La palabra y el bel canto (por ejemplo)

BOSCO

La palabra y el bel canto (por ejemplo)

Por Pilar Úcar

Parece que esta expresión define el arte del canto según el estilo de la ópera italiana romántica afirma la RAE, a la que siempre acudo.

Si lo extendemos a la ópera en general sea de cualquier época, compositor, movimiento o país, podríamos pensar que se deriva algo ‘bello’ o ‘bonito’. Seguro que hay traductores que se rasgan las vestiduras por no mantener la expresión tal cual.

Y llama la atención que este género lírico, esta clase de espectáculo, tan bello o tan bonito no cale en la mayoría de público; algo de tramposo, pues, esconde el modismo lingüístico.

Hablamos de la preferencia e inclinación particular e intransferible de cada uno; para ello viene en auxilio el verbo “gustar”, de los más comunes y no sé si rentable en el discurso oral y escrito de tanto uso y desgaste. Cuando alguien profiere “me gusta”, inmediatamente nos vemos abocados a justificar, argumentar a “porquerizar” en una suerte de respuestas para calmar preguntas ajenas de curiosidad o de sorpresa.

Y su formulación en negativa todavía entraña mayor extrañeza: un “no me gusta” pone sobre aviso al otro, comienza la sospecha y la ceja enarcada -mínimo ademán facial- sin contar onomatopeyas y aspavientos.

A mí “no me gusta” la ópera, se llame bel canto o como quieran denominarlo. Y punto. Por muy rompedoras que sean la escenografía y la tramoya, innovadoras las arias y reiterados los bises, el virtuosismo del fraseo, y la técnica de la respiración diafragmática…no me gusta. No se necesita plasmar de otra manera, ni con eufemismos ni rodeos -para evitar tono desabrido, los malos gestos en el ojo ajeno-, el disgusto o la desavenencia y así mitigar ese sentido latente y solapado de culpa ante un certero “no me gusta”, por ejemplo.

OBSERVATORIO DE FILOLOGÍAY LENGUA ESPAÑOLA

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

La palabra y «a toro pasado»

Harmodio y Aristogitón tyrannicides

La palabra y «a toro pasado»

Por Pilar Úcar

Tras la resaca “sanferminera”, traigo a colación una de las expresiones más usadas en nuestro lenguaje cotidiano, se esté a favor de la Fiesta con mayúscula (emulando a Hemingway) o se practique una férrea y contundente postura animalista.

Todos los días a la misma hora, los correderos del encierro se preparan con su propio ritual para plantarse con “un par” delante de una ‘manada’ (¡¡qué palabra de acepciones tan funestas!!) y emprender a zancadas una carrera velocísima y atrompicada por las calles pamplonesas ad hoc.

Sin profundizar en el análisis lingüístico de alguno de estos mozos (de la zona o foráneos) cuando se les pregunta motivaciones, sentimientos, liturgia anterior a esos momentos y protocolo posterior (si el toro ha esquivado bultos que les impiden acceder a la plaza hermanados con los cabestros)…daría para toda una antología del dislate.

Me llama la atención la sapiencia de los comentaristas, periodistas o no, durante las retransmisiones televisivas; ahí es donde el idioma crece: “encierro peligroso, limpio, vistoso” o “toros nobles, agachan la testuz, doblan las manos, cabecean”.

Todas las figuras retóricas, como plaquetas enloquecidas ante una herida. Creo que faltaron a sus clases de Lingüística en la facultad de Ciencias de la Información (ahora, Comunicación, el término periodista muy denostado en la actualidad cede al de comunicador). Agota su cháchara sin comedimiento ni justeza a la hora de emplear los términos del campo semántico taurino. Toca llegar al corazón, a la fibra sensible, “se me ponen los pelos como escarpias” insisten reiteradamente y de ahí todo son hipérboles, comparaciones, metáforas  y metonimias, paronomasias…un sindiós tedioso y manido. Algunos me dirán que escribo “a toro pasado”, es decir, «después de haber perdido o dejado pasar la oportunidad». Exacto, con la ventaja de ser filóloga, animalista y de Pamplona.

