“PATEANDO” MADRID: EL TRIDENTE BARROCO (II)

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Si en el primer artículo expliqué que era el Tridente Barroco madrileño, en este describiré la zona como tal y en los siguientes haré un estudio pormenorizado de los distintos edificios y lugares de interés.

El núcleo central del llamado tridente barroco se encuentra en el barrio de Palos del Moguer (hoy Palos de la Frontera) dentro del ensanche sur de Madrid. Queda, pues, inscrito al norte del distrito de Arganzuela y engloba los sectores septentrionales de los antiguos barrios de Santa María de la Cabeza y Las Delicias.

Tiene una forma aproximadamente triangular, con el vértice norte situado en la plaza del Emperador Carlos V. El límite occidental lo constituyen las Rondas de Valencia y Atocha y posee un carácter histórico por tratarse de la unión entre el casco antiguo de la ciudad y su ensanchamiento decimonónico. El oriental está marcado por la estación de ferrocarril de Atocha. El paseo de Embajadores señala la separación con el antiguo barrio de Las Peñuelas.

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A pesar de su relativa modernidad esta zona se caracteriza por la permanencia de una doble funcionalidad residencial e industrial.

El ámbito espacial donde se sitúa el barrio de Palos de la Frontera está inclinado topográficamente hacia el río Manzanares. Gracias a su situación de extramuros hasta mediados del siglo XIX tuvo, junto a sus tradicionales funciones agrarias, otras recreativas desde el reinado de los primeros Borbones para la población madrileña.

La edificación comenzó a desarrollarse desde la periferia de la zona hacia el centro de la misma, y en ello influyeron la presencia de tres estaciones ferroviarias en su contorno: Atocha (1850), Las Delicias (1879) y el apeadero de Peñuelas en 1881, unidad entre sí por el denominado ferrocarril de “cintura” y es lo que actualmente se denomina la zona del Pasillo Verde Ferroviario. Posteriormente el espacio interno se fue compactando a partir de tres grandes vías, los paseos de las Delicias y Santa María de la Cabeza y la calle General Lacy, dejando grandes solares en los ángulos suroeste y sudeste, ocupados luego por fábricas. El transporte colectivo representado primero por el tranvía y luego por el metro se establecieron pronto en la zona y tuvieron un definitivo efecto poblador.

El aspecto morfológico del barrio corrió parejo a la calidad popular y obrera de sus moradores. En un principio destacaba la escasa altura de los edificios, de dos o tres plantas a lo sumo, y la homogénea apariencia que le conferían sus baratos materiales de construcción. A lo largo del siglo XX, se ve mayor altura en los inmuebles y se comienzan a emplear elementos constructivos modernos, cemento, hierro, etc.

Tanto las construcciones destinadas a almacenaje como las industriales se desarrollaron con rapidez en torno al ferrocarril de circunvalación. Esta localización se fue concretando cerca de la Ronda de Valencia y Méndez Álvaro, más próximas a las estaciones, creando el embrión de las futuras zonas industriales del barrio. La diversidad de las zonas industriales ha sido una constante: industrias de alimentación, como las de harina (La Estrella), de cervezas (El Águila), hielo (Pozos de Nieve), tabacos (Tabacalera Española).

En la actualidad toda esta zona quedará dividida en tres sectores. El occidental delimitado por las Rondas y los paseos de Santa María de la Cabeza y Embajadores. El oriental entre las calles Méndez Álvaro y General Lacy ( zona industria). Y por último el espacio central en torno al paseo de las Delicias con función residencial. Y la característica morfológica más ostensible la ofrece el contraste existente entre una edificación antigua, anterior a la guerra y otra reciente. Todo ello, junto con los modernos inmuebles de renta libre que alcanzan precios muy elevados ha contribuido a consolidar un cambio social del barrio hacia la clase media.

He dado una visión general del Ensanche Sur de Madrid desde su fundación por el Plan de Castro en 1860 hasta la actualidad. A través de su desarrollo, se muestra cómo este ámbito urbano, que en principio era marginal, ha adquirido una situación más céntrica. Sin embargo, ha mantenido la doble función para la que fue creado: la industrial, apoyada en sus orígenes en importantes enlaces ferroviarios, y la residencial, de carácter popular.

 

Ana Pulido

ARCO EUROPEO PROGRESISTA

Política de supermercado

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¿Quién no ha elegido un producto por los vivos colores de su envoltorio? ¿Quién se resiste a comprar la felicidad, cuando se ofrece envasada  en una lata roja al módico precio de 50 céntimos? ¿Cómo podemos dejar de comprar un yogur con sabor a fresa, que nos garantiza belleza y salud, o un coche con el que alcanzaremos la libertad y la seguridad que todos ansiamos?

Vivimos en una sociedad que adora al dios Consumo. Sus fieles y leales seguidores, los consumidores, ansiamos alcanzar la felicidad que nos promete comprando los milagrosos productos que nos ofrecen sus sumos sacerdotes. Profesamos una religión que ha modificado muy profundamente nuestras vidas, nuestra forma de pensar, de relacionarnos, de convivir. Exhibimos sus símbolos como elemento de distinción o pertenencia. Las redes sociales nos han permitido transformar nuestra vida también en un producto que exponemos en el gran escaparate de Internet, buscando la ganancia del “me gusta”, el retuit  o incrementando nuestra bolsa de seguidores.

