Esa palabra…¡¡vacaciones!!

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Esa palabra…¡¡vacaciones!!

Por Pilar Úcar

A modo de guías turísticas, subimos y bajamos fotos de nuestras vacaciones: trajín en las redes que echan humo y están que arden no solo por la canícula sino por el postureo gráfico y lingüístico: al lado de la sonrisa, el nombre del bistrot donde nos vamos a endilgar el plato típico de la zona; junto al edificio longevo, el nombre de la localidad que lo señorea; cerca de la carretera, el cartel anunciador del alojamiento.

Sin olvidar el waze, por supuesto, ¡¡qué sería de nosotros sin esa aplicación!!

Me acuerdo de la guía Michelin, y de la trotamundos: redacción sintética, proporcionada y justa; papel y páginas que con el paso del tiempo atesoraban dobleces, manchurrones y subrayados…Nos hemos convertido en autores de nuestras propias guías turísticas para escarnio del bien escribir: ¡qué hartura! Contemplar las vacaciones de todos y cada uno con sus leyendas a pie de foto. Aburrimiento mortal: no se cuida el estilo ni el registro idiomático: poca sensatez lingüística mucho de incoherencia léxica. Todo son imperativos, simples frases enunciativas que poco o nada describen; momentos terapéuticos para que el otro, el receptor, sienta un pellizco en el estómago y piense aunque sea levemente que algo se está perdiendo en este carrusel vacacional.

Se desgastan verbos: “aprovecha, disfruta…” o expresiones: “que lo bueno se acaba, que la vida son dos días…”, adjetivos sublimes: “espectacular, baratísimo…”

Vaya estrés. El emisor de este nuevo formato de guías turísticas sobresale por el melodramatismo, la sobreactuación, el énfasis hiperbólico…se queda sin idioma, sin palabras, y acude a lo no verbal: lamentable.

Significante y significado se avienen mal durante las vacaciones. Al final, concluimos: “gracias por compartir” y pasamos a otra cosa mariposa, sin codificar y principalmente sin descodificar. Rutinas de la conversación: “nos vemos”, “te cuento”… cláusulas de cierre y punto.

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

 

Poca palabra en aquel abrazo de ese baile: El arrebato de Lol V. Stein

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Poca palabra en aquel abrazo de ese baile: El arrebato de Lol V. Stein

Por Pilar Úcar

El baile y Lol:

Hablar de arrebato conduce al imaginario colectivo del desbarre y desbarajuste, de la asimetría, de una arritmia insospechada.

Ser una persona arrebatada nos aproxima a una suerte de misticismo fuera de contexto, algo extemporáneo y Marguerite Duras sabía de lo que escribía.

Convirtió a Lol más que en personaje en persona, con visos de arrebato contenido: quizá la extraña locura de su heroína arrancó de uno de esos bailongos tan populares, tan selectos y elitistas también, tan de la época.

Las salas de baile han sido testigos de encuentros “arrebatados”: Zelda y Scott Fitzgerald sellaron su apasionamiento mutuo en un club social de baile en Montgomery en Alabama, por ejemplo.

La vida de Lol V. Stein fue un arrebato: la venda de escayola que cubre sus ojos se desprende y se cae del guindo en un casino, sofisticado, según los cánones del momento, cuando ante sus ojos, observa y constata el encandilamiento de su prometido hacia otra mujer. La reacción de ella puede adoptar distintas modalidades: darse un punto en la boca y en casa, en privado, espetarle un: “te voy a leer la cartilla”, o sea, montarle un pollo del 7, la marimorena…: “pero, ¿tú qué te has creído?”, “hasta aquí hemos llegado, borrón y cuenta nueva, a otra cosa mariposa”.

Muchos afirmarán que actuar como si con una no fuera la cosa es mantener el tipo y la templanza, otros preferirán la gresca in situ y en caliente, que luego ya sabemos que el runrún y rumiar desafectos y decepciones pasan factura.

