Las inteligencias múltiples de Howard Gardner que todo docente debe recordar

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Las inteligencias múltiples de Howard Gardner que todo docente debe recordar

Por Rosa Amor del Olmo

En la actualidad, ha adquirido gran significado en educación, el descubrimiento acuñado por Howard Gardner: las inteligencias múltiples. Gardner (1995, p.27) definió la inteligencia como “La capacidad para resolver problemas, o para elaborar productos que son de gran valor para un determinado contexto comunitario o cultural”. Por ello las nuevas metodologías tienen en cuenta más y de mejor manera los valores, las emociones, en ocasiones, como consecuencia de esos valores, y el comportamiento y desarrollo del individuo de forma holística.

Para Gardner (2001) ha apuntado en su libro Inteligencias Múltiples que el hombre al menos, el ser humano posee  ocho o nueve habilidades cognoscitivas o inteligencias múltiples: lingüística, lógico-matemática, espacial, musical, cinestésico-corporal, naturalista, intrapersonal e interpersonal. Sabemos que las necesitamos todas y que en cada persona se combinan de manera diferente y única. La inteligencia es la capacidad del individuo para resolver problemas y la capacidad de crear productos dentro de su ámbito natural. Es cierto que todos valemos por nosotros mismos, todos somos inteligentes, todos destacamos y somos exclusivos en algo y todos tenemos algo que aprender, pero parece evidente que cada individuo puede llegar a poseer una diferente inteligencia hasta un nivel de competencia adecuado.

Es muy importante observar a los alumnos y anotar sus progresos, incluso los más simples, aunque en un principio no se observe ningún avance tenemos que tener claro, que es un trabajo que necesita tiempo y los resultados se irán viendo poco a poco como afirma Antunes (2009): “La fascinación del aprendizaje se manifiesta por la percepción del progreso, (…) incluso el más modesto” (p.15).[1]

El alumno cuando está interesado y se siente motivado por la actividad o juego, se siente como él es en realidad, actúa y decide sin miedo. A la hora de trabajar los estímulos, debemos tener en cuenta la importancia de esos estímulos y ver lo que necesita casa alumno, ya que son beneficiosos para las inteligencias, pero siempre buscando un equilibrio, puesto que, tanto la falta como el exceso de los mismos, puede influir de manera determinante en el desarrollo cognitivo.

El modelo de investigación sobre las inteligencias múltiples (Gardner, 2001) se basa en que todos los humanos poseemos al menos ocho formas de inteligencia que, por lotería genética, se presentan en distintos estados de desarrollo cuando nacemos, con lo cual, demuestra que la naturaleza de la mente es múltiple en cuanto a habilidades cognitivas, pero, no se debe confundir con la idea de que algunas personas poseen unas inteligencias y carecen de otras.

Gardner (2006) ratifica que las distintas inteligencias pueden desarrollarse a lo largo de toda la vida, hasta conseguir un alto grado de destrezas en cada una de ellas. Gardner remarca que la brillantez en matemáticas o lengua, las inteligencias más favorecidas en el sistema educativo tradicional no son suficientes para desenvolverse en la vida. Dicho de otro modo, cuando hablamos de que el alumno tiene las competencias excelentes, por ejemplo, en matemáticas, si el niño no se defiende de forma correcta en sus relaciones con los demás, estará limitado en algunos aspectos de su vida social y profesional. Es por esto, la importancia de desarrollar todas las inteligencias múltiples en el aula.

Según Armstrong (2006)[2] la teoría de las inteligencias múltiples defiende que “existen muchas maneras de ser inteligentes en cada categoría” (p.34). Por ejemplo, una persona puede demostrar su inteligencia lingüística siendo muy bueno escribiendo poemas o un artículo de periódico y, sin embargo, sentirse muy incómodo a la hora de dar un discurso. Gardner ha comprobado que todas inteligencias son igual de importantes para un buen desarrollo cognitivo (Armstrong, 2006).

