La Tercera Ola y la Reina Cristina de Suecia, por Cristina Jarque

 Reina-CristinaEn este mes de marzo estamos cumpliendo un año del primer confinamiento en España. Tengo la impresión de que en aquellos momentos, la mayoría de las personas, no contábamos con que la pandemia iba a tenernos confinados nuevamente, un año después, en lo que estamos llamando la tercera ola. A nivel de la clínica (aquí en España) he visto un gran incremento en la demanda. ¡La gente está cada vez más angustiada! Es un momento histórico complicado, donde el psicoanálisis, en mi opinión, tiene un lugar de gran trascendencia. Es por eso que desde que esta crisis comenzó, no he cesado en mi empeño por trabajar arduamente, incluso mucho más que antes, en la difusión del psicoanálisis. 

En este año de pandemia, hemos publicado en España (Editorial Ledoria) con la participación de varios colegas de diferentes países del mundo (Francia, España, México, Brasil, Italia, Grecia, Perú, Colombia) cinco libros: «Relaciones familiares, elecciones amorosas», «Monólogos Femeninos (Las voces de la violencia)», Covid-19: Reflexiones y vivencias», Cine y Psicoanálisis» y «Niños al diván». ¡No hemos parado de producir! Actualmente tenemos en curso otros cinco libros más. Uno de estos libros se titula: «Feminismo y Psicoanálisis» y traerá (traducidos al español) todos los textos del coloquio de la FEP (Fundación Europea para el Psicoanálisis) que coordinamos en noviembre. Cada mes, estamos teniendo entre ocho y nueve eventos «online». Todos estos eventos son gratuitos y muchos de ellos, han tenido aforo completo. Todo este trabajo que estamos haciendo desde España y México (bajo mi dirección) tiene múltiples efectos y consecuencias: por un lado, nos mantiene activos, vivos, incluso diría yo, entregados, con gran amor y pasión al psicoanálisis. También tienen función de apaciguamiento de la angustia y la incertidumbre, tanto en los colegas que intervenimos en los eventos, como en todas las personas que nos escuchan, pues son tiempos convulsos para todos.

Finalmente, pienso que todo este trabajo que estamos realizando, está teniendo una enorme función de difusión del psicoanálisis. Con cada evento realizado vamos día a día, alcanzando a más personas, muchas de ellas, no tenían idea de que el psicoanálisis seguía vigente, pensaban que ya estaba obsoleto. Por otro lado, quiero comentar que en los últimos tres meses he sido entrevistada en varios periódicos y programas de televisión, sobre todo por dos motivos que han llamado la atención de los periodistas en Toledo y en Madrid: el libro sobre «Cine y Psicoanálisis» y el monólogo femenino sobre «La Reina Cristina de Suecia».

Estas entrevistas han sido muy fructíferas porque han permitido que aparezcan más personas interesadas en nuestro grupo al percatarse de la labor que estamos realizando en torno al estudio e investigación de la mente humana. En el libro de «Cine y psicoanálisis» han participado ochenta colegas psicoanalistas de muchas ciudades del mundo. Varios de estos colegas han escrito en francés. En nuestro equipo de trabajo nos hemos unido para realizar, la imposible pero necesaria, traducción al español de todos estos magníficos textos, con el fin de dar a conocer en los países hispanohablantes el interesante y valioso trabajo de estos colegas. A partir del libro de cine, y por iniciativa de nuestro querido colega Sebastian Gutiérrez (actual representante de LaTE, Lapsus de Toledo España en México) abrimos un espacio todos los sábados al que hemos llamado «Tertulias para diván». En estas tertulias estamos invitando a los colegas que han participado en el libro. ¡Es un placer constatar el gusto con el que nuestro público de las tertulias recibe a los colegas invitados! Cuando hablan en otro idioma, ponemos el texto en español en la pantalla para que todos los hispanohablantes puedan leerlo y seguir al colega que está hablando en otro idioma.

Después pasamos al momento de preguntas y respuestas que son traducidas para lograr la comunicación. Varios colegas me han escrito diciéndome que las tertulias son ¡momentos mágicos que regresan la alegría de vivir, en estos tiempos difíciles! Lo mismo ha ocurrido con otros muchos colegas, algunos de la FEP, otros de CRIVA, con los que nos vemos constantemente en pantalla como son: Gorana Bulat-Manenti, Aspasie Bali, Monique Lauret, Claire Gillie, Laura Pigozzi, Daniel Sibony, Gérard Pommier, Zorka Domic, Izabel Szpacenkopf, Orsola Barberis, Ahmed Bouhlal, Hélène Godefroy, Mauricio Maliska, Emmanouil Konstantopoulos, Evangelina Kanava y muchos más, con quienes nuestro equipo tiene una gran transferencia de trabajo. Una colega me decía que lo único que aplaude de esta crisis es que estamos trabajando, como diríamos en México «de sol a foco».