Pero Lol aguantó el tirón, impávida, casi inerme y sin mover la pestaña, mostró “dignidad femenina”: poca palabra.

Aquí no pasa nada, como Bernarda Alba: silencio y a seguir viviendo.

… Tout à coup, nos transportamos a ese baile, ese maldito baile. Irene Némirovsky también sabe mucho de danzas, y Rosa Montero. Eso de bailar tiene lo suyo; da igual que se trata de un baile de salón o de una discoteca popera, un guateque de los setenta o un garito de reguetón.

El baile provoca y desinhibe, anima y desilusiona… en cualquier caso, el baile es un conglomerado cuya argamasa es el arrebato, porque… el baile, arrebata. Que se lo digan por ejemplo a Tatiana Tibuleac, la gran escritora moldava que asegura no saber escribir de amor o a la poeta uruguaya Delmira Agustini, tan arrebatada como dulce, quien ejemplifica el amor loco en su más puro significado.

El grito arrebatado:

…. Matrimonio, hijos y familia. Todo en orden aparentemente en las nuevas coordenadas vitales de Lol. Pero la sombra de aquella postración acecha y ese rompecabezas pretérito es una herida que supura, una puerta mal cerrada por cuya rendija se atisba el drama.

Y como si de un tejido patchtwork o las teselas diseminadas de un kintsugi, ya va siendo hora de pegar piezas erráticas, de reconstruir el molde que con tanto afán Lol escondió en el fondo de sus entretelas: por mucho que se hunda la capa freática, al final, el magma revienta. Ella lo sabe y ese “arrebato soterrado” se transforma en un rapto súbito que si no te lleva al otro barrio, se esconde bajo siete llaves, pero siempre palpita ahí… latente…un rescoldo incandescente que no termina de apagarse.

La mano de la escritora, cual demiurgo, enseñorea el alma traspuesta de la protagonista, los colores blancos y azules se difuminan…

En un duermevela de ensoñaciones maternofiliales, Marguerite Duras permite entrever su persona: en su vida cabe de todo como en sus libros, la escritura como terapia dentro del movimiento nouveau roman con su estilo tan personalísimo. Su forma de redacción es visual y fracturada, un espejo hecho añicos en el que el lector atisba fragmentos de vida propios y ajenos. La coherencia argumental y léxica en perfecta imbricación.

Resulta curioso el hilo de la narración, un subterfugio inteligente en el que se escuda y bajo el que se pertrecha la autora que cree entender la epidermis de Lol y habla y cuenta por ella, sin ser consciente de que el dolor por el abandono solo el sujeto abandonado lo sufre.

La vida, al fin y al cabo:

Más allá de la personalidad errática de Lol, el arrebato, el grito desgarrador es su salvación, cierra pasión y deseo. A partir de ese momento, el resto será un sucedáneo vital, un dejarse vivir y estar. De ahí a la locura, pocos centímetros. Una más en la larga historia de mujeres reales y ficticias a las que les han hecho luz de gas, invisibilizándolas y anulándolas.

El discurso narrativo, pasional y arrebatado se amolda perfectamente a las hechuras de la personalidad elegida por Marguerite Duras para Lol: intertextualidad auténtica y sincera. Por más que pregunte e inquiera, no llega la respuesta y eso es un sinvivir atávico que la parte en dos. No hay pegamento que arregle su desaguisado íntimo e intransferible: ante ella se abre un vacío abisal, misterioso e infranqueable.

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

 

¿Por qué debemos gamificar también en idiomas?

ARCO EUROPEO Imagen de Tessa Kavanagh en Pixabay

¿Por qué debemos gamificar también en idiomas?

Por Rosa Amor

Probablemente, uno de los motivos por el que no se emplean los textos literarios en el ámbito de la enseñanza del español como L2 es porque no hay aplicaciones didácticas actualizadas. Estos fragmentos textuales suelen aparecer al final de las unidades didácticas con pocos recursos didácticos para su aplicación y la gran mayoría de ellos obsoletos.

