El gallego y los tiempos…verbales

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El gallego y los tiempos…verbales

Por Pilar Úcar

Por muy sabida que tengamos la lección, hay ciertos usos de los tiempos compuestos (inexistentes) en gallego que chirrían a oídos poco avezados en dicho idioma, lengua cooficial en nuestro país.

Y es que eso del paradigma verbal se las trae con sus triquiñuelas en cuanto uno cruza la frontera geográfica a la que está acostumbrado. Conviene, pues, adaptarse y cuanto antes, mejor.

Se acabaron el pretérito perfecto, o el pluscuamperfecto o aquel potencial compuesto. Todo responde a la simplificación verbal de aquel latín hablado en el noroeste peninsular; el gallego desterró la “composición temporal”.

“¿Vinieron por la carretera? o ¿por la autovía?” Oímos que nos preguntan nada más alcanzar nuestro destino: y sin otro contexto, el cerebro tiene que acomodar inmediatamente la equivalencia del pretérito perfecto: “pero, si hemos llegado, justo ahora mismo”, pensamos…es lo que tiene la conciencia psicolingüística de la unidad de tiempo. La acción está finiquitada pero eso del tiempo es algo casi personal, subjetivo y permanece arraigado en nosotros en un continuo próximo.

“¿Encontraron fácil la casa?” sigue el interés. Resulta complicado ajustar tiempos y ritmos; buscamos asideros en complementos circunstanciales para justificar la cercanía temporal y desterrar el alejamiento que nos impone ese indefinido tan característico del nuevo idioma.

Como el agua a la superficie, el efecto contagio empieza a notarse y en escasos momentos mimetizamos con el paisaje y el habla del paisanaje.

En el aula de Lengua Española se ha de explicar la casuística de los pasados (verbales) en nuestro país y en otros allende los mares, tanto para los alumnos nativos como para los extranjeros; de esta manera aumentamos el número de posibilidades de acierto en las interacciones idiomáticas y culturales.

Fundamental el verbo, y sobre todo, los tiempos verbales.

Allá donde fueres hablarás como oyeres.

OBSERVATORIO DE FILOLOGÍAY LENGUA ESPAÑOLA

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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El humor en la escuela

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El humor en la escuela

Por Rosa Amor

El diccionario de la Real Academia Española define el sentido del humor como una “capacidad para ver o hacer ver el lado risueño o irónico de las cosas, incluso en circunstancias adversas”. García-Larrauri et al(2010) lo define como “una actitud fundamentalmente flexible y positiva ante la vida, que libera, proporciona alivio emocional en momentos adversos y conecta a las personas”(p.29).

Martin (2008)[1] en cambio, percibe el sentido del humor como “un término amplio que alude a cualquier cosa que diga o haga reír a otros, así como al proceso mental dedicado tanto a crear como a percibir tal estímulo divertido, y también a la respuesta afectiva que implica su disfrute”(p.26). Martin et al, (2003, citada en Funes, 2020) definen cuatro tipos de sentido del humor:

  • Humor afiliativo, el cual consiste en contar historias graciosas, bromas o relatar anécdotas cómicas para hacer reír a los demás, crear así vínculos sociales y, en definitiva, disfrutar.
  • Humor de autoafirmación, refiriéndose a afrontar la vida con humor, el cual es utilizado para controlar las emociones perjudiciales tanto para uno mismo como para los demás, mediante una actitud positiva.
  • Humor agresivo, tratando de ofender a las personas mediante un lenguaje ofensivo y el uso de la ironía.
  • Humor de descalificación personal, el cual consiste en ser uno mismo el objeto de diversión para intentar agraciar a los demás, para lo que se recurre al autodesprecio mediante términos peyorativos.

El humor afiliativo y el de autoafirmación  son en los que nos podríamos basar para la realización de actividades en el aula, por lo que al referirnos a sentido del humor, estaremos excluyendo tanto el agresivo como el de descalificación personal ya que ambos son perjudiciales y no aportan nada positivo ni beneficioso dentro del aula.

Algunos autores diferencian los términos humor y sentido del humor, aclarando que cuando nos referimos al primero, hacemos referencia a algo cómico o divertido específico que podríamos clasificar como humorístico, como por ejemplo un chiste y cuando nos referimos al sentido del humor haría referencia a las personas y sus diferencias individuales.

García-Larrauri (2010)[2] otorga al sentido del humor que defiende que está compuesto por cuatro dimensiones que son las siguientes:

a)Creación del humor: se trata de percibir las situaciones de manera que se saque un lado divertido, lo que está estrechamente relacionado con la creatividad.

b)Apreciación del humor: esta dimensión hace referencia a las personas que disfrutan riendo, y lo hacen frecuentemente considerándose personas alegres, también tiene que ver con poner toques de humor a la vida, reírse de sí mismos, apreciar el humor y disfrutar de las cosas cotidianas.

c)Afrontamiento optimista de los problemas: se refiere a las cualidades personales que permiten encontrar humor en situaciones negativas y así afrontar dificultades o fracasos de manera optimista.

d)El humor en la relación interpersonal: la última dimensión tiene que ver con el uso de la risa para hacer reír a los demás y conectar así con ellos suavizando confrontaciones y creando ambientes más distendidos.

