Escritor y lector: ¿dos caras de la misma moneda?

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A mí hay algo que me sigue llamando la atención, y hasta me inquieta, en esto de la escritura y la lectura.

Cuando alguien compra un libro no sé si lo hace por lo que espera hallar en el contenido o por lo que pretende descubrir del autor en sus páginas.

Y me imagino a los lectores, ojo avizor, lupa en ristre, indagando en la red quién es y a quién se dedica el autor o la autora, en qué lugar se enamoró y cuánto mide y pesa; a partir de estas coordenadas, quien abre un libro, lo hace no siendo virgen, cree saber si no mucho, bastante del escritor (escritora).

A veces, el público lector siente el deseo de reconocerse, de verse reflejado y de encontrarse en lo que lee, de aproximarse al menda desconocido (en la gran mayoría de los casos, no forma parte de su círculo afectivo ni profesional) y así vivir el sueño reconfortante o el convencimiento ilusorio de atisbar cierta identificación (o rechazo reprobatorio) con esa persona que ha puesto en papel historias, personajes, sentimientos, paisajes, sensaciones y fantasías…

Quizá se deba esta necesidad a un error de base: escribir es una profesión, para algunos una “bohemiez” con la que, salvo escasas excepciones, a duras penas se come ni se pagan facturas; porque no nos engañemos, cualquiera puede escribir un libro, o lo puede firmar y que se lo escriba “el negro”, pero eso no lo convierte en escritor ni escritora.

Mi reflexión de hoy pretende una lectura libre de juicios y de filtros sin llegar a conclusiones de identidad de personaje y autor; si el lector o lectora conocieran la auténtica y genuina realidad de lo que transpiran esas páginas…ahí lo dejo.

Como siempre, continuará.

Pilñar Úcar

Observatorio de Filología y Lengua española de Arco Europeo

Directora: Pilar Úcar Ventura

Pilar Úcar, Directora del Observatorio de Filología y Lengua española

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Damos la bienvenida a Pilar Úcar Ventura como Directora del nuevo Observatorio de Filología y Lengua española de Arco Europeo

Es Doctora en Ciencias de la Educación y Licenciada en Filología Hispánica. Actualmente  Profesora de Lengua Española en la Universidad Pontificia Comillas (Madrid). Ha impartido cursos de doctorado y Máster en Didáctica de Segundas Lenguas en la Escuela Diplomática del Ministerio de Asuntos Exteriores y en universidades extranjeras

ESPACIO ABIERTO: SOLIDARIAS CON LA SALUD MENTAL

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Las monologuistas femeninas Mayte Pedraza y Cristina Jarque han visitado la sede del Hospital de Día Lajman para representar a La Cigarrera y a Lisbeth Salander (saga Millennium), respectivamente, con el fin de llevar estas excelentes interpretaciones a los pacientes.

Mayte Pedraza ha realizado su programa de radio «27 letras, un libro y algo más» invitando a Cristina Jarque a conocer la radio social labarandilla.org

 

NI UN PASO ATRÁS!!

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He dedicado una parte importante de mi vida a luchar por una sociedad mejor, más justa, más igualitaria, a construir respuestas frente a quienes nos quieren volver a llevar a un pasado negro donde nadie podía votar ni opinar y en el que las mujeres éramos meros sujetos pasivos.

Considero que ahora más que nunca debemos apoyar al Gobierno de España todos los que queremos una sociedad progresista y justa, todos los que no queremos perder la democracia; considero que es una irresponsabilidad hacer coro con la derecha reaccionaria con el pretexto de ejercer el derecho a la crítica o de explicar teorías pseudocientíficas.

Debemos unir nuestras fuerzas y no dispersarnos con discursos que con frecuencia sólo esconden narcisismos y frustraciones.

Un abrazo para todos,

 

Ana Pulido Benito, Directora de Arco Cultural y Vicepresidenta Primera de Arco Europeo.

 

Cuando los socialistas condenaron la pena de muerte

rosa rojaEn el Congreso de la Segunda Internacional, que se celebró en el año 1910 en Copenhague se aprobó una resolución contra la pena de muerte.