OBSERVATORIO DE FILOLOGÍAY LENGUA ESPAÑOLA

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

La palabra ‘orgullo’

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La palabra ‘orgullo’

Por Pilar Úcar

¡¡¡Una perogrullada eso de repetir lo importante que resultan las palabras!!! Yo creo en ellas… por edad y experiencia (profesional y personal). Claro, que no todas son iguales, y no me refiero a su clasificación gramatical. Al término ‘orgullo’ se le adjudican los siguientes sinónimos: soberbia, engreimiento, altanería, altivez, arrogancia, vanidad, presunción, desprecio, amor propio y estimación.

Buscar el significado de un vocablo en el diccionario, engancha, porque una cosa lleva a la otra y nos vemos abocados al juego de la oca (tan boomer, cierto) de una casilla a la siguiente, y salto porque me toca…enhebramos una cadeneta de eslabones terminológicos al no dar con el que queremos. Pasa que la sinonimia absoluta no existe. Ocurre con la palabra ‘orgullo’ y es con el último sinónimo, el de ‘estimación’, el que más nos convence: ‘aprecio, afecto, consideración’ para nuestro objetivo de hoy.

‘Orgullo’ se columpia entre extremos. De ahí la necesidad de encontrar el punto morigerado, para algunos tibieza, para el resto la medianía deseada. Difícil, seguro, si solo nos quedamos con el lazo y el celofán… el brilli brilli que ahora reluce, se vive, se escenifica, se colorea, se batuquea, se desfila, se grita y se canta. Y que siga, por supuesto. Fiesta, celebración, alegría, puro jolgorio…

Algo de “meritorio” rezuma el orgullo en su definición y en este detalle es donde conviene agarrar la palabra, a ras del suelo, de la calle, del día a día, sin falsos patrioterismos, ni viejunas memorias. Todo muy actual y real muy presente. Mérito.

Como lingüista me interesa analizar la travesía que ha experimentado la palabra ‘orgullo’: hoy no se emplea tanto eso de “orgulloso de mi país” sino que domina el “orgullosa de ti” y sobre todo “feliz orgullo” que en apariencia sugiere una paradoja in terminis.

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

La palabra y el cómic

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La palabra y el cómic

Por Pilar Úcar

Resulta muy difícil “leer” cómics, muy difícil. Desde mi punto de vista, hay que poseer muchas y muy potentes capacidades: intuición, inteligencia, cultura, buena vista, reflexión, tiempo y ganas, interés y afición. Neuronas en acción para “pisparse” de esas historietas escritas y viñetadas: desde Corto Maltés a Tintín, pasando por Astérix y Obélix, por ejemplo. No lo ponen fácil historietistas como “Moebius” o Sergio Aragonés, entre otros muchos. Todo un reto para el que se exige una gran dosis de curiosidad.

La mayoría de los “boomers” españoles hemos crecido con la lectura dominical de Petra, cridada para todo, La familia Trapisonda, un grupito que es la monda, Zipi y Zape o Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio; 13, rue del Percebe, Mortadelo y Filemón… ¡¡Vaya país!! Para partirse la caja. Se necesita mucha paciencia y humor. Mansedumbre y cierta porción de humor, del bueno o del malo.

Si asistimos a la exposición de CaixaForum dedicada al cómic, se observa pasión animada de sus visitantes, como si les coronaran bocadillos en letras mayúsculas llenos de recuerdos avivados…

La palabra en el cómic viene contenida e intensa: se plasma con la letra apretada, tan junta que cuesta separar hasta las sílabas. Se trata de una palabra cultural, cínica, y siempre muy crítica…parece que el autor se ríe de todo y de todos. Algunos de los ingredientes que jalonan el paso de una viñeta a otra: amargura, mucha; ironía, bastante.

Hay que aguzar el ingenio a marchas forzadas y estar pendiente del más mínimo detalle: comas y acentos, que, incomprensiblemente, caben en los límites del recuadro, lenguaje no verbal, gestos y señales, ademanes y silencios, pausas… Los elementos de la comunicación a toda vela. Síntesis y sinopsis, resumen y esquema. Todo eso es un cómic. Too much.

