Planeta o política: Truco o trato

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Planeta o política: Truco o trato

Por Belén Rico, Subdirectora de Arco Socialista

Estamos atravesando uno de los veranos más calurosos de los últimos años. Los incendios asolan nuestro país acaparando el inicio de todos los informativos. No podemos mirar hacia otro lado. Ecologistas de todos los países llevan advirtiéndonos de la hecatombe energética y de la escasez de recursos desde hace mucho tiempo atrás.

La crisis energética, que no ha hecho más que empezar, y el calentamiento alarmante del planeta, son circunstancias de suficiente calado como para ponerse manos a la obra y ya estamos llegando tarde.

Europa se ha reunido, se ha concienciado de una circunstancia que a nadie nos deja indiferente, la escasez de recursos energéticos que nos pisa los talones.

El gobierno socialista español toma la delantera como pionero de las medidas para la conservación del planeta. Esta es una característica muy propia del socialismo en nuestro país, ser pioneros, andar un paso por delante, como recordemos sucedió con el matrimonio homosexual.

El revuelo que la aplicación de medidas está suponiendo resulta ser una vez más una artimaña política para generar confrontación en manos de la oposición. Se les ha visto el truco, pero el trato es salvar el planeta y no hay muchas opciones disponibles. A veces a algunos políticos demagogos se les olvida que en este balón llamado Tierra, estamos todos. Efectivamente, todos sufriremos incomodidades de una u otra forma, a nadie le agrada “apretarse el cinturón”, pero nuestra calidad de vida en el planeta lleva demasiados años en juego y el tiempo se nos va acabando.

No estamos para perversear con la política sino para hacer una política que garantice a la humanidad un lugar de asentamiento. Aquí no caben trucos sucios sino tratos a cumplir. Y si hay que apagar se apaga.

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Las tristezas de la guerra según Josep Comaposada

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Las tristezas de la guerra según Josep Comaposada

Por Eduardo Montagut

El veterano socialista catalán Josep Comaposada escribió diversos artículos contra la Gran Guerra en los primeros meses de la misma. En el número del 24 de septiembre de 1914 de El Socialista habló de las tristezas de la guerra. En este contexto actual de guerra en Ucrania recuperamos en esta glosa su artículo.

En Europa se estaba desarrollando la tragedia más bárbara de su Historia, afirmaba contundente el autor, teniendo en cuenta, por nuestra parte, que la contienda acababa de comenzar y que todavía no se había llegado al culmen de los horrores de la guerra de trincheras, de las carnicerías para conquistar unos pocos metros en el frente, y para perderlos al día siguiente, ni la llegada de los gases tóxicos.

Comaposada se preguntaba cómo en esos momentos se podían celebrar fiestas, si en esos comportamientos había algo de humano. El no pedía que se suspendiera el normal desarrollo de las vidas, que se cerraran los teatros, que se llevara un luto riguroso o que se prohibiera la risa, pero parecían intolerables los festejos extraordinarios.

Esas celebraciones especiales parecían un desafío a la miseria, a los horrores que padecían millares de personas en el frente.

Sin duda, Comaposada destilaba una enorme tristeza, unida con la indignación, por lo que veía. No podían tolerarse esas expansiones en una Europa que era una charca de sangre, o mientras reinaba la miseria en España, una pobreza que se iban extendiendo por todo el país.

La lectura de las noticias que llegaban de la guerra producían indignación en Comaposada. En ese momento, a los desastres producidos en los monumentos de Lovaina, de Terlemon y otras ciudades belgas, se unía el incendio de la catedral de Reims. Pensaba que después de la protesta internacional por lo ocurrido en Lovaina no iba a volver a cometerse otro atentado contra el arte, pero ahí estaba el cañoneo lento, durante varios días, como si obedeciera a un plan previo, de la catedral de Reims. Era el “salvaje placer” por destruir porque la catedral no tenía ningún valor militar.

Comaposada terminaba su triste e indignado artículo con una protesta por lo ocurrido y con un grito contra la guerra.

