El avispero libio

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El enviado especial de la ONU para Libia, el español Bernardino León, ha pospuesto en el último momento a la semana próxima una reunión que había convocado para hoy, 9 de diciembre, en Gadhames con todas las partes en el conflicto libio. Una prueba más del enroque de las dos facciones que se enfrentan desde hace meses en el país árabe.

Libia, un país de seis millones de habitantes rico en petróleo y de una extensión tres veces España, se desliza rápidamente hacia la guerra civil en un momento en que EEUUs, Europa, y los países de la región solamente tienen ojos para el Estado Islámico de Irak y Levante.  La transición a la democracia atraviesa el peor momento desde que en 2011 una rebelión armada derrotó a la dictadura de 42 años de Muamar Gadafi, con el apoyo de una operación de exclusión aérea de la OTAN, sancionada por la ONU.

España se ha implicado resueltamente en la estabilización de Libia. Un español encabeza la Misión de la ONU y nuestro país pretende acoger una segunda conferencia sobre Libia. No en vano se trata de una región estratégica para España. A la proximidad geográfica se añaden la cuestión de la seguridad energética, si bien las importaciones de crudo libio se han desplomado desde 2010, y la presencia de la multinacional española REPSOL en el país árabe con la explotación del campo de El Sharara en el sur. Desde hace meses la producción se encuentra interrumpida debido al caos y a la inseguridad. La cuestión migratoria y el desafío terrorista también se encuentra presentes en la preocupación española por el futuro de Libia.

Las Naciones Unidas median en un conflicto agravado en los últimos meses por la competencia entre instituciones políticas paralelas y un enfrentamiento armado que se ha cobrado cientos de víctimas, especialmente en la región de Trípoli y en Bengasi, la segunda ciudad del país. El terrorismo yihadista amenaza con echar raíces en el este del país.

 Dos facciones se disputan el poder en el campo de batalla. De un lado, la facción más liberal y secular incluye el Gobierno de Abdulá al-Thinni designado en julio por el Parlamento salido de las elecciones generales del pasado 25 de junio. Recientemente el Tribunal Supremo ha cuestionado la legalidad del gobierno de Al-Thinni por lo que el reconocimiento internacional de su legitimidad se encuentra en entredicho.

Al-Thinni ha recibido el apoyo del general retirado Jalifa Hafter que se rebeló contra el anterior gobierno en mayo y lanzó, con la ayuda de una parte del ejército y de las fuerzas especiales, la operación militar “Dignidad” contra las milicias islamistas, principalmente Ansar al Sharia, en Bengasi. Hafter lidera la maquinaria militar del gobierno de Al-Thinni. Cuenta para ello con armamento pesado y con aviación, con el apoyo del movimiento separatista de la Cirenaica, de la poderosa milicia nacionalista de Zintan en el oeste del país, y de países como Egipto, Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos. Según varios observadores esta alianza se está imponiendo en campo de batalla.

De otro lado, la facción islamista que cuenta entre sus filas con la milicia de Misrata, sin sustrato ideológico y la más poderosa de Libia. Los partidos islamistas no salieron bien parados de las elecciones del 25 de junio, boicotearon el nuevo parlamento y resucitaron el Parlamento saliente que nombró a su vez un Gobierno de Salvación Nacional presidido por Omar al-Hassi en Trípoli. A su vez las milicias islamistas moderadas vinculadas a los Hermanos Musulmanes y las vinculadas a Al-Qaeda, Ansar el Sharia, se aliaron con la milicia de Misrata para formar la entente “Amanecer Libio” que arrebató el control del aeropuerto de Trípoli a las milicias nacionalistas de Zintan. La alianza “Amanacer Libio” se ha convertido en el brazo armado del Gobierno de Omar al-Hassi.

El terrorismo yihadista aprovecha la situación de desgobierno, inseguridad y desconfianza popular en sus instituciones para avanzar en Libia, al igual que en Siria o Irak. Ansar al Sharia, una organización terrorista vinculada a Al-Qaeda que se ha hecho fuerte en Bengasi, fue incluida en la lista de organizaciones terroristas de Naciones Unidas recientemente. Además, existen otras organizaciones yihadistas que han jurado lealtad al Estado Islámico de Irak y Levante, como por ejemplo, el Consejo de la Shura de los Jóvenes del Islam, que controla desde hace meses la ciudad de Derna en el este del país.

El caos institucional y la inseguridad perjudican a la economía libia dependiente del petróleo que representa el 80% del producto nacional bruto y el 97% de sus exportaciones. Libia exportaba un millón y medio de barriles de petróleo diarios (bdp) en tiempos de Gadaffi. La producción se recuperó en los años que siguieron a la revolución pero ahora no llega a la mitad de esos niveles y en noviembre se extrajeron 150.000 bdp menos que en octubre.

 

José Luis Masegosa Carrillo, Director del Área Internacional de Arco Europeo Progresista @joseluismase / Blog “La mirada a Oriente”: http://masegosa2012.wordpress.com

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