Cuando hoy criticamos a la política por su frivolidad, efectismo y “postureo”; cuando desde algunos medios de comunicación se reprocha a nuestros políticos que se hayan convertido en una especie  de vendedores de promesas inconsistentes, me pregunto si lo que realmente ocurre no es más que una adaptación de la política a nuestro modelo consumista;  a un perfil del votante que cada vez se identifica más con el de un consumidor y menos con el de un ciudadano, obligando a los políticos, adaptándose a este nuevo perfil, a degradar su condición a la de meros proveedores que deben satisfacer a los votantes como si fueran consumidores o clientes.

Cuando el consumismo se ha convertido en la religión dominante,  es fácil caer en la tentación de convertir a la política en un producto más, de devaluarla  sometiéndola  a las reglas del mercado, de subyugarla al dictado de la propaganda. Las propuestas electorales se elaboran más para captar la atención del votante, atendiendo a estudios de mercado que a compromisos ideológicos. Lo complejo se simplifica y la realidad cede frente a la imagen que de ella se construye, en función de los intereses de la marca.

La razón se convierte en prisionera de la pasión. Alcanzar el corazón de los votantes pasa a ser objetivo prioritario en la campaña política. La emoción  no se utiliza al servicio  del mensaje político; es el  mensaje el que sirve para estimular emocionalmente a los votantes en beneficio de  nuestro candidato y para provocar un rechazo visceral hacia el contrario,  a quien se responsabiliza de todos los problemas que nos afectan.

Y como consumidores, aceptamos con agrado que se nos ofrezca la política como un producto edulcorado,  como un espectáculo de entretenimiento con el que disfrutar de nuestras horas de ocio. Premiamos con elevadas audiencias los programas televisivos en los que los políticos se someten a las preguntas de niños de Primaria; admitimos sin escándalo que se utilice el modelo de un catálogo comercial para trasladar las propuestas electorales; nos divierte que se someta a los candidatos a pruebas de habilidad o simpatía que nada tienen que ver con su aptitud, su experiencia, ni su capacidad política.

La gran complejidad y trascendencia de las relaciones económicas y sociales sobre las que interviene el poder político, dista mucho de la frivolidad con la que se aborda la información o la propaganda política. De nuestro comportamiento, exigencia y compromiso ciudadano también depende, en gran medida, que la política siga por la senda de la banalización o que sea tratada con una dignidad acorde con la importancia que tiene para el bienestar de nuestra sociedad. A veces, toda la culpa no la tienen los políticos.

José Ignacio García Pacios

ARCO CON EL ATENEO EL 27 DE JUNIO

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ESTIMADOS COMPAÑEROS Y AMIGOS DE ARCO,

Cuando el próximo 27 de junio el Ateneo de Madrid elija al Presidente, al Vicepresidente 2º y al Secretario 1º del más simbólico custodio de la herencia ilustrada de nuestro país, también decidirá si los ateneístas quieren seguir siendo herederos de sus casi 200 años de tradición como baluarte de los espíritus libres, de los pensamientos no dogmáticos y de la fraternidad universal.

Al igual que “Arco Europeo Progresista”, la candidatura “Convergencia para la estabilidad democrática del Ateneo”, de la que me honro formar parte como candidato a Vicepresidente 2º, está plenamente comprometida con los principios de la Ilustración que han dado su ser progresista al Ateneo y a otras entidades igualmente emblemáticas de nuestro país como la Institución Libre de Enseñanza o la Residencia de Estudiantes.

Personalidades como Menéndez Pidal, Valle Inclán, Azaña, Cossío o Tierno Galván, entre otros excelsos predecesores, nos han enseñado que el ateneísta, sea un hombre público o anónimo, no es un mero socio que paga sus cuotas sino un librepensador tolerante y plenamente identificado con los valores democráticos, cualidades todas ellas que aprecio especialmente en mis compañeros de Convergencia, esto es, en los candidatos a Presidente, el Profesor Dr. D. Pedro A. García Bilbao, y a Secretario 1º, el Profesor Dr. D. Eliseo Sánchez Caro.

Siguiendo ejemplos tan edificantes para el espíritu y la convivencia, desde “Convergencia” haremos frente a todos los intentos que busquen desnaturalizar esta institución y defenderemos con firmeza sus Cátedras, Agrupaciones, Secciones y Tertulias, sólidos pilares de diálogo, ciencia, arte y cultura.

Celebraremos el “II Centenario Ilustrado” de la docta casa, agradeceremos su legado a los que nos precedieron y prepararemos otros 200 años de “libertad, igualdad y fraternidad” con un Ateneo que se siga rigiendo únicamente por la voluntad de sus ateneístas.