Es de máxima importancia ha explicado Armstrong (1999) que reconozcamos y formemos toda la variedad de las inteligencias humanas, y todas las combinaciones de inteligencias. “Todos somos diferentes, en gran parte porque todos tenemos distintas combinaciones de inteligencias. Si lo reconocemos, creo que por lo menos tendremos una mejor oportunidad para manejar de manera adecuada los muchos problemas que nos enfrentan en el mundo. ” (p.33)

La descripción de las inteligencias múltiples Howard Gardner (1993) distingue que cada persona disponemos de ocho tipos de inteligencias múltiples que combinamos indistintamente y que posteriormente completa con nueve:

  • La inteligencia lingüística-verbal: es la capacidad de emplear de manera eficaz las palabras, manipulando la estructura o sintaxis del lenguaje, la fonética, la semántica, y sus dimensiones prácticas. Se encuentra en los alumnos a los que les encanta redactar historias, leer, jugar con rimas, trabalenguas y en los que aprenden con facilidad otros idiomas.
  • La inteligencia física-cinestésica: es la habilidad para usar el propio cuerpo para expresar ideas y sentimientos, y sus particularidades de coordinación, equilibrio, destreza, fuerza, flexibilidad y velocidad, así como propioceptivas y táctiles. Se la aprecia en los alumnos que se destacan en actividades deportivas, danza, expresión corporal y/o en trabajos de construcciones utilizando diversos materiales concretos. También en aquellos que son hábiles en la ejecución de instrumentos.
  • La inteligencia lógica-matemática: es la capacidad de manejar números, relaciones y patrones lógicos de manera eficaz, así como otras funciones y abstracciones de este tipo. Los alumnos que la han desarrollado analizan con facilidad planteamientos y problemas. Se acercan a los cálculos numéricos, estadísticas y presupuestos con entusiasmo.
  • La inteligencia espacial: es la habilidad de apreciar con certeza la imagen visual y espacial, de representarse gráficamente las ideas, y de sensibilizar el color, la línea, la forma, la figura, el espacio y sus interrelaciones. Está en los alumnos que estudian mejor con gráficos, esquemas, cuadros. Les gusta hacer mapas conceptuales y mentales. Entienden muy bien planos y croquis.
  • La inteligencia musical: es la capacidad de percibir, distinguir, transformar y expresar el ritmo, timbre y tono de los sonidos musicales. Los alumnos que la evidencian se sienten atraídos por los sonidos de la naturaleza y por todo tipo de melodías. Disfrutan siguiendo el compás con el pie, golpeando o sacudiendo algún objeto rítmicamente.
  • La inteligencia interpersonal: es la posibilidad de distinguir y percibir los estados emocionales y signos interpersonales de los demás, y responder de manera efectiva a dichas acciones de forma práctica. La tienen los alumnos que disfrutan trabajando en grupo, que son convincentes en sus negociaciones con pares y mayores, que entienden al compañero.
  • La inteligencia intrapersonal: es la habilidad de la autoinstrospección, y de actuar consecuentemente sobre la base de este conocimiento, de tener una autoimagen acertada, y capacidad de autodisciplina, comprensión y amor propio. La evidencian los alumnos que son reflexivos, de razonamiento acertado y suelen ser consejeros de sus pares.
  • La inteligencia naturalista: es la capacidad de distinguir, clasificar y utilizar elementos del medio ambiente, objetos, animales o plantas. Tanto del ambiente urbano como suburbano o rural.

En principio se pretende desarrollar todas las inteligencias múltiples, pero, nos centraremos en unas más que en otras, siempre debemos tener en cuenta, qué habilidades están más desarrolladas en nuestros alumnos y cuales menos. Estas habilidades las podremos valorar con el test, por ejemplo, que realizarán los alumnos a principio de curso. El docente guiará el proceso de crecimiento y dominio de la personalidad del niño.

[1] Antunes, Celso: Estimular Inteligencias múltiples: Qué son, cómo se manifiestan, cómo funcionan. (Educación Hoy) 2021. Tapa blanda. Editorial Narcea. Traducción de Alberto Villalba. Cita de la edición de 2009 en portugués.

[2] Armstrong, Thomas (2006)Inteligencias Multiples En El Aula / Multiple Intelligences in the Classroom: Guia Practica para Educadores / Practical Guide for Teachers (Paidos Educador / Education) (Spanish Edition)

OBSERVATORIO DE EDUCACIÓN DE ARCO

Directora: Rosa Amor del Olmo

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Los socialistas franceses y el sufragio femenino en 1929

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Los socialistas franceses y el sufragio femenino en 1929

Por Eduardo Montagut

Francia fue uno de los países occidentales donde más tarde se reconoció el derecho al voto femenino. En otros trabajos hemos tratado de esta cuestión. Ahora nos interesa más centrarnos en el papel de los socialistas.