La gamificación es el empleo de técnicas y dinámicas propias del juego en actividades relativas al aprendizaje, que tienen como objetivo potenciar la motivación y reforzar la conducta de aquellos que la experimenten con el fin de incrementar la productividad y desarrollar el aprendizaje. (Foncubierta, 2014).

El término surgió hacia el año 2008 en un ámbito totalmente distinto al de la educación, el ámbito empresarial, sin embargo, en la actualidad se ha ido extendiendo a otros diferentes como, el que se aborda, la educación. Su expansión se debe al auge del entorno digital y de los estudios dedicados a la ludología. La rapidez con la que se ha instaurado el mundo digital ha creado comunidades en las que la idea de introducir las estructuras de juego, pues las redes sociales comparten numerosas características con ellos como: la consecución de logros, el reclutamiento de usuarios a partir de una red social, así como la motivación, involucración y diversión de los mismos. (Esteba, 2013)

¿Cuáles son sus componentes del juego?

(Werbach y Hunter, 2012) fragmentan los elementos que componen la gamificación en tres categorías ordenadas de mayor a menor abstracción e interrelacionadas entre sí: dinámicas, mecánicas y componentes.

La primera de ellas alude a las particularidades generales que caracterizan el juego y el fin que se pretende alcanzar con el mismo. Estas son las dinámicas lúdicas y las restricciones que se van a provocar: cooperativa y competitiva. Son las emociones e impresiones que pretenden avivar en el estudiante (motivación, entusiasmo, confianza…) y la progresión del aprendizaje.

Las mecánicas, por su parte, son las instrucciones y nociones que los jugadores deben conocer para llevar a cabo de la actividad de manera óptima. Las más recurrentes suelen ser: las competiciones, las recompensas, el intercambio de roles, la cooperación…

En cuanto a los componentes diremos que son las herramientas que se emplean para diseñar la actividad con la que se pone en práctica el recurso de la gamificación. Un ejemplo de estos componentes sería: el escape room, los logros, las yincanas, las luchas contra el profesor, las dinámicas virtuales, la lucha de equipos, etc.

Habría que destacar que estos tres componentes aumentan el interés en el discente y generan un alto impacto en su aprendizaje en un tiempo récord. El alumnado lucha por obtener el mayor número de puntos y lograr estar en los mejores puestos de la clasificación. No obstante, hay que tener en cuenta que no siempre el efecto es el deseado y que hay ocasiones en las que esta competitividad puede generar ansiedad o frustración en los jugadores al verse confrontados con sus compañeros. Por eso será preciso que el profesor esté en constante alerta para evitar estos sentimientos negativos.

En conclusión, si perfilamos la definición de gamificación y los elementos que la conforman podremos decir que es una técnica empleada en el diseño de actividades relacionadas con el aprendizaje, en la que se introducen distintos elementos afines al juego como pueden ser: premios, puntuaciones rankings, etc, con los que se pretende mejorar y enriquecer el aprendizaje.

Con los retos, la resolución de enigmas, ya que se cree que, si incluimos esos aspectos, los alumnos serán más productivos, se alejará la inactividad del aula y la sensación de dificultad se disipará en el alumno al sentirse más implicado con la materia. Además, este tipo de enseñanza puede mejorar la atención, facilitar la capacidad de memorización, así como el progreso de habilidades y conocimientos de los discentes haciendo del aprendizaje una experiencia real.

La gamificación persigue, por tanto, la actualización de los recursos y actividades relacionadas, por ejemplo, con la implementación de la literatura, con el objetivo de eliminar la concepción negativa que se tiene de esta rama de la lengua. Si mostramos a nuestros discentes que este arte puede ser divertido, probablemente genere inquietud en ellos y fomentemos el gusto por la lectura, medio que les permitirá acercarse un poco más a la cultura española.

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Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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La palabra y… “¡¡ la virgen !!”