A LOS QUE SOIS ATENEÍSTAS OS PEDIMOS VUESTRO VOTO EL PRÓXIMO 27 DE JUNIO PARA “CONVERGENCIA PARA LA ESTABILIDAD DEMOCRÁTICA DEL ATENEO” 

Fdo. José Antonio García Regueiro

Presidente de Arco Europeo Progresista

“Pateando” Madrid: El tridente Barroco

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Entre las reformas urbanas de la periferia madrileña impulsadas por los Borbones en el siglo XVIII destaca el trazado de un perímetro verde de paseos arbolados en torno a Madrid, obras iniciadas en el reinado de Fernando VI y continuadas en el de Carlos III. Se trata de un conjunto de paseos periféricos que se extendían por el norte desde la puerta de San Bernardo a la de Recoletos, obra de Francisco Nangle, o por el sur, en dirección al Manzanares, con trazado en tridente.

Son paseos en tridente, que buscan potenciar las perspectivas e incorporan el paisaje dentro aún de un espíritu barroco. Se trata de anchos paseos que discurren en línea recta flanqueados por hileras de árboles. Los del sur bajaban desde las puertas de la cerca hacia el río en pendiente y sobre taludes que salvaban el accidentado terreno.

El Tridente Barroco (también conocido como patte d’oie). Es el cruce de tres caminos en la glorieta de Atocha (Madrid) que se compone del paseo de las Delicias, el paseo Santa María de la Cabeza y la Ronda de Atocha. Estas tres calles se definen en el siglo XVIII mediante su similitud con un tridente (trívium). Su definición conforma el urbanismo del distrito de Arganzuela.

El modelo para estos trazados en tridente los encontramos en Roma, donde se desarrolló esta tipología viaria en las remodelaciones de la época de Sixto IV a partir de la Piazza del Popolo. Pero también podemos encontrar tridentes en Versalles, donde tres grandes avenidas parten de la plaza de armas del Palacio y atraviesan el pueblo, o en Aranjuez, con las calles de la Reina, del Príncipe y de las Infantas, que confluyen junto al Palacio Real.

El tridente madrileño no es un elemento ordenador de la trama urbana, como en Roma, ni estructurador del jardín, como en Versalles, sino que se extiende a través de una zona periférica, entre la ciudad y el Manzanares. La originalidad del trazado madrileño radica en que el tridente organiza un espacio rural periurbano y está destinado al paseo y la perspectiva en un ámbito de recreo y esparcimiento públicos. El plano de Tomás López nos ofrece una magnífica imagen en donde refleja a la perfección la intersección de estos dos grandes triángulos.

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El crecimiento de la ciudad y el avance tecnológico hizo que aquella zona semirural se convirtiera en un lugar de expansión y ensanche por excelencia. En 1857 el arquitecto e ingeniero Carlos María de Castro recibió el encargo de realizar un estudio de proyecto de ensanche de la capital, propuesta que fue aprobada por un Real Decreto el 19 de junio de 1860. El arquitecto planteaba un ensanche que conservaba en su zona sur el tridente proyectado durante el reinado de Carlos III, una serie de paseos que respetaban los árboles que ya existían desde casi un siglo antes. Los nombres de las calles son testimonios del antiguo carácter paisajista de la zona: Pontones, Ocho Hilos, Chopera, Acacias, Delicias, etc.

El viejo tridente de Carlos III va a servir para albergar un barrio que estaba destinado a equipamientos industriales y viviendas para obreros, destino que exigía además hospitales, hospicios, cárceles, cuarteles y otras construcciones de servicios, como mercados y mataderos.

Los tendidos ferroviarios, que desde 1851 hacían de esta zona de Madrid la gran puerta de entrada desde el sur, ayudarán a consolidar su expansión como barrio industrial.

En la imagen del plano de Ibáñez Ibero se puede comprobar la conexión ferroviaria entre las primeras estaciones madrileñas Príncipe Pío y Atocha, así como el trazado de las Rondas que Castro desarrolló para el proyecto del ensanche. Esta evolución urbana se inició en 1851 con la construcción de la estación de Atocha y, dos años después, con la del Norte; entre una y otra se edificaron estaciones secundarias y apeaderos, Delicias (1880), Peñuelas, Paseo Imperial. A lo largo del tendido ferroviario los solares disponibles fueron ocupados por la industria, así como por los servicios de aprovisionamiento y almacenaje de Madrid, además de acoger el alojamiento de la masa obrera que trabajaba en la zona.

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En la actualidad el antiguo carácter obrero e industrial ha dado paso a una nueva imagen urbana del barrio. El tridente ya no es una zona periférica, ya que desde la segunda mitad del siglo XX la ciudad ha crecido más allá del ensanche, saltando el río.

Las viejas construcciones de fábricas en muchos casos han servido para albergar instituciones culturales y representativas de la nueva sociedad. La proximidad al Paseo del Prado y los nuevos usos la han revalorizado convirtiéndola en una prolongación del eje cultural y monumental de Prado-Recoletos.

La disposición de las grandes construcciones, como la estación de Atocha, y los viales del tridente, permiten establecer una serie de recorridos que van mostrando la transformación y los nuevos usos de esta zona.

Con el presente articulo he querido empezar una serie de ellos sobre la zona sur de Madrid,que muchas veces es la gran desconocida y hay que revindicar que “el sur también existe”.

Ana Pulido

Arco Europeo Progresista

 

Mujeres, mariposas de la vida

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8 de Marzo, el Día Internacional de la Mujer que ha adquirido a lo largo del siglo XX una dimensión mundial para las mujeres del mundo.

