La palabra y los talleres…mecánicos

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La palabra y los talleres…mecánicos

Por Pilar Úcar

Se produce una metonimia cuando nos expresamos del siguiente modo: “Tengo que llevar el coche al mecánico” porque en realidad, donde lo depositamos es en el taller, espacio ocupado por herramientas, maquinaria, utensilios, aparatos y artefactos de todo tipo, la mayoría un auténtico arcano para “el conductor de a pie”; ahí trabajan los especialistas y profesionales del ramo de la automoción, en concreto, del vehículo que dejamos para su revisión o reparación según el caso.

Y entonces los nervios se nos anudan al escuchar la descripción de síntomas sospechosos y operaciones futuras que van a efectuar para cuya comprensión nuestras neuronas no están preparadas; comienza un trasiego de terminología críptica, un sube y baja emocional como si a una montaña rusa nos hubiéramos subido: alternador, corriente, batería, salpicadero, cigüeñal, manguito, culata, rodamiento, carburador, bomba de aceite, válvula, cruceta, junta, bujía…cada uno de los hemisferios cerebrales y sus cuatro lóbulos comienzan a girar sin control, porque cuesta discernir de qué nos están hablando y a qué hacen referencia mientras observamos, fuera, quieto y mudo el vehículo: atentos seguimos su discurso para averiguar si nos mencionan una táctica militar, o un producto del supermercado, o un diagnóstico sobre nuestra salud o una nueva especie animal en extinción, o el innovador sistema eléctrico importado del extranjero.

Si a todo ese batiburrillo tan habitual y común para los expertos del motor, le sumamos el saludo que nos brindan: “pero, ¡hombre!, no me deje ahí el coche que entonces no puedo sacar los otros, tiene que pasar antes a recepcionarlo”… el miedo se ha apoderado de nuestras entendederas y el colapso mental impide desentrañar el auténtico mensaje; imposible la comunicación. Tan solo esperamos que nos digan la fecha de cuando nos enviarán el presupuesto. Eso sí que lo hemos “pispao”.

DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA Y LENGUA ESPAÑOLA

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Directora Pilar Úcar Ventura

La palabra…de tutora y tutorías

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La palabra…de tutora y tutorías

Por Pilar Úcar

Eso de ser tutora no es ninguna bicoca; quienes pertenezcan al ramo de la enseñanza me darán la razón sin duda.

Entrar en clase para una sesión de tutoría y observar la cara de pasotez, aburrimiento y desidia de los tutorandos, tutorandas y tutorandes que de todo hay en nuestras aulas, resulta tan desalentador como habitual. Nos persigue la fama de emisarios de malas noticias: “verás, tú…” se oye en algunas filas: “ya estamos otra vez…”.

En ciertas ocasiones se adivina algún rostro expectante confiado en el circo lingüístico que despliega la tutora: el arco de contenido va desde la bronca a la felicitación; en la mayoría de casos prima lo negativo, anticipado por el gesto ceñudo, ademán abrupto. La importancia del lenguaje no verbal…(“desaborío”).

Resultan muy interesantes los términos ‘tutor’ y ‘tutorizar’ relacionados con la persona que tutela, representa, cuida y hasta educa; definición aproximada sin entrar en recovecos jurídicos.

Todo eso, y no es poco, constituyen las funciones de un tutor académico en la universidad y añadiría yo que además vigila, atiende, acompaña, facilita, apoya y anima …en ese trasiego del estudiante, a veces proceloso y otras franqueable.

Somos personas orquesta y personas multitask, serviciales, en la mayoría de los casos, que también hay de todo en nuestras aulas, y mayoritariamente dispuestos y solícitos a dar una cita en el despacho, a contestar mensajes, a revisar trabajos, realizar sugerencias, proponer estrategias…suma y sigue.

La familia léxica del tutor pertenece a la del trabajo concienzudo, riguroso y meritorio y se cruza también con la terminología de la vocación (vocare en latín, llamada) y profesión (professio, ocupación).

Si unimos todas las anteriores características, deberíamos consignar la imperiosa necesidad social de recetar como prescripción médica: “ponga un tutor en su vida”, cada ocho horas, por ejemplo.

DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA Y LENGUA ESPAÑOLA

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Directora Pilar Úcar Ventura

 

La palabra y el “sevillismo”…lingüístico

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La palabra y el “sevillismo”…lingüístico

Por Pilar Úcar

Pasear por Sevilla, pegar la oreja y percatarse del estereotipo lingüístico que caracteriza a los sevillanos, aparte de su aspecto engominado y endomingado (del que no reniegan como seña identitaria), resulta fácil y placentero para filólogas, siempre con el oído atento.

Desde el famoso “Ozú mi arma” tan imitado por cómicos al “arsa y olé” con la gracia y el salero que les caracteriza al paisanaje de Híspalis (amén de palmas y bullanga).

De camino a la feria del libro, el taxista me habla del estrés al no poder circular cómodamente por los atascos y no duda en comparar su ansiedad así: “más tenso que Marco el día de la madre”. Brillante, sin paliativos, y yo a carcajada tras la mascarilla. Por muy “abuelada” que sea, a él se la ocurrido (porque fuente no ha citado) acercar su nerviosismo al del protagonista de aquella serie mítica de animación, que desde el 4 de enero hasta el 26 de diciembre de 1976, nos mantuvo en vilo deshechos en lágrimas. Ni atisbábamos la que se nos venía encima con aquel niño y su mono en busca de su madre…eso sí que era tensión.

Paralelismos al margen, y siempre analizando nuestro idioma, en Sevilla iba a tomar manzanilla y pregunté el nombre de alguna marca para no pecar de cateta; un camarero me preguntó: ”¿usted quiere manzanilla fría, verdad?”. De donde avispada filóloga, deduje que la caliente se reserva para la infusión.

Trampas del lenguaje porque en un bar de carretera de Jaén, al decir “manzanilla fría”, obediente alumna, la camarera me explicó: “si quiere, se la puedo calentar y luego le pongo hielos para que se la tome fría” indicándome el adminículo que pende de la cafetera de donde vierten líquidos calientes.

Imprescindible la exégesis para beber manzanilla.

DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA Y LENGUA ESPAÑOLA

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Directora Pilar Úcar Ventura

Resiliencia en educación

RESILIENCIA Imagen de Wokandapix en Pixabay

Resiliencia en educación

Por Rosa Amor

La resiliencia es una rama englobada dentro de la psicología positiva. Es uno de los pilares sobre los que se fundamenta dicha psicología positiva, junto al flow, la introspección, la creatividad y el optimismo. Aprender a ser resiliente es uno de los mayores desafíos que se pueden tener, hoy, en el ámbito educativo. Dicho ámbito no debe centrarse exclusivamente en los aspectos académicos, sino que desde la etapa infantil, se integra en la literatura, en la lectura y en todo proceso fundamental del crecimiento del individuo.

 La psicología tradicionalmente se centró en la psicopatología y en el dolor emocional, y en cómo encontrar los modos de paliarlo y superarlo, pero dejó de estudiar a aquellas personas que se sienten plenas, felices y realizadas, así como todas esas cualidades o características que hacen que una persona se sienta bien o los factores que hacen que valga la pena vivir la vida.

 Ambos aspectos son importantes y es fundamental su equilibrio. La resiliencia es la capacidad universal que nos permite desarrollarnos a partir de la adversidad. Parte del dolor para llegar al bienestar y al crecimiento, no solo a nivel personal, sino como impacto en otros o en la sociedad.

 Las personas positivas y vitales afrontan mejor los acontecimientos traumáticos, como la muerte o la enfermedad de un familiar o un ser querido. Se sobreponen mejor y adquieren nuevos conocimientos tras la experiencia para afrontar mejores situaciones similares en el futuro.

 Esta capacidad de hacer frente a las experiencias traumáticas e incluso obtener beneficios de ellas, permite sacar lo mejor de uno mismo en momentos adversos. Se trata de construir desde la adversidad, de crecer con las crisis y de desarrollarnos como seres humanos, aprovechando lo mejor que tenemos en nosotros mismos: nuestra capacidad de aprender en momentos críticos. El cambio de paradigma, de un modelo de daño a un modelo de crecimiento, supone dar importancia a la adquisición y mejora de capacidades.