OBSERVATORIO DE FILOLOGÍAY LENGUA ESPAÑOLA

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

Principales métodos de enseñanza de la lectura

NIÑA LEYENDO Imagen de Pexels en Pixabay

Principales métodos de enseñanza de la lectura

Por Rosa Amor

La escuela comienza como institución desde el momento que se hace necesaria la enseñanza formal del lenguaje escrito. Varios autores emplean el término “la querella de los métodos” para referirse a la polémica entre defensores de los distintos métodos para el aprendizaje de la lectura. Esta “querella” ha contribuido a que los métodos hayan cobrado valor en sí mismos que los han alejado de la realidad. Se ha discutido tanto sobre la calidad de los caminos que se ha perdido de vista el destino hacia el que conducen. El término que se suele utilizar para clasificar los métodos es el tipo de procesos mentales que el niño tiene que realizar para cumplir con el objetivo de aprender a leer y a escribir. A continuación, se exponen los principales métodos en función de la clasificación propuesta por Cassany, Luna y Sanz (2007):

  1. Métodos sintéticos. El aprendizaje se inicia a partir de las unidades mínimas del lenguaje, de modo que para aprender a leer el niño debe realizar una operación de suma, síntesis, de los elementos aprendidos de forma aislada. Dentro de estos métodos encontramos a su vez:
  • Métodos alfabéticos: cuando las unidades mínimas son las letras. Han sido los más usados tradicionalmente. Estos métodos actualmente están en desuso.
  • Métodos fonéticos: las unidades son los fonemas. Proponen comenzar a trabajar la lectura desde el fonema asociándolo a su grafía correspondiente.
  • Métodos silábicos: en este caso las unidades mínimas son las sílabas a partir de las cuales se inicia el aprendizaje.

Los métodos fonéticos y silábicos comparten algunos rasgos comunes:

  • Tratan de enseñar al niño el código alfabético, es decir, la relación entre las grafías y los fonemas, bien de forma aislada, bien en un contexto silábico.
  • Entienden que este es el primer paso en la enseñanza de la lectura.
  • Utilizan diferentes procedimientos para que el niño establezca una relación sólida entre grafía y fonema: dibujos, gestos, sonidos onomatopéyicos, canciones, etc. Estos apoyos son eliminados una vez que el niño ha establecido esa relación.
  • Siguen un orden preestablecido en la presentación de los fonemas o sílabas, de modo que la enseñanza avanza secuencialmente, paso a paso, empezando por las vocales.
  • A medida que se van aprendiendo tales unidades, se van presentando combinaciones que forman primero palabras y después pequeñas oraciones, que contienen solo las unidades ya estudiadas y generalmente se basan en la repetición de la letra o sílaba que se está estudiando.
  1. Métodos analíticos. Comienzan la enseñanza del lenguaje escrito por unidades de lenguaje más amplias: unidades léxicas o palabras; unidades sintácticas u oraciones. Se pretende que a partir del estudio de esas unidades lleguen a las unidades mínimas, es decir, hasta las relaciones entre fonema y grafema. La diversidad entre los métodos analíticos proviene bien del punto de partida (palabra u oración); bien del camino posterior hacia el análisis (mayor o menor grado de intervención). Los métodos analíticos clásicos parten de la oración y siguen un rumbo analítico que va marcando el niño con sus descubrimientos espontáneos de las unidades menores que la frase. Un ejemplo sería el método global propuesto por Decroly. Sus rasgos generales son:
    • Parten del interés del niño: las oraciones con las que se comienza surgen de la conversación colectiva entre los niños.
    • El interés está estrechamente ligado a la significación.
    • Se asientan teóricamente en la percepción global predominante en la infancia.
    • No recurren al apoyo fónico, sino que se basan en el reconocimiento visual.
  1. Enfoque psicogenético o constructivista. La concepción constructivista de la enseñanza establece una diferencia importante entre enseñar y aprender. Se trata de dos actividades distintas. Tal como se enseña no es tal como se aprende. El proceso de aprendizaje de un conocimiento ha de estar presente en cualquier planteamiento didáctico, además de las particularidades del conocimiento en sí mismo. El punto de vista psicogenético en el aprendizaje del lenguaje escrito ha sido ampliamente desarrollado por E. Ferreiro y A. Teberosky (1991) en diversas investigaciones, donde nos muestran cómo el aprendizaje de éste pasa por un proceso cognitivo de apropiación del sistema de representación alfabético del lenguaje escrito, en el que las asociaciones perceptivas y las destrezas gráficas asumen un papel importante, aunque del todo secundario. Los alumnos llegan a la escuela con un amplio bagaje de conocimientos sobre la lengua y los hechos lingüísticos. En los trabajos de Ferreiro y Teberosky queda patente cómo se construye sucesivamente el conocimiento sobre las palabras, sílabas y letras, muchas veces sin que se produzca una enseñanza explícita de estos aspectos y siempre vinculando al significado y al uso que los niños hacen en distintas situaciones comunicativas. Las autoras mencionadas dejan de considerar la problemática de los métodos y dedican su atención al cómo el niño construye el sistema alfabético. Este enfoque se basa en las siguientes premisas:
    • Los niños en contacto con el lenguaje escrito elaboran ideas en un intento de atribuir significado a las representaciones gráficas. Estas ideas o información previa será objeto de cambio o reconstrucción en el proceso de enseñanza-aprendizaje en un proceso de estructuración y reconstrucción del conocimiento.
    • El papel del docente es el de mediador de los aprendizajes.
    • Parte de la función fundamental del lenguaje escrito: la comunicación, por lo que el texto constituye la unidad comunicativa básica.
    • Los niños aprenden las características propias del lenguaje escrito usado en distintas situaciones con distintas finalidades y en distintos tipos de textos, así como los procedimientos que llevan a la comprensión y producción de estos.