En los últimos 20 años se han producido importantes avances en la igualdad de género y los derechos de las mujeres y las niñas, sin embargo, muchos de estos avances se están viendo amenazados. “La Declaración política aprobada el pasado 9 de marzo del 2015 por los gobiernos participantes en la 59 CSW es decepcionante, pues carece de un compromiso claro e inequívoco hacia la realización plena de la igualdad de género, los derechos humanos y el empoderamiento de las mujeres y las niñas.

 Ante esta injusticia social que aún sigue perdurando están las “mujeres mariposas” ,aquellas que se animan a salir del capullo, desplegar sus alas y volar dejándose llevar por la brisa de la vida. Ello les ha permitido ver la realidad de otra manera, valorarnos a nosotras mismas con mayor autoestima y buscar nuestra propia felicidad. Obviamente hay distintos caminos para que nos crezcan las alas y podamos vivir más libremente nuestras vidas, cada una elige el suyo.

“Las mariposas” representan la lucha de las mujeres, de todos y todas los que se enfrentan a la violencia, y también el deseo de construir una sociedad diversa, plural y justa. Las mujeres al igual que las mariposas ,evolucionamos, tomamos decisiones y queremos volar alto. Despertamos cada día como si fuera el último de nuestra vida. Sabemos que la belleza está en los ojos de quien observa y todo ello queremos compartirlo de la mano de nuestro compañero de vida, de aquellos hombres que disfrutan del vuelo de las mariposas…

 Tomemos conciencia de la situación y de la necesidad de promover la igualdad y la equidad entre mujeres y hombres. Impulsar los procesos de autoestima y empoderamiento es tarea de todas y todos.

Como dice un escrito Bahá i   : “La humanidad posee dos alas: una es la mujer, y la otra el hombre. Hasta que las dos alas no estén igualmente desarrolladas no podrá volar. Si una de las alas permanece débil, el vuelo será imposible”.

Carmina Santos

8 de marzo 2016

CAMINANDO POR MADRID: Historia de la Plaza del Dos de Mayo

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La Plaza del Dos de Mayo se encuentra en el solar donde estuvo el Palacio de Monteleón, convertido en Parque de Artillería en 1807 por decisión de Godoy y donde ocurrieron los trágicos sucesos del 2 de mayo en 1808 en la Guerra de la Independencia. Pero veamos cómo nació esta Plaza.

Sobre el Plano de Texeira de 1656, señalado en naranja el primitivo Palacio, en color verde la Iglesia-Convento de las Maravillas y en rojo, los límites aproximados que llegó a tener Monteleón

Sobre el Plano de Texeira de 1656, señalado en naranja el primitivo Palacio, en color verde la Iglesia-Convento de las Maravillas y en rojo, los límites aproximados que llegó a tener Monteleón

Toda la zona que abarca la plaza y calles adyacentes, lo ocupaba el antiguo Palacio de Monteleón. Este palacio ocupaba el solar que va desde el portillo de Fuencarral hasta la calle de San Andrés. Tenía su principal entrada por la calle de San Miguel y San José que es la que hoy se divide en Velarde y Daoiz que aquel entonces formaba una sola calle que iba desde Fuencarral hasta San Bernardo. El palacio era de estilo churrigueresco, tenía una huerta y un jardín en el que había una fuente de mármol.

A principios del siglo XIX el edificio que hasta entonces había sido residencia palaciega es inaugurado como sede museística y en 1807 fue convertido el palacio en Parque de Artillería por Godoy  Los acontecimientos del 2 de mayo afectaron de manera importante al edificio y a la institución puesto que supusieron la pérdida de gran cantidad de objetos, quedando el resto de la construcción prácticamente abandonado. Tras el final de la guerra, en 1814 se intenta recomponer el Real Museo, pero las consecuencias de la contienda se reflejan en el mal estado del palacio por lo que se llevará a cabo el traslado del Museo a su nueva ubicación en el Palacio de Buenavista.

A partir de la segunda mitad del siglo XIX, Monteleón inicia una larga etapa de abandono hasta que en 1844 los restos del edificio albergan una fábrica de maquinaria y fundición. A finales de los años 60 los propietarios de la empresa deciden vender las instalaciones, donando al Ayuntamiento la posesión del arco que servía de entrada.

Año 1869, ruinas de Monteleón, a la derecha podemos contemplar la chimenea de la fundición

Año 1869, ruinas de Monteleón, a la derecha podemos contemplar la chimenea de la fundición

A principios de abril de 1869, se subastaron las obras de demolición y de limpieza del terreno y la zona queda distribuida en una plaza a la que se llamó Dos de Mayo y un trazado urbano en el que se prolongaron las calles como Divino Pastor hasta San Bernardo y se abrieron otras como la de Monteleón, Ruíz y Manuela Malasaña.

Inauguración de la Plaza del Dos de Mayo, año 1869

Inauguración de la Plaza del Dos de Mayo, año 1869

En la conmemoración del Dos de Mayo de ese año se produce la inauguración oficial del monumento. Arquitectónicamente la puerta se caracteriza por su sencillez y sobriedad, cuenta con un solo vano formado por un arco carpanel enrejado y está realizado en ladrillo sobre un zócalo de sillería de granito. La estructura queda cubierta por un tejadillo a cuatro aguas.