 La resiliencia también es la capacidad de recuperarse, sobreponerse y adaptarse de forma adecuada a la adversidad y de desarrollar competencias sociales, vocacionales, motivacionales y académicas independientemente de los acontecimientos adversos a los que se esté expuesto. Estas situaciones dolorosas, estresantes o negativas sirven para crecer y fortalecerse. Resiliencia y educación coinciden en ese camino de enseñanza y aprendizaje. Proceso de vivir y aprender. Vivir la vida de la mejor manera posible, desde el bienestar, a pesar del sufrimiento o la pérdida. La educación actual requiere que nos adaptemos a cambios, que seamos creativos, que superemos limitaciones y adversidades, y adquiramos valores, al igual que la capacidad de resiliencia.

 A lo largo del proceso educativo, tanto profesores como alumnos van a pasar por situaciones de frustración, pérdida, abandono, rechazo o dolor, tanto personal como profesionalmente. Aprender de ello y que sirva para fortalecer también los momentos de éxito, de cooperación o de satisfacción, forma parte del proceso de resiliencia. De ahí su importancia en el ámbito educativo.

DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN 

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Directora: Rosa Amor del Olmo.

La palabra y la mano de mi catrina…

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La palabra y la mano de mi catrina…

Por Pilar Úcar

En estos días tan significativos la catrina  que luce en un hueco especial de las estanterías de mi despacho universitario me mira, hierática y elegante. Cuando entro, me saluda de frente, no desvía su mirada y atisbo cierto movimiento en su boca pintada.

Me vigila condescendiente y sonríe como una dama experimentada que se alza de las tinieblas al júbilo….Me pulsa y me reta con sus ojos tan expresivos que emergen de cuévanos vistosos. Un nuevo día, que no es poco, otra vez juntas.

¡¡Cuánto hemos vivido y quién cuánto por vivir!!

Su policromía a veces me inquieta: un cromatismo que invita a danzar y a pensar:

…“recuerde el alma dormida, avive el seso y despierte contemplando cómo se pasa la vida, cómo se viene la muerte tan callando, cuán presto se va el placer”…

Versos famosos del gran poeta castellano Jorge Manrique. Como si ambos se conocieran, Catrina y él forman una pareja  de baile en la antecámara del tránsito, acompasan ritmos al unísono, de un lado al otro … navegan por las aguas de la laguna Estigia y Caronte empuja levemente la barca.

Muerte y vida, jolgorio y tristeza, cuerpo y alma.

Mi catrina parece que apunta, respingona un horizonte lejano y anticipa, presuntuosa a través de la luz del ventanal, tinieblas de antaño, augurios funestos…su vestido escayolado despeja sobresaltos. Y entonces, una mueca plácida…todo está bien.

Ocupa ese lugar señalado desde hace mucho tiempo; la conocí, nos conocimos en uno de mis viajes a su lugar natal…localidad de tanto afecto para mí, de tantos afectos hoy presentes, y alguien me sugirió que la catrina en la vida personal de quien la posee es una fiesta. Me gusta mirarla: me giro levemente y ahí está.

Sonreímos juntas: ella silente en apariencia, muda y sin ánimo de ejecutar juicio alguno de tanto acontecer entre esas cuatro paredes académicas.

La catrina por mor de su demiurgo y el preboste que la bautizó, adquiere ringorrango con el tiempo, prestancia sólida: una postura lúcida que con tanto arte y maestría supieron plasmar José Guadalupe Posada y Diego Rivera, grande y poderoso.

Catrina no necesita carátula, ni máscara ni antifaz, toda ella es un mural majestuoso de ironía y júbilo, sarcasmo y crítica populares.

Burla, humor y enseñanza, figura llamativa y colores estridentes. Compite fraternalmente con la calaca, un cráneo “garbancero” con visos de abolengo y pedigrí, calavera extraordinaria que se une al esqueleto estilizado de la fémina fúnebre sin guadaña.

Si la vida es un valle de lágrimas, así nos lo aseguran, una contienda personal, ella, Catrina, triunfa en las justas lúdicas y en torneos florales. Porque toda ella es luminaria y jardín. Victoriosa nos empuja a caminar a su lado: sombra risueña.

Inanimada y con aliento propio en pura paradoja, que insufla hálito sin distingos de momentos vitales más o menos propicios.

Su traje de gala no es un simple atrezo, ni decoración de cartón piedra en una escena dramática, se trata de un outfit de época, de la gran época llena de polisones, miriñaques, frufrú, lienzos hechos a medida de su estilizada figura, un auténtico tapiz flamenco con genuino folklore identitario.