En Francia se produjo un claro fenómeno de incomprensión hacia la causa de las mujeres por parte del movimiento obrero, y que hunde sus raíces en figuras como Proudhon en el siglo anterior, aunque hubiera destacadas mujeres que lucharon por los derechos de las mujeres, como Flora Tristán o Jeanne Deroin. Nos referimos a que un sector del socialismo no veía con buenos ojos la lucha femenina porque era más importante la lucha de clases, y aquella podía entorpecer a ésta. Por otro lado, tenemos que tener en cuenta que hubo socialistas que consideraban que la incorporación de la mujer a la vida laboral podía ser perjudicial para ellas y para la causa de la izquierda al aumentar el número de trabajadores y, por consiguiente, producirse un mayor abaratamiento de los salarios. Además, las sufragistas solían ser mujeres de la burguesía, siendo, a fin de cuentas, enemigas de clase.

En el seno del socialismo francés habría que destacar la figura de Louise Saumoneau, que rompió las vinculaciones con el sufragismo, en línea con los recelos hacia sus protagonistas por su condición burguesa, pero para luchar por las reivindicaciones femeninas en el partido socialista. En 1913 creó el Groupe de Femmes Socialistes. Pero estalló la Gran Guerra y se paralizaron los esfuerzos.

Al terminar la contienda la cuestión del voto femenino fue discutida en el parlamento en dos ocasiones, en 1919 y 1922, pero fue rechazada. Por fin, en 1929 parecía más favorable la situación en la Cámara baja, pero el Senado frenó la propuesta de nuevo.

En el Congreso de Nancy en el mes de junio de ese año, los socialistas franceses tomaron una serie de resoluciones sobre el derecho al voto de las mujeres. El Partido Socialista quería reafirmar que, además de ser el partido de la clase obrera, era el defensor de los oprimidos y de las causas justas. Los socialistas consideraban que era un hecho objetivo que un número creciente de mujeres se estaba incorporando al mundo laboral, y que era de justicia que pudieran participar en la gestión de la riqueza que estaban contribuyendo a crear, además de comprobarse que su acceso a las profesiones liberales estaba demostrando que su nivel de conocimientos se elevaba al mismo nivel que su actividad. Por otro lado, era creciente el número de mujeres socialistas que entraban en los municipios.

El Congreso Nacional del Partido Socialista francés llamó la atención, por lo tanto, a todos sus componentes sobre este estado de cosas, aprobando que se debía promover la afiliación de mujeres al mismo para desarrollar entre ellas el sentido de las reivindicaciones socialistas, una idea de propaganda que compartían con otras formaciones hermanas, ya que hemos visto este mismo objetivo dentro del PSOE.

Se encomendaba a la Comisión Administrativa Permanente y a las Federaciones la obligación de emprender una activa campaña en favor de los derechos políticos de las mujeres con el fin de promover un estado de opinión en Francia para vencer la resistencia del conservadurismo del Senado, y conquistar para las próximas elecciones legislativas la igualdad política mediante la obtención del voto y la elegibilidad de las mujeres. La papeleta electoral, es decir, el voto, era el “medio de defensa y de combate”, insistiendo en el principio casi sagrado del socialismo occidental sobre la importancia de la política y de la participación como instrumentos de cambio.

No se consiguió hasta después de la Segunda Guerra Mundial en otro contexto histórico harto diferente.

Hemos consultado el número 6356 de El Socialista.

Observatorio de Historia de Arco

Director: Eduardo Montagut

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Némesis ha bajado del Olimpo y habita entre nosotros…

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Némesis ha bajado del Olimpo y habita entre nosotros…

Por Pilar Úcar

“Como suba, se va a enterar”… es lo que yo denomino: síndrome de la escalera y que tiene que ver con la expresión L’esprit de l’escalier, algo así como la necesidad de responder con cierto ingenio a tiempo sin que sea demasiado tarde para contestar. Muchas veces obedece a una sensación de arrepentimiento tardío y de conciencia poco tranquilizada.