Con los años se restauraron algunos elementos del arco conmemorativo y una vez finalizada la Guerra Civil, en 1940 se plantea la renovación del pavimento de la plaza cosa que no ocurre hasta 1943.

Plaza del Dos de Mayo año 1940

Plaza del Dos de Mayo año 1940

En 1997 tiene lugar la reforma más reciente de la plaza a partir de un proyecto del arquitecto Pedro Moleón. La reforma sirvió para dar mayor dinamismo al conjunto rodeándolo de cipreses.

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Grupo escultórico de Daoiz y Velarde

La Plaza del Dos de Mayo es también la historia de una obra escultórica. El monumento a Daoiz y Velarde es el primero que se dedica en España a militares.

La iniciativa de levantar la escultura homenaje surge del rey Fernando VII. La obra se le encarga al escultor Antonio Solá. En grupo fue modelado primero en yeso entre 1820 y 1822. Y en 1827 se esculpe el grupo den mármol de carrara.

La obra viaja desde Roma al puerto de Alicante donde llega en 1831 para trasladarse a Madrid y ser expuesta en el Real Museo de Pinturas (Museo del Prado) donde permanecerá provisionalmente durante años.

Daoiz y Velarde en el Museo del Prado años 1879-1901

Daoiz y Velarde en el Museo del Prado años 1879-1901

La escultura representa a los dos militares en pie, en una composición frontal cogidos de la mano rememorando con este gesto su juramento. Son dos personajes definidos por un hecho popular aunque asimilados a figuras de la mitología clásica, idealizados. Como novedad, la mezcla que realiza en el atuendo de los militares que visten con el uniforme de la época, pero también van cubiertos con clámides clásicas. Se trata de una escultura de características neoclásicas, que sin embargo conecta con el ideal patriótico más próximo a la corriente romántica.

La trayectoria de la escultura comienza en el Real Museo de Pinturas, pero los desacuerdos de los diferentes gobiernos e instituciones ocasionan que el grupo a lo largo de los siguientes cien años, llegue a ocupar hasta siete ubicaciones distintas:

En 1846 la reina Isabel II ordena el traslado de la obra para instalarla en el Parterre del Real Sitio del Buen Retiro. En 1850 regresa al Real Museo de Pinturas.

Daoiz y Velarde en el Parque del Retiro desde 1946 hasta 1950

Daoiz y Velarde en el Parque del Retiro desde 1946 hasta 1950

En 1869 es colocada en el barrio de Monteleón, en la confluencia de las calles Carraza y Ruíz., en el lindero de la tapia de la antigua finca.

En 1879 se vuelve a trasladar a la entrada principal del Museo, donde permanece hasta 1902.

En 1902 fue conducido en una plaza en la entrada de la zona de la Moncloa.

Daoiz y Velarde en la Moncloa entre los años 1902-1932

Daoiz y Velarde en la Moncloa entre los años 1902-1932

Finalmente, el 2 de mayo de 1932, la escultura queda ubicada en la Plaza del Dos de Mayo junto al Arco de Monteleón, aunque separados por sus respectivas rejas de protección. Será con posterioridad, cuando se decida conectar la presencia de ambos monumentos de manera que la escultura ilustra el lugar con la representación de los dos militares, mientras que el arco acoge el conjunto escultórico de los capitanes españoles que participaron en la defensa del cuartel en la jornada histórica del 2 de mayo de 1808.

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Como conclusión sabiendo lo que se esconde detrás de este sencillo monumento, de donde procede, cual ha sido el papel jugado en cada época por la construcción y porque todavía sigue en este lugar, es más fácil comprender como afectan las distintas etapas en el enfoque actual que tenemos del conjunto. Esta visión de las vicisitudes vividas por el Palacio y sus restos, a lo largo de los siglos, confirman la relevancia del monumento como patrimonio artístico y contribuyen a la configuración de la identidad histórica del país. Es emocionante saber cómo el Arco de Monteleón se mantiene en pie, ocupando el mismo lugar desde hace siglos a pesar de los cambios sufridos a su alrededor.

 

Ana Pulido Benito.AEP

 

 

MAÑANA VIERNES “MONÓLOGOS FEMENINOS” EN EL ATENEO

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BAJO LOS AUSPICIOS DE ÁGORA:

ARCO EUROPEO PROGRESISTA Y LAPSUS DE TOLEDO OS ESPERAN MAÑANA VIERNES 11 DE DICIEMBRE A LAS 19 H, EN EL ATENEO DE MADRID, CON LA REPRESENTACIÓN DE “MONÓLOGOS FEMENINOS”

Coordina la Directora de Lapsus de Toledo Cristina Jarque y presenta el Presidente de Arco Europeo Progresista José Antonio García Regueiro

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AGENDA ARCO EUROPEO PROGRESISTA


AGENDA ARCO EUROPEO PROGRESISTA

CONFERENCIAS EN LA SEDE DE ARCO HAGIÓN:

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El miércoles 28 de octubre, los amigos de Arco Europeo Progresista José Ignacio Azkue y Carlos Urrestarazu, economista y abogado respectivamente, compartirán con nosotros sus conocimientos sobre las tendencias de una sociedad limitadora de la conducta de los individuos, con sus conferencias sobre “La Productividad Personal y la Atención Plena” (Mindfulness).

