La bestia insatisfecha

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“Los hombres ofenden antes al que aman que al que temen.”

Nicolás Maquiavelo

 ¿Cómo podemos pensar la histeria masculina? ¿Qué similitudes y qué diferencias existen entre un hombre histérico y una mujer histérica? Uno de los primeros libros que cayó en mis manos con artículos sobre histeria masculina fue una recopilación de textos que se llevaron a cabo en el Cuarto Encuentro Internacional (de lo que en aquel entonces se llamaba el Campo Freudiano) y que tuvo lugar en París en el mes de febrero de 1986. Este libro que fue publicado por Manantial consta de varios artículos que hablan sobre la histeria. Mi interés en aquel tiempo estaba centrado en lo que para mí en ese entonces era la histeria típica, es decir: la histeria femenina.

Recuerdo que en aquella época me introduje en el estudio de Dora, paradigma de la histeria, lectura básica para introducirnos en la investigación del descubrimiento del inconsciente realizado por nuestro querido Freud y, que llevó a cabo precisamente a través de la escucha de estas mujeres llamadas histéricas. Comprendí que cuando uno se adentra en el estudio de la histeria parece muy fácil poder hacerlo desde esa perspectiva precisamente: la femenina. Incluso porque la misma palabra nos habla de algo femenino de entrada pues todos sabemos que la palabra histeria  nos remite al útero. Muchos médicos e investigadores (Charcot entre ellos) pensaban que este padecimiento tenía como etiología el útero femenino y por ello durante muchos años se pensó que era algo exclusivo de las mujeres. La medicina lo achacaba a cuestiones genitales, sexuales, orgánicas y hormonales propias de las mujeres.

Pero después, poco a poco y con el descubrimiento de la realidad psíquica empezaron a surgir cambios en estas ideas. Llegó el momento en el que se logró pensar la sexualidad desde un punto de vista psíquico y no orgánico hasta el punto de darnos cuenta que la anatomía corporal no era necesariamente lo que posicionaba a los sujetos a nivel psíquico como masculinos o femeninos. Todas estas observaciones se han ido dando de manera paulatina pero es verdad que aún hoy en día existen muchas personas que son reacias a aceptar que se puede tener cuerpo de hombre y estar posicionado en sitio femenino (y viceversa). Solamente la clínica psicoanalítica logra demostrar en la práctica que, efectivamente, la teoría cobra sentido.  En relación a la histeria, la clínica nos demuestra que podemos tener la certeza de que hay casos de histeria masculina y este texto tiene el propósito de presentar uno.

Antes de introducir a los lectores en el caso clínico que deseo compartir me parece necesario comentar algunas palabras a modo de recordatorio y sobre todo para empaparnos un poco más en el tema de la histeria. Después de leer el caso Dora en Freud y estudiar las lecturas que Lacan pone a nuestro alcance en el Seminario 3 (el de Las Psicosis) podemos decir, que casi todos los psicoanalistas coincidimos en el hecho de que para que un sujeto haga una demanda de análisis (sin importar su estructura) se hace necesario que se histerice su discurso. ¿Qué quiere decir esto? Básicamente lo que quiere decir es que el sujeto tiene que sentir que algo no marcha, que algo se ha descolocado, que algo ha salido de su control. En ese momento, cuando ese algo cojea es cuando el sujeto va a sentir la necesidad de consultar con un analista. A eso le llamamos la histerización del discurso.

A mi parecer, decir que hay una histeria en el discurso es de alguna manera colocar ese discurso en el sitio de una queja porque ¿quién mejor que la histérica para ser el modelo de un sujeto que vive en la queja? Si algo se nota en los sujetos histéricos es precisamente la queja que traen y vuelven a traer como si no hubiera otra manera de relacionarse con el mundo que a través de esa queja que agota, realmente agota. No obstante, tiene su función. ¿Por qué tanto quejarse? ¿De qué se queja tanto? Si avanzamos en la idea de que el deseo de la histérica se sostiene en la insatisfacción (idea que logramos extraer precisamente de la experiencia que nos da la clínica) la queja parece ser precisamente el paradigma de esta insatisfacción.

Decimos que cuando el sujeto histérico siente un deseo (deseo que se forma precisamente porque no lo tiene) es decir, deseo que se forma a partir de la falta, cuando el sujeto lo llega a obtener, vemos que de alguna manera se las apaña para dejarlo caer. En otras palabras, para decirse a sí mismo: … no era eso. En la literatura psicoanalítica contamos con muchos casos de histeria femenina por ello cuando queremos adentrarnos en la histeria masculina encontramos menos material. Muchos colegas piensan que aún cuando pensemos la histeria masculina de alguna manera la histeria siempre será femenina y llaman a estos hombres así: los hombres histéricas. Dando a entender que aunque hablemos de hombres si estamos hablando de histeria es en femenino. Porque ¿quiénes son los sujetos histéricos sino mujeres?