Los socialistas votaron contra la pena de muerte apelando a una serie de principios, empleando un repaso histórico reciente sobre esta cuestión desde el triunfo de las revoluciones liberal-burguesas.

Los socialistas constataban que la burguesía había condenado la pena de muerte como una herencia bárbara del pasado. Podríamos interpretar esta apreciación como una de las facetas de las revoluciones que terminaron con las monarquías absolutas y el Antiguo Régimen donde la pena de muerte era una práctica común, y donde había comenzado a ser cuestionada por la Ilustración. Pero, una vez conquistado el poder, y en la época del enfrentamiento entre la burguesía y el proletariado, la posición de la primera había cambiado sustancialmente.

La burguesía había abandonado la lucha contra la pena de muerte, en línea con su olvido por la democracia, según la interpretación socialista. La burguesía empleaba la pena de muerte para luchar contra el proletariado y evitar el final del capitalismo. En ese momento, se constataba un aumento de declaraciones de personalidades en Alemania que justificaban la existencia de la pena de muerte. En el parlamento francés se había votado contra un proyecto de ley que abolía la pena de muerte. En Estados Unidos se empleaba la pena de muerte para combatir al movimiento obrero, aludiendo a los mártires de Chicago. También se reflejaba el uso de la pena de muerte en España por un régimen, calificado por los socialistas, como “caduco y reaccionario”. En España se aplicaba, según la resolución de la Internacional, el “asesinato jurídico”. Finalmente, se aludía al uso de la pena de muerte en Rusia contra los revolucionarios, provocando un verdadero “reguero de sangre”. No olvidemos que después de la Revolución de 1905 se acrecentaron las políticas represivas por parte de Stolypin, que combinaba con un evidente programa modernizador en lo económico.

Por fin, los socialistas condenaban la hipocresía de la burguesía occidental, horrorizada por la ejecución de Ferrer i Guardia, pero indiferente hacia las verdaderas matanzas perpetradas por el gobierno ruso. Recordemos, en este sentido, la enorme campaña internacional para evitar la ejecución del pedagogo y anarquista de la Escuela Moderna.

El Congreso afirmó que los representantes del proletariado, es decir, los socialistas reunidos en la Internacional, eran los únicos adversarios reales de la pena de muerte. Consideraban que solamente con la llegada al poder y la extensión de la cultura de las masas obreras por la acción política y sindical, se podría luchar eficazmente contra la pena de muerte.

Así pues, se tomó una resolución por la que se invitaba a los representantes políticos de la clase obrera a exigir la abolición de la pena de muerte en sus respectivos países. Los mecanismos para hacerlo se encontrarían en el trabajo parlamentario y la propaganda política, especialmente a través de la prensa socialista y obrera.

Eduardo Montagut

El Discurso de la Corona en las Cortes liberales

ISABEL

La apertura de las legislaturas anuales de las Cortes en la España liberal hasta el final del sistema de la Restauración se producía con la lectura de un Discurso que realizaba el monarca ante las Cortes donde se explicaba el programa político del gobierno, y se exponía a la consideración parlamentaria el comportamiento del mismo durante el período interparlamentario. Las Constituciones liberales disponían que correspondía al rey abrir las Cortes en persona o a través de sus ministros.

El Discurso era contestado por escrito en cada cámara legislativa por separado, es decir, Congreso de los Diputados y Senado, generándose un debate con aprobación en su caso.

Esta práctica parlamentaria servía para que el parlamento hiciera una valoración política del gobierno. En ocasiones podía servir para emitir un voto de censura a los ministros. Este debate también era utilizado por los ministros para tantear el posible apoyo parlamentario a políticas y medidas que el gobierno estudiaba o barajaba.

La existencia de este Discurso debe entenderse por la forma en la que estaban diseñados los distintos poderes y sus relaciones entre sí en el Estado liberal, ejecutivo y legislativo. En el Estado liberal español de la época de Isabel II y de la Restauración la soberanía era compartida, es decir, residía en la nación representada en Cortes y en la Corona española. Las consecuencias de este tipo de soberanía eran varias. En primer lugar, la potestad de hacer las leyes correspondía a las Cortes con el Rey. Las Cortes eran convocadas, suspendidas o cerradas por el monarca, lo que demuestra su poder, aunque el liberalismo debía poner freno a este poder real, obligándole a convocar unas nuevas Cortes en un plazo determinado de tiempo. El poder del monarca en relación con el Senado era evidente porque nombraba una parte de sus miembros. No olvidemos, por fin, la cuestión del veto real, aunque fuera suspensivo. La importancia del rey residía, además y fundamentalmente, en que a él le correspondía el poder ejecutivo con muchas facultades, y nombraba a los ministros.