Cuando nos han infligido daño (o así lo percibimos nosotros), a veces no reaccionamos a tiempo y nos vamos recociendo en nuestro propio jugo, rumiando el: “verás, la próxima vez no me callo y le canto las cuarenta…”, por ejemplo, y pensamientos de este tipo retumban en nuestra mente hasta hacer poso como en una falla tectónica, muy soterrada.

Solo hace falta un leve movimiento, una mínima sacudida para que el anticlinal y el sinclinal se desplacen de lo inconsciente a la conciencia y el magma explote en forma de venganza. Un resentimiento que latía adormecido y que estalla: herida que provoca un desquite, escarmiento y ajuste: normal y humano.

Si nos hieren en los afectos, en las relaciones sociales, laborales y familiares…aparece la venganza, como una chincheta clavada.

Y ahí llega Némesis inoculando a los mortales la dosis de la venganza…desde el Olimpo, a modo de trágica lección educativa, no se hace esperar.

Para los romanos aquella Envidia, hoy en la actualidad deviene en justicia retributiva, vamos “venganza justiciera” en román paladino.

La conocida Ramnusia, alada, coronada, blandiendo espada y sosteniendo rueda, luciendo antorcha y serpiente, llega con su velo y se cuela en La ley del amor de Laura Esquivel, en Cumbres borrascosas de Emily Brönte, Las moscas de Jean Paul Sartre, Las mil y una noches, El último encuentro de Sándor Marai, El túnel de Ernesto Sábato, El conde de Montecristo de Alejandro Dumas, El paraíso perdido de John Milton, El vencedor está solo de Paulo Coelho, Frankenstein de Mary Shelley o El baile de Irene Némirovsky, entre otros muchos títulos literarios que no pretendo agotar porque la lista se extiende desde la antigüedad clásica hasta nuestros días. Sirva este elenco de cuánto y cuánto se ha escrito acerca del tema que nos ocupa. Y en todos ellos aparece la hija de Nix, diosa de la noche -qué curiosa atribución y qué llamativo origen: Némesis, heredera de la noche con todo lo que comporta en el imaginario cultural- que despierta ensoñaciones y anhelos de venganza contra la soberbia y la desmesura.

Al ser humano le invade, por tanto, el deseo de restablecer el orden subvertido: comienza el repaso de su vida, recuerdos, memorias, agravios… que quedaron sin reparación en su momento y que el tiempo va horadando y que han permanecido en el subconsciente formando una capa en apariencia impermeable.

La literatura, las leyendas y fabulaciones, la mitología, los relatos y novelas, el teatro y el cine son ejemplos de la realidad palpable, de esa venganza semioculta, que acucia al hombre y a la mujer en algún momento según sea la solidez y la envergadura de la herida.

A partir de ahí el alcance y la proyección de la venganza comienzan a fraguarse: “ahora me toca a mí”… Aunque pueda parecer un acto de irreflexión e incluso extemporáneo, la venganza calma esa voz interior, esa conciencia de Pepito Grillo que necesita gritar: ocupar la mente en el diseño del plan, en su proceso y su desarrollo parece que tranquiliza y hasta matiza, incluso aminora el daño y el dolor.

Ahora bien, conviene medir las fuerzas y compensar la energía porque en esa hoja de ruta “vengativa”, el “justiciero” acabará desgastado. Oiremos consejos, admoniciones y sentencias de este calibre: “no se puede tener todo en esta vida… la vida es injusta, el tiempo coloca a cada uno en su sitio…”; pero el “vengador” siente que no tienen mucho tiempo y se ve acuciado por el anhelo de imprimir su resquemor; le domina una sensación de convencimiento a la vez que se cruzan atisbos de conveniencia por olvidar, no porque  piense que carece de razón, sino por propia supervivencia; algo de egoísmo resulta aconsejable en este tótum revolútum, un batiburrillo de vaivenes desde lo escondido a lo perceptible.

El causante del sufrimiento merece un escarmiento y ahí estamos para la revancha y para represaliar. Ha llegado la hora del resarcimiento: nos tropezamos con el masoquismo moral primario acuñado por Freud.

La venganza resulta desgastante al fin y a la postre, aflore a la realidad o quede petrificada en el inconsciente: no aporta mucho sentido y sí dolor, poco regusto y un sabor amargo.