La histeria está entonces siempre de lado femenino. Coincido con esta idea: creo que efectivamente la histeria es una cuestión femenina y aunque un sujeto tenga anatomía masculina, si su sufrimiento está del lado de la histeria hay una feminización tanto de su discurso como de la posición que ocupa en las fórmulas de la sexuación a nivel psíquico. No obstante, también podemos decir que lo que la clínica nos muestra es que no se vive igual la histeria teniendo cuerpo de hombre que teniendo cuerpo de mujer. En ese sentido la anatomía corporal es definitivamente un destino para el sujeto. Eso es lo que (desde mi experiencia clínica) he podido observar en este joven hombre al que llamaré Gabriel y que me ayudará a hilar ciertos conceptos teóricos de la histeria masculina. La primera pregunta que me hice cuando Gabriel llegó a mi consulta y me dí cuenta de que estaba frente a un caso de histeria masculina fue la siguiente: ¿Cómo empezó Freud sus indagaciones con hombres histéricos?

En la obra de Freud hay referencias de histeria masculina en relación al escritor Dostoievsky de quien saca a relucir sus ataques pseudo epilépticos (circunstancia similar a la de mi analizante que presenta también ataques epilépticos). Freud también habla de manifestaciones de histeria cuando se refiere a la vestimenta demonológica del pintor Haizmann. Sabemos que cuando un sujeto pide tratamiento psicoanalítico lo que trae en su discurso tiene lugar de síntoma. Ese síntoma es precisamente lo que va a hablar en él y por él. Aún cuando el sujeto no se percate de lo que dice, si el analista en su función de analista logra abrir la escucha al síntoma podrá abrir una posibilidad para que el sujeto pueda introducirse (él mismo) en la escucha del campo inconsciente. De esa manera el síntoma es la clave para permitir que el sujeto dilucide la responsabilidad que él mismo tiene en su propio sufrimiento, o por decirlo de otra manera: las razones que el sujeto histérico tiene para mantenerse en la queja y en la insatisfacción.

Esto me parece personalmente muy interesante porque aún cuando el sujeto se queja de su propia queja, vemos que no hace mucho (al menos de manera consciente) por salir de esa queja. Especialmente en la histeria (desde mi opinión) observamos una terquedad como una especie de empecinamiento a seguir sufriendo, algo así como si el lema del sujeto fuera vivir sufriendo y sufrir viviendo a sabiendas de que hay algo que se puede hacer para salir de ese bucle de sufrimiento pero parece que el sujeto no quisiera hacerlo. La pregunta que me surge es: ¿No quiere o es realmente incapaz? Es una pregunta que toca precisamente al deseo. Si el sujeto quiere cambiar esta queja es posible que pueda hacerlo. Pero ¿es así de sencillo? Lo que yo observo en la clínica es un más allá del deseo de bienestar.

Ese más allá del principio del placer que Freud observó. Digamos que el sujeto tiene claro que quiere dejar de sufrir, por lo tanto dejar de quejarse de la misma cantaleta… Pero al mismo tiempo hay algo que lo atrae, como si tirara de él para no dejarlo salir de esa queja o de ese bucle. En ese punto quiero centrarme. De alguna manera eso es lo que Lacan ha llamado el goce, ese goce que siempre surge en nuestra clínica psicoanalítica y que es tan particular a cada sujeto. Ese goce que es el responsable de que el sujeto no logre salir del círculo vicioso de la queja y el sufrimiento aunque diga que tiene el deseo de modificarlo o cambiarlo. En Gabriel está muy claro ese momento de su análisis donde él puede construir la queja que lo habita en torno a la problemática para salir de esa queja. Surge en el momento en que me está hablando de la primera vez que le vino un ataque epiléptico. El ataque epiléptico de Gabriel fue consecutivo a la muerte de su padre.

Llegar a este momento fue básico en este tratamiento porque permitió que el analizante pudiera cuestionarse por primera vez un hecho muy importante: que los ataques epilépticos podían quizá producirse por una cuestión psíquica y no eran necesariamente el resultado de algo fisiológico. Considero vital y trascendental este momento porque Gabriel viene de familia de médicos y él mismo es médico. Su profesión ha sido más obstáculo que ayuda en su recorrido porque es un sujeto muy escéptico a creer en aquello que no puede comprobarse según sus propias palabras de manera certera y científica. No obstante su escepticismo algunos efectos terapéuticos conseguidos en el tratamiento (entre ellos el alivio de problemas de eyaculación precoz que estaban minando su relación amorosa) permitieron que el analizante siguiera viniendo aunque he de decir que a veces me daba la impresión que regresaba solamente para encontrar mi propia falla (en mi función de analista) o la falla misma del psicoanálisis según su propia interpretación. Mi pregunta personal en relación a sus ataques epilépticos era la siguiente: ¿Eran ataques producidos por un problema neurológico o eran ataques histéricos? Pensaba también que no necesariamente tenían que ser excluyentes. Gabriel había traído consigo los estudios neurológicos que demostraban que, efectivamente tenía un foco epiléptico visible en el electroencefalograma y en la resonancia magnética. No obstante, los ataques eran muy puntuales. A la fecha había tenido sólo 8 ataques en total, siendo un hombre de 40 años podemos decir que no eran muy frecuentes. Por ello decidí concentrar mi escucha en el desarrollo que Gabriel me hacía de las circunstancias en las que se habían presentado esos 8 ataques.