Regia e indómita, asiste a fiestas de gala: ojo avizor, periscopio sin fisuras para criticar miserias y falsedades, oropel y penurias, fallos y vanidades que en una hoguera se esfumarán.

Catrín y Catrina configuran pareja admirada y admirable, una imagen perpetuada más allá del tiempo y del espacio, aristócratas que del campo ascienden a salones; del puchero donde se cuece el garbanzo al pulque que se paladea entre cristales y balcones.

Corrección política al margen, más allá de pueblos autóctonos y de otros viajeros, comerciantes nativos y visitantes foráneos, sociedad palpitante…población solidaria y generosa sin reniego de origen, Catrina representa un crisol fundido sin forzar generaciones; cultura y lengua, costumbres, idiosincrasia particular y herencia asimilada.

Siempre Catrina, tocada, nunca el cráneo va desprovisto de la sombra que engalana su anatomía extrema: sombrero, pamela, encaje, puntillas, raso y sedas y plumas, muchas tantas como las que le pintó el marido de Frida Kahlo en aquel famoso Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central.

La catrina trasciende su propio ser para configurarse en motivo artístico de versos, letras y estrofas; nihil novum sub sole…la muerte ronda la vida: dos caras de la misma moneda, Ormuz y Ahriman, luna y sol.

En los días de los muertos, la algarabía exalta al finado, se celebra el deceso, el obituario se festeja. Danzas medievales, momentos culturales de costumbres añejas con sabor a burbuja.

El pueblo, impregnado de euforia, se desparrama por las calles compartiendo deseos, esperanza y sueños. Burlas y chanzas, sentido del humor ante lo inexorable. Ya que estamos, vivamos que luego catrina nos mecerá para adormecernos y otros brindarán por nosotros.

El recuerdo siempre, el recuerdo y la memoria. ¿Para qué esquivar lo que se va a cumplir? México y otros países se unen más allá de la distancia marítima –transoceánica- en la visión de la muerte; la perciben con inteligencia y sabiduría: la vivencian en cuentos infantiles y la proclaman con la palabra proferida de generación en generación; momentos jocosos e instantes de verbena.

Las catrinas nos hacen un guiño de afecto democrático: todos igualados y sin diferencias, nos ofrecen sus manos sarmentosas, una extremidad huesuda en guante de terciopelo.

Firme y delicada esa muerte, imaginada y real, acude a su hora. Cuántos escritores la han mentado; protagonista en la gran pantalla tiene lleno su carné de baile. Resabios populares y matices culturales. Cuerpo y alma, espíritu en pura esencia. Riqueza y variedad, crisol de poblaciones, caleidoscopio personal y colectivo.

Poco falta para que Catrina agarre un pasaje y se encarame en la cubierta de un barco y surque mares hacia nuevos continentes, que ascienda por la pasarela y la aclame la tripulación expectante de tan singular invitada. Se ha bajado de aquel pedestal pétreo de su ciudad y con tacones y sombrilla sin mirar atrás, erguida y casi marcial se dirige a otro mundo, el suyo y el de todos. Se desliza entre cortinajes, traspasa muros y se ubica, tranquila en mi despacho recordándome siempre mi caducidad, mi finitud y trasportándome a esos viajes en trajinera por Xochimilco.

En estas fechas tan significativas para todos nosotros para todos los que hoy participamos en esta convocatoria, nuestro corazón con los ausentes, con los seres queridos que gozan de mejor vida, de una paz que compartiremos cuando nos roce el sombrero de Catrina.

Hoy mi corazón está con los míos que siempre velan por mí.

DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA Y LENGUA ESPAÑOLA

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Directora Pilar Úcar Ventura

 

 

La palabra y el “Call for papers”

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La palabra y el “Call for papers”

Por Pilar Úcar

No hay congreso académico, científico o de cualquier rama del saber, desde el humanismo a la técnica, desde la ecología a la moda, lo que antaño venía siendo de manera simplificada y reduccionista letras y ciencias, que no pegue con asiduidad un “bocinazo” a través de esa famosa y familiar expresión -para los que formamos parte del ramo, claro está- “call for papers” (CFP).

Y entonces ya todos en alerta, preparados en la línea de salida: nos están pidiendo, solicitando, proponiendo algún envío de ponencia, comunicación, contribución que encaje, de la mejor manera posible, en las hechuras de un título tan atractivo como rocambolesco, en el marco de una nueva convocatoria congresual.