El acto tendrá lugar en la sede de Arco Hagión, en la calle Alfonso Gómez 42, 3ª planta, a las 18.30 horas.

CONFERENCIAS EN EL ATENEO:

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El viernes 30 de  octubre, darán sendas conferencias sobre la situación política actual, Yolanda Vicente Gonzalez, Vicepresidenta 2ª del Senado y economista, y José Antonio García Regueiro, Presidente de Arco Europeo Progresista y ex Letrado del Tribunal Constitucional.

Presentará y moderará Jorge Gómez Alcalá, Director de la Cátedra de Psicoanálisis Sigmund Freud, en la Sala Nueva Estafeta del Ateneo de Madrid, a las 19 horas.

 

ALBERT  CAMUS,UN INTELECTUAL Y UN CREADOR REBELDE Y HUMANISTA

ALBERT  CAMUS, UN INTELECTUAL Y UN CREADOR REBELDE Y HUMANISTA

TOSHIBA CAMCORDER

Quizás, la primera pregunta que deberíamos hacernos es ¿por qué nos interesa Camus, hoy? Porque en medio de una Europa que ha perdido el rumbo y que vive al borde del abismo, cobra, más vigencia que nunca, el pensamiento y la obra literaria de Albert Camus.

En todo momento fue un hombre valiente, incorruptible, coherente y de una gran entereza. Se identificó con Sísifo e intentó dar respuestas a una realidad contaminada de absurdo hasta la nausea y, que sólo podía encontrar en un espíritu irreductible y ético, las fuerzas para seguir adelante.

Hay obras literarias y filosóficas que envejecen mal. Otras, en cambio, ganan con el tiempo. Hoy, en este presente turbulento y desesperanzado, donde parece que no hay salidas, donde cunde el pesimismo y donde muchos están convencidos de que el futuro inmediato será peor que el pasado… la figura de Albert Camus gana enteros y se convierte en un referente ético.

¿Por qué nos interesa y nos emociona Albert Camus, aquí y ahora? Tal vez, porque supo cuestionar las convenciones sociales, con profundidad y rigor, porque se solidarizó con las víctimas, porque eligió, siempre, el bando de los más débiles sin la menor concesión al dogmatismo, ni al dictado de los mandarines que trazan las líneas rojas ideológicas y estéticas… y no permiten a nadie transgredirlas sin pagar un alto precio.

Militante de la resistencia en la Francia ocupada, fustigador del fascismo, del franquismo… pero, también, de los crímenes del stalinismo, que supo llevar hasta sus últimas consecuencias lo que el mismo escribió en una ocasión “Para el verdadero artista no hay, ni debe haber, verdugos privilegiados”

¿Puede considerarse  a Camus un filósofo? Desde mi punto de vista, indudablemente, sí. Fue siempre un pensador que utilizó la narrativa como proyecto dialéctico de la razón. Por eso, maneja, con destreza, la alegoría para traspasar e interpretar la realidad.

Fue un polemista valiente y sin concesiones. Dirigió la revista “Combat” y siempre fue coherente, no sólo consigo mismo y sus convicciones, sino con un ideal humanista de emancipación. En cierto modo, no se sitúa excesivamente lejos del existencialismo. Fue un luchador infatigable por la justicia y buscó insistente y dolorosamente la verdad contra viento y marea.

Resulta inquietante que el I Centenario de su nacimiento apenas se haya conmemorado ni en Francia, ni en Argelia, ni en ningún otro lugar. Una prueba más, de su carácter independiente es que nadie lo reivindique como propio, quizás, porque la soledad es el precio que hay que pagar por elegir la libertad como método y como meta.

Es conveniente comentar su polémica con Jean Paul Sartre. Se trata del enfrentamiento de dos destacados intelectuales. Uno de ellos no responde más que ante su conciencia y ante una visión humanista, mientras que el otro representa, a lo que podríamos llamar intelectuales orgánicos, que dictaban lo que se podía y no se podía decir y lo que había que callar por decreto. Quizás, por eso, casi todo el mundo estuvo de acuerdo con Jean Paul Sartre cuando se suscitó la polémica y tal vez, por eso mismo, hoy, son mucho más numerosos los que comparten el punto de vista de Camus. Buena prueba de que sus esfuerzos no han resultado estériles.

No es posible ni explorar, ni matizar todos los ángulos y todos los recovecos de lo que podríamos llamar el “territorio Camus”. Sin embargo, el lector puede extraer una idea bastante completa de sus convicciones, recordando los cuatro puntos que recomienda a los intelectuales y que tienen la consideración de obligaciones morales:

  • Reconocer el totalitarismo y denunciarlo
  • No mentir y saber confesar lo que se ignora
  • Negarse a dominar
  • Rehuir cualquier clase de despotismo, incluso provisional

¿Por qué es necesario seguir leyendo a Camus y reinterpretar y profundizar su pensamiento, en estos momentos oscuros y sin horizontes? No cabe duda de que pocas veces estuvo tan justificado el Premio Nobel de Literatura como cuando le fue otorgado a esa conciencia crítica e irreductible que fue capaz de formular, con entereza y valentía, “Ya no sabemos en qué consiste el oficio de ser hombre”. Y es que su pensamiento ilumina y pone de relieve, dolorosamente, los problemas esenciales de la conciencia humana.