El primero (como ya dijimos) fue consecutivo a la muerte de su padre. ¿Fue acaso un autocastigo por el deseo de muerte del padre odiado? ¿Qué es lo que se juega en los síntomas histéricos? Hay algo que entra en una lógica que se escapa a la comprensión pero que al mismo tiempo por retorcida que parezca logramos a veces esbozar un rayo de luz en esa lógica que llamamos del inconsciente.

Mientras el analizante me habla de todo el gran amor que siente por el padre, todo lo que lo echa de menos, todo lo que aprendió de él y lo maravilloso que fue como padre, de pronto surge un lapsus.

Su muerte fue adecuada dice Gabriel en lugar de decir inesperada.

El significante adecuada dio paso a la posibilidad de hablar de un sentimiento que Gabriel escondía como su mayor tesoro: el deseo de muerte contra el padre odiado.

Mientras Gabriel logra hablar del odio al padre, va pudiendo también hablar de las circunstancias que rodean cada ataque epiléptico que ha tenido lugar. Observamos que son momentos puntuales: a veces son momentos en los cuales el sujeto desea conseguir algo que parece inalcanzable, entonces surge el ataque epiléptico, otras veces es cuando se siente culpable por algo y en otras ocasiones se presenta cuando quiere realizar algo pero no lo dejan.

Mencionaré un ejemplo que logró esclarecerse muy bien en el transcurso del análisis: Gabriel quería cambiar de turno en el hospital donde trabaja pero sus compañeros no estaban por la labor. Esa noche en su horario de guardia se presentó el ataque epiléptico. En la sesión me dijo:

 He llegado a pensar que es una manipulación de mi parte. ¿Seré inconscientemente tan maquiavélico?

Hay otro momento del análisis donde se abre una luz que nos permite ver la complicada relación del sujeto con el deseo. Gabriel tiene una relación muy contradictoria con su propio deseo: a veces lo puede articular sin problemas pero otras veces le resulta extremadamente fatigante y no se aclara. Muchas veces me pregunta si ese deseo es suyo o es de otra persona de su historia. Muchas otras veces tiene picos en su deseo, es decir: Que a ratos hay euforia por hacer cosas y otras veces trae el deseo caído como él mismo dice y no tiene ganas de nada. Sabemos que la dirección de la cura se encamina a lograr que el sujeto histérico salga de sus deberes, de sus sufrimientos, de sus quejas… en una palabra que salga de ese particular goce que tiene y vuelva a ponerse en el camino que lo constituye como sujeto deseante. El problema de Gabriel es que a veces él mismo no se aclara y no sabe cuál de todos es su propio deseo. La problemática es fuerte porque cuando él realiza el deseo que ha estado anhelando, en ese mismo instante me dice: no era eso… he perdido el interés.

¿Cómo se puede lograr que un sujeto que sostiene su deseo en la insatisfacción pueda sentirse satisfecho cuando ese deseo se realiza? La respuesta a esta pregunta puede estar precisamente en eso que llamamos el final de un análisis. Porque si un sujeto ha hecho un recorrido y ha podido construir la manera en la que está estructurado su deseo es muy posible que encuentre las causas por las cuales necesita sostenerlo, por ejemplo, en este caso: la insatisfacción.

Gabriel logra atisbar algo de esto cuando después de andar detrás de una mujer por tres años consecutivos, deseándola fervientemente y amándola secretamente con gran devoción, cuando se dio el momento en el que esa mujer accedió a la demanda de amor de Gabriel… él volvió a tener el síntoma que había superado en el inicio del tratamiento: la eyaculación precoz.

Este caso abre nuevas observaciones ante nuestros ojos: la posibilidad por ejemplo de plantearse que la eyaculación precoz (en algunos hombres) al igual que la frigidez (en algunas mujeres) además de ser síntomas que sostienen el deseo insatisfecho (como hemos podido corroborar en este caso) pueden ser también síntomas que anudan cierta misoginia. Un odio hacia lo femenino (por ser enigmático y desconocido). Pues la eyaculación precoz y/o la frigidez crean siempre insatisfacción en la pareja de amor (no solamente en el sujeto que lo experimenta) por ello en algunos casos cabe la posibilidad de que vaya dedicado.