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La palabra y… “¡¡ la virgen !!”

Por Pilar Úcar

En este mes tan de vírgenes, celebraciones populares, ferias y festejos, oigo rugir: “¡¡laaaa virgen!!”. Me vuelvo e identifico a un compatriotra, como yo, fuera de nuestras fronteras de confort, invocando a la Virgen; cabreao como una mona y repitiendo: “¡¡lavirgen!!”. Exclamaciones casi iguales.

Reviso la fecha en que nos encontramos para comprobar si me he saltado alguna romería mariana en estos pagos vacacionales y extranjeros -bastante más laicos que los propios-.

Por ahí rondan la “virgen de las Nieves” (sí, lo sé, en pleno agosto, cual oxímoron) la virgen de la Paloma y la virgen de la Asunción: no me constan si son dos caras de la misma moneda o distintas advocaciones, o … o…: mejor lo dejo y no me meto en jardines teológicos no me vaya a pinchar o me enfangue y a ver quién me desembarra en este mes canicular.

Clamar “¡¡¡lavirgen!!!” advierte no de la fe de quien lo profiere, sino de una circunstancia algo más social, trasciende el ámbito íntimo y personal; vamos, que cuidado que vienen curvas, aviso de navegantes para el resto; se trata de un ¿taco?, ¿un juramento? O más bien un improperio, a modo de grosería vulgarota y para algunos, ofensiva que previene a quien lo escucha del calor sofocante, de la cuenta que vamos a pagar en esa terraza, del atasco para llegar al peaje. Y ahí tenemos a “la virgen” en nuestro auxilio.

Resulta curioso desde el punto de vista lingüístico cuántas expresiones se han desemantizado por el uso y abuso de las mismas. Cuando alguien nombra a la virgen ni mucho menos piensa en la de las Nieves, la Asunción o la Paloma, tan estivales ellas.

La religión se ha colado en el lenguaje cotidiano y nadie sabe cómo ha sido, o sí…

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

Planeta o política: Truco o trato

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Planeta o política: Truco o trato

Por Belén Rico, Subdirectora de Arco Socialista

Estamos atravesando uno de los veranos más calurosos de los últimos años. Los incendios asolan nuestro país acaparando el inicio de todos los informativos. No podemos mirar hacia otro lado. Ecologistas de todos los países llevan advirtiéndonos de la hecatombe energética y de la escasez de recursos desde hace mucho tiempo atrás.

La crisis energética, que no ha hecho más que empezar, y el calentamiento alarmante del planeta, son circunstancias de suficiente calado como para ponerse manos a la obra y ya estamos llegando tarde.

Europa se ha reunido, se ha concienciado de una circunstancia que a nadie nos deja indiferente, la escasez de recursos energéticos que nos pisa los talones.

El gobierno socialista español toma la delantera como pionero de las medidas para la conservación del planeta. Esta es una característica muy propia del socialismo en nuestro país, ser pioneros, andar un paso por delante, como recordemos sucedió con el matrimonio homosexual.

El revuelo que la aplicación de medidas está suponiendo resulta ser una vez más una artimaña política para generar confrontación en manos de la oposición. Se les ha visto el truco, pero el trato es salvar el planeta y no hay muchas opciones disponibles. A veces a algunos políticos demagogos se les olvida que en este balón llamado Tierra, estamos todos. Efectivamente, todos sufriremos incomodidades de una u otra forma, a nadie le agrada “apretarse el cinturón”, pero nuestra calidad de vida en el planeta lleva demasiados años en juego y el tiempo se nos va acabando.

No estamos para perversear con la política sino para hacer una política que garantice a la humanidad un lugar de asentamiento. Aquí no caben trucos sucios sino tratos a cumplir. Y si hay que apagar se apaga.

