AMAR LOS DRAGONES

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La celebración de Sant Jordi, y un mensaje que he visto en la red con el siguiente contenido: “Felicidades Jordi, perdón Jorge, esta España ya no es la que era”, me hace reflexionar sobre Cataluña, una vez más (ya lo hice en la conferencia “El Dret a Decidir”, junto con el Presidente de Arco Europeo, José Antonio García Regueiro, cuyos apuntes se pueden encontrar en la página www.colectivo-rousseau.org, dentro de los debates filosóficos y políticos).

La cuestión es fácil de describir: una parte importante de la sociedad catalana siente a España no como su nación, sino simplemente como el Estado en que por injustos azares de la historia le ha tocado vivir. Su nación es Cataluña, y quieren convertir ésta en un nuevo Estado distinto de España. No lo logran, porque quienes lo desean no han conseguido formar en esa sociedad una masa crítica suficiente como para decantar la balanza política en contra de la enorme inercia centrípeta que ha creado una larguísima convivencia dentro de España. Pero la cuestión es ésa, un problema, y dura ya siglos (José María Ruiz Soroa).

Se me ocurren dos pequeñas iniciativas  para encuentros en positivo. La celebración del Día del Libro, por coincidir con la fecha en que fallecían Cervantes, Shekespeare y Garcilaso de la Vega, pero también porque murieron o nacieron en esa fecha escritores como Maurice Druom, Haldor Laxness (premio Nobel en el 55), Nabokov o Josep Pla, entre otros, se celebra en muchas librerías gracias a iniciativas particulares, pero, a mi juicio, se debería poner en valor por la cultura y educación por los poderes públicos ,el hecho es que el  origen del día del libro se remonta a 1926, en una idea que partió de Cataluña de la mano del valenciano Vicente Clavel Andrés, quien lo propuso a la Cámara Oficial del Libro de Barcelona en 1923 y aprobada por el rey Alfonso XIII de España en 1926. El 7 de Octubre de 1926 fue el primer Día del Libro; poco después, en 1930, se instaura definitivamente la fecha del 23 de abril como Día del Libro, y además con la aprobación de la UNESCO. Barcelona como referente, así de sencillo.

Este día coincide con San Jorge, patrón (dicen) de Alemania, Aragón, Bulgaria, Etiopía, Georgia, Grecia, Inglaterra, Líbano, Lituania, Países Bajos, Portugal, Eslovenia y México. Pero donde toma cuerpo importante es en Cataluña, que con el nombre de Sant Jordi adquiere una significación muy especial y de la que nos deberíamos sentirnos todos orgullosos. La unión de Sant Jordi con el Día del Libro es inolvidable para los que hemos tenido la suerte de vivir unos años en Barcelona. Intercambiar un libro con una rosa siempre es emocionante en un lugar tan peculiar como las Ramblas, y si estás enamorado ni te cuento.

La leyenda de la lucha con el dragón la recogió el costumbrista catalán Joan Amades, que situó el evento en las murallas del pueblo Montblanc. Este año, coincidiendo con el 125 aniversario de su nacimiento, la asociación cultural que lleva su nombre impulsó una actividad para el día de Sant Jordi consistente en lectura abierta de textos tradicionales que la asociación seleccionaba, a modo de ejemplo: “M’ han dit que tu has dit un dit que jo no he dit, i el dit que tu has dit, jo no l’ he dit  perquè si jo hagués dit que tu l’ has dit, fóra ben dit per haver-lo dit jo.” La traducción es fácil, un pequeño trabalenguas que hace que el idioma se perfeccione. Fer país, que diría Pujol.

Nosotros en Castilla tenemos también nuestros dragones, pero sucede que nuestros niños (y algunos mayores) no los conocen. El Poema de Fernán González, poema épico del mester de clerecía cuyo contenido es el de un cantar de gesta que narra diferentes hechos históricos de la vida de este personaje, relevante para la historia de España y de Castilla, está custodiado en nuestro Monasterio. En una edición de mi profesor de literatura medieval, Juan Victorio, se relata (estrofas 467-486) que la noche antes de que comenzara la batalla de Hacina, legendaria lucha que duraría tres días, algo espantoso les ocurrió a las tropas del conde castellano Fernán González: un monstruoso dragón  se apareció en el cielo. Estaba completamente ensangrentado y daba unos enormes y estruendosos alaridos mientras que echaba fuego por las fauces iluminando a los atemorizados ejércitos: “Vieron aquella noche una muy fiera cosa. Venia por el aire una sierpe rabiosa, dando muy fuertes gritos…”.

Imaginemos un intercambio de dragones: unos niños catalanes ven el de Fernán González  y les ponemos a leer las estrofas del poema en castellano antiguo, y encima les enseñamos la biblioteca del Monasterio de san Lorenzo de El Escorial que es donde está depositado un ejemplar, y a los de cualquier colegio público de Madrid, les llevamos a Montblac a ver su dragón, y a que oigan hablar en otro idioma español. ¿No sería eso mejor que lo que estamos viviendo hoy? A los independentistas, o si preferís separatistas, no hay que oponerles separadores. Hagamos un esfuerzo y amemos ambos dragones.

Félix Alonso, Presidente del Colectivo Rousseau

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