Lo que es cierto, es que ese día, mientras Gabriel me comentaba los acontecimientos sobre la eyaculación precoz observé una contradicción: lo que el sujeto me narraba no era chistoso, era más bien triste y penoso, tenía incluso lugar de fracaso y por qué no decirlo: de gran insatisfacción y frustración.

No obstante, él me lo estaba narrando entre risas y finalmente concluyó diciéndome:

¡Debes estar pensando que soy una bestia insatisfecha!

Cristina Jarque, Psicoanalista, Directora y Cofundadora de Lapsus de Toledo

Presentación de “Histéricas Insatisfechas”

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Querido amigos de Arco,

Mañana martes 5 de abril, a las 19 h, Lapsus de Toledo presentará el libro “Histericas Insatisfechas” en la Embajada de Méjico en Madrid.

Tendré el placer de intervenir con las psicoanalistas Cristina Jarque, Dolores Burgos, Soledad Godano y Lola Gómez.

Os esperamos

Alfonso Gómez

Médico, Psicoanalista, Miembro de Lapsus y Vicepresidente de Arco Europeo Progresista

 

MAÑANA VIERNES “MONÓLOGOS FEMENINOS” EN EL ATENEO

Escudo AEP con triangulo

BAJO LOS AUSPICIOS DE ÁGORA:

ARCO EUROPEO PROGRESISTA Y LAPSUS DE TOLEDO OS ESPERAN MAÑANA VIERNES 11 DE DICIEMBRE A LAS 19 H, EN EL ATENEO DE MADRID, CON LA REPRESENTACIÓN DE “MONÓLOGOS FEMENINOS”

Coordina la Directora de Lapsus de Toledo Cristina Jarque y presenta el Presidente de Arco Europeo Progresista José Antonio García Regueiro

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LENGUAJE PERVERSO COMO INSTRUMENTO DE MANIPULACIÓN SOCIAL

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Utilizar el lenguaje como instrumento para realizar acciones perversas es tan antiguo como el principio de los tiempos. Nos podemos retrotraer a Adán y Eva, su perversión del lenguaje en vez de aclarar, confundió la relación entre ellos, usando el lenguaje de medias verdades. Cuando Dios les habló, en la medida en que habla, ordenó el goce. La Biblia en (Génesis 11,7) Dios dice, para detener la Torre de Babel,  “ahora pues, descendamos, confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el habla de su compañero”.

El cuento de “Alicia en el País de las Maravillas”, señalaba el poder de la lengua como instrumento perverso de dominación: Dice Alicia-“La pregunta es si se puede hacer que las palabras puedan decir tantas cosas diferentes”.

-“La pregunta”-dijo Humpty Dumpty-“es saber quién es el que manda….eso es todo”. Goebbels, ministro de Hitler afirmaba”no hablamos para decir algo, si no para obtener un efecto particular”. Todos reconocieron que la palabra es el primer ejercicio de poder porque  el lenguaje da forma al mundo, permite la comunicación y sociabilización.

La palabra es un regulador de los procesos psíquicos del comportamiento. Somos lenguaje. El empleo deliberado del lenguaje para la confusión de las conciencias y la ocultación de la realidad es perversa manipulación. Todos los dominadores, magos, religiosos, políticos, economistas, intelectuales, utilizaron palabras para confundir, ocultar, aterrorizar, mantener la ignorancia, dominar y explotar.

El arma más letal del hombre es el lenguaje. Palabras como minúsculas cápsulas de veneno que pueden ser tragadas sin darse uno cuenta. Parecen no tener efecto y luego al  tiempo manifiestan su reacción tóxica. Ya Platón en “Gorgias” a los abusos de la lengua los llamó perversiones retóricas, cesiones inconscientes. La perversión lingüística está llena de trampas, recovecos y deformaciones del uso del lenguaje, impedimento para escuchar la historia con transparencia.

El pensamiento construye trampas en las que luego queda preso.

¿Preso de quién? …del perverso.

George Orwell,  afirmaba que el lenguaje político está diseñado para que las mentiras parezcan verdades, el asesinato una acción respetable y  dar a la vaguedad apariencia sólida.

El pensamiento se falsifica por el lenguaje. Las perversiones políticas de la lengua per-vierten las definiciones comúnmente aceptadas haciéndolas significar algo distinto de lo que significan.

Todos nuestros problemas individuales y sociales comparten un desafío común, intentar comprendernos a través de las palabras.

Todos tenemos dificultades de ver nuestras vidas como en realidad son,y nos dejamos atrapar por falsas percepciones de sucesos y palabras.

Estas percepciones falsas se basan en lo que creemos conocer sobre el mundo y sobre nuestra propia vida.  Esto genera las máscaras que utilizamos, cuando exponemos lo que creemos.

Como humanos, somos perverseados fácilmente.