Quizá es ejemplo de cicatería personal y poca proyección humana. Quizá nos quede el consuelo de que nadie escapa a su tentación: una huella de rabia y de cólera a veces incontenidas. Una sarta de recriminaciones y reproches enjaretados hacia el otro…

Tal vez sea el lenitivo imprescindible, el bálsamo necesario para calmar las ansias que están empujando desde el inconsciente, que pugnan por emerger como el pez que boquea en la línea de la pecera…luego ya veremos si escuchamos o no a la conciencia (mordiente en muchos casos).

Simulamos cruzar el plano de la ejecución, en el acierto o desatino de llevar a cabo la venganza literaria o activa, ficticia o real. Los motivos que la generan pueden ser tan variados como variopintos, tan ¿legítimos? como personales y subjetivos; entran en juego los espejos cóncavo y convexo, la distorsión del hecho que provoca la venganza y la puesta en escena de la propia venganza.

Si paseamos por el callejón de Álvarez Gato en el centro de Madrid, de la mano de Valle Inclán, nos vemos reflejados en los espejos de una de las paredes y es entonces donde tomamos conciencia de la realidad: nos vemos deformados, abultados, desmedidos… en cualquier caso, desfigurados.

Y al margen del humor con que nos observamos, deseamos salir de esa imagen porque algo nos dice que no somos nosotros, los auténticos y genuinos, y sin embargo no dejamos de ser humanos. El cierto placer que se deriva de esa nueva realidad nos gusta solo momentáneamente.  Me malicio que con la némesis nos ocurre algo similar. Más allá de la sonrisa sardónica y perversa, el resultado final viene siendo el agotamiento.

La venganza anida en nuestras entretelas y no nos sorprende porque la hemos interiorizado, la hemos cultivado de forma más o menos consciente más o menos inconsciente a través de la dialéctica infantil y juvenil, con el paso del tiempo y con el devenir propio y vital, conocemos sus estrategias y sus consignas.

Somos una amalgama de tics y de pulsiones que marcan nuestro día a día. Y además resulta certera la identificación con el vengador de uno mismo y de otros, esa parcela de otredad y de mismidad.

Tanto en la proyección “vengadora” social y colectiva como en la personal se adivina cierto deleite, cierto placer.

Permítanme terminar mi intervención con algunos versos de Lope de Vega sobre la venganza:

Dulce desdén, si el daño que me haces

De la suerte que sabes te agradezco,

Qué haré si un bien de tu rigor merezco,

Pues solo con el mal me satisfaces

Dame algún bien, aunque con él me prives

De padecer por ti, pues por ti muero,

Si a cuenta dél mis lágrimas recibes

Amor y… ¡venganza! como la vida misma.

Este artículo va dedicado a Cristina Jarque por su acogida a LaTE.

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Observatorio de Filología y Lengua española de Arco Europeo

Directora: Pilar Úcar Ventura

 

ANTONIO PALACIOS.- ARQUITECTURA EN MADRID (III)

 

 

Instituto Cervantes

Banco Español del Río de la Plata (Instituto Cervantes).

Antonio Palacios recibe el encargo de proyectar el edificio del Banco Español del Río de la Plata en 1910, al mismo tiempo que estaba con las obras del Palacio de Comunicaciones y el Hospital de Maudes. Para la construcción de su sucursal madrileña la entidad había adquirido un solar ubicado en la confluencia de las calles Alcalá y Barquillo, en el que estaba situado el palacio de los marqueses de Casa-Irujo, célebre además por haber albergado en sus bajos el Café Cervantes. Las obras se iniciaron en 1911 y se prolongaron hasta 1918.

El edificio tiene planta cuadrangular, con cuatro alturas más un sótano, un semisótano y un ático coronado por una cúpula de vidrio que proporcionaba luz cenital al interior. La plata baja constituía el elemento principal, en el que se encontraba el gran patio de operaciones y las cajas y mostradores en los que se atendía a los clientes. Las plantas superiores estaban destinadas a despachos y salones de reuniones, distribuidos perimetralmente en torno a los corredores que rodeaban el patio central.

La racional distribución de los espacios interiores contrasta con la grandiosa monumentalidad del exterior; una constante en la obra de Antonio Palacios que en esta ocasión pretendía subrayar la solidez y el poder de la entidad bancaria y al mismo tiempo no desmerecer en un entorno en el que se levantaban edificios como el palacio de Linares, el palacio de Buenavista, el Banco de España o el mismo Palacio de Comunicaciones.