Me atrevería a sostener que a Camus no se le conoce bien por estos pagos. Creo que no se puede entender su dimensión intelectual ni creadora sin leer “El hombre rebelde”  y  “El mito de Sísifo”,  ya que constituyen un substrato que da coherencia y explica, no sólo su filosofía moral, sino que marcan su itinerario  vital e intelectual y su lucha por encontrar un sentido a la existencia, pese a estar envuelta por densas tinieblas.

Sigue siendo imprescindible releer  “El extranjero” y “La peste”,  pero me atrevería a sugerir una lectura contextualizada y fiel a los acontecimientos históricos. A título de ejemplo, ¿es “La peste”  una alegoría de la invasión nazi? o, mejor aún, ¿podemos considerarnos libres de que nos puedan invadir,  en un futuro próximo,  las repugnantes y pestilentes ratas?

No quisiera terminar esta aproximación a Albert Camus sin hablar, aunque sea sucintamente, de su teatro. Escribió cuatro dramas: El malentendido (1944),  que puede y debe ubicarse en la Francia ocupada, con todo lo que ello conlleva; Calígula (1945), donde pone de manifiesto la angustia metafísica y la soledad del hombre, ante un mundo que no comprende y que lo aniquila; Estado de sitio (1948) poderoso alegato contra las dictaduras en general y contra la franquista en particular y Los justos (1949) donde, con emoción y pasión, establece límites para la acción revolucionaria y se niega a comprender y avalar actos en los que se sacrifique a inocentes en nombre de principios grandilocuentes y vacios.

Leer y releer a Camus, supone apostar por el compromiso ético vinculado al rigor epistemológico que sabe ahondar en los sufrimientos y anhelos del corazón humano.

La suya es una mirada agónica e inteligente capaz de escrutar la realidad, exigiéndole respuestas.

Sólo puede existir salvación si se cree en la lucha sostenida y tenaz contra el absurdo.

Sí es posible mantener la esperanza, es porque antes que nosotros, otros como Albert Camus, plantaron cara a la barbarie sabiendo lo que esa actitud significaba.

El gigantesco Sísifo, una vez más, reinicia la tarea y comienza, con la pesada piedra a cuestas, a ascender la montaña. Mientras Albert Camus, con una gabardina, camina bajo la lluvia de un París liberado. Va a encontrarse en un café del Barrio Latino con María Casares que interpreta, el papel de Marta, en  “El malentendido”  que en esos días está en cartel. Su paso es apresurado, su rebeldía crece por dentro y, se percibe un cansancio y un hastío de quien ha luchado por unos ideales y ve que la realidad toma otro rumbo incompatible con sus exigencias morales y políticas.

Antonio Chazarra Montiel

Profesor de Filosofía y Vicepresidente del Ateneo de Madrid

 

 

TANTA PAZ LLEVE COMO DESCANSO DEJA

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Tras las elecciones del pasado 24 de mayo, algo ha empezado a cambiar, a moverse en medio de esta sociedad, que por primera vez en muchos años, ha tomado la decisión colectiva de encauzar su inconformismo y no limitarse a quejas estériles.

Muchas van a ser las consecuencias. Algunas ya las estamos viendo y, otras, las vamos a poder contemplar en pocas semanas.

La insensibilidad ante el sufrimiento ajeno, los recortes y los intentos de dinamitar  los servicios públicos han empezado a pagarse en las urnas.

Al parecer, el ministro Ignacio Wert va a abandonarnos en pocas semanas o días. Seremos muchos los que no lamentaremos tan sensible pérdida. Ha sido un auténtico desastre. Entre otras cosas, el ministro peor valorado por el CIS, un provocador incapaz de apagar ningún incendio pero que no ha dudado en echar gasolina a cuantos le salían al paso. Un auténtico prepotente que ha ido pisando callos por doquiera que pasaba.

El daño causado a la Educación ha sido tremendo y, desgraciadamente, se necesitarán, al menos, dos legislaturas para paliar tanto desaguisado.

La Educación Pública se ha visto seriamente dañada. Sangra abundantemente por las heridas, que en forma de recortes, la han debilitado. No es cuestión de hacer un largo recordatorio, será suficiente pensar en la disminución de becas, la subida, insoportable, de tasas…

Únase a esto  un retroceso ostensible en la participación de las comunidades educativas en la gestión de los centros y nos hallaremos ante un panorama desolador, que ha sido denunciado por Comunidades Autónomas, Ayuntamientos y, sobre todo, por las Comunidades Educativas que en repetidas ocasiones han salido a la calle en las conocidas como “mareas verdes”.

No se va solo. Arrastra consigo una pesada lastra: la LOMCE, una arbitraria ley, impuesta sin acuerdo, pretendidamente de calidad, sólo en las intenciones y que ha significado cuatro años perdidos y una incapacidad notoria para resolver los problemas que venía arrastrando el sistema educativo. Y, no solo eso, sino creando otros nuevos.

