El trabajo socialista municipal en la Historia contemporánea española: metodología y fuentes

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Es evidente que el conocimiento del trabajo de los concejales socialistas en los municipios, debe estudiarse en los respectivos archivos municipales.  Se trata de un tema fundamental a la hora de realizar la Historia municipal contemporánea española, y del propio Partido Socialista, dada la importancia que el PSOE siempre dio a los ayuntamientos por su proximidad hacia los ciudadanos, y porque era un resorte de poder que podía realizar cambios concretos en favor de los trabajadores y clases humildes, y no sólo como un nivel administrativo exclusivamente de gestión. Ya contamos con algunas monografías, al respecto. La más reciente se refiere al trabajo socialista y republicano en Madrid. Se trata del libro de Santiago de Miguel Salanova, Republicanos y Socialistas. El nacimiento de la acción política municipal en Madrid, (1891-1909), publicado en Madrid en el año 2017. El autor plantea un método de trabajo harto interesante porque establece que la entrada de republicanos y socialistas en el consistorio de la capital de España marca un punto de inflexión en la historia municipal, ya que ambos sectores políticos introducen las preocupaciones sociales en el poder municipal principal del país, algo que no había sido prioridad de los ediles madrileños pertenecientes a los partidos dinásticos. El estudio comienza con la llegada del sufragio universal masculino, que abre la posibilidad para elegir concejales (recordemos que el propio Pablo Iglesias fue antes que diputado, un intenso concejal, pero no el único, ni mucho menos) y termina con la creación de la Conjunción republicana-socialista, y la llegada al poder en este nivel institucional de la oposición al sistema político de la Restauración. El libro aborda el trabajo y la acción de los concejales socialistas y republicanos contra el nepotismo, la corrupción, la mala gestión de los servicios públicos, los problemas del abastecimiento, el fraude alimentario a gran escala, y la creciente distancia social entre los barrios de un Madrid que comenzaba a crecer de forma evidente.

Pues bien, por nuestra parte, el objetivo de este breve artículo es presentar una fuente complementaria para el estudio de la labor municipal, eso sí, desde la perspectiva exclusivamente socialista, por lo que no puede ser considerada como alternativa. Efectivamente, El Socialista dedicó, desde la llegada de los primeros ediles a los consistorios vizcaínos, una atención prioritaria hacia el trabajo de los munícipes socialistas, a través de una sección que solía titularse “Los concejales socialistas”. Además, la labor de los ediles madrileños siempre fue específicamente seguida en las páginas del periódico, de una forma exhaustiva y mayor escala que la que se desarrollaba en otras localidades. Se seguían los plenos municipales con sus debates, las veces que se arrancaban conquistas y las derrotas en las votaciones, sin olvidar las labores a pie de calle de los concejales socialistas, y la denuncia de abusos, atropellos, fraudes y problemas que afectaban a los barrios más desfavorecidos.

Las elecciones municipales, por su parte, también recibieron atención informativa prioritaria: formación de candidaturas, mítines, jornada electoral, resultados, y denuncia de los métodos caciquiles, cada día menos efectivos en el ámbito urbano, pero casi intocables en el rural. Los socialistas tuvieron un claro protagonismo en la lucha contra las prácticas electorales fraudulentas en todos los tipos de elecciones en la España de la Restauración, sin olvidar los conflictos electorales que tuvieron con los republicanos hasta la creación de la Conjunción.

En tiempos de la Segunda República, dado el protagonismo socialista en los ayuntamientos desde las elecciones de abril de 1931, las noticias de índole municipal se dispararon en las páginas de El Socialista porque demostraban una nueva forma de hacer política. Por fin, la publicación también prestó una gran atención al trabajo de los socialistas en las principales ciudades europeas. En estas páginas de El Obrero hemos publicado algunos trabajos sobre estas cuestiones.

Este interés informativo concreto del PSOE no sólo derivaba de la importancia que daba al poder municipal, como hemos explicado al principio, sino también para demostrar a la opinión pública y, concretamente, a los trabajadores las virtudes de la estrategia socialista de combinar la lucha por un cambio total del sistema económico, social y político con el trabajo más concreto o pragmático de ir arrancando conquistas sociales en todos los niveles del poder. Esa política era defendida como la más adecuada y fructífera, no sólo contra los defensores del sistema, sino también frente a los anarquistas y su método “maximalista” y contrario a la política.

