REIVINDICAMOS EL ATENEO DE LAS LUCES

ARCO ATENEO

El modus vivendi operandi del Ateneo facilita la corresponsabilidad de todos sus miembros, valora sus carismas e intensifica sus vínculos fraternos, lo que se explica porque sus reformas han tenido lugar desde dentro. Procesos que han cambiado las formas y renovado las estructuras inspirándose en la herencia de la Ilustración, destacando la íntima conexión entre experiencia y alzado de sus columnas.

Iniciar procesos de conversión debe ser por tanto una práctica de gobierno propio, única garantía real de que el marco constitucional-institucional que contiene el Reglamento del Ateneo pueda mantener su unidad de espíritu. Afrontar las cuestiones críticas no puede hacerse sin reconocer que el Reglamento contiene los presupuestos históricos de la Ilustración y subraya la importancia de los socios. En el Reglamento se aprecia la dignidad de los partícipes, que deben considerarse como algo indispensable y necesario, costumbre secular que ha traído consigo la distinción del ateneísta revestido de responsabilidad por su compromiso con el Ateneo.

En efecto, en el Ateneo fluye el principio de unidad que reúne en un único sujeto dinámico a todos sus miembros y permite converger en adhesión a lo que representa. La siempre renovada conciencia de esta Institución es una premisa fundamental para su adecuado desarrollo, conseguido a través de un parlamentarismo valiente, especie de carisma que permite convertir los argumentos teóricos en praxis, pues la piedra angular es la escucha de todos, el Ateneo como instrumento privilegiado de escucha.

Por ello, la Junta de Gobierno debe ser capaz de percibir la esencial naturaleza del Ateneo y distinguirla de las corrientes cambiantes pasajeras. Es tiempo para una discusión sincera, alejada de grandilocuentes discursos de recién llegados que quieren erigirse en salvadores de una institución que ni conocen ni tampoco les interesa. Desconocen los novicios que es íntima la conexión entre experiencia, lenguaje y reforma de las estructuras.

El Ateneo se nos presenta como una ciudad del libre pensamiento que contribuye, sin lugar a dudas, a superar modelos miméticos, comerciales e inhumanos. Es una institución histórica qué representa el mensaje ilustrado en nuestro país desde el siglo XIX, que se expresa a través de las secciones, agrupaciones, cátedras y tertulias. Cualquier intento de suprimir estos espacios supone quebrar el corazón del Ateneo.

Si quienes ni conocen ni sienten el Ateneo consiguieran hacerlo suyo, ya no sería el Ateneo de los debates, de las fusiones de la ciencia y de la cultura, sería simplemente un negocio, un sitio para tomar unas copas, un lugar para tratar determinados “asuntos”, en definitiva sería algo que no queremos los verdaderos ateneístas. No queremos creer que osan despreciar el trabajo de cientos de librepensadores durante años, durante siglos, durante toda una vida consagrada a la Docta Casa. ¿No es más honesto entrar en una casa con humildad, con propósito de aprender?.

Los ateneístas, en contraposición a los que recién llegados no respetan a los que ya están y por ello a la Institución, nos esforzamos cada día en conocer de la Docta casa su historia, sus valores, sus principios, sus pasillos, sus luces y sus sombras. Reivindicamos el trabajo bien hecho durante muchos años.

Y como gentes de bien, llevamos años en el Ateneo reclamando los derechos de los más desfavorecidos, llamando a los jóvenes a participar, impulsando la igualdad del hombre y la mujer, reconociendo el buen trabajo del feminismo y haciendo un espacio de debate y tolerancia donde todos cabemos con nuestras ideas: éste y no otro es el Ateneo de las Luces.

En mayo elegiremos la mitad de la Junta de Gobierno, y entre ellos el cargo de Presidente/a. Por ello, hoy más que nunca reivindicamos el papel de la mujer en nuestro Ateneo, que se la reconozca su capacidad para asumir las más altas responsabilidades, a la par de que no sea así sólo por su condición de mujer sino también por su experiencia, sus conocimientos, el cariño y el trabajo dedicado al Ateneo durante muchos años.

Fdo. José Antonio García Regueiro y Mayte Pedraza, Ateneístas.