Sus fachadas evidencian el interés de Palacios por la arquitectura clásica, alimentado tras sus viajes por Gracia y Egipto, al tiempo que recogen las influencias ando de Juan de Villanueva, de cuya obra era un gran administrador, como de su maestro Ricardo Velázquez y Bosco, responsable del diseño neoclásico de la fachada occidental del Casón del Buen Retiro. Ambas se disponen en forma de espejo a partir del eje que configura el chaflán, de manera que tienen un trazado idéntico. Sobre un zócalo de grandes dimensiones se eleva una serie de columnas jónicas estriadas hasta alcanzar la altura del cuerpo principal, alternando con vanos acristalados. Sobre el entablamiento se levanta un segundo cuerpo, retranqueado, con columnas corintias pareadas formando un pórtico, tras el que se oculta la cúpula acristalada interior. En el chaflán se encuentra la entrada principal, flanqueada por cuatro cariátides esculpidas en piedra por Ángel García Díaz, responsable también de los detalles ornamentales de inspiración vienesa que decoran la fachada.

Entre 1944 y 194y7 se llevaron a cabo en el interior diversas reformas que alteraron el diseño original, como el cierre del patio en el nivel principal para ampliar la superficie útil de la primera planta. En esta misma época se acondicionó el sótano para alojar la cámara de seguridad y se llevó a cabo la ampliación del edificio con la adquisición del inmueble colindante en la calle Barquillo.

En la década de los noventa del pasado siglo, tras una serie de movimientos que darían lugar a la creación del Banco Santander Central Hispano, el edificio entra en desuso, destinándose a reuniones del consejo y relaciones institucionales. En el año 2000 es adquirido por el Ayuntamiento de Madrid que lo incluyó en la operación de cambio de inmuebles para trasladar el consistorio al Palacio de Comunicaciones y desde octubre de 2007 es la sede del Instituto Cervantes.

 

Vicepresidenta Primera.- Ana Pulido Benito

El origen del salario mínimo

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Por Eduardo Montagut

En este trabajo nos acercamos al estudio del origen del salario mínimo y sus primeras etapas hasta el período de Entreguerras.

La reivindicación del salario mínimo a finales del siglo XIX y comienzos del siglo siguiente debe situarse en el contexto de la lucha del movimiento obrero occidental por la jornada de ocho horas y por la mejora de la situación laboral de los trabajadores.

Las primeras regulaciones del salario mínimo se produjeron en Australia y Nueva Zelanda.  En el Estado de Victoria se aprobó la Employers and Employes Act en el año 1890. Esta Ley surgió por la presión del movimiento obrero, a raíz de las protestas de los obreros que reivindicaban un salario mínimo por trabajo realizado para asegurar el mínimo de subsistencia. Por su parte, la denominada huelga marítima en Nueva Zelanda en 1890 provocó que allí se aprobase el salario mínimo. Fue regulado por la Ley de Arbitramiento y Conciliación Laboral de 1894.

El movimiento obrero siguió presionando por el salario mínimo. En el Reino Unido hay que destacar las huelgas mineras en Gales de 1910, o las de estibadores, marineros y ferroviarios del año siguiente, así como las de mineros de 1912 porque en estos conflictos se exigía el establecimiento de salarios mínimos, aunque el liberalismo económico británico no estaba por la labor de que el Estado interviniese en el mercado laboral.

Después de la Gran Guerra, en un clima ya más favorable a que los poderes públicos interviniesen en los ámbitos socioeconómicos, la idea del salario mínimo cobró fuerza. Era el momento de la creación de la OIT (1919), que se dedicó a luchar para que se generalizasen disposiciones legales que fijaran salarios mínimos entre los países miembros. En 1928 se aprobó el Convenio sobre los métodos para la fijación de salarios mínimos, que debía entrar en vigor en 1930. Reproducimos su primer artículo:

“Todo Miembro de la Organización Internacional del Trabajo que ratifique el presente Convenio se obliga a establecer o mantener métodos que permitan la fijación de tasas mínimas de los salarios de los trabajadores empleados en industrias o partes de industria (especialmente en las industrias a domicilio) en las que no exista un régimen eficaz para la fijación de salarios, por medio de contratos colectivos u otro sistema, y en las que los salarios sean excepcionalmente bajos.”