Eduardo Montagut

La ética política a través del ejemplo de William Jowitt

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William Jowitt (1885-1957) fue un destacado político británico que comenzó su andadura en el Partido Liberal para pasar luego al Laborista, llegando a ser Gran Canciller de Gran Bretaña en el Gobierno de Clement Attlee después de la Segunda Guerra Mundial.

El objetivo de este artículo no se centra en la intensa y dilatada trayectoria de este abogado y político sino en un hecho capital de su vida política, que constituye un ejemplo de ética a destacar.

Jowitt militaba en el sector del Partido Liberal que encabezaba Asquith. Desde el comienzo de su andadura política se caracterizó por su defensa de posturas radicales en el seno de la familia liberal. Fue elegido diputado en 1922, aunque siguió siendo abogado. Fue reelegido en 1923, pero perdió el escaño en las elecciones de 1924. Regresó a los Comunes en 1929 por la circunscripión de Preston. En ese momento, el laborista Ramsay MacDonald formó un gobierno minoritario, y ofreció a nuestro protagonista el cargo de Fiscal General. Jowitt aceptó el encargo.

Jowitt decidió ingresar en el Partido Laborista, pero, además, renunció a su escaño por el Partido Liberal porque consideraba que era deshonesto conservarlo, a pesar de que legalmente podía hacerlo. Al quedar vacante el escaño, volvió a presentarse ya como laborista. En las posteriores elecciones parciales de ese mismo año volvió a ser elegido por Preston.

Los socialistas españoles se hicieron eco de este caso para ponerlo como ejemplo de ética política frente al transfuguismo que ellos consideraban había sido muy habitual en la política española, seguramente refiriéndose a la época parlamentaria previa a la Dictadura de Primo de Rivera. Consideraban que hubiera sido deshonesto que Jowitt hubiera conservado su acta, conseguida dentro de las filas de un partido que ya no era el suyo. Sería un ejemplo, de lo que se consideraba el “fair play” de la política británica.

Eduardo Montagut

Hemos consultado el número 6361 de El Socialista.

 

EL REGLAMENTO DEL ATENEO EN ARCO EUROPEO

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El lunes 20 de diciembre Arco Europeo y las Agrupaciones Ateneísticas Argüelles y Garma, nos trajeron un debate muy interesante sobre el futuro del Ateneo y, especialmente, de su Reglamento.

Abrió el acto el psicoanalista, doctor en Medicina y Director del Observatorio de Medicina de Arco Europeo Alfonso Gómez Prieto, que realizó una  exposición muy detallada y esclarecedora sobre la psicología de los distintos sujetos y colectivos que podemos hoy distinguir en los debates ateneísticos, así como sobre sus posturas ante el Reglamento.

La conclusión fue a cargo del Presidente de Arco Europeo, que es Letrado del Tribunal de Cuentas y ex Letrado del Tribunal Constitucional,  José Antonio García Regueiro, que analizó desde un punto de vista jurídico al actual Reglamento y aportó posibles e interesantes soluciones para su mejora.

También se deben destacar las intervenciones que realizaron otros destacados miembros de Arco Europeo como la socióloga Belén Rico, el jurista Joaquín Fernández Balbín o la presentadora del acto Carmen Martínez.

Damos, por último, las gracias al público asistente pues intervino en el coloquio con discursos conciliadores e ideas constructivas.

Los debates sobre el futuro del Ateneo continuarán en próximos actos.

ARCO EUROPEO PROGRESISTA – ARCO ATENEO

ARCO ATENEO

IDEAS PARA EL ATENEO

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El Ateneo siempre ha sabido respetar sus tradiciones a la par que se adapta a los nuevos tiempos. Desde Arco Europeo y las Agrupaciones Ateneístas Agustín Argüelles y Ángel Garma, José Antonio García Regueiro y Alfonso Gómez Prieto, ambos ateneístas, nos intentaran dar nuevas ideas para el futuro del Ateneo este lunes a las 7 en la Docta Casa. No faltes.

