Principales métodos de enseñanza de la lectura

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Principales métodos de enseñanza de la lectura

Por Rosa Amor

La escuela comienza como institución desde el momento que se hace necesaria la enseñanza formal del lenguaje escrito. Varios autores emplean el término “la querella de los métodos” para referirse a la polémica entre defensores de los distintos métodos para el aprendizaje de la lectura. Esta “querella” ha contribuido a que los métodos hayan cobrado valor en sí mismos que los han alejado de la realidad. Se ha discutido tanto sobre la calidad de los caminos que se ha perdido de vista el destino hacia el que conducen. El término que se suele utilizar para clasificar los métodos es el tipo de procesos mentales que el niño tiene que realizar para cumplir con el objetivo de aprender a leer y a escribir. A continuación, se exponen los principales métodos en función de la clasificación propuesta por Cassany, Luna y Sanz (2007):

  1. Métodos sintéticos. El aprendizaje se inicia a partir de las unidades mínimas del lenguaje, de modo que para aprender a leer el niño debe realizar una operación de suma, síntesis, de los elementos aprendidos de forma aislada. Dentro de estos métodos encontramos a su vez:
  • Métodos alfabéticos: cuando las unidades mínimas son las letras. Han sido los más usados tradicionalmente. Estos métodos actualmente están en desuso.
  • Métodos fonéticos: las unidades son los fonemas. Proponen comenzar a trabajar la lectura desde el fonema asociándolo a su grafía correspondiente.
  • Métodos silábicos: en este caso las unidades mínimas son las sílabas a partir de las cuales se inicia el aprendizaje.

Los métodos fonéticos y silábicos comparten algunos rasgos comunes:

  • Tratan de enseñar al niño el código alfabético, es decir, la relación entre las grafías y los fonemas, bien de forma aislada, bien en un contexto silábico.
  • Entienden que este es el primer paso en la enseñanza de la lectura.
  • Utilizan diferentes procedimientos para que el niño establezca una relación sólida entre grafía y fonema: dibujos, gestos, sonidos onomatopéyicos, canciones, etc. Estos apoyos son eliminados una vez que el niño ha establecido esa relación.
  • Siguen un orden preestablecido en la presentación de los fonemas o sílabas, de modo que la enseñanza avanza secuencialmente, paso a paso, empezando por las vocales.
  • A medida que se van aprendiendo tales unidades, se van presentando combinaciones que forman primero palabras y después pequeñas oraciones, que contienen solo las unidades ya estudiadas y generalmente se basan en la repetición de la letra o sílaba que se está estudiando.
  1. Métodos analíticos. Comienzan la enseñanza del lenguaje escrito por unidades de lenguaje más amplias: unidades léxicas o palabras; unidades sintácticas u oraciones. Se pretende que a partir del estudio de esas unidades lleguen a las unidades mínimas, es decir, hasta las relaciones entre fonema y grafema. La diversidad entre los métodos analíticos proviene bien del punto de partida (palabra u oración); bien del camino posterior hacia el análisis (mayor o menor grado de intervención). Los métodos analíticos clásicos parten de la oración y siguen un rumbo analítico que va marcando el niño con sus descubrimientos espontáneos de las unidades menores que la frase. Un ejemplo sería el método global propuesto por Decroly. Sus rasgos generales son:
    • Parten del interés del niño: las oraciones con las que se comienza surgen de la conversación colectiva entre los niños.
    • El interés está estrechamente ligado a la significación.
    • Se asientan teóricamente en la percepción global predominante en la infancia.
    • No recurren al apoyo fónico, sino que se basan en el reconocimiento visual.
  1. Enfoque psicogenético o constructivista. La concepción constructivista de la enseñanza establece una diferencia importante entre enseñar y aprender. Se trata de dos actividades distintas. Tal como se enseña no es tal como se aprende. El proceso de aprendizaje de un conocimiento ha de estar presente en cualquier planteamiento didáctico, además de las particularidades del conocimiento en sí mismo. El punto de vista psicogenético en el aprendizaje del lenguaje escrito ha sido ampliamente desarrollado por E. Ferreiro y A. Teberosky (1991) en diversas investigaciones, donde nos muestran cómo el aprendizaje de éste pasa por un proceso cognitivo de apropiación del sistema de representación alfabético del lenguaje escrito, en el que las asociaciones perceptivas y las destrezas gráficas asumen un papel importante, aunque del todo secundario. Los alumnos llegan a la escuela con un amplio bagaje de conocimientos sobre la lengua y los hechos lingüísticos. En los trabajos de Ferreiro y Teberosky queda patente cómo se construye sucesivamente el conocimiento sobre las palabras, sílabas y letras, muchas veces sin que se produzca una enseñanza explícita de estos aspectos y siempre vinculando al significado y al uso que los niños hacen en distintas situaciones comunicativas. Las autoras mencionadas dejan de considerar la problemática de los métodos y dedican su atención al cómo el niño construye el sistema alfabético. Este enfoque se basa en las siguientes premisas:
    • Los niños en contacto con el lenguaje escrito elaboran ideas en un intento de atribuir significado a las representaciones gráficas. Estas ideas o información previa será objeto de cambio o reconstrucción en el proceso de enseñanza-aprendizaje en un proceso de estructuración y reconstrucción del conocimiento.
    • El papel del docente es el de mediador de los aprendizajes.
    • Parte de la función fundamental del lenguaje escrito: la comunicación, por lo que el texto constituye la unidad comunicativa básica.
    • Los niños aprenden las características propias del lenguaje escrito usado en distintas situaciones con distintas finalidades y en distintos tipos de textos, así como los procedimientos que llevan a la comprensión y producción de estos.