La gestión ministerial del señor Wert deja imágenes patéticas: en Cultura la subida del IVA al 21%, teóricamente para recaudar más pero que, paradójicamente, ha disminuido la recaudación, sumiendo al sector en una crisis profunda: cierre de salas y teatros, disminución de espectáculos, precariedad, paro… en Educación será bueno recordar la drástica disminución  de interinos, el descenso presupuestario, el aumento de alumnos por aula, y la frustración generalizada.

Por estas y otras razones su anunciado nombramiento para  un puesto en la OCDE, no es otra cosa que un cese encubierto… desde luego vergonzante. Si hubiera que escribir el epitafio de la LOMCE, como ley retardataria, discriminatoria e injusta, no sería otro que: “Nadie la echará de menos”

¿Es necesario que las cosas cambien? Por supuesto que sí. Depende de nosotros que se sienten las bases, ahora que es posible, de un nuevo modelo educativo perdurable en el tiempo.

Sería prolijo hacer una larga enumeración, pero, por señalar las más importantes, digamos que tras la celebración de las Generales, la LOMCE, que apenas ha empezado a aplicarse va a ser derogada. ¿Qué habrá que hacer entonces? Especifiquémoslo. Un nuevo pacto o acuerdo educativo, como el que intentó, el ministro Gabilondo,  que dé estabilidad al sistema,  que nazca con un amplio respaldo y con el compromiso de permanecer quince o veinte años.

Hasta la fecha, cada ministro, ha traído su ley bajo del brazo. La acumulación de tantas leyes de educación en el periodo democrático, no ha sido en modo alguno beneficioso: variación de curricula, nuevos libros de texto cada curso, paradigmas educativos diversos y un largo etcétera.

¿Cómo ha de lograrse? Dialogando. Estableciendo unos mínimos, cediendo todos en sus pretensiones y buscando un equilibrio, a base de pesos y contrapesos, en el que todos se sientan representados porque todos serán artífices del nuevo proyecto. Y a este desafío hay que subordinar todo lo demás.

Debemos interrogarnos, con seriedad y rigor sobre  ¿qué características son fundamentales para sostener el modelo al que aspiramos? Una y, desde luego, básica es que combata la desigualdad de origen y que sea un eje fundamental para la formación de los nuevos ciudadanos.

Las generaciones que hoy están en las aulas no deben aprender a acumular contenidos sino a valorar la cultura y la ciencia. Hoy que tanta información se genera, que es difícil de asimilar, es fundamental educar, en el espíritu crítico, y aprender a discriminar lo necesario de lo superfluo y lo esencial de lo reiterativo y con frecuencia manipulador.

Hace ya años que algunos sagaces pensadores hicieron hincapié en la necesidad de apostar por “el ser frente al tener”. El sabio y tolerante Michel de Montaigne ya nos dejó dicho, en sus ensayos que “el hombre de entendimiento nada ha perdido si se tiene a sí mismo”.

 Conviene que recordemos que, prestigiosas instituciones educativas mundiales, han insistido en documentos e informes que la educación es clave para  el proyecto emancipatorio de la humanidad.

Hoy, pedagogos y expertos no dejan de insistir en la importancia que tiene la formación del carácter, ni en que la inteligencia se educa por medio del lenguaje, de hecho, ya hay enfoques y sistemas que tienen este aserto como punto neurálgico.

Debemos conceder una estimable atención a la herencia clásica que es imprescindible para el pensamiento humanista. Ya el viejo Menandro nos advertía, con sabiduría, que “la educación hace civilizados a todos los hombres”.

No es baladí que, a lo largo de la historia, se haya hecho énfasis en que la educación nos hace mejores y nos dota de instrumentos para interesarnos por cuanto nos rodea y para que seamos capaces de extraer lo mejor que llevamos dentro.

Plutarco que, tantos y tan importantes enfoques inteligentes expuso a lo largo de su vida, en más de una ocasión insiste en que la educación moral es básica para que la persona sea capaz de orientarse en medio de las turbulencias, sinsabores,  violencias y fanatismos de un mundo en acelerado cambio. Ahí está, por ejemplo, su conocida sentencia “la fuente y raíz de una conducta intachable es una buena educación”.

 Otro aspecto en el que no puedo detenerme, pero al menos quisiera mencionar, es la educación de los sentimientos. Hoy día empieza a tenerse en cuenta, aunque a mi juicio insuficientemente, la teoría de las inteligencias múltiples. El ser humano no es solo racionalidad, es mucho más. Y una buena formación será tanto más solida cuanto sea capaz de abordar las diversas inteligencias que anidan en el hombre.

Finalmente, es preciso aludir a la Educación para la libertad y su ejercicio responsable.  La educación no transmite sólo conceptos, ni teorías, también, ha de contener en su proyecto emancipatorio valores con los que niños y adolescentes sean capaces de orientarse en la  vida, valerse por sí mismos y no caer  en las trampas de tantas alienaciones y consumismos y de tanta apuesta temeraria por el éxito fácil y por la desconsideración del estudio o la falta de empatía y solidaridad con los otros, especialmente, quienes están más golpeados por el sufrimiento.

Revista Lourdes. Madrid, 2015

Antonio Chazarra Montiel, Profesor de Filosofía

Presidente de la Sección de Filosofía del Ateneo