Populismo fin de siglo: el boulangismo francés

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La caída de Jules Ferry en el año 1885, precipitada por problemas coloniales derivados de la evacuación de Langson en Tonkín por la presión del ejército chino, marcó el inicio de una nueva época para la Tercera República Francesa, salpicada por los escándalos y por diversos problemas políticos. Pero, además, la economía francesa se encontraba en una profunda crisis desde 1882. La competencia de los productos agrícolas americanos y australianos estaba arruinando al campo. También el algodón estaba hundiendo a los sectores del lino y la seda, tan importantes tradicionalmente en la industria textil francés.

Dos años después de la caída de Ferry el presidente de la República Jules Grévy tuvo que dimitir por el primer gran escándalo de la época, el de las condecoraciones. Al parecer, el yerno del presidente había recibido dinero para promover estas recompensas tan codiciadas por determinados personajes. Fue sustituido en la máxima magistratura del Estado por Sadi Carnot, que años más tarde sería asesinado en un atentado.

El sistema político republicano comenzaba, por tanto, a presentar serios problemas, con un evidente aumento de la inestabilidad gubernamental. Las elecciones de 1885 permitieron una cierta recuperación de la derecha. Pero también hay que señalar que en el mayoritario universo de los republicanos se produjeron cambios sustanciales. Los oportunistas, hegemónicos en la etapa anterior de la Tercera República, vieron cómo crecían las opciones a su izquierda. Los radicales estaban ganando peso parlamentario y la figura de Clemenceau comenzó a adquirir una evidente importancia. Por su parte, la fuerza de los socialistas experimentó un claro crecimiento.

En esta situación de crisis económica y política el populismo irrumpió en la escena política francesa. Estamos hablando del boulangismo, el principal objeto de este artículo. El general Georges Boulanger encabezó un movimiento que desde 1886 estaba abriéndose un hueco en la vida política francesa. Boulanger era ministro de la Guerra. Se convirtió casi en un héroe nacional por su firme posición en el incidente Schnaebelé, un policía francés apresado en la frontera por los alemanes, que estuvo a punto de provocar una nueva guerra entre ambas potencias en la primavera de 1887, y que tuvo mucho de manipulación por parte del canciller de hierro alemán. La actitud desafiante que desarrolló el general y ministro francés no fue compartida por el resto del gobierno, conocedor de las debilidades de Francia frente a la potencia militar de la Alemania bismarckiana. Eso provocó que saliera del gobierno, pero alimentó el movimiento populista del boulangismo. También fue expulsado del Ejército. Fue un mal cálculo político porque ahora podía concurrir como candidato a las elecciones, algo que no hubiese podido hacer si hubiera seguido siendo militar en activo.

Boulanger emprendió una campaña de signo nacionalista revanchista frente a la derrota de Sedán, que caló con fuerza en el universo de la derecha espoleando el nacionalismo fanático, y reclamando una política de rearme para enfrentarse a los alemanes. El movimiento contemplaba difusas demandas de carácter social, por lo que pudo captar algunos adeptos en la izquierda. También planteaba la lucha contra la corrupción en medio del mencionado escándalo de las condecoraciones, reuniendo las principales características de lo que conocemos como populismo en política. La derecha antirrepublicana, monárquica y católica vio en el general una esperanza para sus propósitos. Por su parte, los republicanos temían la llegada de una dictadura, con una especie de renovado Luis Napoleón.

Boulanger puso en marcha una moderna campaña electoral, ya que empleó fotografías y canciones. Triunfó en París en enero de 1889, ya que fue el candidato más votado con notable diferencia. En la noche de la victoria sus seguidores se echaron a la calle. Parecía que estaba a punto de conseguir el poder. Los sectores más reaccionarios de la vida política francesa le animaron a hacerlo, pero nuestro protagonista se paralizó, no quiso dar un verdadero golpe de Estado. Y de forma súbita la amenaza populista se desvaneció. El gobierno aprovechó la indecisión de Boulanger, y actuó rápidamente, poniendo en marcha un proceso judicial contra nuestro protagonista, bajo la acusación de actuar contra la legalidad republicana. Boulanger decidió marcharse a Bruselas y se suicidó en 1891 a causa de la depresión que le produjo la muerte por tuberculosis de su amante.