OBSERVATORIO DE EDUCACIÓN 

Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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La palabra y los colores

Arcoiris

La palabra y los colores

Por Pilar Úcar

Ya lo he dicho en alguna otra ocasión: a mí, de las exposiciones –del tipo que sean- me gustan las personas que las visitan. Mirar los cuadros, bien, observar las esculturas, también, fijarme en los diseños, estupendo, pero lo que en realidad me atrae son los “paseantes” que recorren la galería, las salas donde se exhiben obras de arte.

Si puedo, me siento y me pongo en modo voyeur. Atenta a sus miradas, a sus cuchicheos y comentarios, a sus posturas y posiciones: todo un manual de behaviorismo humano y cultural.

Mientras, me entretengo con el color de las pinturas y a cada uno les asigno una palabra, no muy técnica, seguro,  sino muy propia y personal, según apetencia y gustos: por ejemplo: color plano, pastoso y “pastelamen”, color a puro brochazo o pincelada suelta…y del color y la palabra acabo metiéndome en la escena pictórica (sin olvidarme de quienes también como yo nos paramos frente al cuadro). Imagino a las figuras enmarcadas hablando entre sí por lo bajini, farfullando improperios o elogios al artista que ha decidido plasmarlas sin cromatismo o “poperas” o desdibujadas; adivino que el autor tenía un plan preconcebido, unos parámetros que cumplir y el relleno se ha de ajustar al proyecto. La palabra y el color se complementan, el color y la palabra se necesitan y se han de llevar bien para acompasar el ritmo de la creación: lingüística y cultural (en sus distintos géneros).

Existe mucha filosofía sobre las tonalidades, nomenclatura más o menos artificiosa y convencional: verde esperanza, azul celeste, amarillo bermellón; yo prefiero verde loro, azul bebé, amarillo pollo…

Estaba yo sentada el pasado viernes en el Thyssen con Alex Katz y pensaba que sus “personas” pintadas con sombreros, paraguas y gafas me acompañaban hablando de colores.

Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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Doctor honoris causa:…algo más que palabras

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Doctor honoris causa:…algo más que palabras

Por Pilar Úcar

Me llama la atención la pervivencia de latinismos en nuestra actualidad; no sé si dan a la lengua un sabor añejo o más bien algo raruno; en cualquier caso, trasnochados y para muchos desconocidos.

Investir a alguien doctor honoris causa consiste en laurear a personas eminentes de ciertos ámbitos profesionales y que no son necesariamente licenciados. “Me parto” –la caja-… (muy pasado también este coloquialismo, antigualla diría yo), como si poseer una licenciatura le habilitara a uno para acceder a ese premio. Al revisar la literatura encontramos muchos personajes que lucen ese título y se demuestran auténticos cenutrios, membrillos de academia.