¿Cómo se generan las opiniones? ¿Qué factores las determinan? ¿Cómo se doblegan perversamente mentes, voluntades? ¿Quiénes se benefician de ello?.

Hay un esfuerzo en mantener la población desinformada, para tenerla material y espiritualmente sumisa.

Los formadores de opinión y los dirigentes espirituales saben que, es más fácil engañar a una población poco y mal informada, que a otra ilustrada.

Hay muchas y variadas técnicas para conseguir como meta un pensamiento único, uniforme y acrítico

Los propietarios de los medios de comunicación son los que tienen la capacidad de seleccionar y publicar, de dar a conocer a los demás, los aspectos de la realidad más acordes con sus intereses.

Los pocos, tienen, el poder perverso de definir la realidad de los muchos. Que la gente acepte las cosas tal y como están porque ignoran otras alternativas.

Aunque los medios no moldean  cada opinión, sí pueden enmarcar la realidad perceptiva alrededor de la cual se configuran opiniones. Perversión es, establecer el orden del día para todos, organizar las cuestiones en qué pensar. Legitimar ciertos puntos de vista y deslegitimar otros.

La perversión radica en que quienes seleccionan las informaciones que configuran nuestra opinión, deciden también dónde han de llegar nuestras posibilidades.

Nadie puede desear una cosa de la que no tiene noticia, de la que nunca ha oído hablar.

Fe y confianza, hábitos peligrosos que nos ponen en manos de perversos con  facilidad.

Cuanto más fuerte es el llamamiento a la confianza, más grande es el número de estafadores que acechan. Es más fácil embaucar y explotar a una persona que tiene confianza que a otra que piensa.

Exigir fe y confianza, santifica la ignorancia y conlleva la intención perversa de engañar. Quien tiene los medios, tiene la palabra. Lo que no se muestra, no existe. La información es selectiva,  no hay nada inocuo.

La herramienta con que se hacen las personas es la información. No existe herramienta sin finalidad. Las informaciones que se utilizan para hacer personas se rigen por la clase de personas que se quieren hacer.

Las condiciones en que actuamos no las decidimos nosotros. Depende de las informaciones  recibidas. La perversión está servida.

La comunicación social cuenta con poder para formar opinión pública y crear modelos de comportamiento. El periodismo juega un papel relevante, puede reforzar estereotipos y prejuicios. La actual labor periodística se inserta en un complejo en el que los medios son,  conglomerados económicos y  políticos.

Los modos de expresión social son controlados por grupos de poder dominantes que silencian, prejuzgan y neutralizan a los grupos que consideran diferentes. Se impone la voz colectiva anónima, la autorizada. No saber las fuentes, qué instancia habla, es la forma de no poder contrastar, ¿será fidedigna la fuente?

Una sociedad con miedo al pánico, al vacío, no tolera la carencia y es víctima de la mirada ajena. Un sujeto máquina que no puede fallar, ni física, ni psicológicamente. Un mundo de coachs, asesores de todo, mente, cuerpo, imagen. No se admiten fallas. Aprovechémonos del inmaduro perfecto, piensan los perversos.

La perversión es fácil cuando el hombre moderno se cree único y se descubre corriente, aparece el ego cuyo amor propio está en carne viva. Cada cual se sueña fundador y se descubre imitador.

La sociedad se compone de individuos que alardean de singularidad pero alinean su comportamiento con el de todos. Al final la morada propia está llena de intrusos.

El individualismo es una ficción tan insuperable como imposible. Una mentira piadosa del yo.

Al final los demás nos construyen y así se alivia la preocupación pero nos hace vulnerables a la perversión ajena.

¿Por qué no son felices los hombres en el mundo moderno?

Porque se han liberado de todo y se dan cuenta que la libertad es insoportable de vivir.

La historia del individuo no es más que la historia de sus argucias para burlar el requerimiento de ser él mismo.

Para aplacar heridas existe un universo mágico, delicioso refugio donde buscar consuelo y alivio.

Sabemos desde Max Weber que vivimos en el universo del desencanto.

La sociedad progresista hace pagar la des-poetización de la existencia, apareciendo la dureza de las condiciones de vida y el consumismo como invento original para contra atacar la decepción.

El ocio, la diversión, la abundancia material constituyen, a su nivel, una tentativa patética de reencantamiento del mundo, una de las respuestas que la modernidad aporta al sufrimiento de ser libre, al inmenso cansancio de ser uno mismo.

Sólo hay dos mundos, el de los escaparates con estantes llenos y el de los estantes vacíos.

Al final, el bienestar, lejos de ser el sueño paradisíaco de millones de hombres, se convierte en una infección.

Al final no se envidian los derechos del hombre, la democracia, el refinamiento cultural, sólo se envidia la plenitud material.

Pero no sólo somos consumidores de bienes materiales, si no de bienes simbólicos, imágenes, relatos, emblemas e información.

