambivalencia de Nevenka, en los primeros momentos de la corta relación.

A lo largo de su tratamiento va tomando conciencia de que hay algo que no es como la dicen, va descubriendo el lado perverso, mentiroso de la transmisión familiar:

-el padre odia a los homosexuales y en la facultad tuvo un amigo homosexual que era encantador, justo y servicial.

-fumar porros era ser drogadicto sin remedio, y veía en la facultad compañeros que fumaban y seguian estudiando, yendo a misa y cumpliendo sus obligaciones.

-si una mujer se acostaba con dos hombres ya era una ninfómana, y tenía compañeras que habían hecho eso y no habían acabado en un burdel.

-Y sobre todo que el amor verdadero era el flechazo pasional, como les había ocurrido a sus padres y por eso el embarazo de ella, y que una penetración lenta del amor no valía tanto….

De las primeras cosas que hace como signo de rebeldía consciente y de autoafirmación es tatuarse un Piolín, y ella dice que es porque aunque siempre está enjaulado y el gato le quiere hacer mal, el pajarito siempre sale del peligro, sale indemne, se va de rositas…

Lola Burgos, Directora del Área de Psicología de Arco Europeo

Febrero 2021.

COLOQUIO: LA CULPA Y EL SUPERYÓ

foto Jarque ARCO

OBSERVATORIO DE PSICOANÁLISIS DE ARCO EUROPEO PROGRESISTA COLOQUIO: LA CULPA Y EL SUPERYÓ

Jueves 10 diciembre

Inauguración: José Antonio García Regueiro (Presidente de Arco Europeo Progresista) y Cristina Jarque (Directora del Observatorio de Psicoanálisis de Arco Europeo Progresista)

«Sabemos que para Freud el tratamiento psicoanalítico se funda en lograr dejar de lado el engaño de los ideales y poder acceder a la verdad del deseo inconsciente del sujeto. Cuando el sujeto accede a esa verdad siente vergüenza y culpa. La ética del psicoanálisis demuestra que no se trata de quitar la vergüenza causada por la culpa, es decir que no se trata de intentar desculpabilizar al sujeto.

¿De qué se trata entonces?. Se trata de que el sujeto tome a su cargo la responsabilidad de aquello que lo hace sentir culpable, es decir, su propio y particular goce pulsional.

Se dice que una máxima lacaniana es desangustiar pero no desculpabilizar. No sirve de nada desculpabilizar porque el sujeto sabe (quiera aceptarlo o no) que él y solo él, es responsable de su exceso de goce.»

Dra. Cristina Jarque

Directora del Observatorio de Psicoanálisis de Arco Europeo