Si en nuestro sistema político los jefes de los gobiernos son elegidos en el parlamento (Congreso de los Diputados) en función de las mayorías elegidas por los ciudadanos a través del sufragio universal, algo común en todas las monarquías parlamentarias, en la época liberal era el rey el que nombraba un gobierno y luego se convocaban elecciones, generalmente con sufragio censitario o el universal trucado por el fraude electoral, para formar las Cortes. En realidad, se fabricaban parlamentos a medida de los gobiernos nombrados, pero también es verdad que se produjeron intensos debates, aprovechando, por ejemplo, el generado por el Discurso de la Corona, ya que no se puede afirmar tampoco que las mayorías que respaldaban a los gobiernos fueran monolíticas, y siempre había cuestiones que podían generar distintas posiciones; de ahí el tanteo que aprovechaban los ministros para saber si una política determinada iba a ser respaldada o no. Los partidos políticos de la época liberal no conocían disciplina de partido, ya que estaban formados por personalidades con matices y discrepancias importantes.

En la monarquía parlamentaria española actual el discurso de la Corona es puramente institucional y netamente diferenciado del discurso de investidura del candidato a presidente de gobierno que es fundamental por razones obvias.

Eduardo Montagut

Carta de la candidata al Ateneo Belén Rico

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Estimados ateneístas:

El próximo 30 de mayo volveremos a celebrar elecciones en nuestra Docta Casa con el propósito de llevar a buen fin todos los proyectos que tenemos en perspectiva y otros que, sin duda, irán surgiendo. Con este fin y plena de ilusiones, me presento como candidata a Secretaria Tercera de la Junta de Gobierno por la lista de Red Ateneísta, una candidatura que trae aire fresco, personas con formación y espíritu de diálogo.

Precisamente un grupo de ateneístas y de amigos del ateneo, que nos integramos en el colectivo Arco Ateneo, hace tiempo que entendimos imprescindible el conseguir un clima que permita llegar a acuerdos, que deje atrás las descalificaciones, la agresividad y los disparates que tan frecuentes han sido en los últimos años.

Y en esta línea de gestos positivos, se decidió que alguno de nosotros compartiera lista electoral con otros ateneístas que coincidieran en este propósito. Y afortunadamente esto ha sido posible con los compañeros con los que integro la lista de Red Ateneísta.

Por ello, os pido vuestro apoyo para todos los que integramos esta candidatura.

A continuación, os traslado unas palabras que le he pedido al actual Vicepresidente Segundo del Ateneo, José Antonio García Regueiro, amigo y compañero de Arco Ateneo, cuyo apoyo siempre he tenido para embarcarme en esta loable empresa.

Belén Rico García, candidata a Secretaria Tercera

Estimados ateneístas,

Le agradezco a Belén Rico que quiera que os transmita mi opinión, lo que, por supuesto, hago con especial agrado.

Como sabéis, salí elegido Vicepresidente Segundo del Ateneo en junio de 2017, por lo que ya llevo casi un año conociendo nuestra noble Casa desde la perspectiva de su Gobierno, lo que implica estar más cerca de sus problemas y tener una mayor responsabilidad.

Y el grado máximo de responsabilidad exige contribuir a que el Ateneo siga desempeñando un papel relevante en la formación de valores éticos en nuestro país y en la difusión literaria, científica y cultural, cometidos que viene cumpliendo, a pesar de todas las dificultades, desde hace ya casi doscientos años. Conozco a Belén desde hace más de 30 años por lo que sé con certeza que junto a su sólida formación, es Licenciada en Sociología y Ciencias Políticas, hay también una plena integridad ética y una relevante preocupación por la difusión de la cultura.