OBSERVATORIO DE EDUCACIÓN 

Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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La palabra y los colores

Arcoiris

La palabra y los colores

Por Pilar Úcar

Ya lo he dicho en alguna otra ocasión: a mí, de las exposiciones –del tipo que sean- me gustan las personas que las visitan. Mirar los cuadros, bien, observar las esculturas, también, fijarme en los diseños, estupendo, pero lo que en realidad me atrae son los “paseantes” que recorren la galería, las salas donde se exhiben obras de arte.

Si puedo, me siento y me pongo en modo voyeur. Atenta a sus miradas, a sus cuchicheos y comentarios, a sus posturas y posiciones: todo un manual de behaviorismo humano y cultural.

Mientras, me entretengo con el color de las pinturas y a cada uno les asigno una palabra, no muy técnica, seguro,  sino muy propia y personal, según apetencia y gustos: por ejemplo: color plano, pastoso y “pastelamen”, color a puro brochazo o pincelada suelta…y del color y la palabra acabo metiéndome en la escena pictórica (sin olvidarme de quienes también como yo nos paramos frente al cuadro). Imagino a las figuras enmarcadas hablando entre sí por lo bajini, farfullando improperios o elogios al artista que ha decidido plasmarlas sin cromatismo o “poperas” o desdibujadas; adivino que el autor tenía un plan preconcebido, unos parámetros que cumplir y el relleno se ha de ajustar al proyecto. La palabra y el color se complementan, el color y la palabra se necesitan y se han de llevar bien para acompasar el ritmo de la creación: lingüística y cultural (en sus distintos géneros).

Existe mucha filosofía sobre las tonalidades, nomenclatura más o menos artificiosa y convencional: verde esperanza, azul celeste, amarillo bermellón; yo prefiero verde loro, azul bebé, amarillo pollo…

Estaba yo sentada el pasado viernes en el Thyssen con Alex Katz y pensaba que sus “personas” pintadas con sombreros, paraguas y gafas me acompañaban hablando de colores.

Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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Doctor honoris causa:…algo más que palabras

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Doctor honoris causa:…algo más que palabras

Por Pilar Úcar

Me llama la atención la pervivencia de latinismos en nuestra actualidad; no sé si dan a la lengua un sabor añejo o más bien algo raruno; en cualquier caso, trasnochados y para muchos desconocidos.

Investir a alguien doctor honoris causa consiste en laurear a personas eminentes de ciertos ámbitos profesionales y que no son necesariamente licenciados. “Me parto” –la caja-… (muy pasado también este coloquialismo, antigualla diría yo), como si poseer una licenciatura le habilitara a uno para acceder a ese premio. Al revisar la literatura encontramos muchos personajes que lucen ese título y se demuestran auténticos cenutrios, membrillos de academia.

