Las socialistas en el primero de mayo de 1915

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En este artículo abordamos la presencia de las mujeres socialistas en la celebración del Primero de mayo de 1915, con el fin de comprobar la creciente posición femenina en esta celebración fundamental del movimiento obrero socialista en España, a pesar del protagonismo masculino evidente.

El Comité de la Agrupación Femenina Socialista Madrileña (Juana Taboada, María Ruedas, Dolores Fernández, María Rojo, Carolina Esteban, Elena Enhorabuena, Faustina García y María Merino) firmaron el 24 de abril un manifiesto, publicado en El Socialista en el número de ese mismo día, en el que se hacía un llamamiento a las mujeres para que acudieran a la manifestación en Madrid. En ese año se insistía en esta participación porque gran parte de las peticiones que se iban a elevar a las autoridades tenían mucho que ver con la carestía de la vida. La situación de profunda desigualdad existente en España debía ser motivo para que “todas las madres, todas las explotadas, todas las mujeres que sientan en su corazón las amarguras y el dolor ajeno se decidan venir a nuestro lado, cobijándose bajo nuestra roja bandera, que instaurará la paz en el mundo entero”. En el llamamiento, por tanto, se unía el problema de la elevación desmesurada de los precios que castigaba especialmente a los hogares de la clase trabajadora, con el de la guerra.

Otro aspecto fundamental del llamamiento tenía que ver con la propia emancipación de la mujer. Las socialistas madrileñas expresaban que luchaban para conseguir una sociedad donde la mujer fuese más considerada, menos explotada y escarnecida. Se recordaba el duro trabajo femenino en las minas, puertos, fábricas y en el campo. Además, muchas perdían sus hijos en la guerra (recordemos la presencia constante de la guerra de Marruecos, y no sólo la cuestión de la Gran Guerra), mientras que otras se veían abocadas a la prostitución y la miseria.

En el inicio de la manifestación madrileña las mujeres socialistas tuvieron un gran protagonismo. Mientras se iban concentrando los manifestantes, la Agrupación Femenina Socialista se dedicó a vender claveles y flores rojas a beneficio de El Socialista. Se calcula que se vendieron unos quinientos claveles rojos. Las mujeres socialistas se lamentaban porque se habían quedado muy pronto sin existencias al superarse las expectativas. El resto de flores se vendieron mientras transcurría la manifestación. Esta verdadera fiesta de la flor se convirtió en parte de las manifestaciones del Primero de Mayo en muchas localidades españolas.

Eduardo Montagut

El matrimonio según el socialismo a principios del siglo XX

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Una de las manifestaciones más evidentes del anticlericalismo del socialismo español tiene que ver con los actos y ceremonias de la vida, como los entierros y los matrimonios.

Muchos de los socialistas españoles quisieron tener sepelios no religiosos, y este hecho ocasionó no pocos conflictos con la Iglesia Católica, especialmente a fines del XIX y comienzos del XX. Pues bien, se dio el caso de socialistas que deseaban casarse solamente por lo civil, y en esa misma época tuvieron problemas para hacerlo en algunos lugares, por lo que algunos optaron por una tercera ceremonia. En El Socialista se pueden encontrar múltiples referencias, especialmente en relación con los sepelios, aunque también con algunas ceremonias de boda. En este artículo vamos a relatar una de ellas, acontecida en febrero de 1904 en Mieres, cuya crónica fue publicada en el periódico socialista en el número 938 del periódico obrero con el título de “Matrimonio popular”.

Al parecer, Martín Saénz había pretendido casarse civilmente con Pilar Álvarez, pero le pusieron muchas dificultades con el fin de que se casase por lo religioso, por lo que decidió casarse con su compañera ante el pueblo y bajo los auspicios de la Agrupación Socialista de Mieres. Tenemos que tener en cuenta que los inicios del socialismo en esta localidad asturiana no fueron fáciles por la hostilidad de las autoridades y poderes establecidos, como hemos tenido oportunidad de comprobar en un breve estudio que hemos realizado sobre la creación de dicha Agrupación, y que podemos consultar en El Obrero. La Agrupación se había creado unos pocos años antes, en 1897.

Así pues, el Centro Obrero de Mieres, el 12 de febrero de 1904, a las ocho de la tarde, se llenó de concurrentes (según el periódico había tres mil asistentes). Además de los protagonistas de la boda y sus familiares, estuvieron Manuel Vigil y Josefa Molines presidiendo la mesa, habiendo sido elegidos por los representantes de los contrayentes. Vigil fue un personaje muy importante del socialismo asturiano, como nos explica el Diccionario Biográfico del Socialismo Español, secretario de la Agrupación Socialista y del Ateneo Casino de Gijón, concejal en Oviedo, presidente de la Federación Socialista Asturiana, destacado sindicalista de la UGT, miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE, y que llegó a ser diputado en 1931. Se da la circunstancia, en relación con el tema de este trabajo, que fue condenado a prisión el año anterior a la boda que presidió en Mieres, aunque no entraría en la misma hasta agosto de 1904, por la publicación de un artículo considerado “escarnio a la religión católica”.

Vigil explicó el sentido del acto y preguntó a los contrayentes si ratificaban su deseo de contraer matrimonio, y a los padres si daban su correspondiente consentimiento. Preguntó a los asistentes sobre si había algún impedimento para que se celebrase el matrimonio. No hubo ninguno, por lo que se casaron, levantando acta de lo procedido. Pero, aunque la ceremonia se coronó con un aplauso general, el acto no terminó porque intervino el Orfeón Socialista, se leyeron versos y se hicieron algunos discursos. En este sentido destacaría el del propio Vigil porque aprovechó la ocasión para criticar el matrimonio burgués.

El Socialista opinaba que este nuevo tipo de matrimonio había producido una viva impresión entre los trabajadores de Mieres, y se esperaba que cundiera el ejemplo mientras el Juzgado Municipal siguiese poniendo tantas trabas a quiénes no querían casarse por la Iglesia.

Eduardo Montagut