Contamos con una aportación muy interesante de Joan Pubill Brugués, “Dos populismos modernos: Boulangismo y Lerrouxismo. Nación, clase e identidad en los albores de la sociedad de masas, en La Historia, lost in translation?. Actas del XIII Congreso de la Asociación de Historia Contemporánea, coord. por Damián Alberto González Madrid, Manuel Ortiz Heras, Juan Sisinio Pérez Garzón, 2017, págs. 1219-1232.

Eduardo Montagut

El socialismo español frente a los títulos nobiliarios en la Segunda República

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La abolición de los títulos nobiliarios se ha producido en varias ocasiones y en distintos países en la época contemporánea. En realidad, las revoluciones liberales, en una interpretación completa del principio de igualdad, no contemplarían estas distinciones hereditarias, aunque se mantuvieron como un ejemplo más la alianza entre la burguesía y la nobleza, especialmente en los regímenes que siguieron siendo monárquicos, aunque fuesen constitucionales o parlamentarios. Solamente en la antigua América hispánica, al calor de la independencia, las nuevas republicas abolieron unánimemente los títulos. En Argentina lo fueron en 1813 por la Asamblea del Año XIII, cuatro años después ocurría lo mismo en Chile. La Constitución de la desaparecida República Federal de Centro América del año 1824 no reconocía título alguno, y el ordenamiento constitucional de El Salvador posterior confirmó la prohibición de cualquier distinción hereditaria. En México hubo que esperar a la Constitución de 1854, confirmando lo allí estipulado en la de 1917. La Constitución uruguaya de 1830 confirmó lo establecido en la Asamblea del Año XIII. El caso peruano fue el más complejo, ya que era el país que más títulos tenía, dada su vinculación con el Virreinato. José de San Martín pensó en sustituir los títulos de origen español por otros nuevos, pero la llegada de la república desbarató esta pretensión. Bolívar daría la puntilla final a cualquier intento de establecer una nueva nobleza.

En Francia, los títulos no fueron abolidos hasta 1790. Pero Napoleón fomentó la creación de una nueva nobleza, con la concesión de más de dos mil títulos, con una nueva jerarquía. La Revolución de 1848 volvería a abolir los títulos, que fueron restaurados por Napoleón III en 1852.

El período de entreguerras fue otro momento de auge de aboliciones de los títulos de la nobleza por las Revoluciones rusas, por el desplome de los antiguos Imperios centrales y el establecimiento de nuevas repúblicas. Después de lo establecido en Rusia, habría que citar el caso de Austria en 1919, ya desaparecido el Imperio austro-húngaro, aunque Hungría los permitió hasta después de la Segunda Guerra Mundial, ya que mantuvo la condición de reino. La República de Weimar tampoco reconoció los títulos.

En este contexto habría que enmarcar lo que dispuso la Constitución de la Segunda República, y la crítica socialista a los títulos nobiliarios. Efectivamente, los títulos fueron abolidos por la Constitución de 1931. En su artículo 25, dentro del Capítulo Primero de Garantías individuales y políticas del Título III, referido a Derechos y deberes de los españoles, se establecía que no podrían ser fundamentos de privilegio jurídico la naturaleza, la filiación, el sexo, la clase social, la riqueza, las ideas políticas ni las creencias religiosas, por lo que, a continuación, se decía que el Estado no reconocía distinciones ni títulos nobiliarios. Pero antes, el Gobierno Provisional habría decretado que no se reconocerían los títulos nobiliarios, y no se podrían utilizar en documentos públicos.