Publicado en la Revista Entreletras en abril de 2021

 

MARIA ZAMBRANO EN LOS CLAROS DEL BOSQUE

ARCO ATENEO

El próximo miércoles 10 de marzo, a las 18.30 horas, en la Sala Nueva Estafeta, la Agrupación Ateneísta Agustín de Argüelles y la Sección de Filosofía, te invitamos a la conferencia MARIA ZAMBRANO EN LOS CLAROS DEL BOSQUE, que pronunciará el psicoanalista y profesor de la U.C.M. Félix Recio Palacios. Presenta Francisco Forte.

Introduce el Presidente de la Sección de Filosofía, Antonio Chazarra, y modera el Presidente de la Agrupación Agustín Argüelles, José Antonio García Regueiro.

María Zambrano, es una pensadora imprescindible para entender el pensamiento del siglo XX, especialmente en sus diversos exilios. Los Claros del Bosque es un libro esencial y muy representativo de lo que suele denominarse «razón poética», que pone en valor como poesía y filosofía tienden a fecundarse mutuamente.

Esperamos que nos acompañes el próximo miércoles

AGRUPACIÓN ATENEÍSTICA AGUSTÍN ARGÜELLES

 

Los pájaros microscópicos

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Por Adrián Jarque

Recuerdo una reflexión que tuve con un compañero tras visionar la famosa obra audiovisual “Los Pájaros” de Alfred Hitchcock. En esta reflexión, analizamos la brillante e innovadora técnica que Hitchcock utilizó para “engañar” a su audiencia. Durante el primer acto, pensamos que la historia va a seguir los tópicos del cine negro que el famoso director siempre utiliza, y que observamos en sus otras películas. Una misteriosa y atractiva mujer está a punto de sobrellevar una aventura romántica, envuelta en drama y suspense, con otro hombre que conoce. Una premisa bastante conocida y rutinaria en este género, eso sí, hasta que de repente los pájaros se vuelven locos, y comienzan a atacar a la gente. La historia queda interrumpida e inacabada por completo, ya que los personajes son puestos en confinamiento, y se declara el estado de alarma.

Este gran giro es casi una ruptura de la cuarta pared en naturaleza. Es casi como si los personajes supiesen que ese ataque no es parte del show principal, y no saben cómo reaccionar; como si por sus cabezas pensasen “Esto no estaba en el guión”.

Esa es la forma en la que me siento, tras verme atrapado en estas cuatro paredes y su techo, durante este mes y medio, el cual se asemeja más a año y medio en mi cabeza. Todos mis compañeros, al igual que yo, teníamos planes que llegaban a extenderse hasta el próximo invierno. Seguíamos nuestras vidas, día tras día, sin mayor conflicto; secuencia por secuencia, como el guión de una película. Nunca imaginamos que esta rutina podría verse tan brutalmente interrumpida por algo que no estaba si quiera contemplado en este “guión”.

Así como Hitchcock transmitió en su famosa película, la monotonía de nuestros calendarios, la cual a veces llegamos a despreciar, no es más que una mera ilusión sobre la que basamos nuestras vidas. La naturaleza puede revelarse en cualquier momento, y sin ningún tipo de aviso previo; poniendo fin a esa predecible rutina sobre la que girábamos. En este caso, en lugar de unos pájaros locos, se trata de un organismo tan simple que la ciencia no sabe si llamarlo vida, pero tan complejo que es capaz de paralizar las vidas de los demás, en el mejor de los casos, y en el peor de ellos, destruirlas por completo.

Es ahora cuando decido profundizar sobre este último punto que acabamos de mencionar: La destrucción de las vidas. He de admitir que alguien joven y sano como yo, no llegó a imaginarse la catastrófica pérdida de vidas que ha supuesto esta aflicción internacional. Incluso tras ver las noticias y escuchar el creciente número de bajas, dicho número no se llega realmente a procesar en la mente de uno mismo hasta que no llegas a ponerle un rostro. Ese número es casi abstracto en su naturaleza, hasta que alguien en tu círculo se vuelve parte de ese número. En mi caso, fue una profesora del centro en el que desarrollé mi educación secundaria. Todos los recuerdos, emociones y vivencias que dicha profesora ha compartido con mis compañeros y conmigo, así como aquellos que compartió con su familia y seres queridos, son parte de ese número ahora. Fue entonces cuando tras ver que una pequeña parte de todas estas personas que ella conocía (incluido yo) desapareció con ella que, en efecto, pude contemplar el número por lo que realmente significaba.