La velocidad prevalece sobre la profundidad. Se estimula en exceso para anestesiar la sensibilidad en algunos temas. Las imágenes consiguen estimular nuestra tolerancia a lo intolerable. Los medios de comunicación banalizan el espanto. La exhibición del horror lejos de conmocionar favorece el voyeurismo. La sucesión de imágenes con la que se nos atiborra a diario y que muestra las desgracias de los demás es ante todo pornográfica: proporciona a todos el derecho a verlo todo, injerencia óptica, nada escapa a la indiscreción del objetivo, el libre acceso de las cámaras a las matanzas. La apatía renace al final de la desmesura, el infierno se hace monótono. Desgracias servidas a domicilio a la hora de las comidas.

La abominación se transforma en anécdota. Los medios de comunicación poseen el poder perverso de dominar el espectáculo de la vida porque lo mismo crean un acontecimiento que lo desgastan.

Curiosa perversión, el recuerdo del mal, en vez de sensibilizarnos ante la desgracia, estimula la indiferencia.

Exhibirlo todo, es la mejor manera  de inmunizarnos contra las calamidades.

La atención a los parias del mundo dura un instante. Vivimos en un universo globalizado, más comunicado que nunca, pero… lo que ocurre en él es puro espectáculo.

Disneylandizar el mundo, actualidad edulcorada para podernos escamotear.

Si los intereses perversos consiguen fragmentar la sociedad esta se aleja del pluralismo y así desaparece la sociedad y aparece la secta.

Una vez asimiladas las informaciones que recibimos, se constituyen en juicios y convicciones.

Cuanto más ignoremos que los dueños de nuestras acciones son otros, tanto más dueños serán esos otros de nosotros.

Las leyes las hacen los seres humanos, no los ángeles y nadie hace una ley en contra de sí mismo. Ningún pobre dice: “no robarás”.

Quien tiene poder para fijar las reglas del juego, establece las que le permiten ganar. No  pone reglas que le hagan perder.

A través de la TV, caja parlante, y su autoridad, acostumbramos a contemplar los crímenes contra la sociedad como si se tratase de un cuadro colorista.

Si no nos defendemos contra el plan impuesto en la TV, en los periódicos, nuestros pensamientos seguirán siendo nuestros propios enemigos, por ser los pensamientos del enemigo.

El dolor de vivir, la lucha por la  nada de cada día, la enfermedad y tantas quiebras de la ilusión, reducen al hombre a la inconformidad de existir en el espacio de tiempo que le toca llenar. El ser humano se va despersonalizando hasta convertirse en autómata a las órdenes de la charanga. Lo superfluo se transforma por arte de la persuasión en necesario.

La mayoría de la población busca en los medios de comunicación el entretenimiento que apela a los déficits emocionales que todos tenemos de vez en cuando.

Quien se distrae diariamente con el asesinato, la muerte, el fraude, la violencia bruta, aprende que el derecho del más fuerte, el egoísmo individualista, predomina sobre los derechos humanos, la solidaridad, la cooperación.

El entretenimiento y la diversión de las grandes masas, la organización interesada de su tiempo libre, se ha convertido en una  industria lucrativa.

Esta explotación interesada de las necesidades humanas de asueto y relajación cumple también una función importante: distraer a las grandes masas de la realidad, lo cual debe entenderse como manipulación ideológica y formación de la mentalidad sumisa. Vivimos la cultura del simulacro.

El espectador espera de la TV placer, diversión, desahogo de las tensiones, lo mismo que de la lavadora se espera una colada limpia y de la nevera alimentos frescos.

Disfrutan con el mero hecho de que lo ocurrido le haya pasado a otro no a ellos. La gente lo que quiere son informaciones agradables, espectáculo lo que vulgarmente se denomina “pan y circo”. Diversión para liberarnos aunque sólo sea un rato de las angustias, preocupaciones, desconfianza y malestar que genera el desconocimiento.

La libertad de información no significa que seamos libres para informarnos cuándo, dónde y de lo que queramos. La libertad de información es un postulado, ser libre es otra cosa.

La sociedad difama, descalifica, discrimina y explota a los impotentes e ignorantes.

Harry Pross, comunicólogo decía: “Se retiene información para mantener la ignorancia y se reparte información para suprimir informaciones”.

Los programas de TV demasiado explicativos tienen los días contados y los emocionales cumplen más horas de emisión. El lenguaje audiovisual es emotivo, se burla de los filtros racionales.

En el mundo de la opulencia informativa y de la multiplicación de versiones de la realidad, consumimos imágenes para un disfrute voyeur oscilando entre el vacío y el exceso. Se fomenta la curiosidad morbosa.