Los socialistas comentaron este decreto en El Socialista del 3 de junio de 1931. El PSOE enmarcaba esta disposición dentro del objetivo general de democratizar el país. En este sentido, se seguía la política emprendida en otros estados, como el alemán citado, buscando nivelar las jerarquías sociales. Aunque este decreto pudiera parecer algo secundario, los socialistas pensaban que poseía una gran carga moral. Acabar con los títulos suponía terminar también con los “lacayos y con las libreas”. Un criado era menos criado en casa de un rico que en la de un noble, aunque fuera pobre. Y eso era así, siempre, según el artículo de opinión, porque los títulos habían creado una especie de “superpersonaje” ante el cual la gente temblaba. Los títulos eran el penúltimo vestigio del feudalismo porque el último era la tierra, aunque también desaparecería con la anunciada reforma agraria. Cuando a la nobleza se le quitasen sus cotos de caza y sus títulos, como lo que se estaba haciendo en ese momento, desaparecería una “institución milenaria”. En un régimen republicano los títulos nobiliarios suponían una ofensa porque constituían un resto monárquico, un anacronismo. Ahora los nobles comprenderían que España era una República.

El texto periodístico aludía con tintes ácidos a los títulos concedidos recientemente por el rey Alfonso XIII por considerarlos un verdadero chiste. Así era calificado el título de duque concedido a Gabriel Maura, hijo de Antonio Maura, y que se habría dado supuestamente para halagarle. También se aludía al título concedido a Berenguer. El rey creía que dando títulos conservaría partidarios, es decir, fidelidad y apoyos a cambio de prebendas, según la interpretación socialista.

Al respecto, nos parece muy recomendable la consulta del trabajo de Miguel Artola Blanco, “Los años sin rey. Imaginarios aristocráticos durante la Segunda República y el primer franquismo (1931-1950)”, en Historia y Política. Ideas, procesos y movimientos sociales (2016).

Eduardo Montagut

Ateneo: Gana el «Grupo 1820″

HAGION

El «Grupo 1820″ ha ganado de forma contundente las elecciones a la Junta de Gobierno del Ateneo de Madrid, en concreto los seis puestos en liza, por lo que tendrá seis de los once puestos de la misma, incluido el de Presidente que será el sociólogo Luis Arroyo.

Desde Arco Europeo Hagion damos la enhorabuena al nuevo Presidente y a toda la candidatura «Grupo 1820″ y les deseamos suerte en esta nueva etapa de la Docta Casa.

También felicitamos por su trabajo y saber estar a la candidatura «Pardo Bazán», que supo mantenerse fiel a sus principios e ideas a pesar de las dificultades derivadas de unas elecciones tan polarizadas.

Tribuna por un Ateneo Libre

ARCO ATENEO 

El Reglamento del Ateneo de Madrid, al igual que su Institución, es hijo de la Ilustración, del pensamiento ilustrado que se extendió por España, que cristalizó en la Constitución de 1812 y hoy disfrutamos en la Constitución de 1978, a pesar de los cien mil hijos de San Luis, de la Inquisición y de la intolerancia oligárquica y caciquil.

Con esa sangre ilustrada que corre por sus venas, dispone que en la segunda quincena de mayo deben celebrarse las elecciones a la Junta de Gobierno (art. 85), en concreto de la mitad, de forma que cada ejercicio se renueva una parte de sus miembros (art. 37), los cuales desempeñarán gratuitamente sus cargos (art.36), correspondiendo en este año 2021 a los de Presidente, Vicepresidente Segundo, Secretario Primero, Vocal Segundo, Depositario y Bibliotecario.

Siempre son elecciones de especial interés y trascendencia pues el Ateneo es una institución de relevancia histórica y de gran prestigio donde, desde su fundación en 1820 como Ateneo Español y su refundación en 1835 con su nombre actual (ampliado con “artístico” en 1860), se han expresado todas las ideologías, progresistas y conservadoras, se han discutido todas las tendencias culturales y se han presentado todos los logros científicos, por las más inminentes personalidades nacionales e internacionales o por sus propios socios caracterizados por ser librepensadores, intelectuales y comprometidos con los valores de la Ilustración, pilares, como se ha dicho, de la Docta Casa.

No debemos olvidar que en ocasiones ha dejado de ser un “Ateneo Libre”, como cuando fue intervenido por el dictador Primo de Rivera o después de la guerra civil, oscuros años en los que fue utilizado como dependencia de falange primero y de la oficina de propaganda del régimen después, dado que el régimen era consciente de la peligrosidad de sus principios de tolerancia, democracia y pluralidad, que tanto aborrecía.