Disciplina, propósitos laborales, eventos sociales, trabajo sobre la salud y el bienestar, incontables planes y esquemas, todo ello que pertenecía al futuro construido en mi cabeza, perdido ante este conflicto mundial. Si antes pensaba tanto en el futuro, ahora que me hallo confinado no dejo de caer en el pasado y en cómo echo de menos mi vida cotidiana. Hoy en día, tan solo sacar la cabeza por la ventana y sentir el sol sobre mi ser es suficiente para sentirme mejor. Nunca antes he anhelado tanto el contacto humano como ahora. Las risas, conversaciones y compañía de los demás son esenciales para la salud mental. Miro por la ventana el mismo horizonte que vi ayer y que veré mañana, como si a nuestro alrededor nos envolviese una burbuja en la que el tiempo no avanza; y al final, lo que más ataca a mi alma es, evidentemente, en cómo será la gestión de mi vida cuando todo esto acabe. Me recuerda a la cómica e irónica situación de Gregor Samsa, en la que se pregunta cómo demonios va a conseguir ir a trabajar una mañana en la que se ve convertido en un insecto gigante.

El mundo seguirá girando, sin embargo. Es simplemente de esperar a que en uno de esos giros, pueda caminar sobre las calles de mi rutina otra vez.

Adrián Jarque es cineasta y técnico de post-producción por la TAI (Universidad Rey Juan Carlos) en España, miembro de Lapsus de Toledo España.

 

 

 

BRUEGHEL EN MADRID

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Todavía hay tiempo (hasta el 12 de abril) para poder ir a visitar en el Palacio Gaviria la exposición de “Brueghel Maravillas del arte flamenco”.

Es una oportunidad única para poder ver y disfrutar de la obra de esta familia a través de un centenar de obras firmado por ocho pintores de este linaje tan prolífico (Pieter Brueghel el Viejo, Pieter Brueghel el Joven, Jan Brueghel el Joven, Jan Peter Brueghel, Abraham Brueghel y Ambrosius Brueghel) durante los siglos XVI y XVII.

La exposición está dividida en siete secciones organizadas temáticamente que permiten ver a cada uno de los artistas tanto en su trabajo individual como las obras de cada uno de ellos tratando un mismo tema.

“El juicio moral” es la primera de ellas. Miedo al infierno y la necesidad de salvación. Son pinturas sobre los pecados humanos. A pesar de ser obras de juventud nos dan una buena visión de los inicios de esta saga familiar.

“La reina naturaleza” refleja de igual modo la mentalidad de la época como la reforma protestante en los Países Bajos tuvo su reflejo en la pintura. Las teorías calvinistas orientaron a los artistas a que hicieran de la naturaleza el sujeto de sus cuadros.

“Los fríos paisajes de invierno” un tema simbólico para los Brueghel. Son obras con una bella luz invernal, y marcando un carácter moral. Escenas típicas de patinadores en bosques.

“Las alegorías” obras que tratan de explicar conceptos como el amor, la guerra, la paz o los sentidos humanos y que destacan por la meticulosa atención a los detalles sobre todos en las flores y otros vegetales.

“Relatos de viajeros y mercaderes” refleja el esplendor económico y artístico de Amberes. Las transacciones comerciales vivían su apogeo y se puede apreciar la precisión técnica de los dibujos de los barcos que atracaban en el puerto.

“Gloria y vanidad de la vida silenciosa” la pintura del género floral y el bodegón cobran especial protagonismo ya que transmitían un mensaje moral relacionado con el paso del tiempo.

“El baile de los pobres” retrata la cotidianidad de las clases humildes y anónimas en una serie de obras en las que predomina la mirada irónica y el acento de los placeres de la vida, campesinos, borrachos, mendigos y refleja el carácter popular de las fiestas y tradiciones campesinas.

La exposición se completa con obras de artistas coetáneos a la dinastía Brueghel como Rubens, El Bosco o David Terniers el Joven.

Desde luego es una oportunidad única para poder disfrutar de las obras de esta dinastía ya que provienen de colecciones privadas y es muy difícil volver a verlas todas reunidas.