Traducen la expresión doctor honoris causa: ‘por causa de honor’ y alude a la cualidad conducente de uno al cumplimiento de sus deberes, respeto a sus semejantes y a sí mismo, además se refiere a la buena reputación que sigue a la virtud y al mérito de acciones hacia los otros…vamos, personas de testimonio social, reconocido e intachable, parecería significar la definición.

Y ahora, “me pasmo” -mi capacidad para la sorpresa no merma con la edad, provecta, en mi caso-…; como me ponga populista y populachera, traigo a colación a licenciados y no licenciados, a menesterosos y faranduleros, mercachifles y politicastros, ágrafos y polígrafos, mujeres y varones…un amplio y variado elenco de personas que hacen gala de esa “causa de honor” encumbrados en su pedestal, y a los que habría que desproveerles de los atributos entregados en la ceremonia de investidura: guantes, anillo, birrete y libro (la simbología de estos aditamentos para otra ocasión).

Laudatio, encomios y piropazos, enhorabuenas y parabienes…a todo aquel anónimo y sin identificar que brega con la vida.

Yo me decanto por el calificativo “honorífico”, menos rimbombante y más ajustado al contenido de tal etiqueta anquilosada y ceremonia vetusta.

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

Las tristezas de la guerra según Josep Comaposada

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Las tristezas de la guerra según Josep Comaposada

Por Eduardo Montagut

El veterano socialista catalán Josep Comaposada escribió diversos artículos contra la Gran Guerra en los primeros meses de la misma. En el número del 24 de septiembre de 1914 de El Socialista habló de las tristezas de la guerra. En este contexto actual de guerra en Ucrania recuperamos en esta glosa su artículo.

En Europa se estaba desarrollando la tragedia más bárbara de su Historia, afirmaba contundente el autor, teniendo en cuenta, por nuestra parte, que la contienda acababa de comenzar y que todavía no se había llegado al culmen de los horrores de la guerra de trincheras, de las carnicerías para conquistar unos pocos metros en el frente, y para perderlos al día siguiente, ni la llegada de los gases tóxicos.

Comaposada se preguntaba cómo en esos momentos se podían celebrar fiestas, si en esos comportamientos había algo de humano. El no pedía que se suspendiera el normal desarrollo de las vidas, que se cerraran los teatros, que se llevara un luto riguroso o que se prohibiera la risa, pero parecían intolerables los festejos extraordinarios.

Esas celebraciones especiales parecían un desafío a la miseria, a los horrores que padecían millares de personas en el frente.

Sin duda, Comaposada destilaba una enorme tristeza, unida con la indignación, por lo que veía. No podían tolerarse esas expansiones en una Europa que era una charca de sangre, o mientras reinaba la miseria en España, una pobreza que se iban extendiendo por todo el país.

La lectura de las noticias que llegaban de la guerra producían indignación en Comaposada. En ese momento, a los desastres producidos en los monumentos de Lovaina, de Terlemon y otras ciudades belgas, se unía el incendio de la catedral de Reims. Pensaba que después de la protesta internacional por lo ocurrido en Lovaina no iba a volver a cometerse otro atentado contra el arte, pero ahí estaba el cañoneo lento, durante varios días, como si obedeciera a un plan previo, de la catedral de Reims. Era el “salvaje placer” por destruir porque la catedral no tenía ningún valor militar.

Comaposada terminaba su triste e indignado artículo con una protesta por lo ocurrido y con un grito contra la guerra.

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Director del Observatorio de Historia de Arco Europeo: Eduardo Montagut

 

 

“LA EDUCACIÓN, HOY”

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«LA EDUCACIÓN, HOY” 

Por Juan López. Inspector de Educación.

La Constitución Española de 1978, en su artículo 27.2, dice literalmente: “La Educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”.

Francisco Giner de los Ríos, explicando el espíritu y la práctica del proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, en 1908, propone:  Una escuela activa, basada en el método científico, coeducadora, la mujer en pie de igualdad con el hombre, con liberta de cátedra y supresión de los exámenes memorísticos”.