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Director del Observatorio de Historia de Arco Europeo: Eduardo Montagut

 

 

Los socialistas franceses y el sufragio femenino en 1929

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Los socialistas franceses y el sufragio femenino en 1929

Por Eduardo Montagut

Francia fue uno de los países occidentales donde más tarde se reconoció el derecho al voto femenino. En otros trabajos hemos tratado de esta cuestión. Ahora nos interesa más centrarnos en el papel de los socialistas.

En Francia se produjo un claro fenómeno de incomprensión hacia la causa de las mujeres por parte del movimiento obrero, y que hunde sus raíces en figuras como Proudhon en el siglo anterior, aunque hubiera destacadas mujeres que lucharon por los derechos de las mujeres, como Flora Tristán o Jeanne Deroin. Nos referimos a que un sector del socialismo no veía con buenos ojos la lucha femenina porque era más importante la lucha de clases, y aquella podía entorpecer a ésta. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que hubo socialistas que consideraban que la incorporación de la mujer a la vida laboral podía ser perjudicial para ellas y para la causa de la izquierda al aumentar el número de trabajadores y, por consiguiente, producirse un mayor abaratamiento de los salarios. Además, las sufragistas solían ser mujeres de la burguesía, siendo, a fin de cuentas, enemigas de clase.

En el seno del socialismo francés habría que destacar la figura de Louise Saumoneau, que rompió las vinculaciones con el sufragismo, en línea con los recelos hacia sus protagonistas por su condición burguesa, pero para luchar por las reivindicaciones femeninas en el partido socialista. En 1913 creó el Groupe de Femmes Socialistes. Pero estalló la Gran Guerra y se paralizaron los esfuerzos.

Al terminar la contienda la cuestión del voto femenino fue discutida en el parlamento en dos ocasiones, en 1919 y 1922, pero fue rechazada. Por fin, en 1929 parecía más favorable la situación en la Cámara baja, pero el Senado frenó la propuesta de nuevo.

En el Congreso de Nancy en el mes de junio de ese año, los socialistas franceses tomaron una serie de resoluciones sobre el derecho al voto de las mujeres. El Partido Socialista quería reafirmar que, además de ser el partido de la clase obrera, era el defensor de los oprimidos y de las causas justas. Los socialistas consideraban que era un hecho objetivo que un número creciente de mujeres se estaba incorporando al mundo laboral, y que era de justicia que pudieran participar en la gestión de la riqueza que estaban contribuyendo a crear, además de comprobarse que su acceso a las profesiones liberales estaba demostrando que su nivel de conocimientos se elevaba al mismo nivel que su actividad. Por otro lado, era creciente el número de mujeres socialistas que entraban en los municipios.

El Congreso Nacional del Partido Socialista francés llamó la atención, por lo tanto, a todos sus componentes sobre este estado de cosas, aprobando que se debía promover la afiliación de mujeres al mismo para desarrollar entre ellas el sentido de las reivindicaciones socialistas, una idea de propaganda que compartían con otras formaciones hermanas, ya que hemos visto este mismo objetivo dentro del PSOE.

Se encomendaba a la Comisión Administrativa Permanente y a las Federaciones la obligación de emprender una activa campaña en favor de los derechos políticos de las mujeres con el fin de promover un estado de opinión en Francia para vencer la resistencia del conservadurismo del Senado, y conquistar para las próximas elecciones legislativas la igualdad política mediante la obtención del voto y la elegibilidad de las mujeres. La papeleta electoral, es decir, el voto, era el “medio de defensa y de combate”, insistiendo en el principio casi sagrado del socialismo occidental sobre la importancia de la política y de la participación como instrumentos de cambio.

No se consiguió hasta después de la Segunda Guerra Mundial en otro contexto histórico harto diferente.

Hemos consultado el número 6356 de El Socialista.