En conclusión, de acuerdo con este modelo, el sentido del humor estaría unido a la flexibilidad mental y la creatividad, al gusto por la risa así como a la apreciación del humor tanto propio como ajeno, a una visión positiva de la vida y al poder de cohesión que posee a la hora de las relaciones interpersonales.

[1] Martin, R. A. (2008). La Psicología del humor. Madrid: Orión.

[2] García-Larrauri, B; Manzano, M. E; Muñoz, M. I; Hernández, M; y Cuetos, A. (2010). Claves para aprender en un ambiente positivo y divertido. Todo rueda mejor si se engrasa con humor. Madrid: Pirámide.

OBSERVATORIO DE EDUCACIÓN 

Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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La palabra y la cesta de la compra

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La palabra y la cesta de la compra

Por Pilar Úcar

Cada vez se oye y se lee más la expresión “cesta de la compra” o “canasta básica”, según otros hablantes de nuestro idioma, en clara referencia al conjunto de productos y servicios considerados esenciales para la subsistencia y bienestar de los miembros de una familia.

Si hacemos historia iconográfica, el cine guarda perlas de aquellas cestas inefables, las que usaban nuestros abuelos cuando venían a la ciudad o nuestras abuelas para llevar la ropa que lavaban en el río. No sé si guardan mucha relación en el imaginario colectivo aquellos mimbres trenzados de una o dos asas con lo que hoy economistas, más o menos agoreros, inundan las noticias de presagios funestos: la tan traída y llevada cesta de la compra. Lo digo porque en estos lares la hemos sustituido por bolsas reciclables, poco plástico y mucho papel. De aquellas viejas cestas solo quedan remedos en bicis alternativas y urbanitas que acogen algunos productos y poco más, pues su espacio no es elástico.

Vemos rodar carritos de la compra, sujetar bolsos de tela desplegables, símiles o émulos de la famosa cesta. Se trata de una expresión comodín, un cajón de sastre para evitar enumerar una ristra de productos, elementos de consumo diario con la intención comunicativa de acercarse al ama de casa, sí, sexista, pero así es. Difícil visualizar a varones con dicha cesta colgando de su brazo.

Esta expresión tan reiterada en la actualidad se integra en la familia léxica de la economía doméstica al lado de aquella de hace décadas, siguiendo con el lenguaje financiero de “¿con tarjeta o con dinero?” (en cash los más avezados políglotos), ahora dinero plástico, las monedas pasaron a tarros de cristal cual recuerdo añejo igual, que la grafía del ticket, hoy preferible tique.

(Continuará)

OBSERVATORIO DE FILOLOGÍAY LENGUA ESPAÑOLA

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Directora del Observatorio de Filología y Lengua Española: Pilar Úcar Ventura

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La presencia de la literatura en la clase de ELE hoy (II)

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La presencia de la literatura en la clase de ELE hoy (II)

Por Rosa Amor

En la actualidad, la clase la literatura se encuentra presente en la clase de ELE, pero no siempre de la manera más propicia. En algunos manuales se encuentran textos literarios, como un anexo o complemento al principio o al final de una unidad, sin una utilidad didáctica clara. Martin Peris (2000) en un análisis de distintos manuales utilizados en los años 90 explica que ciertamente es esa la tendencia que ocurría con los textos literarios, ubicados en el final de las unidades posiblemente debido a un cierto miedo a este tipo de textos, puesto que podrían verse más como una especie de recompensa para quien haya logrado aprender los contenidos que se exijan, es decir, algo que sirva para potenciar el aprendizaje, pero no formando parte de él sino que es un mero apéndice. Otros autores como Acquaroni (2008), con una muestra pequeña de entre 1995 y 2005, o Bouchiba (2011) con una serie de manuales publicados entre 2002 y 2011, no dan muestras mucho más halagüeñas que lo que ya dijo Martin Peris anteriormente, aunque la introducción del texto literario va avanzando.