Traducen la expresión doctor honoris causa: ‘por causa de honor’ y alude a la cualidad conducente de uno al cumplimiento de sus deberes, respeto a sus semejantes y a sí mismo, además se refiere a la buena reputación que sigue a la virtud y al mérito de acciones hacia los otros…vamos, personas de testimonio social, reconocido e intachable, parecería significar la definición.

Y ahora, “me pasmo” -mi capacidad para la sorpresa no merma con la edad, provecta, en mi caso-…; como me ponga populista y populachera, traigo a colación a licenciados y no licenciados, a menesterosos y faranduleros, mercachifles y politicastros, ágrafos y polígrafos, mujeres y varones…un amplio y variado elenco de personas que hacen gala de esa “causa de honor” encumbrados en su pedestal, y a los que habría que desproveerles de los atributos entregados en la ceremonia de investidura: guantes, anillo, birrete y libro (la simbología de estos aditamentos para otra ocasión).

Laudatio, encomios y piropazos, enhorabuenas y parabienes…a todo aquel anónimo y sin identificar que brega con la vida.

Yo me decanto por el calificativo “honorífico”, menos rimbombante y más ajustado al contenido de tal etiqueta anquilosada y ceremonia vetusta.

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

“LA EDUCACIÓN, HOY”

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«LA EDUCACIÓN, HOY” 

Por Juan López. Inspector de Educación.

La Constitución Española de 1978, en su artículo 27.2, dice literalmente: “La Educación tendrá por objeto el pleno desarrollo de la personalidad humana en el respeto a los principios democráticos de convivencia y a los derechos y libertades fundamentales”.

Francisco Giner de los Ríos, explicando el espíritu y la práctica del proyecto de la Institución Libre de Enseñanza, en 1908, propone:  Una escuela activa, basada en el método científico, coeducadora, la mujer en pie de igualdad con el hombre, con liberta de cátedra y supresión de los exámenes memorísticos”.

Luis Gómez Llorente, diputado constituyente, 1979, afirma ” La enseñanza, como sistema de transmisión de saberes, controlada por las fuerzas dominantes, fue durante muchos años un instrumento de dominación, reproductor de un determinado modelo de organización social. Es ahora el momento de hacer de la Escuela una institución que, dando formación a las clases trabajadoras, sea un instrumento de emancipación”.

 Y es que la Educación tiene que ver con la sociedad que queremos. En la medida que queremos un determinado tipo de sociedad, así pensamos nuestro modelo educativo, nuestro sistema educativo.

Una sociedad darwinista, de sálvese quien pueda, basada en la selección de los mejores a partir de la superación de una carrera de obstáculos, exige un sistema educativo selectivo, centrado en el esfuerzo individual para superar continúas pruebas, conforme a una concepción piramidal de la sociedad.

Una sociedad, sin embargo, basada en la cohesión social y en la igualdad de oportunidades, que apoya a quien más lo necesita, para que no se quede en el camino. Una sociedad que lucha contra la desigualdad, como modelo de calidad de vida y de bienestar social, exige un sistema educativo inclusivo, que desde la educación infantil apoya al alumnado con más dificultades por sus capacidades personales u origen social, para que al final todos logren el objetivo de una Educación Secundaria Obligatoria, que por se constitucionalmente obligatoria tiene que estar pensada para todos y todas, de tal modo que todos y todas, logren los objetivos previstos para una formación común de toda la ciudadanía.

Si no queremos que nada cambie, hagamos que en la escuela nada cambie. Si queremos que algo cambie para mejor en la sociedad, hagamos que la escuela cambie para mejor.

De ahí la dificultad de un pacto político por la Educación entre progresistas y conservadores, porque los programas políticos tienen que ver con el modelo de sociedad a la que aspiran y en esto hay sustanciales diferencias entre unos y otros, que creen, además, en que la Educación es un instrumento fundamental para lograr la sociedad que quieren. Por eso, cuanto más ambiciosa sea una Ley de Educación progresista o conservadora más difícil será pactar los desacuerdos entre unos y otros.