Realizamos un evento en la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) coordinado por nuestra querida colega Varinia Cortés que ha sido un éxito y ha permitido que se conozcan los trabajos de los colegas de Europa y Sudamérica a nivel de las universidades en México. Han estado muy contentos y quieren seguir trabajando con nosotros más adelante.

En cuanto al arte, sabemos que debido a que estamos confinados no podemos presenciar actos artísticos, así que estamos organizando varios eventos en torno al arte, porque en mi opinión, es el arte lo que nutre nuestra alma. Daniel Arizmendi (representante de Monólogos Femeninos de LaTE en México) me apoya en la organización de varios eventos en España, Francia, Washington, México y Perú.

Con Estrella Romeralo (vicepresidenta de EnsoñArte) damos un curso en EnsoñArte, una vez al mes, que cada día llega a más personas en Toledo y se está internacionalizando. Gracias a Adriana Varona (representante de LaTE en Colombia) estamos haciendo lazo con colegas en Colombia, con quienes ya estamos trabajando. Quiero también decir que José Antonio García Regueiro, presidente de Arco Europeo, me ha invitado a ocupar el cargo de Directora del observatorio de psicoanálisis de Arco Europeo. Este cargo me ha llenado de energía y estamos realizando juntos un evento al mes, trabajando en conjunto con el Ateneo de Madrid en la agrupación ateneística Agustín Argüelles. Nada de esto sería posible sin el valioso apoyo de los colegas que pertenecen al equipo de trabajo de LaTE y que (además de los ya mencionados) son: Paola Franco, Carlos Mayén, José María Bautista, Susana Alcalá, Yolanda Cogolludo y Ana María García.

En cuanto al monólogo de la Reina Cristina de Suecia, quiero decir que ha sido un personaje que ha venido a seducir y a propiciar la entrada de nuevos miembros a nuestro grupo de trabajo. He hecho el monólogo en tres idiomas: inglés, francés y español. ¡La acogida ha sido magnífica! Eso es lo que he comentado en una reciente entrevista que he tenido con motivo de una invitación que me han ofrecido para darlo en un teatro (si la pndemia lo permite, será el 3 de marzo) junto con un grupo de estudiantes con quienes ya he trabajado antes de la pandemia. Los personajes que he interpretado anteriormente tienen un destino final bastante triste e injusto: son mujeres maltratadas por la sociedad patriarcal y muchas de ellas terminan incomprendidas y en pulsión de muerte.

La reina Cristina de Suecia me fascinó porque es un caso diferente. Es una mujer que se rebeló y no quiso permitir que otros manejaran su vida y su destino. Influenciada por las ideas del filósofo René Descartes, decidió coger las riendas de su vida y vivir conforme al deseo que la habitaba. ¡Su vida me parece un ejemplo maravilloso! El ejemplo de un sujeto que antes de Freud y de Lacan, en los años 1630, escuchó en la voz de René Descartes algo que la motivó a ser la reina de sus propios deseos. Su vida, en mi opinión, es una oda en alabanza del psicoanálisis.

Este personaje me ha permitido difundir nuestra práctica, de una manera novedosa y diría yo, incluso divertida (lo que viene muy bien) en estos tiempos de pandemia. Tenemos tantas actividades que no me alcanza el papel para comentarlas todas, pero estamos con el deseo a todo vapor, trabajando unidos y hermanados, tanto con nuestros colegas de la FEP como con los de CRIVA y difundiendo el psicoanálisis a todo el que desee escucharlo. Por todo esto y por último, quiero mencionar que quizá sigamos teniendo olas: la cuarta, la quinta… Pero en algún momento esta situación va a cambiar, las vacunas están empezando a llegar. No obstante, por mi parte, puedo decir que lo que la pandemia me ha enseñado es que mi deseo es seguir trabajando «de sol a foco» hasta mi último aliento.

