Breve apunte, educación y orden social de Russell

libertad y educación Imagen de Goran Horvat en Pixabay

Breve apunte, educación y orden social de Russell

Por Rosa Amor

En su libro La educación y el orden social, publicado en 1932, Russell volvió a tratar este tema central de cómo sería la nueva educación[1].

Critica la doctrina de no intervención de algunas escuelas modernas: el riesgo es el problema que encontró en Bacon’s Hill: la tiranía de los grandes sobre los pequeños, de modo que «la libertad que se supone que es la consigna de la escuela sólo existirá para una aristocracia de los físicamente fuertes» (p, 96). Paradójicamente, esto conduce a los mismos efectos perversos que la educación restrictiva de las escuelas públicas que, para formar a los futuros dirigentes del Imperio Británico, dejaban que los grandes impusieran su ley a los pequeños, como luego la impondrían a los pueblos colonizados.[2]

La nueva educación,[3] dice Russell, se basa en la idea de que el único propósito de la educación es eliminar las influencias que impiden el desarrollo de la personalidad del niño. Esta teoría «contiene muchos elementos de verdad y es ampliamente válida» (p, 43), más que las que dan como únicos objetivos de la educación la inculcación de una moral rígida. Pero no contiene «toda la verdad» (p, 30). La cuestión de la libertad en la educación se plantea del mismo modo que en otros ámbitos: «no más que el laissez-faire en economía, el laissez-faire es la última palabra en educación» (W, 32). Defender la mayor libertad posible en la educación «es una causa muy fuerte» (p, 32) para evitar los conflictos con el adulto que dan lugar al odio en el niño, un sentimiento deletéreo; y también para aliviar la coacción que destruye «la originalidad y los intereses intelectuales» (p, 33). Pero la libertad no puede ser «un principio absoluto» (p, 34). Porque una cierta disciplina es necesaria para que el niño adquiera una «capacidad coherente de autodirección» (p, 39). Sin embargo, el niño debe poder creer que los adultos que le guían son benévolos y «se preocupan por su bien» (p, 40). Debe evitarse el condicionamiento conductista mediante premios y castigos: como nos mostró Freud, «es peligroso producir un comportamiento social correcto por medios que dejen intactas las emociones antisociales», ya que éstas serán reprimidas y reaparecerán en la vida adulta como crueldad o tiranía.

Debe evitarse el resentimiento que proviene de la frustración o de las excesivas demandas de afecto y respeto por parte de los adultos. Por ejemplo, el niño debe poder llamar idiota al adulto, si eso es lo que piensa; si no puede expresarlo, pensará aún peor del adulto. El niño necesita que se le proporcione un entorno emocional que facilite la expresión de las emociones deseables y haga escasas las indeseables. Partiendo de las ideas que ya había desarrollado en su primer libro, sostiene que cuanto más joven es el niño, más necesita la seguridad de la benevolencia del adulto y una vida regulada por la «rutina» (p, 39); por el contrario, cuanto más crece, mayor es su necesidad de libertad. La educación se compone de este delicado y progresivo equilibrio entre seguridad y libertad.

[1] Además de Libres enfants de Summerhill, los textos de Neill se publicaron en francés bajo el título La liberté, pas l’anarchie, París, Payot, 1970.

[2] B. Russell, Autobiographie, t. II, p. 179-180.

[3] B. Russell, Education and the social order, Londres, George Allen and Unwin, 1932.

DEPARTAMENTO DE EDUCACIÓN DE ARCO

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Directora: Rosa Amor del Olmo

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