No obstante, en mi libro recién publicado “Retazos de vida. Atando Cabos” Ed. Mestas 2022, en el Capítulo: “En busca del reclamado Pacto por la Educación” pg. 219 y ss, analizo los programas políticos de Educación del Partido Popular y del PSOE en las últimas elecciones generales,  y destaco, al menos, diez puntos importantes de coincidencia sobre: Autonomía de los centros educativos, Formación del profesorado, Estatuto de la función docente, Objetivos de la Formación Profesional, Reforma de las Enseñanzas Artísticas Superiores, Universalización de la Educación Infantil, Coordinación entre las Administraciones Educativas, Jornada escolar, Acceso a la docencia (MIR educativo) y Convivencia escolar (lucha contra el acoso escolar).

Pero es verdad que hay cinco grandes desacuerdos:

  1. a) Sistema educativo(selectivo o inclusivo), a mi juicio, el principal.
  2. b) Planificación de la oferta educativa o libertad de elección de centro.¿Puede anteponerse la libertad de elección de las familias a la responsabilidad de las Administraciones educativas de establecer la red de centros en función de las necesidades educativas de cada zona y que luego las familias soliciten plaza escolar y ésta se adjudique en función de un baremo objetivo, que dé prioridad a los más vulnerables, en lugar de seleccionar al alumnado por la capacidad adquisitiva de sus familias en centros financiados con fondos públicos?.
  3. c) La enseñanza de la Religión, de cualquier religión.¿ Debe formar parte del horario lectivo como una asignatura más o debe ser de oferta obligatoria por parte de los centros , pero voluntaria para el alumnado? ¿ Debe tener o no , materia alternativa obligatoria u optativa para el alumnado que no elija religión?.
  4. d) Las competencias del Consejo Escolar. ¿ El Consejo Escolar debe tener competencias ejecutivas o ser solo un órgano puramente consultivo, en relación con la organización del centro, su presupuesto económico y la elección de sus cargos directivos?.
  5. e)  La evaluación del sistema educativo y, en consecuencia, de los centros. ¿ Debe ser exclusivamente diagnóstica, para detectar sus deficiencias y dar respuesta a las mismas? ¿ O debe ser fundamentalmente clasificatoria, para que las familias sepan con transparencia cuáles son los mejores o peores colegios, y poder elegir en consecuencia?

Pero, sin embargo, cuál es, a mi juicio, lo esencial. Y en lo que todos nos podríamos poner de acuerdo.

Le escuché muchas veces al Ministro de Educación, Ángel Gabilondo, que “Somos lo que es nuestra Educación. Somos nuestra Educación” y creo firmemente que así es, como personas y como país.

Y probablemente la Cultura, como creación individual y colectiva, depende también de lo que es nuestra Educación.

Porque Educación significa conocimientos y valores, que nos permitan situarnos ante el mundo, ante la historia, ante la sociedad y ante nosotros mismos.

Porque Educación es comprender la profunda dimensión de la dignidad del ser humano, comprender que lo mejor que nos ha pasado en la vida es ser personas, merecedores todos y todas por igual de la misma consideración y respeto, independientemente del color de nuestra piel, de nuestro género o religión, de nuestro origen social o cultural, de nuestra imagen física, de nuestra edad o de nuestra posición coyuntural en la sociedad.

Educación es saber buscar la verdad, sabiendo también que las verdades no son la verdad, sino solo parte de la verdad y que nadie tiene nunca la verdad absoluta.

Educación es comprender hasta qué punto la felicidad es, sobre todo, una aventura interior, que tiene más que ver con lo que damos que con lo que recibimos.

Educación es saber que “frente a diez profesores y profesoras puestos de acuerdo, no hay alumno o alumna que se resista”. No digamos ya si, además, ese acuerdo alcanza a las familias.

El gran objetivo de la Educación es, a mi juicio, lograr que nadie se quede en el camino, porque quien se queda en el camino en el sistema educativo, es muy probable que se quede en el camino en la sociedad. Y cuantos y cuantas más se queden en el camino, tendremos una sociedad más dual, más desigual, más insegura, con menos cohesión social, con menos calidad de vida y más improductiva social y económicamente.

