DIFERENCIAS ENTRE PSICOTERAPIA Y PSICOANALISIS

 Hay una gran distancia entre los dos métodos . El tipo de escucha es distinto. La escucha del psicoterapeuta se centra en muchos casos en los acontecimientos, mientras que la del psicoanalista es una escucha de conflictos inconscientes subyacentes a los acontecimientos.

Muchas de las técnicas de psicoterapia actuales se apoyan en el psicoanálisis (Ej. : Psicoterapia dinámica breve). Pero otras psicoterapias como las basadas en el conductismo no. A medio camino entre el psicoanálisis y el conductismo se encuentran las psicoterapias cognitivas por citar solo algunas de ellas.

Una buena psicoterapia psicoanalítica puede dar sentido a los hechos importantes y repetitivos de la vida del paciente. El psicoanálisis va mas allá porque intenta descubrir los fantasmas infantiles a través de los cuales el paciente reiinterpreta su historia y modela su realidad al presente. La mayoría de las veces esos fantasmas conflictivos se traducen en escenas imaginarias que el analista intenta revelar al paciente a través de señalamientos e interpretaciones. Estas interpretaciones pueden cambiar por entero la perspectiva ante una situación, siempre que puedan ser elaboradas e incorporadas al psiquismo del paciente. Deben resonar en él y producir efectos. Es como si el paciente marchara alegremente por un sendero y el analista le ofrece correrse a otro. El paciente puede sentir a veces que en esos casos no es comprendido y aliviado ya que le confrontan y muestran otro modo de ver las cosas. Es como un baile con una danza de interpretaciones. El paciente ve las cosas de un modo y quiere transmitir al analista su visión del mundo, el analista lo desplaza a otra posición, pero el baile continua. Ente ambos hay una cuerda elástica que se estira pero no se rompe: Un marco para la negociación con una participación activa del analizando. Las interpretaciones analíticas tienen siempre presente el pasado del paciente y sobre toda su infancia. Es muy importante la oportunidad de la interpretación, las entonaciones de esta, inflexiones de voz empatía y sobre todo que estimulen al paciente a poder sentir afectos. La esperanza en definitiva como decía Freud de transformar el sufrimiento neurótico en infortunio común. Pero la interpretación requiere una elaboración posterior por parte del paciente. No son píldoras mágicas que un medico receta para aclarar el panorama.

Algunos psicoanalistas aceptan que psicoterapia y psicoanálisis pueden complementarse introduciendo primero la psicoterapia y luego el psicoanálisis. En general la psicoterapia al aplicarla en primer lugar alivia al paciente y reduce sus síntomas, pero solo transitoriamente. En mi opinión no basta ese alivio transitorio. El psicoanálisis busca modificaciones profundas en la personalidad del paciente. Pero a veces hay un miedo en nuestro medio a que el psicoanálisis desestructure al paciente. Un psicoanálisis bien aplicado no reemplaza ni agrega, lo que hace es reforzar lo existente. El paciente se reconcilia consigo mismo y se reencuentra a partir de lo que tiene y de lo que es.

Hablamos muchas veces en psicoanálisis de conflictos inconscientes. Son tensiones entre dos impulsos opuestos dirigidos hacia la misma persona, en particular un pariente cercano en nuestra vida. Ej. : Amor y odio a una de las figuras parentales. Raramente son conscientes las dos y a un tiempo. La mayoría de nuestras dificultades relacionales provienen de conflictos interiorizados que se reactivan cuando estamos frente a una persona que recuerda al personaje principal del conflicto reprimido. Ej. : M. Consulta por su inestabilidad profesional. Cada vez que se encuentra bajo la autoridad de una mujer mayor entra en conflicto con ella corriendo el riesgo de perder su empleo. Pudo verse y sobre todo ese paciente pudo sentir que el odio hacia la jefa tiránica no era más que la réplica de una antigua bronca contra su madre todopoderosa ya olvidada.

 

Son conflictos infantiles enquistados en nosotros y que falsean nuestra relación con la realidad. Vemos por tanto que junto a la realidad externa que causa el sufrimiento está además y a veces como causa más importante de ese sufrimiento la interpretación que el paciente hace de ella sobre la base de conflictos crónicos inconscientes que actúan sin saberlo el paciente. En esos casos es importante percibir los conflictos inconscientes del paciente y posibilitar una toma de conciencia de ellos.

 

Para ello es importante estar cerca del analizante para poder entrar en su mundo psíquico. Contrariamente a la imagen caricaturesca del psicoanalista mudo, distante y pasivo encerrado en su neutralidad, yo creo el psicoanalista debe ser una presencia plena y activa centrada en el psiquismo de su paciente. Debe realizar una escucha dinámica intentando alcanzar tres objetivos:

 

  1. Establecer una relación sólida con su paciente. Lo que llamamos transferencia: En la relación con el analista se repiten aspectos de la intensa y dependiente relación infantil con los padres, relación como vimos de amor y odio. Esta transferencia brinda la fuerza emocional para el avance del análisis y la influencia del analista. Esto está presente en todas las relaciones, pero se reaviva mucho en la situación analítica.
  2. Localizar la causa de su sufrimiento: Generalmente conflictos que vienen de la infancia
  3. Lograr traducir esta causa y los efectos que produce en palabras expresivas que esclarezcan, conmuevan y alivien al analizante. La palabra actúa como una luz que disipa los fantasmas de la sombra.