Ana Pulido

SEPTIEMBRE EN EL ATENEO

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En la foto la Ministra de Trabajo Magdalena Valerio en la puerta del Ateneo con Cristina Valera y José Antonio García Regueiro.

ARCO ATENEO os recomienda para este mes de septiembre los siguientes actos:

El 11 de septiembre a las 19:00 h. la conferencia organizada por  la Sección de Filosofía en el Salón Ciudad de Úbeda: “Sexto empírico: contra todo dogmatismo, una serena actitud escéptica”. Interviene Antonio Chazarra. Presenta Francisco Forte. Introduce y modera Félix Recio. Salón Ciudad de Úbeda.

El 12 de septiembre la conferencia sobre “El ideal federal”, dilema permanente en la política de nuestro país, que dará Miguel Iceta en la Sección de Comunicación, presentado por Nicolás Sartorius; modera Cristina Valera,.

El 16 de septiembre a las 19:30 h la mesa redonda organizada por la Sección de Psicología en la Sala Nueva Estafeta sobre “Análisis de personalidad de El pícaro de Aragón, de Eduardo Cordo”. Intervienen: Ezequiel Triñaque, Alfonso Gómez y el autor. Presenta y modera M.ª Teresa Pedraza.

El 18 de septiembre a las 19:30 h, la conferencia organizada por la Agrupación Especial Ateneísta “Ángel Garma” en la Sala Nueva Estafeta: “Un viaje psicoanalítico al sufrimiento de las depresiones”. Interviene Alfonso Gómez Prieto. Presenta Pablo Bahillo. Modera Belén Rico. Sala Nueva Estafeta. 19.30 horas.

Y, por último, el 25 de septiembre a las 19:00 h. la conferencia organizada por la Agrupación Especial Ateneísta “Agustín Argüelles” en la Sala Nueva Estafeta: “El paradigma español: Memoria Histórica”. Presenta Belén Rico. Introduce y modera Cristina Valera. Intervienen Alfonso Gómez Prieto y Manuel Según. Concluye José Antonio García Regueiro.

Jaime Vera vuelve al Ateneo

Todos

Para los ateneístas es un motivo de satisfacción el que el lunes 17 de junio de 2019, a las 19 horas, se celebre en el Ateneo de Madrid un homenaje al ateneísta, científico y socialista Jaime Vera López (1858-1918), en un acto presentado por José Antonio García Regueiro, moderado por el periodista Luis de Benito y con la intervención de Carmen Barahona, Francisco Cánovas,  Juan José Castillo, Antonio Chazarra, Carlos López Riaño y Aurora Ruiz.

Recordemos que el Jaime Vera ateneísta tuvo una relevante actividad en la Docta Casa, sin perjuicio de que el tiempo haya ido difuminando su recuerdo al ir desapareciendo los testigos que le vieron y no existir toda la documentación que sería deseable al respecto.

Pero si le podemos imaginar en el Ateneo en los años ochenta del siglo XIX defendiendo sus ideas científicas como médico alienista o hablando en algún rincón, por ejemplo, con el entonces Vicepresidente del Ateneo Manuel Pedregal y Cañedo, un prestigioso jurista que fue también Presidente de la Sección de Ciencias Morales y Políticas, Ministro de Hacienda durante la Primera República en el Gobierno de Emilio Castelar y que fundó, junto con Francisco Giner de los Ríos y otras personalidades, la Institución Libre de Enseñanza en 1876.

Un poco antes de los años ochenta, el 2 de mayo de 1879, Vera había protagonizado, probablemente sin sospechar su repercusión histórica, el acto por el cual es más recordado, esto es, la fundación, junto con Pablo Iglesias y otros compañeros, del Partido Socialista Obrero Español.

Este acto político fundacional, en cualquier caso, no debemos dejar que nos oculte a uno de los más brillantes ateneístas de su tiempo y a un profesional excepcional de la medicina española en el campo de las enfermedades nerviosas y psiquiátricas, lo que se advera por su nombramiento como director del departamento psiquiátrico del Hospital General de Madrid y por ser reconocido como el representante más emblemático de la tercera generación de neuropsiquiatras madrileños del siglo XIX, iniciada por Pere Mata i Fontanet (1811-1887) y seguida por José María Esquerdo Zaragoza (1842-1912), quien fue su maestro.