Luis Gómez Llorente, diputado constituyente, 1979, afirma ” La enseñanza, como sistema de transmisión de saberes, controlada por las fuerzas dominantes, fue durante muchos años un instrumento de dominación, reproductor de un determinado modelo de organización social. Es ahora el momento de hacer de la Escuela una institución que, dando formación a las clases trabajadoras, sea un instrumento de emancipación”.

 Y es que la Educación tiene que ver con la sociedad que queremos. En la medida que queremos un determinado tipo de sociedad, así pensamos nuestro modelo educativo, nuestro sistema educativo.

Una sociedad darwinista, de sálvese quien pueda, basada en la selección de los mejores a partir de la superación de una carrera de obstáculos, exige un sistema educativo selectivo, centrado en el esfuerzo individual para superar continúas pruebas, conforme a una concepción piramidal de la sociedad.

Una sociedad, sin embargo, basada en la cohesión social y en la igualdad de oportunidades, que apoya a quien más lo necesita, para que no se quede en el camino. Una sociedad que lucha contra la desigualdad, como modelo de calidad de vida y de bienestar social, exige un sistema educativo inclusivo, que desde la educación infantil apoya al alumnado con más dificultades por sus capacidades personales u origen social, para que al final todos logren el objetivo de una Educación Secundaria Obligatoria, que por se constitucionalmente obligatoria tiene que estar pensada para todos y todas, de tal modo que todos y todas, logren los objetivos previstos para una formación común de toda la ciudadanía.

Si no queremos que nada cambie, hagamos que en la escuela nada cambie. Si queremos que algo cambie para mejor en la sociedad, hagamos que la escuela cambie para mejor.

De ahí la dificultad de un pacto político por la Educación entre progresistas y conservadores, porque los programas políticos tienen que ver con el modelo de sociedad a la que aspiran y en esto hay sustanciales diferencias entre unos y otros, que creen, además, en que la Educación es un instrumento fundamental para lograr la sociedad que quieren. Por eso, cuanto más ambiciosa sea una Ley de Educación progresista o conservadora más difícil será pactar los desacuerdos entre unos y otros.

No obstante, en mi libro recién publicado “Retazos de vida. Atando Cabos” Ed. Mestas 2022, en el Capítulo: “En busca del reclamado Pacto por la Educación” pg. 219 y ss, analizo los programas políticos de Educación del Partido Popular y del PSOE en las últimas elecciones generales,  y destaco, al menos, diez puntos importantes de coincidencia sobre: Autonomía de los centros educativos, Formación del profesorado, Estatuto de la función docente, Objetivos de la Formación Profesional, Reforma de las Enseñanzas Artísticas Superiores, Universalización de la Educación Infantil, Coordinación entre las Administraciones Educativas, Jornada escolar, Acceso a la docencia (MIR educativo) y Convivencia escolar (lucha contra el acoso escolar).

Pero es verdad que hay cinco grandes desacuerdos:

  1. a) Sistema educativo(selectivo o inclusivo), a mi juicio, el principal.
  2. b) Planificación de la oferta educativa o libertad de elección de centro.¿Puede anteponerse la libertad de elección de las familias a la responsabilidad de las Administraciones educativas de establecer la red de centros en función de las necesidades educativas de cada zona y que luego las familias soliciten plaza escolar y ésta se adjudique en función de un baremo objetivo, que dé prioridad a los más vulnerables, en lugar de seleccionar al alumnado por la capacidad adquisitiva de sus familias en centros financiados con fondos públicos?.
  3. c) La enseñanza de la Religión, de cualquier religión.¿ Debe formar parte del horario lectivo como una asignatura más o debe ser de oferta obligatoria por parte de los centros , pero voluntaria para el alumnado? ¿ Debe tener o no , materia alternativa obligatoria u optativa para el alumnado que no elija religión?.
  4. d) Las competencias del Consejo Escolar. ¿ El Consejo Escolar debe tener competencias ejecutivas o ser solo un órgano puramente consultivo, en relación con la organización del centro, su presupuesto económico y la elección de sus cargos directivos?.
  5. e)  La evaluación del sistema educativo y, en consecuencia, de los centros. ¿ Debe ser exclusivamente diagnóstica, para detectar sus deficiencias y dar respuesta a las mismas? ¿ O debe ser fundamentalmente clasificatoria, para que las familias sepan con transparencia cuáles son los mejores o peores colegios, y poder elegir en consecuencia?

