«NUEVOS TIEMPOS, NUEVOS RETOS EN EL ATENEO”

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El próximo 20 de diciembre los Presidentes de las Agrupaciones Ateneísticas Agustín Argüelles y Ángel Garma iniciamos un debate sobre cuestiones de actualidad del Ateneo de Madrid, bajo el título “Nuevos tiempos, nuevos retos”. Un debate que esperamos que ayude al proyecto que el actual Presidente Luis arroyo está impulsando para modernizar y optimizar el Ateneo en su organización, estructura y rendimiento económico, a la par que recupera el espíritu del primer Ateneo, el cual, no debe olvidarse, nació durante el trienio liberal de 1820 a 1823, momento político en que tuvo un papel destacado precisamente Agustín Argüelles.

Durante este año 2021 debe destacarse la contundente victoria en las elecciones de mayo a la Junta de Gobierno del Grupo 1820, la elección como Presidente de Luis Arroyo y las disputadas elecciones a Secciones de octubre que han visualizado dos grandes bloques: el de los que apoyamos el programa de la actual mayoría de Gobierno y el de una coalición compuesta de heterogéneos grupos y motivaciones diversas.

Esta fuerte polarización hace necesaria una reflexión serena que permita afrontar sin crispación los principales problemas de nuestra Institución y facilite el entendimiento entre las distintas fuerzas. El pensamiento opuesto no sólo es compatible con el diálogo, también lo exige.

Por ello, entendemos muy positiva la conducta abierta al diálogo que en todo momento tiene el Presidente Luis Arroyo, lo que ha permitido, lo queremos subrayar, que tras las elecciones de mayo nos hayamos sumado a su proyecto.

Voy en este artículo a tratar, a título personal, uno de los puntos de la posible reforma del Reglamento, verdadera norma constitucional de la Docta Casa que a pesar de sus diferentes modificaciones sigue teniendo una fragancia ilustrada y levantando pasiones hasta el punto de haberse convertido en un punto de choque entre 1820 y la referida coalición, la cual acudió a las elecciones a Secciones denominándose significativamente “En defensa del Reglamento”.

Se encuentra pendiente que la Comisión que se nombró para la reforma del Reglamento haga una o varias propuestas. No cabe duda de que no es una misión sencilla pero tampoco es imposible. Como cualquier proyecto de calado requiere de reflexión y trabajo.

Una postura, sin duda legítima, es dejar el Reglamento como está por entender que es perfecto, que no es el momento o que limitaría las expectativas personales o de grupo. Pero también es legítimo querer cambiarlo. ¿Qué modificaciones pueden mejorarlo?.

En relación a ello, me voy a limitar ahora a analizar el sistema electoral que el Reglamento establece para elegir a la Junta de Gobierno:

Comencemos por las listas abiertas. En principio, podemos admitir que es el sistema más democrático. Ahora bien, sería infantil no tener en cuenta sus efectos más controvertidos; en primer lugar, si un grupo es notoriamente mayoritario y presenta candidatos a todos los puestos lo normal es que si hay una cierta disciplina de voto entonces cope su totalidad, quedándose sin representación las minorías (produce un sistema radicalmente mayoritario, que se puede visualizar en el Senado español); y, en segundo lugar, si ningún grupo es claramente mayoritario habrá cruces de votos que busquen neutralizar a un candidato concreto, normalmente del propio grupo, es decir, favorece los ajustes de cuentas internos.

Pasemos a la otra característica de este sistema electoral, esto es, que todos los años se somete a votación la mitad de la Junta de Gobierno, de forma que puede cambiar el Presidente cada dos años. Al igual que las listas abiertas, tiene la votación anual una indudable apariencia de plenitud democrática pero también consecuencias no deseables. La principal es la inestabilidad si van cambiando cada año o dos años las mayorías en la Junta de Gobierno; proyectos relevantes se iniciarán y quedarán después parados. Un gobierno sin cohesión interna, sin estabilidad suficiente, se convierte en un desgobierno.

Según lo expuesto, considero que un sistema de listas cerradas con elecciones cada tres o cuatro años, acompañado de un sistema proporcional d,hont, tendría indudables ventajas para el Ateneo: habría gobiernos más homogéneos y estables, se podrían hacer proyectos a largo plazo, se evitaría que se utilizara el voto cruzado para las “vendettas” y las minorías tendrían su presencia en proporción a sus votos, sin llegar a hacer inviable la gobernabilidad.

Se cumple aquí el clásico aforismo: “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

No obstante, caben otras posibilidades, otros modelos. El debate está abierto.

José Antonio García Regueiro

Letrado del Tribunal de Cuentas. Ex Letrado del Tribunal Constitucional.

Presidente de la Agrupación Ateneística Agustín Argüelles. Ex Vicepresidente del Ateneo.

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