La tercera ola, por Cristina Jarque. Fundadora y Presidenta de LaTE

 

Reina Cristina de Suecia

Corría el año de 1632 cuando a los seis años de edad me convertí en la Reina Cristina de Suecia bajo la regencia del canciller Axel. Los grandes psicoanalistas y estudiosos de la mente humana, dicen que el primer recuerdo de infancia deja una huella profunda que marca nuestro destino. Debe ser así, porque cuando yo cierro mis ojos y evoco ese primer recuerdo, veo la cara de mi madre mirando desde lo alto, imperturbable, cómo su hija rueda hacia abajo cayendo de las enormes escaleras del Palacio Real. En aquel momento mi mente de niña se preguntaba por qué una madre no se angustia ante el inminente peligro de muerte de su hija. Pero si me esfuerzo, si logro dejar de lado mis infinitas resistencias, puedo ver que no sólo no se angustió, sino que su mirada contenía cierta satisfacción. Hoy en día tengo dos certezas: que yo no era lo que mi madre quería y que su rechazo trajo como consecuencia que mi deseo se estructurara en contra de ella. La noticia de la muerte de mi padre en batalla precipitó mi coronación como única hija heredera al trono. A partir de ese día me quedó claro el deseo de mi madre, ella quería que yo contrajera matrimonio con el hombre conveniente y sobre todo que tuviera un hijo, de preferencia varón, para que se convirtiera en el siguiente rey de Suecia. En otras palabras, el deseo de mi madre era que yo repitiera la vida que ella había vivido, que fuera como ella. Pero a mí, ni mi madre, ni su vida, me gustaban lo más mínimo.

Para fortuna mía, heredé el temperamento de mi padre: ambos éramos valientes, revolucionarios, rebeldes, de ideas fijas, apasionados, fuertes y con una sed insaciable de conocimiento. Ese legado paterno me llevó a tener correspondencia con los hombres más sabios de la época, como mi querido René Descartes, a quien invité a Suecia para intercambiar ideas. Las ideas de René dieron alas a mi deseo de libertad. En nuestras tertulias comprendí que yo era una librepensadora y que mi deseo era ser libre para seguir estudiando y para promover la cultura a nivel internacional. René me enseñó a entender que mi deseo estaba dividido: por un lado estaban las aspiraciones políticas (deseo de mis padres) y por otro lado mis propios deseos de libertad.

Mi conflicto interno se resolvió a la muerte de René Descartes. Se decía que había muerto de neumonía pero se rumoraba que había sido envenenado porque se le consideraba una mala influencia para mí. El asesinato de mi íntimo amigo filósofo me hizo comprender que mi reino me exigía lo mismo que mi madre: que traicionara mi propio deseo. Así que decidí realizar un acto que me llevó a ocupar un lugar de excentricidad en el mundo entero: la abdicación.

En homenaje a Descartes, tuve la valentía de separarme de mi país, de mi familia, de mis amores y viajé a la Ciudad Eterna que en esa época era la cuna de mi gran sueño: la cultura y las bellas artes. Fui acogida en Roma por el mismísimo Papa Alejandro VII y tuve la osadía de cometer un acto calificado como revolucionario: cambiar de religión.

No lo hice por una cuestión de fe, sino por una cuestión de ética. En ese momento yo ya tenía claro mi deseo. Mi deseo era vivir para el arte y la cultura. La única opción que tenía una mujer para acceder al conocimiento, era estar dentro de la Iglesia, y así lo hice. La gente estaba muy pendiente de mi vida amorosa porque de joven en mi Suecia natal, me enamoré de la Condesa Ebba, y en Roma del cardenal Azzolino. Ambos amores eran amores prohibidos y transgresores. Mi vida ha dejado huella porque me atreví a cambiar lo que se esperaba de mí y tuve la sabiduría de escuchar el deseo que vivía en mi interior.

En Roma logré hacer accesible al pueblo, tanto el arte como la cultura, dando un golpe en la cara a los prepotentes y puritanos. He sido reconocida como un icono de la comunidad LGTB y como una de las primeras feministas . Encontré mi lugar en Roma y soy de las pocas mujeres que están enterradas en el Vaticano.

Nací y morí siendo una reina, primero me llamaban la Reina Cristina de Suecia y después me llamaban la Reina Intelectual y la Minerva del Norte. Aunque abdiqué a mi trono, seguí usando la corona porque mi vida ha transmitido el mismo mensaje que el psicoanálisis: lo importante en la vida no es ser reina de un país, sino ser reina de tu propio deseo.

Muchas gracias.

 

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