La fascinación televisiva por el cotilleo es una atracción hacia lo accidental, revelador de fantasmas colectivos, catalizador de emociones, plasmado en lo escandaloso. Revela un imaginario vinculado a la cultura del exceso, una sociedad que vive en la sobreabundancia,  de bienes materiales y  de relatos.

La opinión pública cede ante la emoción pública.

Youtube, Twitter, entablan una competición mediática enorme donde lo nimio, si es espectacular, supera lo importante. El síndrome consumista exalta la rapidez, el exceso, el desperdicio.

La sociedad vive en la insatisfacción permanente, el consumo reactiva constantemente el deseo, con vistas a perseguir siempre otro nuevo objeto de deseo.

Así el modo de comunicación informativa es epidémico, una información despierta otra    por contaminación.

La circulación de rumores, son puerta abierta a la cristalización manipuladora de las opiniones.

Hay nuevas formas de poder: en vez de seducción, dominación; de atracción,  prohibición; de convicción,  creencia.

La sociedad entera se ha vuelto más sentimental, sensorial.

¿Tienes problemas de soledad? Facebook.

¿Quieres seguidores? Twitter.

¿Quieres inventarte una vida?  Sims.

Las palabras se convierten en misiles, los discursos en corazas, el lenguaje en acción, donde las palabras ocultan un discurso más allá de la palabra.

Lacan decía: “El proletario no es siervo del amo, sino de su goce”.

El poder se sostiene, no negando el deseo de los demás, sino construyéndoselo.

Toda relación del sujeto con el lenguaje es esquizofrénica, se obedece lo aprendido sin saber ni  donde ni cuando. Es un juego peligroso con la ignorancia.

Los sociólogos y los psicoanalistas se convierten en brujos de la modernidad, capaces de orientar, salvar, advertir de los maléficos de la jungla y sus perversas intencionalidades. Alertarán de los rapiñadores del mundo, de aquellos totalitarismos que no quieren que el mundo sea humano.

Pensar sobre los acontecimientos, verlos con la distancia necesaria, para que en nuestras decisiones seamos señores y no siervos.

La reducción de la ignorancia nos protege de la mentira de lo oculto tras el lenguaje.

Cuanto más tardemos en averiguar cómo se genera una opinión en nuestras cabezas, tanto más tardaremos en desechar las opiniones que nos llevan a realizar los deseos de los otros y no los nuestros propios.

Belén Rico García

Socióloga y Directora del Área Socio Política de Arco

Conferencia de Belén Rico

ARCO EUROPEO PROGRESISTA EN EL ATENEO

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La Socióloga y Directora del Área Social de Arco Europeo Progresista, Belén Rico, dará una Conferencia en la Cátedra de Psicoanálisis “Sigmund Freud”, en el Salón Ciudad de Úbeda del Ateneo de Madrid, el próximo miércoles 18/11/15 a las 19:30, en el marco temático de “La palabra: herramienta de dioses y de perversos”. Intervendrán también Antonio Piñero y Ángel de Frutos Salvador.

Te esperamos

VICEPRESIDENTA SEGUNDA DEL SENADO CON ARCO EUROPEO

NINFAS ATENEO

El próximo viernes 30 de  octubre, a las 19 horas, en la Sala Nueva Estafeta del Ateneo de Madrid, darán sendas conferencias sobre la situación política actual, Yolanda Vicente Gonzalez, Vicepresidenta 2ª del Senado y economista, y José Antonio García Regueiro, Presidente de Arco Europeo Progresista y ex Letrado del Tribunal Constitucional.

Presentará y moderará el acto Jorge Gómez Alcalá, Director de la Cátedra de Psicoanálisis Sigmund Freud.

Entrada Libre

CONFERENCIAS EN ARCO EUROPEO

Con el título “La Productividad Personal y la Atención Plena” (Mindfulness), el próximo miércoles 28 de octubre los amigos de Arco Europeo Progresista José Ignacio Azkue y Carlos Urrestarazu, economista y abogado respectivamente, quieren compartir con nosotros sus conocimientos  sobre las tendencias de una sociedad limitadora de la conducta de los individuos.

El acto tendrá lugar en la sede de Arco Hagión, en la calle Alfonso Gómez 42, 3ª planta, a las 18.30 horas.

Os esperamos

En los límites de la angustia

ATENEO DE MADRID

Calle del Prado, 21

 TOSHIBA CAMCORDER

CÁTEDRA DE PSICOANÁLISIS “Sigmund Freud”

Conferencia de Alfonso Gómez Prieto, Director de Arco Psicoanalítico de Arco Europeo ProgresistaPsicoanálisis de lucha: en los límites de la angustia

 Presenta:   Sergio Alonso Ramirez                                                               

Sala Estafeta,   Viernes, 8 de mayo de 2015, a las 19,30 hs.