De sus más relevantes logros profesionales podemos recordar, por ejemplo: en 1886 el juicio celebrado contra el cura Galeote, acusado de asesinar al obispo de Madrid-Alcalá, donde el informe redactado por los doctores Bustamante, Simarro y Vera, presentado ante el tribunal por éste último, salvó la vida del acusado; o en 1888 el informe emitido por los doctores José María Escuder, Luis Simarro y Jaime Vera acerca del estado mental de Martín Larios, que  concluye que no padece enfermedad alguna que perturbe su inteligencia y le prive de su razón, lo que determinó que los tribunales dictaran sentencia favorable a Martín Larios.

Sus conocimientos prácticos y teóricos los difundió Vera en el Ateneo de Madrid, como socio nº 4.390, llegando a ser Secretario de su Sección de Ciencias Naturales, Físicas y Matemáticas de 1882 a 1884. En el curso 1883-84 se discutió su Memoria sobre el tema “¿Debe considerarse la psicología como ciencia natural?”.

Por último, debemos destacar que en el Ateneo hay una copia impresa de su tesis, presentada en junio de 1880, “Ligeras consideraciones clínicas sobre la parálisis general progresiva de los enajenados”; es un estudio sobre 32 pacientes del sanatorio privado del doctor Esquerdo cuyo original, escrito a plumilla, se conserva en la biblioteca de la Facultad de Medicina de la Universidad Complutense de Madrid.

José Antonio García Regueiro

Presidente de Arco. Ha sido Vicepresidente del Ateneo de Madrid de junio de 2017 a junio de 2019

Artículo publicado en «Entreletras» el 11 de junio de 2019

La utopía de Tommaso de Campanella

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La utopía como género literario se desarrolló con la llegada de la edad moderna, coincidiendo con la era de los descubrimientos geográficos. Aunque las hay de muchos tipos, sin lugar a dudas, la Utopía de Tomás Moro y La Ciudad del Sol de Campanella no sólo son las más importantes y las que más han perdurado en la Historia, precisamente, no sólo por su calidad literaria, sino, sobre todo, porque suponen una fuerte crítica de la sociedad de su tiempo, planteando un mundo distinto donde imperarían unas nuevas relaciones sociales basadas en la igualdad y la comunidad de bienes. Ambas se inspiran en Platón, pero, mientras Moro es un claro defensor del humanismo, en línea con Erasmo de Rotterdam, Campanella tiene más conexiones religiosas medievales. En este trabajo nos acercamos a la obra del segundo.

Tommaso Campanella (1568-1639) escribió La Ciudad del Sol en 1602, aunque no viera la luz hasta el año 1623. Fue escrita en cautiverio, no siendo el primero, aunque antes por cuestiones teológicas. En 1599 se le abrió un proceso por herejía, pero también por rebelión porque fue acusado de preparar una rebelión contra el poder español en Calabria, donde se había retirado después de su experiencia con el Santo Oficio. Pretendía implantar algo parecido a lo que luego escribió. En 1602 fue condenado a cadena perpetua, y encerrado en Castel Nuovo en Nápoles, donde pasaría 27 años de su vida.

En Campanella influyeron varios factores para organizar su insurrección y su obra utópica que deben ser tenidos en cuenta. En primer lugar, es evidente la situación socioeconómica del sur italiano con un alto grado de corrupción y miseria en la segunda mitad del siglo XVI. Pero, por otro lado, esta situación caló en una sensibilidad compleja y tormentosa, en un hombre influido por la astrología, el milenarismo -llegó a predecir el fin del mundo para el año 1600-, y por un acusado misticismo. En ese sentido, como apuntábamos más arriba, su utopía no es de signo humanista, sino religioso y moral, una utopía que une el comunismo con lo teocrático, la comunidad de bienes con un tono milenarista, y hasta astrológico, como tendremos oportunidad de comprobar.

