EL ATENEO HECHIZADO

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Tuve un sueño hace unos días en el que leía unos artículos, creo que en algún periódico, que parecían parte de un epistolario de cartas de amor y reproche, pero no entre amantes sino entre dos personajes que se identificaban como ateneístas. Si bien yo no los había visto nunca por el Ateneo, estoy segura que Freud diría que detrás de ellos hay personas reales, que si profundizamos en nuestro subconsciente nos sorprenderían con nombres y apellidos y un carné del Ateneo. Sea o no como dice Freud, os cuento.

De tan singular correspondencia epistolar, me impresionó sobre todo el reproche que uno de ellos hacia al otro porque entendía que le suplantaba su personalidad en el Ateneo. En efecto, estaba profundamente dolorido y frustrado porque consideraba que era él, y no el otro, el que estaba destinado a regir el Ateneo, a ser su Supremo Guía.

Explicaba, nuestro caballero dolido, que había sido un hechizo el que había multiplicado el número de los partidarios del Usurpador de manera tan repentina, alterando la tranquila vida del Ateneo y, lo que era más grave, adulterando el orden natural que le predestinaba a él a ser el Gran Gobernador de la Docta Casa. Y también decía que, igualmente por hechizo, quería prolongar su mandato el Usurpador alterando las Tablas del Ateneo, que así llamaba a sus normas porque probablemente las identificaba con las Tablas de la Ley del Antiguo Testamento.

Y continuaba el dolido caballero asegurando que, tarde o temprano, se romperá el hechizo y será él, el eterno candidato a Gobernador, quien será gloriosamente coronado en el Salón de Plenos, tras lo cual, llevado en hombros por los ateneístas de verdad, se sentará solemne en el mejor sillón, en el trono decía él, del despacho de Azaña.

Recuerdo que intentaba decirle al triste caballero, pues en los sueños todo es posible, que me parecía poco prudente que mezclara sus frustraciones con lo que es el Ateneo y revelara en público que estábamos todos hechizados.

Pero él me contestaba con argumentos poco atinados, sin duda causados por un poderoso hechizo. Salvando las distancias, me recordaba a D. Quijote cuando arremetía contra los molinos pensando que eran gigantes.

La verdad es que fue un alivio despertarme. Mientras me tomaba el primer café de la mañana, me decía a mi misma que después de este sueño, y visto lo visto también en la realidad, cada vez me alegro más de haber votado el pasado mayo a la candidatura “Pardo Bazán”.

Ana Pulido Benito.-  Ateneísta

 

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