Observatorio de Historia de Arco

Director: Eduardo Montagut

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El Cartel de la Izquierdas en Francia como forma de colaboración

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Al terminar la Gran Guerra Francia basculó hacia la derecha con el triunfo en 1919 del Bloque Nacional, fundamentalmente por la desunión de la izquierda francesa, representada por radicales y socialistas. Después de constatarse el fracaso electoral de la izquierda, el socialismo francés padeció una difícil situación. Nos estamos refiriendo a la escisión comunista. El Congreso de Tours, celebrado a finales de 1920, fue determinante. Blum se negó a aceptar la III Internacional, es decir, las órdenes procedentes de Rusia, pero se quedó en minoría frente a una mayoría que se decantó por el comunismo, al contrario de lo que pasaría en otros partidos socialistas europeos. Tendría que pasar un tiempo para que el Partido Socialista pudiera recomponerse.

La crisis económica de posguerra era una realidad palpable. El Estado francés tenía un déficit presupuestario inmenso y agravado por los gastos de la reconstrucción. Los franceses cifraban su salvación económica en las reparaciones alemanas. El slogan de la inmediata posguerra era el de “Alemania pagará”. Pero las enormes dificultades alemanas para pagar y la consiguiente demora provocarían que Poincaré ocupase el Ruhr. Pero, además de aumentar la tensión internacional, no se redujo la deuda ni se frenó la inflación. El gobierno optó por la austeridad presupuestaria y el aumento de la presión fiscal, que repercutió en los funcionarios y asalariados, ejes de la crisis política que llevó al fracaso y caída de Poincaré.

Las dificultades económicas generaron una intensa crisis social, cuya consecuencia fue la reactivación del sindicalismo frente a la debilidad de la izquierda política. La CGT (Confederación General del Trabajo) vivió un extraordinario auge. Llegó a plantear un programa de nacionalizaciones, y su sector más radical inició una serie de huelgas intensas. Este sector terminaría desgajándose de la CGT para formar la CGTU, que se adhirió a la Sindical Internacional Roja. Ante la presión sindical los gobiernos del Bloque Nacional intentaron plantear alternativas como la jornada laboral de ocho horas, combinándolas cuando no daban los resultados esperados con la represión, empleando el ejército y algo que comenzó en aquella época con el triunfo de la Revolución Rusa: intensas campañas de opinión acusando a los sindicatos y a la izquierda de bolchevismo.

Las medidas económicas tomadas por el gobierno de Poincaré para reducir el déficit francés -austeridad presupuestaria y aumento de los impuestos- consiguieron fortalecer al franco, pero tuvieron un evidente coste social y, por ende, político. En las elecciones del año 1924 venció la izquierda, es decir, los radicales y socialistas. Esta vez llegaron a un acuerdo de gobierno, el conocido como el Cartel de izquierdas.

Entre junio de 1924 y abril de 1925 el gobierno fue dirigido por el radical Edouard Herriot, un destacado político por su cultura, con el apoyo parlamentario socialista. Se emprendió una activa política de signo laico. En este sentido, se intentó suprimir la embajada francesa ante la Santa Sede, que había sido restaurada por Briand en 1921, y abolir el Concordato que afectaba a Alsacia y Lorena. También se emprendió una verdadera ofensiva política contra el sector financiero y capitalista, el conocido como el “muro del dinero” porque se había opuesto a los empréstitos estatales. Estas políticas concitaron la fuerte oposición de la derecha y de los católicos. En este clima, el gobierno elevó a Jaurès al máximo honor al que puede acceder un francés después de muerto porque decidió trasladar sus restos al Panteón. Recordemos que uno de los padres del socialismo francés había sido asesinado en la vorágine previa a la Gran Guerra por su rechazo al conflicto y al militarismo. La derecha vio en este gesto una verdadera provocación por homenajear a un destacado crítico con la guerra después de lo que había pasado.

En Francia se instaló una intensa etapa de inestabilidad política como consecuencia de la ofensiva de la derecha. Se sucedieron hasta cinco gobiernos, que no pudieron hacer frente a los problemas económicos que se venían arrastrando desde la guerra. La inflación se dispara con la consiguiente agitación social.

