La convivencia en el confinamiento

CRISTINA

Cristina Jarque es una Psicoanalista de prestigio internacional. Cofundadora de la Asociación psicoanalítica Lapsus de Toledo.

Vivimos tiempos aciagos desde que la terrible crisis por la pandemia de la COVID 19, el llamado coronavirus, azotó al planeta entero, de la noche a la mañana. Aquí en España el confinamiento empezó el 13 de marzo. Debido al confinamiento hemos tenido que recurrir a nuevas alternativas para trabajar, a estas nuevas alternativas se les ha denominado «el teletrabajo». La mayor parte de las personas que acuden a mí, lo hacen desde la desesperación y la angustia. Yo diría que el motivo principal que está agravando síntomas antiguos y despertando miedos que estaban apaciguados es la intensa incertidumbre. Sabemos que por el simple hecho de ser mortales no tenemos control sobre muchas cosas. No obstante saber que no hay certezas, de alguna manera la vida humana se ha ido rigiendo por ciertas situaciones que producen la idea de que hay ciertas cosas que están bajo control.

Creo que el horror al que nos está confrontando esta pandemia es al hecho de que esa idea, la de tener las cosas bajo control, es simplemente eso: una idea, una falacia. Hemos perdido el control… Y ahora ¿qué?

La incertidumbre aparece e invade el alma de las personas, aumentando la impotencia, la intolerancia y la agresividad. Emociones todas ellas ligadas a la intolerancia a la frustración. En un mes de confinamiento he escuchado la recaída de varios pacientes que habían logrado mantenerse sobrios, algunos por más de 25 años. El encierro se está viviendo de muy diversas maneras… Nadie lo vive igual, cada quien lo vive a su manera. Esa particularidad es la que observamos todos nosotros, los que investigamos la naturaleza de la psique humana. Cada familia tiene sus propios códigos para afrontar el problema del confinamiento y la frustración ante la incertidumbre.

La convivencia familiar es algo muy complejo. Hay algunos profesionales que dan ciertas pautas para ir llevando mejor el confinamiento, tales como son el hacer rutinas, el alimentarse de manera sana, el tener horarios de comidas y hora de dormir, no quedarse en pijama, hacer ejercicio, yoga, meditación… Yo quiero concentrarme en decir que la escritura puede ser un remedio muy adecuado para la convivencia familiar porque permite que la persona logre ponerse en contacto con sus sentimientos y al escribirlos le da palabra a esos pensamientos. Esto permite que pasen a ser dichos. De esa manera podemos tener la posibilidad de sacar afuera lo que vamos sintiendo sin que se quede acumulado dentro. Escribir, ya sea un diario o en forma de cartas puede ayudar mucho a resistir la problemática de la convivencia porque es una parcela propia que nos permite desconectar de las obligaciones que tenemos para con el resto de los integrantes de la familia. De esa manera cuando estemos con ellos, podremos convivir mejor pues ya hemos tenido nuestro propio espacio. También he visto que en estos momentos hay una especie de revelación de deseos inconfesos, por ejemplo las parejas que habían postergado los divorcios y en la crisis toman la decisión, o jóvenes que dudaban qué estudiar y en la crisis toman la decisión. Las crisis hacen surgir los deseos más profundos y muchas veces son las crisis las que resuelven dudas que de otra manera nunca se hubieran resuelto. Para enfrentarnos a la convivencia en el confinamiento me resulta muy importante compartir las cinco etapas del duelo descritas por Elisabeth Kübler-Ross. No siempre se presentan en el mismo orden, pero han estado presentes durante esta terrible crisis que nos afecta a todos por igual, en todos los casos que he escuchado en este mes de confinamiento. Aprender de estas etapas puede sernos de mucha utilidad.

1) Etapa de la Negación: se niega la realidad para amortiguar el golpe. Al principio todo mundo lo negaba (incluso los gobernantes) «no es más que una gripita» «no pasa nada»…

– Etapa de la Ira: surge la agresividad como resultado de saber que ha ocurrido algo terrible y que no se puede hacer nada para cambiarlo. En esta etapa empiezan a surgir los culpables. «La culpa la tienen los chinos… el gobierno… las religiones…».

– Etapa de la negociación: se empieza a vislumbrar la posibilidad de encontrar soluciones. «Seguramente aparecerá alguna vacuna… algún medicamento… alguna cura…». «No hay mal que por bien no venga». «Todo pasará».

– Etapa de la depresión: la realidad del confinamiento hace que surja una sensación de vacío que confronta al sujeto a una crisis existencial. En este caso particular (el que estamos viviendo a nivel mundial por la pandemia) se agudiza la tristeza y se puede caer en melancolía profunda, debida a la incertidumbre del futuro laboral y de la situación económica que es absolutamente crítica y difícil para todos. «Cómo voy a mantener a mi familia». «He perdido el trabajo»…

– Etapa de la aceptación: es el momento en el que se logra seguir viviendo, aceptando que hay un problema y tratando de encontrar nuevas alternativas y salidas. Cada quien irá encontrando de manera individual las suyas.

Hay que tener la valentía de poder reconocer estas cinco etapas e irlas viviendo conforme se presenten. Hay que encontrar la sabiduría para aceptar que todos estamos pasando por las mismas etapas y que a nivel psíquico, todos estamos afectados. Entonces y solo entonces podremos decir que hemos logrado sobrevivir (a nivel psíquico). Y entonces… seguramente ¡algo surgirá!

 

 

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