México, pionero en tantas cuestiones relativas al reconocimiento de derechos sociales en las primeras décadas del siglo XX, aprobó el salario mínimo a través del artículo 123 de la Constitución de 1917, cuando se ordenaba que el salario mínimo debe satisfacer “las necesidades normales de la vida del obrero, su educación y sus placeres honestos…”.

Massachusetts fue el primer Estado norteamericano que aprobó el salario mínimo en 1912. El ejemplo cundió y trece Estados y el Distrito de Columbia lo adoptaron también, aunque se generó un conflicto con el Tribunal Supremo porque declaró inconstitucionales estas disposiciones y regulaciones. Pero la crisis del 29 provocó un terremoto en el mundo laboral y hubo que actuar. La Administración de Roosevelt consiguió sacar adelante la Industrial Recovery Act en 1933, que establecía la existencia del salario mínimo en los Estados Unidos, en consonancia con la política económica y social del New Deal, de fomentar el poder adquisitivo de los trabajadores para excitar la demanda. De nuevo, el Tribunal Supremo intervino y declaró que era inconstitucional en 1935, a partir de un conflicto entre una corporación y el gobierno federal. Pero la FLSA, es decir, la Fair Labor Standards Act, de 1938 estableció que el salario mínimo en Estados Unidos sería de 0’25 dólares por hora trabajada.

Observatorio de Historia de Arco

Director: Eduardo Montagut

 

 

 

La palabra y el soberbio intelectual (y II)

TOSHIBA CAMCORDER

La palabra y el soberbio intelectual (y II)

Por Pilar Úcar

Como lo prometido es deuda, casi siempre, ahí va mi continuación: punto et à la ligne.

Acabé mi artículo anterior del matón intelectual, dedicado al macarra literario, apuntando a otros chulos presentes y conocidos: chefs y cocineros de campanillas, escritores consagrados (muchos de ellos recopiladores de notas y referencias a estas alturas de su profesión) y otros en ciernes (diletantes con visos de redacción infantiloide), filósofos e ideólogos vivitos y coleando (falsos pilares de nuestra sociedad), políticos y periodistas de todo pelo y pelaje (la mayoría de medio pelo), presentadores televisivos y locutores radiofónicos (predicadores modo godspell), columnistas mediáticos (¡¡cuánto gritan!!), profesores togados y sin tocar desde la palestra (señaladores de admonición)…Toda una banda de chiquillos revoltosos y bochincheros de patio de colegio que consideran al otro, a los que no somos uno de ellos, una piltrafilla, un guiñapo humano; siempre con la palabra y la expresión mágicas: “Solo es una opinión, ¿eh?, desde mi modesto punto de vista”. Cuando alguien (te) atiza algo similar…¡¡A temblar!! Estos soberbios (de serie) son los rescatadores de la estulticia dominante. Bajo esa capichuela de humildad impostada, predomina el marchamo soterrado: “Te doy la opción de que te equivoques, pero aquí me tienes para recordarte tu error, de tonto que eres, que ni te das cuenta, porque yo tengo razón”.

En definitiva, el soberbio intelectual -a un paso de la gilipollez, si no ha cruzado ya esa línea- poco difiere del matón literario: con palabras hueras y frases lapidarias sentencian y dan lecciones porque él sabe más y se toma la molestia (el tiempo y el esfuerzo) de enseñar.

Y es que tienen razón…les asiste la certeza y el tino de la palabra: o eso creen ellos.

De todo tiene que haber en la viña del Señor y en este mundo…más.

(Nota: se aplica el masculino genérico de mi redacción al femenino, a la –e, a la -@, a la –x y al *)

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Observatorio de Filología y Lengua española de Arco Europeo

Directora: Pilar Úcar Ventura

La igualdad salarial entre hombres y mujeres en el ámbito de los servicios en 1931

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La igualdad salarial entre hombres y mujeres en el ámbito de los servicios en 1931

Por Eduardo Montagut

En los primeros días de noviembre de 1931 se produjo un cierto debate en la prensa a cuenta del acuerdo adoptado en el ámbito de los servicios en relación con el salario de las dependientas y oficinistas, ya muy numerosas en aquellos momentos. Al parecer, se había aprobado en la negociación del Comité Paritario correspondiente (La Ley de Jurados Mixtos salió en la Gaceta de Madrid el 28 de noviembre, al poco de esta polémica que explicamos), que la remuneración de las dependientas fuera inferior en un 10% de las de los dependientes en cada una de las escalas existentes. Desde nuestra perspectiva podríamos pensar que se trataba de una clara discriminación en función del sexo, pero, en realidad, era una conquista porque el sueldo de estas trabajadoras había sido tradicionalmente muy bajo. Este acuerdo era, por lo tanto, un paso en la equiparación salarial.