Eduardo Montagut

Observatorio de Historia de Arco

Director: Eduardo Montagut

Alexis de Tocqueville: el Antiguo Régimen y la Revolución

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Si los autores liberales de la época de la Restauración fueron eminentemente narrativos y los románticos, por su parte, defensores a ultranza del pueblo, pecando de poco rigurosos en el análisis historiográfico, existió otro grupo de historiadores decimonónicos, que, aunque heterogéneo en sus ideas tiene en común su preocupación por encontrar causas y formular explicaciones en relación con la Revolución Francesa. Entre ellos, destacaría Tocqueville, en cuya obra nos centraremos en este trabajo.

Alexis de Tocqueville (1805-1859), además de ser un destacado estudioso del sistema democrático norteamericano, se dedicó a buscar causas y explicaciones de la Revolución Francesa en su El Antiguo Régimen y la Revolución, del año 1856. Se trata de una de las obras de referencia para muchos historiadores posteriores. El propio Tocqueville insistió que su objetivo principal no era referir los hechos. El autor buscó la elaboración de una síntesis donde se destacasen los caracteres generales de la evolución de esos acontecimientos. Para ello, emprendió una ardua tarea de investigación y consultó fuentes que hasta ese momento no se habían tenido en cuenta, como documentación fiscal y económica, libros de reclamaciones, actas de venta, catastros, etc.

En primer lugar, el autor inscribe la Revolución en el contexto general de crisis del Antiguo Régimen y que en Francia adoptó un carácter revolucionario y no de transición más lenta. El desarrollo económico y social alcanzado en el siglo XVIII chocó radicalmente con las estructuras políticas del Antiguo Régimen. En este aspecto la influencia de Antoine Barnave parece clara. El problema es la excesiva rigidez a la hora de considerar que los distintos grupos sociales eran homogéneos, cuando la historiografía posterior ha demostrado que había grandes diferencias en su seno en todos los aspectos.

La Revolución tendría, pues, un objetivo claro, el de abolir las instituciones derivadas de la Edad Media, sinónimo de desigualdad. Los derechos feudales se habían hecho particularmente odiosos para el pueblo de Francia. La Revolución no había sido un acontecimiento casual, aunque hubiera cogido al mundo de improviso, sino que había sido el resultado repentino y violento de un proceso que hundiría sus raíces en el tiempo. Es más, seguía avanzando entre las ruinas que había producido, en el momento en que escribía el autor.

Un aspecto importante de la obra de Tocqueville fue el arrancar el inicio de la Revolución en sí no en 1789 sino en 1787 cuando la aristocracia se negó a pagar impuestos, forzando a Luis XVI a convocar los Estados Generales. Es lo que, posteriormente, los historiadores han denominado la “revuelta de los privilegiados”. Después, en 1789 la burguesía dirigiría el proceso revolucionario.

Tocqueville criticó el Terror; de hecho, diferencia dos fases en la Revolución: una de la Libertad de los primeros tiempos, y otra del Odio, la de la época del Terror. El autor, pues, fue un defensor de los aspectos liberales y burgueses de la Revolución, además de criticar la visión romántica y popular de Michelet.

Eduardo Montagut

Observatorio de Historia de Arco

Director: Eduardo Montagut

 

Cristina Jarque nombrada Directora del Observatorio del Psicoanálisis de Arco

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A propuesta de su Presidente, ha sido nombrada Directora del Observatorio del Psicoanálisis de Arco Europeo la prestigiosa psicoanalista Cristina Jarque, Fundadora y Directora de la reconocida asociación psicoanalítica Lapsus de Toledo y socia de honor de Arco Europeo.