La tarea educativa es lograr ciudadanos y ciudadanas responsables y libres, críticos con su entorno y autocríticos consigo mismos. Libres de mitos, de los condicionamientos de frontera, personas capaces de pensar, de dudar, de soñar, de hacerse preguntas, de aprender por sí mismos, de ser ellos mismos y ellas mismas, criaturas únicas, irrepetibles, nacidas para ser útiles a los demás. Eso es para mí lo esencial. Ese es el enorme potencial axiológico de la Escuela y la base de su liderazgo ético en una sociedad democrática. “Sin una buena educación, es en vano esperar la mejora de las costumbres y sin la mejora de las costumbres, son ineficaces las mejores leyes. La apuesta por la mejor enseñanza para la juventud debe ser el sostén y el apoyo de las Instituciones y de la convivencia nacional” (Dictamen sobre el proyecto de Decreto de Enseñanza, de 7 de marzo de 1814, que desarrollaba el Título IX sobre “La Instrucción pública” de la Constitución de 1812).

Adolfo Aristarain, en su película “Lugares comunes”,  a través de su personaje principal, Fernando Robles, profesor de Pedagogía que da su última clase en la Facultad de Educación a los y las estudiantes del último curso de Magisterio, interpretado por Federico Lupi, les dice: “Pronto serán ustedes maestros y maestras. Tal vez el próximo curso lo serán. Tengan siempre presente que enseñar es MOSTRAR. Mostrar no es adoctrinar, es dar información, pero, dando también, enseñando también, el método para analizar, razonar y cuestionar esa información que se les da. Pónganse como meta enseñar a sus alumnos y alumnas a pensar, que duden, que se hagan preguntas. No los valoren por sus respuestas. Las respuestas no son la verdad. Valoren a sus alumnos y alumnas por las preguntas que se hacen y por las preguntas que les hacen. Hay una misión que quisiera que cumplieran, que yo espero que ustedes, como maestros y maestras, se la impongan así mismos, así mismas: despierten en ellos y ellas, en sus alumnos y alumnas, EL DOLOR DE LA LUCIDEZ. Sin límites. Sin piedad.”

CONFERENCIA EN LA MESA REDONDA SOBRE EDUCACIÓN Y CULTURA, HOY

Ateneo día 6 de junio 19:30 h.

Organizada por Agrupación Argüelles

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Palabra…de feria y feriantes

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Palabra…de feria y feriantes

Por Pilar Úcar

De eso se trata, de fiesta y celebración. Una feria invita a los feriantes, a quienes concurren a comprar y vender.

Y da igual el contenido: desde el muladar al bombilleo, desde los lácteos a la maquinaria agrícola. Ir a la feria supone un homenaje a la actividad humana en su más amplio y esplendoroso trajinar. Trueque, mercado, precios, objetos y cachivaches; cúmulo de restos que no detritus, un trasiego de gentes, un vaivén en un recorrido multiplicado en puestos, casetas…palabras y más palabras.

Saludar y mirar, mucho voyeur con ojo atento: estar; el testimonio resulta fundamental, poco anecdótico.

Hoy hablamos de libros. De papel, en su mayoría. Con ilustraciones y santos como decían nuestras abuelas -que el texto se deglute mejor con figuras polícromas de vivos colorinchis-, dibujos y grabados, letras y más letras. Páginas. Como si “el online” se hubiera volatilizado, ahora anhelamos lo tangencial, el toqueteo, sobar una carátula y oler la contraportada. ¡¡Sentidos al poder!! Nos comemos con avidez los títulos de ensayos, de novela fantástica (negra y prístina), de poemas imposibles y dramaturgia inexplicable.

Acercarnos a la feria del libro es un ritual. Paseos y parques, amigos y nuevas compañías. ¡¡Qué gran poder!! atesora ese adminículo tuneado a veces, metido en la tablet, escuchado en el coche y ahora vivo, de tapas duras o blandas. Todavía existen. Los feriantes atisban negocio, vuelve la realidad “viejuna”. Parece que se lee o quizá los libros solo sirven para apoyar la lámpara de mesa, calzar la pata de la silla cojitranca o disimular un tesoro tras la boiserie.

Una vez más, toca recuperarse de la resaca libresca en una primavera muy estival inundada de ferias por doquier. Y sobre todo, meterse en harina; la presente canícula provoca a unos escribir y a otros, leer.

Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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