Tuvimos que esperar al retorno de la democracia para que el Ateneo volviera a recuperar su naturaleza como “Ateneo Libre”, esto es, gobernado sólo por la voluntad soberana de sus socios expresada por sus votos y su hacer diario en las Secciones, Agrupaciones, Cátedras y Tertulias. Y volvimos los ateneístas a votar en 1982, renovando sus órganos con la dinámica potente de su Reglamento ilustrado.

En las elecciones a la Junta de Gobierno siempre es preocupación de los ateneístas que se pretenda modificar el Reglamento para quitarle su fuerza ilustrada, sus valores profundamente democráticos, en definitiva que se pretenda privar a los socios de su soberanía y con ello de la libre expresión de su pensamiento.

En efecto, en cada renovación de la Junta de Gobierno debemos los ateneístas estar alerta para que no desembarquen quienes pretendan pervertir la naturaleza fundacional del Ateneo; alerta para para proteger a sus Secciones, Agrupaciones, Cátedras y Tertulias, órganos de bombeo de su sangre ilustrada.

El Ateneo no puede terminar siendo un de club de ocio privado ni un salón de juego ni un gran centro comercial ni un think tank al servicio de una forma de pensar, por la sencilla razón de que dejaría de ser el Ateneo. No podemos permitir que la sede del libre pensamiento español termine bajo el fuego, como el libre pensador Giordano Bruno en el Campo de fiore de Roma.

Como ateneísta, que ha tenido el honor de ser Vicepresidente del Ateneo y ahora de ser Presidente de su Sección de Ciencias Jurídicas y Políticas, así como de su Agrupación Agustín Argüelles, considero un deber moral implicarme en la defensa de los elevados valores del Ateneo.

Por ello, no he dudado en formar parte de la cadena de unión de ateneístas, de todas las ideologías, progresistas o conservadoras pero siempre democráticas, que se ha constituido como “Tribuna por un Ateneo Libre”, tribuna para la defensa de lo que debe seguir siendo la Docta Casa: una institución abierta a todos, no excluyente, sin ánimo de lucro y faro guía de la democracia.

José Antonio García Regueiro. Ateneísta. Ex Letrado del Tribunal Constitucional

Este artículo fue publicado en la Revista Entreletras en marzo de 2021

ARCO EUROPEO 2021

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Estimados amigos de Arco,

Iniciamos el nuevo año 2021 con la esperanza de que las vacunas nos saquen de esta terrible pandemia y, por ello, con la ilusión de volver a tener una vida normal. En cualquier caso, también debemos aprender de esta situación para corregir una deriva que se ha ido acentuando en las últimas décadas en España con políticas neoliberales.

En este sentido, ha resultado evidente el debilitamiento de la sanidad pública. Se hace imprescindible reforzar la sanidad pública, y toda la investigación científica, con más profesionales (además mejor retribuidos) y medios. Política que debe mantenerse en el tiempo con independencia del gobierno de turno.

También hemos visto con preocupación como una democracia como EE.UU. se ha ido deteriorando durante los últimos cuatro años por un populismo que no ha tenido límites en su intento de crear una realidad paralela a base de falsedades. Tales falsedades han tenido una especial relevancia en su intento de deslegitimar la victoria del candidato demócrata, hasta el punto de llevar a miles de personas engañadas a asaltar el Capitolio. Afortunadamente, el Congreso ya ha confirmado la victoria de Joe Biden y el vicepresidente Mike Pence así lo ha declarado.

En España debemos de tomar nota del peligro de estos populismos de extrema derecha. Por ello, Arco Europeo siempre defenderá activamente el orden constitucional y la necesidad de que las fuerzas políticas eliminen de sus discursos arengas que, a sabiendas de su falsedad, busquen deslegitimar a gobiernos elegidos democráticamente por los ciudadanos.

Os deseamos a todos un Feliz 2021

José Antonio García Regueiro, Presidente de Arco Europeo Progresista