Muchas gracias Cristina y enhorabuena ¡¡

Cristina Jarque Socia de Honor de Arco Europeo

CRISTINA

A propuesta de su Presidente, ha sido nombrada Socia de Honor de Arco Europeo la psicoanalista mejicana Cristina Jarque. Se ha tenido en cuenta su excelente trayectoria profesional, su reconocimiento en Europa y América como una de las más prestigiosas psicoanalistas y las colaboraciones entre Arco Europeo, especialmente con su sección de Arco Ateneo,  y la asociación psicoanalítica Lapsus de Toledo de la que es Fundadora y Directora.

Bienvenida ¡¡

 

 

La persecución de los homosexuales en el Imperio Alemán y la República de Weimar

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Nada más terminar el proceso unificador alemán se introdujo en 1871 en el nuevo Código Penal del Imperio el artículo que castigaba con penas de prisión las relaciones sexuales entre hombres. El artículo en cuestión fue el tristemente famoso número 175 y señalaba lo siguiente:

“la fornicación/lujuria contra natura realizada entre hombres o de personas con animales se castigará con pena de cárcel; también se podrán retirar los derechos civiles”.

Esta penalización recogía el punto de vista conservador prusiano de su propio Código frente a otros mucho más liberales, como los de Baviera o Hannover que, ya en la primera mitad del siglo XIX, habían despenalizado dichas relaciones, fruto de la influencia francesa. En 1913 se estableció una aclaración sobre lo que significaba la “fornicación/lujuria contra natura”, que quedaría definida como “acciones similares al concúbito natural”, pero como esta definición era un tanto ambigua, se dejó a la interpretación de los jueces.

En el año 1900 se aprobó una ley que prohibía la publicación y venta de libros e imágenes lujuriosas, con fuertes penas pecuniarias y de cárcel.

Los socialdemócratas comenzaron a luchar a finales del siglo para que el Parlamento alemán aboliera el artículo 175. Se hicieron eco de la campaña que había emprendido el psiquiatra Magnus Hirschelfd y su Comité Científico-Humanitario contra el mencionado artículo. Auguste Bebel declaró en 1898 que la policía de Berlín tenía listas de homosexuales tan largas y que abarcaban todas las clases sociales que el Estado prusiano se vería obligado a construir dos nuevas cárceles. Bebel se refería a las “listas rosas”, “listas de homosexuales” o “listas de sospechosos de homosexualidad”. El calificativo de “rosas” debió aparecer mucho tiempo después, terminada la Segunda Guerra Mundial. En esas listas se incluían a los que acudían a los baños públicos en busca de sexo anónimo o frecuentaban determinados ambientes.

En la época de la República de Weimar se mantuvo la represión contra los homosexuales,  ero el grado de la misma no fue uniforme en todo el país. Al parecer, en las ciudades de Berlín y Hamburgo había un grado de mayor tolerancia por parte de la policía, frente a lo que ocurría en otras ciudades. En esta época se crearon unidades policiales específicas para perseguir a los homosexuales y se siguieron elaborando las “listas rosas”.

La batalla legal iniciada a finales del siglo XIX por los socialdemócratas contra el artículo 175 comenzó a tener sus frutos en la segunda mitad de los años veinte. Importantes intelectuales, escritores, artistas y científicos alemanes apoyaron dicha abolición. Entre ellos, habría que destacar a Thomas Mann, Rainer Maria Rilke, George Grosz, August Bebel, Karl Kaustky, etc. En una comisión parlamentaria del año 1925 se propuso eliminar el artículo 175 y sustituirlo por otros dos, intentando penalizar solamente los casos con agravantes, es decir, de aquellos de hombres que ejerciesen una posición de poder para conseguir sexo con otros hombres, los que acudiesen a la prostitución, y los que tuviesen relaciones sexuales con menores de 21 años. Bien es cierto que se mantenía la discriminación, pero en el proyecto de reforma del Código Penal de 1929 se despenalizaba el sexo entre hombres adultos. Pero dicha reforma nunca entró en vigor. Todo se paralizó cuando los nazis irrumpieron con fuerza en el Parlamento e hicieron imposible la formación de una mayoría para conseguir aprobar la reforma.

Eduardo Montagut