A pesar de ello, bien es real que cada vez encontramos más textos literarios que sí tienen una función propia en el aprendizaje del idioma. Ya desde el año 2006 cuando se establece el Plan Curricular del Instituto Cervantes a partir del MCERL aparecen una serie de categorías como “referentes culturales” dentro de la cual se encuentran “productos y creaciones culturales” y a su vez dentro literatura y pensamiento con unas fases de aproximación, profundización y consolidación en las que se incluye, por ejemplo, grandes autores españoles e hispanoamericanos o la importancia de Cervantes y el Quijote en la literatura universal. Esto por sí mismo tampoco es una evidencia clara del uso del texto literario como recurso en clase de ELE, sino más bien se puede ver como la introducción de referentes culturales dentro de la cultura hispana. De forma más específica, encontramos un apartado llamado “Géneros discursivos y productos textuales”, aquí aparecen géneros literarios, además de otros muchos, clasificados por niveles que los estudiantes deben saber interpretar o producir. A partir del nivel A2, se comienza a encontrar cuentos breves simplificados; si avanzamos al B1, se introduce la poesía y cuentos adaptados de mayor extensión. A partir del nivel B2 aumentan mucho los recursos según el PCIC, añadiendo ya la oralidad, con películas y teatro, aumentando a su vez la producción escrita con reseñas y novelas y en el nivel C1 y C2 se añade mayor complejidad a lo anteriormente visto, estando cada vez más cerca del dominio de la L2.

Como se puede apreciar, son varios los autores que han determinado el analizar manuales para comprobar como es el uso de la literatura en la clase de ELE, Palacios (2017) también recoge una muestra de entre 2002 y 2015 y establece una serie de conclusiones, tales como que lo anterior al siglo XX apenas está presente, no aparece el teatro, que también es un género literario con muchas posibilidades para explotar; los textos de autores españoles están sobrerrepresentados por encima de los hispanoamericanos, hay una preponderancia del fragmento por encima de la obra completa, que además suelen tener una extensión de entre 50 y 300 palabras.

En los niveles inferiores, dominan los textos adaptados y a partir del B1, si hay preponderancia de los originales buscándose que se trabajen varias destrezas lingüísticas con un mismo texto. 8 Teniendo en cuenta estos datos, el estudio más cercano de este tipo para comprobar como es realmente el uso de la literatura dentro de la clase de ELE, sin tener que recurrir a parte a materiales creados por el profesor, que es otra opción, pero mucho más complicada de medir, González Cobas (2021) hace un análisis de varios manuales de entre 2010 y 2018. Una vez estudiados y tras un minucioso análisis, determina que lo normal es que se aprovechen varias destrezas, generalmente dos, pero en ocasiones también tres con múltiples combinaciones y variedad de formulaciones características del enfoque comunicativo; la comprensión lectora es la destreza que más se trabaja, como es lógico tratándose de textos, pero no es nada desdeñable el uso de la interacción oral entroncada con el enfoque comunicativo, así, los alumnos tienen toda una fase de realización de las actividades con negociaciones entre ellos para luego mostrar al resto de la clase el resultado de su acuerdo con una exposición. Dentro de la lingüística, la parte más trabajada será el léxico, después la gramática, en algunas ocasiones se combinarán, pero son las menos. En lo relativo a la entonación y pronunciación apenas encontramos actividades. Atendiendo a la competencia que da una mayor importancia el PCIC con respecto a la literatura, la cultural, González Cobos no encuentra que se explote lo suficiente, tampoco la intercultural y la combinación de ambas es casi residual, aunque cada manual tiene una manera diferente de utilizarlo, mientras que algunos si le dan cierta importancia otros ni siquiera lo mencionan.

Fuentes:

Albadalejo García, M. D. (2007). Cómo llevar la literatura al aula de ELE: de la teoría a la práctica. marcoELE. Revista de Didáctica Español Lengua Extranjera, 5, 1- 51. En: https://www.redalyc.org/pdf/921/92152376003.pdf

Acquaroni Muñoz, R. (2007). Las palabras que no se lleva el viento: literatura y enseñanza de español como LE/L2. Madrid. Santillana Educación S. L.

Acquaroni Muñoz, R. (2008). La incorporación de la competencia metafórica (CM) a la enseñanza-aprendizaje del español como segunda lengua (L2) a través de un taller de escritura creativa: estudio experimental. [Tesis doctoral, Universidad Complutense de Madrid]. En https://eprints.ucm.es/id/eprint/8598/1/T_30794.pdf

Bouchiba Ghlamallah, Z. (2011): “Promover la lectura invitando a la cultura”, en Javier de Santiago Guervós et al. (eds.): Del texto a la lengua: la aplicación de los textos a la enseñanza-aprendizaje del español L2-LE. Actas del XXI Congreso Internacional de ASELE. Salamanca: ASELE, vol. I, 239-248. En: https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=5419358

González Cobas, J. (2021). La literatura en la enseñanza de ELE: un trayecto desde los inicios hasta el siglo XXI. Círculo de Lingüística Aplicada a la Comunicación. En: https://doi.org/10.5209/clac.78301

Marin Peris, E. (2000). Textos literarios y manuales de español como lengua extranjera. Lenguaje y textos, 16, 101-129 En: https://ruc.udc.es/dspace/handle/2183/8128

Millares, Selena (2003). Función didáctica de la literatura en la enseñanza de una segunda lengua. Frecuencia L, 22, 41-45.

OBSERVATORIO DE EDUCACIÓN 

Directora del Observatorio de Educación de Arco Europeo: Rosa Amor del Olmo

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