Pero, sin embargo, cuál es, a mi juicio, lo esencial. Y en lo que todos nos podríamos poner de acuerdo.

Le escuché muchas veces al Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que “Somos lo que es nuestra Educación. Somos nuestra Educación” y creo firmemente que así es, como personas y como país.

Y probablemente la Cultura, como creación individual y colectiva, depende también de lo que es nuestra Educación.

Porque Educación significa conocimientos y valores, que nos permitan situarnos ante el mundo, ante la historia, ante la sociedad y ante nosotros mismos.

Porque Educación es comprender la profunda dimensión de la dignidad del ser humano, comprender que lo mejor que nos ha pasado en la vida es ser personas, merecedores todos y todas por igual de la misma consideración y respeto, independientemente del color de nuestra piel, de nuestro género o religión, de nuestro origen social o cultural, de nuestra imagen física, de nuestra edad o de nuestra posición coyuntural en la sociedad.

Educación es saber buscar la verdad, sabiendo también que las verdades no son la verdad, sino solo parte de la verdad y que nadie tiene nunca la verdad absoluta.

Educación es comprender hasta qué punto la felicidad es, sobre todo, una aventura interior, que tiene más que ver con lo que damos que con lo que recibimos.

Educación es saber que “frente a diez profesores y profesoras puestos de acuerdo, no hay alumno o alumna que se resista”. No digamos ya si, además, ese acuerdo alcanza a las familias.

El gran objetivo de la Educación es, a mi juicio, lograr que nadie se quede en el camino, porque quien se queda en el camino en el sistema educativo, es muy probable que se quede en el camino en la sociedad. Y cuantos y cuantas más se queden en el camino, tendremos una sociedad más dual, más desigual, más insegura, con menos cohesión social, con menos calidad de vida y más improductiva social y económicamente.

La tarea educativa es lograr ciudadanos y ciudadanas responsables y libres, críticos con su entorno y autocríticos consigo mismos. Libres de mitos, de los condicionamientos de frontera, personas capaces de pensar, de dudar, de soñar, de hacerse preguntas, de aprender por sí mismos, de ser ellos mismos y ellas mismas, criaturas únicas, irrepetibles, nacidas para ser útiles a los demás. Eso es para mí lo esencial. Ese es el enorme potencial axiológico de la Escuela y la base de su liderazgo ético en una sociedad democrática. “Sin una buena educación, es en vano esperar la mejora de las costumbres y sin la mejora de las costumbres, son ineficaces las mejores leyes. La apuesta por la mejor enseñanza para la juventud debe ser el sostén y el apoyo de las Instituciones y de la convivencia nacional” (Dictamen sobre el proyecto de Decreto de Enseñanza, de 7 de marzo de 1814, que desarrollaba el Título IX sobre “La Instrucción pública” de la Constitución de 1812).

Adolfo Aristarain, en su película “Lugares comunes”,  a través de su personaje principal, Fernando Robles, profesor de Pedagogía que da su última clase en la Facultad de Educación a los y las estudiantes del último curso de Magisterio, interpretado por Federico Lupi, les dice: “Pronto serán ustedes maestros y maestras. Tal vez el próximo curso lo serán. Tengan siempre presente que enseñar es MOSTRAR. Mostrar no es adoctrinar, es dar información, pero, dando también, enseñando también, el método para analizar, razonar y cuestionar esa información que se les da. Pónganse como meta enseñar a sus alumnos y alumnas a pensar, que duden, que se hagan preguntas. No los valoren por sus respuestas. Las respuestas no son la verdad. Valoren a sus alumnos y alumnas por las preguntas que se hacen y por las preguntas que les hacen. Hay una misión que quisiera que cumplieran, que yo espero que ustedes, como maestros y maestras, se la impongan así mismos, así mismas: despierten en ellos y ellas, en sus alumnos y alumnas, EL DOLOR DE LA LUCIDEZ. Sin límites. Sin piedad.”

CONFERENCIA EN LA MESA REDONDA SOBRE EDUCACIÓN Y CULTURA, HOY

Ateneo día 6 de junio 19:30 h.