Por otra parte, estoy seguro que coincidiréis conmigo en que es imposible realizar satisfactoriamente esta tarea y proyectarla fuera de nuestros muros, si no nos respetamos dentro del propio Ateneo, si no hay patrones constantes de conducta que se traduzcan en diálogo, en acuerdos, en no rebasar la libertad del otro, en cumplir las normas y, en definitiva, en el cumplimiento del bien común. Y para que esto sea posible necesitamos en la Junta de Gobierno a personas como Belén.

Y con satisfacción he podido constatar que ética y formación están también sólidamente presentes en el resto de los integrantes de la candidatura de Red Ateneísta.

En consecuencia, el próximo 30 de mayo Belén y los demás integrantes de Red Ateneísta tendrán mi voto.

José Antonio García Regueiro

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La Segunda Internacional y el colonialismo

TOSHIBA CAMCORDER

 La discusión sobre el colonialismo en la Segunda Internacional refleja claramente la división en el seno del socialismo a principios del siglo XX entre las dos grandes posturas del mismo: la reformista y la revolucionaria.

La cuestión colonial apareció en el Congreso de París del año 1900 con la ponencia del socialista holandés Van Kol, bien conocedor de las colonias holandesas, donde defendió una política colonial positiva. En esta línea estarían tres grandes socialistas reformistas o revisionistas, el alemán Bernstein, el francés Jaurès y el belga Vandervelde. Pero la mayoría votó en contra del colonialismo de forma contundente. Tenemos que tener en cuenta que se acababan de vivir los acontecimientos del 98, de Fachoda, la revuelta de los Boxers y la durísima y sangrienta guerra de los Boers.

La postura más favorable al colonialismo se basaba, como se puede comprobar en la moción de Van Kol en el Congreso de 1904 de Ámsterdam, en cuestiones económicas, en que era inevitable en una sociedad en expansión. La postura anticolonial fue defendida por el británico Hyndman.

Los conflictos en el norte de África, en Marruecos, en los años 1905 y 1906, así como en el Congo y en África central, y los levantamientos en el Sureste Asiático convirtieron la cuestión colonial en un tema de intenso debate en la opinión pública y en el seno de la Internacional, especialmente en el Congreso de Stuttgart de 1907. En esta reunión aparecieron tres posturas. En el extremo más favorable al colonialismo destacó David, miembro de lo que se conoce como la corriente imperialista del SPD. Europa tenía necesidad de las colonias; es más, necesitaría seguir aumentándolas, ya que sin ellas el continente sería como China desde el punto de vista económico. En este sentido, el francés Rouanet defendió que era falso considerar la colonización como un fenómeno puramente capitalista, ya que era también un hecho histórico. Había que obtener en las colonias mejoras considerables. Ante inmensos territorios, los países civilizados europeos y norteamericanos debían utilizar esos espacios para mejorar sus propias existencias.

Una visión más moderada, menos extremista, era la defendida por Van Kol, en la misma línea que venía planteando en los últimos Congresos, es decir, la inevitabilidad del hecho colonial y cómo la política colonial se podría reconducir en un sistema socialista en un sentido civilizador y no explotador.  Esta postura se basaría en el carácter humanista del socialismo. Se criticaba la brutalidad seguida por las potencias coloniales pero no la existencia de colonias en sí. El sistema colonial, sin esa explotación y brutalidad, podría ser positivo para otros pueblos. Bernstein y Vandervelde seguían defendiendo esta postura. Bernstein no quería que los socialistas mantuvieran un criterio puramente negativo ante esta materia. Había que rechazar por utópica la idea de abandonar las colonias. Como existían había que ocuparse de ellas. Una cierta tutela de los pueblos civilizados sobre el resto de los pueblos era una necesidad. Sin lugar a dudas, había una evidente carga paternalista en esta postura.

Kautsky reaccionó con dureza ante la moción de Van Kol. Por una estrecha mayoría se aprobó la condena a todo tipo de colonialismo. La misión civilizadora que se asignaba a la sociedad capitalista no era más que un pretexto para encubrir la sed de explotación y de conquista. Solamente la sociedad socialista podría ofrecer a todos los pueblos la posibilidad de desarrollar plenamente su civilización.

Eduardo Montagut