La liturgia resulta archisabida: nos partimos la cornamenta, nos devanamos el seso hasta que damos con un contenido, siempre en modo resumen (abstract) que poco o nada tiene que ver con la “llamada” a la que atendemos con premura y estrés por si nos aceptan o no la idea pergeñada y por supuesto, sin olvidar las palabras clave (key words). Si todo esto no va acompañado de nuestra biodata, pocas posibilidades de que esa “voz a grito herido” surta efecto (refused).

Igual ocurre si deseamos la publicación de un artículo en un soporte, cobertura, medio o foro de Alto Impacto (AI); nos topamos con los temidos y en muchas ocasiones, estrambóticos JCR (Journal Citation Report) o JIF (Journal Impact Factor).

Todo en inglés, porque el idioma patrio -en nuestro caso, el español- parece que no da ni para el impacto, ni para el factor… (¿Solo para el escándalo?)

Perdonen mis lectores por la bastez, pero en el mundo de la Academia, en muchas ocasiones, nos la cogemos con papel de fumar.

Todo sea por el avance del conocimiento de la sociedad…

DEPARTAMENTO DE FILOLOGÍA Y LENGUA ESPAÑOLA

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Directora Pilar Úcar Ventura

 

En defensa del Ateneo

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En defensa del Ateneo

Por José Antonio García Regueiro

El próximo 27 de octubre tendremos que decidir los ateneístas si queremos sustituir el actual Reglamento por el propuesto por la comisión constituida para ello. Es una iniciativa del Presidente Luis Arroyo que entiendo muy positiva; en efecto, el sustituir el actual Reglamento se ha constatado necesario en los últimos años por los graves problemas que venimos arrastrando en la Docta Casa.

No he formado parte de esta comisión ni he participado directa o indirectamente en la elaboración del Reglamento que propone. Parto de la misma posición que la mayoría de los ateneístas, esto es, desde una posición neutral y sin ideas preconcebidas. Doy aquí mi opinión de forma breve y sin acudir a tecnicismos jurídicos.

En primer lugar, debemos tener en cuenta que si algo caracteriza a la Junta de Gobierno en el Reglamento todavía vigente es la inestabilidad. Una inestabilidad derivada, como ya expuse en mi anterior artículo, por su renovación anual por mitades y el que sean las listas abiertas. Es cierto que puede argumentarse que es un sistema muy democrático pero la práctica nos indica que con frecuencia se ha utilizado para pactos “contra natura” entre distintos grupos, de forma que el ateneísta cuando vota no siempre sabe que se cuece detrás.

Es más fiable para el votante que las listas sean cerradas y bloqueadas (como las que se utilizan para elegir a los miembros del Congreso de los Diputados); y son los gobiernos más estables y eficaces si se renuevan cada cuatro años (como el Gobierno de España).

También me parece más razonable que las asambleas generales de socios sean cuatro al año y no todos los meses; si es necesaria alguna más basta con convocar una Junta General extraordinaria.

Y, en general, es evidente que el nuevo Reglamento se corresponde mejor con las exigencias de la Ley Orgánica 1/2002, de 22 de marzo, reguladora del Derecho de Asociación.

Además, es importante tener en cuenta que estamos ante tres posibles escenarios. Que haya más votos en contra que a favor del nuevo Reglamento. Que los votos a favor del nuevo Reglamento consigan alcanzar la mayoría cualificada que se exige para su aprobación. Y, por último, que los votos a favor del nuevo Reglamento sean más pero sin alcanzar la mayoría cualificada exigida para su aprobación.

En los dos primeros casos la situación es clara y no ofrece mayor comentario. Pero en el caso de que haya una mayoría de votos a favor del nuevo Reglamento pero sin alcanzar la mayoría cualificada, tendríamos una situación muy singular: seguiría vigente el Reglamento actual a pesar de que una mayoría de Ateneístas ya no lo quiere. Es decir, seguiría siendo la norma legalmente válida, pero adolecería de una evidente falta de legitimidad.

Según mi criterio, en este último caso se debería hacer un esfuerzo entre todos los grupos relevantes del Ateneo para llegar a un nuevo Reglamento de consenso; para ello resultará imprescindible que se abandonen posturas numantinas en defensa del actual Reglamento. Toda hagiografía del actual Reglamento resulta perjudicial para el futuro del Ateneo.