Organizada por Agrupación Argüelles

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19 J – Recordando una Victoria

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19 J – Recordando una Victoria

Por Belén Rico, Subdirectora de Arco Socialista

Esta semana nos acercan los días al tan anhelado domingo 19-J y las urnas se preparan para celebrar un acto de democracia, las elecciones de Andalucía.

Imposible no recordar a Victoria, nacida en la calle Lagunillas y criada en el barrio de la Victoria de Málaga, esa mujer que conservó su acento andaluz hasta que la muerte le propuso acompañarla en 1.988.

La historia no siempre escrita con justicia, hizo pasar el nombre de Victoria Kent como la mujer que evitó el voto femenino. Como titular es injusto.

Ella evitó el voto femenino para frenar el incremento del poder del patriarcado y del clero. Impidió que la mujer fuese usada para introducir un voto más de su marido, de su padre o de su confesor. Abogó por el voto de una mujer libre, por el voto decidido, oponiéndose al voto dirigido por los entonces amos de la libertad de la mujer. Luchó contra un voto tutelado.

Intentó salvar a la sociedad de que los hombres, perversamente, votasen dos veces.

Con esta actitud acorde a la realidad social del momento, intentaba frenar el aplastamiento masivo de la derecha sobre el socialismo. Sus decisiones primero eran políticas y luego de igualdad. De ahí que ella jamás se declaró feminista sino igualitaria.

Imagino que hoy Victoria estaría contenta, el domingo hay una oportunidad de voto para mujeres preparadas, concienciadas, que ya deciden sobre su propio destino, que deciden su voto.

Una de sus luchas ya está conseguida.

Confío que la sociedad andaluza en femenino haga uso de este derecho que tanta privación costó a los trabajaron por nuestra libertad, entre cuyo nombre está el de Victoria Kent.

Ella nunca entendió la abstención y comentaba “¿de qué te abstienes, de razonar o de decidir?, ¿abstenido de estructurar el mundo?”. Cuánta vigencia cobran esta semana las palabras de Victoria.

Me remueve recordar el texto que escribió al ser liberada Paris de la ocupación nazi: “Paris aplaude a la España libre, democrática y fuerte de mañana…parece un sueño…parece un sueño”.

Victoria Kent nos dejó muy claro que los exiliados políticos nunca fueron emigrantes en busca de mejores oportunidades de vida. No. Fueron renunciadores, de su hogar, de su trabajo, de su tierra por la libertad y la democracia.

Es por esto que cuando Victoria Kent regresa a España en la etapa de la transición, trae en su maleta la ilusión de constatar que tanta renuncia ha llegado a dar sus frutos, pero España no pasó su control de calidad. Regresó a New York al lado de su cómplice de vida durante 37 años de amor lésbico, Louise Crane. Decepcionada.

Ella que decía que el político siempre sueña con el triunfo, recogió su decepción e hizo de nuevo y esta vez para siempre, sus maletas hacia Manhattan. El tiempo ahora sí, corría en contra del viento de sus sueños, una España socialista y republicana. Supongo que resonaría una frase que gustaba de pronunciar: “No he vivido a lo tonto y no quiero morir a lo tonto”.

De esta frase como españoles podemos rendir homenaje en las urnas el próximo 19 de junio, como ella diría, “moviendo lo estancado, transformando, que la libertad es la posibilidad de la acción”. Para poder hacer acción tenemos que salir a votar y como dice el slogan del PSOE: “Si votamos, ganamos”.

Procuraremos no decepcionar a Victoria, procuremos no decepcionarnos a nosotros mismos.

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Palabra…de feria y feriantes

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Palabra…de feria y feriantes

Por Pilar Úcar

De eso se trata, de fiesta y celebración. Una feria invita a los feriantes, a quienes concurren a comprar y vender.

Y da igual el contenido: desde el muladar al bombilleo, desde los lácteos a la maquinaria agrícola. Ir a la feria supone un homenaje a la actividad humana en su más amplio y esplendoroso trajinar. Trueque, mercado, precios, objetos y cachivaches; cúmulo de restos que no detritus, un trasiego de gentes, un vaivén en un recorrido multiplicado en puestos, casetas…palabras y más palabras.