Pero en algún periódico se publicó que esta reforma no beneficiaría a las trabajadoras porque, según una interpretación de lo acordado, la patronal, ante la disminución considerable de la diferencia de la remuneración entre hombres y mujeres, contrataría a más hombres. Parecía evidente que muchos empresarios se habían aprovechado de esa gran distancia salarial para contratar tradicionalmente a más mujeres. Por su parte, El Socialista opinaba que no estaba claro que se produjera un cambio en la contratación. Podría haber casos, pero el periódico obrero opinaba que no se generalizaría este cambio en la contratación porque los puestos que desempeñaban las trabajadoras en comercios y oficinas estaban “en general en consonancia con sus aptitudes”, y, por lo tanto, parecía inconcebible, siempre según el periódico, que los empresarios cometieran la torpeza de cambiar a los trabajadores. No debemos olvidar que, a pesar de los avances que pudo acometer el movimiento obrero en relación con la mujer trabajadora, el sexismo no fue algo que desapareciera completamente, como lo demostraría esta idea de que había oficios en este sector servicios más propicios para mujeres.

Pero, por otro lado, el artículo del periódico socialista hacía una clara defensa de la igualdad salarial entre hombres y mujeres, en consonancia con el programa del Partido Socialista en relación con la igualdad entre los sexos en todos los campos. A iguales derechos políticos le correspondía una remuneración salarial igual. Aunque se valoraba el esfuerzo realizado en el Comité Paritario en favor del salario de las trabajadoras de este sector de los servicios, los socialistas consideraban que lo justo era la igualdad salarial.

Además, opinaban que la acordada “seminivelación” salarial entre hombres y mujeres tendía a evitar la explotación abusiva que padecían las segundas, pero si la mujer realizaba un trabajo equivalente al del hombre debía recibir el mismo salario. Pero, por otro lado, se hablaba de que en el caso del desempeño de tareas “peculiares del sexo” la mujer trabajadora debía percibir un “salario decoroso”, y no el que por su “debilidad física” le solía asignar la patronal, es decir, un salario digno, pero distinto al del trabajador hombre porque se mantenía la idea de trabajos más específicamente femeninos.

Por fin, para conseguir todo esto se insistía en uno de los principios fundamentales del movimiento obrero socialista, la necesidad de la organización, es decir, la necesidad de que el trabajador, en este caso, la trabajadora se organizase sindicalmente, una tarea complicada en el caso de la mujer por la conjunción de factores internos y externos al sindicalismo en sí, y que nos plantea el último de los trabajos que citamos en la bibliografía.

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Hemos consultado el número 7103 de El Socialista. Por otro lado, podemos consultar el trabajo de Borja Carballo Barral, “La participación de las mujeres en el mercado laboral madrileño del primer tercio del siglo XX (1905-1930)”, un trabajo que podemos consultar en la red, fruto del esfuerzo del grupo de investigación de la UCM Historia de Madrid en la Edad Contemporánea. También podemos acudir a A. Soto, “Cuantificación de la mano de obra femenina (1860-1930)”, en La mujer en la Historia de España (siglos XVI-XX), Actas de las 2ª Jornadas de Investigación Interdisciplinaria, Madrid, UAM, 1984, págs. 279-298; Mary Nash, “Identidad cultural de género, discurso de la domesticidad y la definición del trabajo de las mujeres en la España del siglo XIX”, en G. Duby y M. Perrot, (dirs.) Historia de las mujeres. Vol. 4, Madrid, 1993, págs. 515-532. Aunque breve, también podemos acudir al trabajo de Rosa María Capel, “Mujer, trabajo y sindicalismo en la España de comienzos del siglo XX”, en el portal de la UGT, y que se puede consultar en la red.

Observatorio de Historia de Arco

Director: Eduardo Montagut