LA LOCURA FLOTA EN EL AIRE

piano

Quería compartir con vosotros, queridos seguidores y amigos de Arco Europeo Progresista, la noticia del accidente aéreo de estos últimos días donde se ha confirmado la voluntad del copiloto Andreas Lubitz para estrellar un avión Airbus 320 de la compañía filial de Lufthansa Germanwings.

Mi indignación tiene que ver con la inadecuación en los controles psicológicos realizados en profesiones de tan alta responsabilidad como pilotar una aeronave. Es intolerable el adjudicar un diagnóstico de depresión, según comentan los medios de comunicación, a lo que en realidad es un desequilibrio de gravedad como el que padecía este copiloto y con una evolución en su historial médico de varios años.

Estamos viviendo una época terrible en los diagnósticos y peritajes psiquiátricos donde se elige generalmente solo un método fenomenológico y se desecha el abordaje psicoanalítico de los procesos mentales. Para el diagnóstico muchas veces solo se utilizan cuestionarios y tests, buscando con ello, una supuesta objetividad y haciendo desaparecer el diagnóstico etiológico y estructural, ocurriendo pues que muchos cuadros psicóticos graves no desencadenados pasan como depresiones o trastornos bipolares  y donde de haber tenido en cuenta la exploración psicoanalítica inicial se hubiera podido precisar una estructura  psicótica de base.

Esto es debido a un imperativo en los diagnósticos psiquiátricos del manual DSM V, promovido por la Asociación Psiquiátrica Americana y que afortunadamente muchos profesionales se atreven cada vez más a cuestionar.

Los cuadros clínicos de psicosis no se diagnostican sino es cuando ya están desencadenados, donde irrumpe algo de lo fenomenológico, en definitiva cuando se puede objetivar.

En mi consulta veo muchos diagnósticos de este tipo, como esta sucediendo en las primeras aproximaciones con el cuadro de Andreas Lubitz. Si un psiquiatra diagnostica una psicosis,  cambia la posición social y laboral  a ese paciente. Es cierto que un diagnóstico puede estigmatizar a un sujeto, pero es también cierto que hay profesiones, donde está implicada la seguridad de otros y en donde se debe ser más precavido. Cada vez menos psiquiatras se aventuran a formular un diagnóstico diferencial con cuadros psicóticos, si dicha psicosis no está ya desencadenada en forma de esquizofrenia o paranoia, por ejemplo, y optan por lo depresivo, que puede estar, no lo dudo en los cuadros psicóticos, incluso como entidad primaria en la antes llamada psicosis maniacodepresiva, y ahora trastorno bipolar tipo I pero no siendo lo nuclear de las psicosis no desencadenadas. En la depresión predomina más la inhibición, la culpa, el autorreproche y la autoagresión. En los cuadros psicóticos la impulsividad es mucho mayor y la agresividad como pulsión de muerte mucho mas marcada ante cualquier frustración.

La estructura psicótica tiene una cabida muy clara en psicoanálisis y es relativamente fácil de descubrir tras unas pocas entrevistas preliminares, la  experiencia con estos pacientes permite darse cuenta con claridad de este tipo de situaciones. Permite un seguimiento del paciente y una cautela, aun no siendo un cuadro clínico florido.

He conocido algunos pacientes como Andreas Lubitz en mi consulta, mal diagnosticados, hipermedicados con antidepresivos y he confrontado la situación con otros profesionales de la salud mental y desgraciadamente el tiempo acaba  dándome la razón cuando se produce el brote psicótico del paciente.

Para el diagnóstico de la psicosis no desencadenada el abordaje psicoanalítico es fundamental y esta muy olvidado en la formación de los jóvenes psiquiatras.

Pero sabemos que lo que en realidad importa es el dinero, en este neocapitalismo feroz, y donde lo que prima es el beneficio de los laboratorios productores de antidepresivos, por tanto cada vez  son más  los diagnósticos de depresión.

En una sociedad donde la tecnología al servicio de la comunicación está tan avanzada, nos encontramos con que un enfermo muy grave tenía la capacitación para pilotar una aeronave, sin que nadie frenara esta situación.

Siniestra y espantosa circunstancia en un mundo donde parece que la locura campa a sus anchas.

Preguntémonoslos que clase de sociedad estamos construyendo, donde la hipocresía y el antiamor son los amos.

Inaceptable lo sucedido por tanto.  Os alerto de que muchos pacientes como Andreas Lubitz están por la calle, mal diagnosticados, quien sabe si pilotando qué aparato.

Lo real hace efecto de locura, lo real ha entrado en lo social, pero por favor dejemos de abusar de “lo depresivo”, que puede estar desde luego en cualquier cuadro clínico psiquiátrico y llamemos a las cosas por su nombre con precisión.

Y por favor, que la escucha psicoanalítica pueda tener cabida de nuevo en la psiquiatría donde parece que cada vez se la da más la espalda.

Alfonso Gómez Prieto

Médico-Psicoanalista, Director del Arco Psicoanalítico de AEP