La ideología

CURVA

En esta crisis general de casi todo vuelven a aparecer los que nos hablan de la superación de las ideologías y del consiguiente final de la confrontación entre izquierda y derecha, o de “rojos” y “azules”, según las denominaciones que un líder adornado en el color naranja nos ha repetido en más de una ocasión. Al parecer, se sigue haciendo necesario explicar qué es la ideología y que está presente en todo lo que se dice, hace o se deja de hacer en esta vida Es más, su mensaje tiene, como no podía ser de otra manera, una carga ideológica casi meridiana, eso sí, adornada con concesiones al otro lugar ideológico. Al parecer, algo parecido, aunque no tan notorio, cunde también en los líderes de otra formación de color morado, pero, sobre todo, amiga de la geometría circular, y de una preocupación en crear algo supuestamente nuevo, la confrontación entre los de abajo y los de arriba.

Al parecer, el concepto de ideología tiene un origen francés, y se referiría al estudio de las ideas. El emperador Napoleón inauguró la concepción negativa de la ideología al calificar como tal los pensamientos abstractos y críticos de determinados sectores intelectuales contrarios a su gobierno. Este sentido peyorativo tendría mucha fortuna en el futuro, adaptándose a otras situaciones o contextos. Pensemos en la dictadura franquista y su condena de las ideologías y del propio concepto mismo, y que tanto sigue calando en determinados sectores políticos y, por supuesto, ideológicos de nuestra sociedad.

Pero ya en el propio siglo XIX el concepto de ideología evolucionó y pasó a designar a un conjunto ordenado y coherente de ideas, creencias, conceptos, imágenes y hasta mitos y prejuicios. Las ideologías pueden ser creadas por un individuo o por grupos. Pretenden influir de manera general sobre la organización y el ejercicio del poder en una sociedad. Es un instrumento de transformación o conservación del poder.

La ideología se basa en una especie de doble convicción. En primer lugar, el mundo existente en el momento de su formulación obedecería a unas relaciones económicas, sociales y políticas determinadas. Pero, además, que dicho orden debe modificarse. Algún autor considera que, al final, las ideologías son conservadoras, aunque todas hablen de la transformación y no de la preservación de esa realidad en la que nacen y pretenden actuar. El marxismo, por su parte, hablaba de la ideología burguesa como una superestructura encargada de justificar y perpetuar las diferencias de clase.

Las ideologías crean símbolos que las identifican y que también buscan generar adhesiones, aunque pueden o suelen producir rechazos. En algunos casos potencian la unidad de grupos o pueblos. Pero, sobre todo, dotan a los miembros que las profesan de la idea o ilusión, en el buen sentido del término, de que tienen fines comunes y con un determinado sentido. Por eso la ideología moviliza a esos miembros, ya que les convence de que para conseguir o defender esos fines hay que participar políticamente. Así pues, la ideología genera movimientos políticos, los partidos, por ejemplo, para que sus principios o contenidos abstractos se concreten.

Eduardo Montagut. Doctor en Historia.

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