En conclusión, lo realmente importante no es la defensa del Reglamento todavía vigente sino la defensa del Ateneo. Y no me cabe duda de que se defiende mejor a nuestro Ateneo con el Reglamento que propone la comisión.

Por todo lo expuesto, votaré a favor del nuevo Reglamento.

José Antonio García Regueiro, se presenta por el Grupo 1820 a Presidente de la “Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas” y a Secretario Primero de la “Sección de Ciencia y Cultura Militar”.

Es Letrado del Tribunal de Cuentas, Letrado del Tribunal Constitucional y Jurídico Militar. En el Ateneo es Presidente de la Agrupación Agustín Argüelles y ha sido Vicepresidente (2017 a 2019), Presidente de la Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas (2020 a 2021) y Vicepresidente de la Sección de Cultura Militar (2020 a 2021). Socio del Ateneo 31.646.

En Madrid, a 24 de octubre de 2022

 

 

 

 

 

Por un futuro mejor para el Ateneo de Madrid

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Por un futuro mejor para el Ateneo de Madrid

 Por José Antonio García Regueiro, Presidente de Arco Europeo

Como cada año, el próximo 27 de octubre elegiremos a los consocios que nos representarán en las mesas de las distintas Secciones del Ateneo y, además, en esta ocasión, también tendremos la posibilidad de actualizar nuestro  Reglamento con el propósito, nos dice el Presidente del Ateneo, Luis Arroyo, de que sea “más democrático, más estable y operativo y para poner al día su funcionamiento de acuerdo con las leyes y las normas de nuestro tiempo”.

Como sabéis, el Ateneo afronta en los últimos años, sin temor a exagerar, unos retos cuya adecuada resolución es sin duda clave para conseguir que enlace con su pasado histórico a la par que se moderniza conforme exigen los nuevos tiempos. Sin duda, desde la llegada del actual Presidente Luis Arroyo con su equipo a la Junta de Gobierno, empiezan a darse signos esperanzadores de recuperación en los que son los pilares básicos para la vida de cualquier institución, esto es, la solidez orgánica y la sostenibilidad económica.

En este sentido, la actual Junta de Gobierno ha ido superando las políticas erráticas de anteriores presidencias pues éstas únicamente ofrecían parches a los distintos problemas, se mostraban incapaces de superar los desajustes estructurales y adolecían de cualquier tipo de iniciativa que permitiera conseguir la financiación suficiente.

No cabe duda de que un elemento positivo y estabilizador, que permitirá políticas más coherentes y prolongadas en el tiempo, es la previsión, entre otras, del Reglamento, que se somete a votación, de que la Junta de Gobierno se renueve totalmente cada cuatro años y que las elecciones a la misma sea por el sistema de listas cerradas y bloqueadas. Todos somos conscientes de la inestabilidad derivada de su renovación por mitades cada año y de las consecuencias poco edificantes de los pactos en la oscuridad que permiten las listas abiertas.

Por otra parte, debemos recordar las dificultades derivadas de la escasa financiación, tanto pública como privada, que nos condenaba a un modelo poco competitivo con otras instituciones semejantes, desventaja que se acrecentaba con gestiones poco afortunadas y nada acordes con las exigencias actuales.

El Grupo 1820 ha reforzado el comportamiento democrático de nuestros órganos adoptando medidas acertadas de política institucional, ha conseguido tanto el aumento de socios como de conferencias y espectáculos de excelente calidad, y ha asegurado la provisión financiera impulsando el crecimiento económico.

Por todas estas razones, los ateneístas que somos miembros de Arco Europeo apoyamos al Presidente Luis Arroyo y votamos a todas las candidaturas para las Secciones que presenta el Grupo 1820. Además, varios de nosotros formamos parte de las candidaturas del Grupo 1820.

José Antonio García Regueiro, se presenta por el Grupo 1820 a Presidente de la “Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas” y a Secretario Primero de la “Sección de Ciencia y Cultura Militar”.

Es Letrado del Tribunal de Cuentas, Letrado del Tribunal Constitucional y Jurídico Militar. En el Ateneo es Presidente de la Agrupación Agustín Argüelles y ha sido Vicepresidente (2017 a 2019), Presidente de la Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas (2020 a 2021) y Vicepresidente de la Sección de Cultura Militar (2020 a 2021). Socio del Ateneo 31.646.

En Madrid, a 19 de octubre de 2022