La Ciudad del Sol tendría un templo elevado y cerrado por siete círculos concéntricos con los nombres de los siete planetas. Las paredes del templo tendrían símbolos científicos, con un fin eminentemente pedagógico. En este sentido, el gobierno o el poder de la ciudad tendría un marcado carácter científico, algo que compartiría con otros utopistas, preocupados porque el gobierno no estuviera en manos del azar. El saber se asocia, por lo tanto, con el poder. Habría un jefe del Estado, el Metafísico, y tres especies de príncipes, ministros o magistrados: Pon (poder), Sin (Sabiduría) y Mor (Amor). Pero el saber debe ser enseñado, y para eso Campanella diseña un sistema educativo, donde tiene mucha importancia la experiencia, recogiendo la influencia de la filosofía antiaristotélica de Telesio. La educación y la cultura se convierten, además, en un instrumento contra los ricos, en una formulación que, sin lugar a dudas, influirá en el futuro. La ignorancia de las clases humildes es interpretada como un instrumento de la dominación de los poderosos. Pero, además, el desarrollo de la cultura sería fundamental para reducir la miseria y mejorar las condiciones de trabajo.

El régimen que se instaura en la utopía de Campanella es claramente comunista. El egoísmo particular es sustituido por un verdadero culto a la comunidad. En esta comunidad se destruye la familia, aunque no se trata de instaurar el amor libre, sino que las relaciones sexuales estarían pormenorizadamente regladas: 21 años sería la edad para poder tenerlas si se era hombre, y 19 para las mujeres, aunque habría excepciones para el caso de hombres con temperamentos muy ardientes, siempre según autorización de los más ancianos, que podrían tener relaciones sexuales con mujeres que no pudieran procrear por edad mayor o por esterilidad. Por otro lado, la castidad era considerada un valor en sí misma. El magistrado Mor era el encargado de organizar los emparejamientos donde ni el amor ni los afectos tuvieran nada que ver. Tampoco se pretendían uniones de larga duración. Lo que se busca es la multiplicación y propagación de la especie, por lo que las mujeres estériles o sin hijos no tendrían la misma posición que las mujeres con hijos. En realidad, estas ideas de Campanella prefiguran la futura eugenesia porque se quejaba de que el hombre ponía mucho interés en mejorar las razas de los animales domésticos y no ponía ninguno para su propia especie. Los solarianos aceptarían este sistema porque se basaría en la razón y la ciencia, principios fundamentales de la utopía.

Una vez establecida esta organización de las relaciones sexuales se podía montar la economía sobre el principio de la comunidad de bienes. Los solarianos tendrían todo en común. Los magistrados serían los encargados de reasignar el domicilio de cada habitante cada seis meses. La propiedad privada engendraba egoísmo y era la fuente de todos los conflictos.

Todo estaría minuciosamente organizado. La reglamentación es casi un principio universal de las utopías. La jornada laboral del trabajo colectivo sería de cuatro horas. También estaba muy regulada la educación en común, y los juegos. Los hombres y mujeres irían desnudos, intentando imitar el ideal espartano. Campanella pretendía acabar con la ociosidad, unos de los males endémicos del sur italiano. Pero también se conseguiría evitar el delito de todo tipo porque reinaría la virtud. Es evidente que estas reglas tenían un aire religioso. No olvidemos que, en esta utopía, además, se implantaría un sistema de confesión, medio para que el jefe del estado supiera conocer lo que ocurría en la ciudad. Pero en otros aspectos Campanella se aleja de la religión y moral religiosas: defiende el placer sexual, por ejemplo. En esta utopía sí habría religión, una suerte de deísmo, que no exigiría un culto muy exhaustivo al Creador.

Campanella fue un hombre complejo, porque al final de sus días, intentando conciliarse con el poder redactó algunos escritos que entraban en contradicción con su utopía, como su Monarquía del Mesías, donde defiende la teocracia pontificia, entre otras cosas. Pero, no cabe duda que, a pesar de varias cuestiones que nos crean confusión o alarma como la eugenesia o la confesión al jefe del estado, quizás en una suerte de “pre-gran hermano”, debemos contemplar la obra de este religioso italiano, que acabó sus días en París, como un intento de ordenar el caos de un sistema económico y social profundamente injusto, bajo principios racionales y de justicia en favor de los oprimidos.

En castellano contamos con ediciones de la utopía de Campanela: en Fondo de Cultura Económica, en Biblioteca Nueva, Tecnos, Akal, etc. En relación con su interpretación en la historia de las ideas socialistas, es imprescindible el trabajo clásico de Jacques Droz, “Las utopías socialistas en el albor de los tiempos modernos”, en el primer tomo de la Historia del Socialismo que dirigió, y que en España tradujo DestinoLibro en 1976, aunque nosotros empleamos la edición de 1984.

Eduardo Montagut