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Un poco sobre la teoría de la recepción

ARCO Imagen de Angel Hernandez en Pixabay

Un poco sobre la teoría de la recepción

Por Rosa Amor

La Teoría de la Recepción [1] sostiene que es en el “acto de lectura” donde el lector crea la poesía o la novela: “Si se ha llamado al poeta un segundo creador, un alter deus, el lector no es otra cosa que un alter poeta, con todas las consecuencias que ello implica” (Maurer, 1987, p. 263). Es por esto que por lo que cabe afirmar que la vertiente productiva (el autor) y la vertiente receptiva (el lector) de la experiencia estética entran una relación dialéctica, hasta el punto de que el lector es concebido, desde esta perspectiva, “como una instancia de una nueva historia de la literatura” (Jauss, 1987, pp. 59-85).

Esta configuración del Lector Modelo Literario resulta de interés especial al transponerla a la planificación didáctica, pues, si, como asegura Umberto Eco (1987), el lector está inscrito en el interior de los textos y en el interior de las estrategias del autor, no cabe la menor duda de que, paralelamente al pacto enunciativo de ficción suscrito entre destinador y destinatario, habrá que erigir un pacto enunciativo didáctico entre el profesor y los alumnos. La correspondencia entre uno y otro pacto ha de contribuir a negociar entre los interlocutores del discurso didáctico:

  1. La presuposición de unos conocimientos previos compartidos entre destinador y destinatario.
  2. La presuposición de una determinada enciclopedia cultural.
  3. La construcción de un Lector Modelo, específicamente literario, de la misma manera que un texto publicitario, por ejemplo, conforma un receptor modélicamente publicitario.

Ahora bien, esta adecuación al Lector Modelo Adolescente, en nuestro caso, no ha de suponer minusvalorar el discurso ni rebajar sus exigencias artísticas, en aras, por una parte, de conseguir una comprensión fácil y transparente, bajo la excusa de una supuesta carencia en la competencia literaria de los estudiantes de la Enseñanza Obligatoria, y en aras, por otra parte, de lograr el correspondiente éxito comercial y editorial.

Es aquí donde reside uno de los peligros de la literatura infantil y juvenil: la adecuación ejemplarizante a un supuesto “lector literario incompetente” (en ocasiones a propuesta de ciertas obsesivas líneas editoriales) acarrea la desnaturalización de aquello que el discurso tiene de artístico y de creativo. Al contrario, en el discurso literario destinado a cualquiera de los niveles educativos, la escritura, si aspira a suscitar una práctica significante estética que implique el placer de superar el misterio oculto de los significados, no debe quedar supeditada al fenómeno subcultural de las audiencias sociológicas, tal y como sucede, por ejemplo, en los programas de televisión o en otros mensajes más mediáticos.

La escritura literaria, por lo tanto, debe cuidar la presencia de estructuras retóricas y expresiones figuradas, impregnadas de significaciones connotativas y polisémicas, que intervengan de manera estratégica en la producción imaginaria por parte del lector empírico, de manera que el texto “se mueva” para construir una competencia comunicativa propia de la lectura literaria, porque “leer literariamente” es algo más, bastante más, que leer.

La activación de ciertas estrategias enunciativas es el requisito necesario para que se produzcan esos textos abiertos de los que nos habla Umberto Eco, esos textos que, justamente porque admiten múltiples lecturas, proporcionan un goce infinito. Si aplicáramos los criterios derivados de esta perspectiva a los “libros para niños y para jóvenes” que invaden, profusamente, las librerías bajo la etiqueta (cultural y prestigiosa) de literatura infantil y/o juvenil, nos encontraríamos con que muchos de estos libros no resisten un análisis estrictamente literario, puesto que carecen de las estructuras y operaciones retóricas más elementales para que función la densidad semántica propia de la ficcionalidad y para que se estimule la atención “extrañadora” de los destinatarios.

[1] La teoría de la recepción es un movimiento de crítica literaria que surge de la hermenéutica y la fenomenología de los años cincuenta, como respuesta a la falta de importancia otorgada al lector por las teorías del formalismo ruso, de Nueva Crítica y de autores marxistas como Georg Lukács y Walter Benjamin.