 

Para ello es fundamental la travesía del propio análisis personal del psicoanalista. Así puede recibir el sufrimiento de su paciente, siendo sensible y empático al dolor del otro, pero su reacción no es la compasión ni la obstinación ciega de obtener curación. Es como descender al mundo interior del paciente. El propio inconsciente del analista es el instrumento en el que resuenan las más íntimas vibraciones del inconsciente del otro. Freud nos dijo y a veces se olvida: “El psicoanalista capta el inconsciente del analizante con su propio inconsciente”.

Es como si el psicoanalista presta su propio inconsciente como una pantalla de proyección de imágenes infantiles ya olvidadas del paciente.

Freud afirma que un tratamiento se podría calificar de psicoanalítico siempre y cuando involucrara los principios de transferencia y resistencia. La transferencia, mencionada anteriormente, es un término que hace referencia al desplazamiento hacia el analista de actitudes y sentimientos originalmente experimentados en relaciones con personas del pasado. Por eso el psicoanalista debe preguntarse qué personaje representa él mismo en cada momento para el paciente, o dicho de otro modo a quién habla el paciente. Es un mecanismo por supuesto inconsciente y no quiere decir que de un modo psicótico ese paciente alucine con visiones imaginarias de su terapeuta.

Actualmente algunos psicoanalistas piensan que la transferencia también esta relacionada con características reales de la persona del psicoanalista. Será una amalgama de antiguas relaciones y de nuevas relaciones. Al principio Freud recomendaba a los psicoanalistas el principio de anonimato y neutralidad, pero actualmente se piensa y se discute que la subjetividad de los analistas podría una influencia continua, no siempre óptima, para ayudar a modelar la transferencia. En ese sentido, el estereotipo del analista como pantalla en blanco ya no sería útil. La transferencia puede ser de amor, odio, erotismo, idealización, etc. En realidad tiene múltiples facetas que pueden superponerse. Es cierto que en ocasiones amamos a nuestro analista, en otras lo odiamos y a veces incluso lo odiamos y amamos. En un análisis personal se viven múltiples emociones, muy intensas a veces. Pero el psicoanalista también siente, de hecho es necesario que el paciente produzca también en él sensaciones, a veces también intensas. Lo que sucede es que el psicoanalista ha vivido también su propio viaje analítico, y está capacitado para poder trabajar con esas sensaciones sin que le arrollen. Es comparable a atravesar el Atlántico en un barco velero, con todas las emociones y contingencias que eso supone y luego acompañar a otro navegante que también quisiera atravesarlo, entendiendo que el mar nunca es el mismo y que cada viaje analítico es distinto, para cada persona y para cada pareja analista paciente. Por eso un psicoanalista no puede serlo adecuadamente si no esta largamente analizado. En esas sensaciones del psicoanalista se basa el concepto de contratransferencia. Al crecer sistemáticamente el carácter de la relación con su psicoanalista, un paciente también toma conciencia de los patrones característicos de relación con los demás fuera de su psicoanálisis.

Mediante la interpretación de la transferencia del paciente el superyo se modifica, el ello se amansa y el yo se expande. Además el paciente comienza a reconocer que los sentimientos que surgen en su relación con el analista derivan en parte de experiencias de la infancia que han sido internalizadas y que se repiten una y otra vez en las relaciones actuales. Por otro lado también puede internalizar la nueva relación con el psicoanalista de manera que el paciente comienza a reflexionar y comprender al modo en como lo hace el analista.

La resistencia debe ser superada para que progrese el análisis. Existe en todos los modelos de análisis y también el psicoanálisis del futuro debe contemplarla. Según Freud las ideas o impulsos inconscientes se reprimen y así se evita que lleguen a la conciencia. Durante la cura psicoanalítica, se denomina resistencia a todo aquello que en las palabras y actos del analizado, se opone al acceso de este a su inconsciente. La resistencia se descubrió como un obstáculo al esclarecimiento de los síntomas y a la progresión de la cura.

 

En mi opinión y de cara al futuro en esta época de “entre dos siglos” el campo del psicoanálisis sigue siendo la comprensión de la realidad psíquica del paciente, pero también teniendo en cuenta el medio ambiente que caracterizó a la crianza de ese paciente, sabiendo de la influencia negativa que un medio ambiente desfavorable puede tener en dicho paciente. Es necesario que el paciente cuente ahora en su viaje psicoanalítico con un medio ambiente facilitador y un holding adecuado. El termino holding utilizado por Winnicott es prácticamente intraducible. Algunos lo traducen como sostén o sostenimiento. Significa la manera que tiene la madre de llevar y sostener física y psicológicamente a su bebé en estado de dependencia absoluta. Le procura un sentimiento de seguridad fundamental, base para Winnicott de la fuerza del yo. Esta función seria realizada por aquella figura a la que Winnicott denomina “madre suficientemente buena”, que no es lo mismo que madre perfecta que no existiría. La madre suficientemente buena proporciona ese holding, pero también frustra al niño en sus demandas omnipotentes, lo que es también bueno para mantener la función deseante de ese niño y evitar la fusión absoluta con la madre, es decir le permite independizarse.. Estos conceptos en mi opinión son fundamentales en el psicoanálisis del futuro. El proporcionar un holding adecuado es necesario en todos los casos. El paciente debe encontrar, por tanto, en ocasiones una “madre suficientemente buena” en su terapeuta, que aun no siendo perfecto como hemos visto si pueda proveer protección al self (si mismo) infantil y dañado de su paciente que puede aparecer en ocasiones en el contexto de la sesión psicoanalítica.

Madrid Abril de 2008

Alfonso A. Gómez Prieto

Director del Arco de Estudios Psicoanalíticos de AEP

e-mail: algozpri@teleline.es

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