Saludar y mirar, mucho voyeur con ojo atento: estar; el testimonio resulta fundamental, poco anecdótico.

Hoy hablamos de libros. De papel, en su mayoría. Con ilustraciones y santos como decían nuestras abuelas -que el texto se deglute mejor con figuras polícromas de vivos colorinchis-, dibujos y grabados, letras y más letras. Páginas. Como si “el online” se hubiera volatilizado, ahora anhelamos lo tangencial, el toqueteo, sobar una carátula y oler la contraportada. ¡¡Sentidos al poder!! Nos comemos con avidez los títulos de ensayos, de novela fantástica (negra y prístina), de poemas imposibles y dramaturgia inexplicable.

Acercarnos a la feria del libro es un ritual. Paseos y parques, amigos y nuevas compañías. ¡¡Qué gran poder!! atesora ese adminículo tuneado a veces, metido en la tablet, escuchado en el coche y ahora vivo, de tapas duras o blandas. Todavía existen. Los feriantes atisban negocio, vuelve la realidad “viejuna”. Parece que se lee o quizá los libros solo sirven para apoyar la lámpara de mesa, calzar la pata de la silla cojitranca o disimular un tesoro tras la boiserie.

Una vez más, toca recuperarse de la resaca libresca en una primavera muy estival inundada de ferias por doquier. Y sobre todo, meterse en harina; la presente canícula provoca a unos escribir y a otros, leer.

Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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19-J: Un cambio sociológico

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19-J: Un cambio sociológico

Por Belén Rico, Subdirectora de Arco Socialista

Andamos ocupados estos días siendo los receptores de opiniones, debates, pronósticos sobre lo que las urnas tendrán que contarnos en nuestra querida Andalucía, el próximo 19 de junio.

Entre tanto, el gurú de la modernidad, el oráculo de los nuevos tiempos, las encuestas de opinión, van y vienen con su vaivén de datos, manteniendo la emoción de un hipotético resultado como si de un partido deportivo se tratase.

La frivolidad de un partido ganado o perdido es tan sólo eso, un espectáculo, que a lo más afecta el resultado de una quiniela donde depositamos alguna ilusión pendiente. Lamentablemente, en política nos jugamos mucho, está en juego la sociedad en la que deseamos vivir y los cambios necesarios que hemos de realizar.

Este próximo 19 de junio, los andaluces deciden, y yo confío en que deseen decidir. Confío que ningún andaluz se quede en casa, vencido por la inercia y el hastío político.

Pedro Sánchez ha sido claro: “Si votamos, ganamos”.

En estas elecciones andaluzas hay que salir de casa, hay que movilizarse, hay que recuperar los votos perdidos.

Andalucía ha estado siempre conformada por una sociedad leal históricamente al movimiento de los trabajadores/as en el esfuerzo por crear una sociedad demócrata, justa e igualitaria. Hay que continuar construyendo esa idea de bien social que es el eje de la historia socialista andaluza desde tiempos inmemoriales.

La izquierda tiene que estar más unida que nunca.

Tenemos los socialistas un proyecto sociológico, ideológico y político entre manos que llevar a cabo cuanto antes y no es momento de dividir votos en las urnas confundiendo a los votantes entre un sinfín de siglas tintadas de izquierda. Es el momento de votar PSOE.

Seamos realistas, el 19 de junio, el socialismo se examina en estas elecciones. No nos engañemos.

Feijoó ya está en campaña, su maquinaria ya ha comenzado camino del Gobierno de España. Es el momento de hacer política si no queremos que nos la hagan otros.

Despierte el socialismo dormido, salgamos a votar en rojo, el color de la fuerza, de la vida y del movimiento, que históricamente ha caracterizado el imparable trabajo de la izquierda en aras de construir una sociedad respetuosa con el permanente cambio social.

Hay proyecto para Andalucía, mucha tarea por hacer y el compromiso de frenar el avance de la derecha si queremos trabajar en pos de una sociedad progresista, demócrata y liberal. El proyecto comienza en las urnas, procuremos no olvidarlo.

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Belén Rico García es Subdirectora de Arco Socialista  y Directora del Observatorio de Sociología de Arco Europeo. Licenciada en Sociología y en Ciencias Políticas.