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Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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El gallego y los tiempos…verbales

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El gallego y los tiempos…verbales

Por Pilar Úcar

Por muy sabida que tengamos la lección, hay ciertos usos de los tiempos compuestos (inexistentes) en gallego que chirrían a oídos poco avezados en dicho idioma, lengua cooficial en nuestro país.

Y es que eso del paradigma verbal se las trae con sus triquiñuelas en cuanto uno cruza la frontera geográfica a la que está acostumbrado. Conviene, pues, adaptarse y cuanto antes, mejor.

Se acabaron el pretérito perfecto, o el pluscuamperfecto o aquel potencial compuesto. Todo responde a la simplificación verbal de aquel latín hablado en el noroeste peninsular; el gallego desterró la “composición temporal”.

“¿Vinieron por la carretera? o ¿por la autovía?” Oímos que nos preguntan nada más alcanzar nuestro destino: y sin otro contexto, el cerebro tiene que acomodar inmediatamente la equivalencia del pretérito perfecto: “pero, si hemos llegado, justo ahora mismo”, pensamos…es lo que tiene la conciencia psicolingüística de la unidad de tiempo. La acción está finiquitada pero eso del tiempo es algo casi personal, subjetivo y permanece arraigado en nosotros en un continuo próximo.

“¿Encontraron fácil la casa?” sigue el interés. Resulta complicado ajustar tiempos y ritmos; buscamos asideros en complementos circunstanciales para justificar la cercanía temporal y desterrar el alejamiento que nos impone ese indefinido tan característico del nuevo idioma.

Como el agua a la superficie, el efecto contagio empieza a notarse y en escasos momentos mimetizamos con el paisaje y el habla del paisanaje.

En el aula de Lengua Española se ha de explicar la casuística de los pasados (verbales) en nuestro país y en otros allende los mares, tanto para los alumnos nativos como para los extranjeros; de esta manera aumentamos el número de posibilidades de acierto en las interacciones idiomáticas y culturales.

Fundamental el verbo, y sobre todo, los tiempos verbales.

Allá donde fueres hablarás como oyeres.

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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El humor en la escuela

Imagen de congerdesign en Pixabay

El humor en la escuela

Por Rosa Amor

El diccionario de la Real Academia Española define el sentido del humor como una “capacidad para ver o hacer ver el lado risueño o irónico de las cosas, incluso en circunstancias adversas”. García-Larrauri et al(2010) lo define como “una actitud fundamentalmente flexible y positiva ante la vida, que libera, proporciona alivio emocional en momentos adversos y conecta a las personas”(p.29).

Martin (2008)[1] en cambio, percibe el sentido del humor como “un término amplio que alude a cualquier cosa que diga o haga reír a otros, así como al proceso mental dedicado tanto a crear como a percibir tal estímulo divertido, y también a la respuesta afectiva que implica su disfrute”(p.26). Martin et al, (2003, citada en Funes, 2020) definen cuatro tipos de sentido del humor:

  • Humor afiliativo, el cual consiste en contar historias graciosas, bromas o relatar anécdotas cómicas para hacer reír a los demás, crear así vínculos sociales y, en definitiva, disfrutar.
  • Humor de autoafirmación, refiriéndose a afrontar la vida con humor, el cual es utilizado para controlar las emociones perjudiciales tanto para uno mismo como para los demás, mediante una actitud positiva.
  • Humor agresivo, tratando de ofender a las personas mediante un lenguaje ofensivo y el uso de la ironía.
  • Humor de descalificación personal, el cual consiste en ser uno mismo el objeto de diversión para intentar agraciar a los demás, para lo que se recurre al autodesprecio mediante términos peyorativos.

El humor afiliativo y el de autoafirmación  son en los que nos podríamos basar para la realización de actividades en el aula, por lo que al referirnos a sentido del humor, estaremos excluyendo tanto el agresivo como el de descalificación personal ya que ambos son perjudiciales y no aportan nada positivo ni beneficioso dentro del aula.

Algunos autores diferencian los términos humor y sentido del humor, aclarando que cuando nos referimos al primero, hacemos referencia a algo cómico o divertido específico que podríamos clasificar como humorístico, como por ejemplo un chiste y cuando nos referimos al sentido del humor haría referencia a las personas y sus diferencias individuales.

García-Larrauri (2010)[2] otorga al sentido del humor que defiende que está compuesto por cuatro dimensiones que son las siguientes:

a)Creación del humor: se trata de percibir las situaciones de manera que se saque un lado divertido, lo que está estrechamente relacionado con la creatividad.

b)Apreciación del humor: esta dimensión hace referencia a las personas que disfrutan riendo, y lo hacen frecuentemente considerándose personas alegres, también tiene que ver con poner toques de humor a la vida, reírse de sí mismos, apreciar el humor y disfrutar de las cosas cotidianas.

c)Afrontamiento optimista de los problemas: se refiere a las cualidades personales que permiten encontrar humor en situaciones negativas y así afrontar dificultades o fracasos de manera optimista.

d)El humor en la relación interpersonal: la última dimensión tiene que ver con el uso de la risa para hacer reír a los demás y conectar así con ellos suavizando confrontaciones y creando ambientes más distendidos.

En conclusión, de acuerdo con este modelo, el sentido del humor estaría unido a la flexibilidad mental y la creatividad, al gusto por la risa así como a la apreciación del humor tanto propio como ajeno, a una visión positiva de la vida y al poder de cohesión que posee a la hora de las relaciones interpersonales.

[1] Martin, R. A. (2008). La Psicología del humor. Madrid: Orión.

[2] García-Larrauri, B; Manzano, M. E; Muñoz, M. I; Hernández, M; y Cuetos, A. (2010). Claves para aprender en un ambiente positivo y divertido. Todo rueda mejor si se engrasa con humor. Madrid: Pirámide.

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Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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La palabra y la cesta de la compra

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La palabra y la cesta de la compra

Por Pilar Úcar

Cada vez se oye y se lee más la expresión “cesta de la compra” o “canasta básica”, según otros hablantes de nuestro idioma, en clara referencia al conjunto de productos y servicios considerados esenciales para la subsistencia y bienestar de los miembros de una familia.

Si hacemos historia iconográfica, el cine guarda perlas de aquellas cestas inefables, las que usaban nuestros abuelos cuando venían a la ciudad o nuestras abuelas para llevar la ropa que lavaban en el río. No sé si guardan mucha relación en el imaginario colectivo aquellos mimbres trenzados de una o dos asas con lo que hoy economistas, más o menos agoreros, inundan las noticias de presagios funestos: la tan traída y llevada cesta de la compra. Lo digo porque en estos lares la hemos sustituido por bolsas reciclables, poco plástico y mucho papel. De aquellas viejas cestas solo quedan remedos en bicis alternativas y urbanitas que acogen algunos productos y poco más, pues su espacio no es elástico.

Vemos rodar carritos de la compra, sujetar bolsos de tela desplegables, símiles o émulos de la famosa cesta. Se trata de una expresión comodín, un cajón de sastre para evitar enumerar una ristra de productos, elementos de consumo diario con la intención comunicativa de acercarse al ama de casa, sí, sexista, pero así es. Difícil visualizar a varones con dicha cesta colgando de su brazo.

Esta expresión tan reiterada en la actualidad se integra en la familia léxica de la economía doméstica al lado de aquella de hace décadas, siguiendo con el lenguaje financiero de “¿con tarjeta o con dinero?” (en cash los más avezados políglotos), ahora dinero plástico, las monedas pasaron a tarros de cristal cual recuerdo añejo igual, que la grafía del ticket, hoy preferible tique.

(Continuará)

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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