«Y el Verbo fue al principio…»

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«En el principio existía el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el Verbo era Dios», reza la cita bíblica…

Todo era una utopía. La noche se echaba encima y las conversaciones continuaban. La falta de luz no impedía continuar la charla, sin tiempo. El instante se dilataba entre copas y palabras animadas. Compartíamos un espacio común en un jardín, en Maroua. Un grupo de académicos –después de impartir sus correspondientes cursos de doctorado a futuras generaciones de cameruneses ávidos de conocimientos–, nos reunimos en un bar, al aire libre, alrededor de una mesa baja y con varias 33, la cerveza imbricadora durante mi estancia en ese país. El paso de las horas se difuminaba, luz mortecina y voz persistente. Siempre la palabra: puente entre gentes variopintas.

«Y al principio fue el Verbo…». Durante uno de mis viajes a La Habana, invitada como profesora de Lengua, me mezclé con personas oriundas de ese país, consciente del hableteo inconmensurable, de la cantaleta que se oía a diestro y siniestro.

Era verdad: la palabra se constituía en eslabón de diferentes; aquí la cerveza cedía al mojito y a todos nos hacía más locuaces, más dicharacheros.  Nos gustaba hablar y hablar de todo; los cubanos y los cameruneses arreglan el mundo, su mundo, hablando. Buscando el “esplendor en la hierba” que canta el grupo Pink Martini, tal vez, animando al regreso del campo, de la paz idílica en una forma de ‘beatus ille’.

Advertía en todos nosotros una mezcla de fantasía y realidad, magia, sueño, ilusiones y anhelos igual que si estuviéramos bajo el baobab, contando leyendas y cuentos de nuestra propia cultura, unas narraciones que configuraban nuestro ser y nuestro estar.

Siempre la palabra, inspiradora y prometedora. Tan potente con ese carácter fundacional… (Continuará)

Pilar Úcar

«NUEVOS TIEMPOS, NUEVOS RETOS EN EL ATENEO”

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El próximo 20 de diciembre los Presidentes de las Agrupaciones Ateneísticas Agustín Argüelles y Ángel Garma iniciamos un debate sobre cuestiones de actualidad del Ateneo de Madrid, bajo el título “Nuevos tiempos, nuevos retos”. Un debate que esperamos que ayude al proyecto que el actual Presidente Luis arroyo está impulsando para modernizar y optimizar el Ateneo en su organización, estructura y rendimiento económico, a la par que recupera el espíritu del primer Ateneo, el cual, no debe olvidarse, nació durante el trienio liberal de 1820 a 1823, momento político en que tuvo un papel destacado precisamente Agustín Argüelles.

Durante este año 2021 debe destacarse la contundente victoria en las elecciones de mayo a la Junta de Gobierno del Grupo 1820, la elección como Presidente de Luis Arroyo y las disputadas elecciones a Secciones de octubre que han visualizado dos grandes bloques: el de los que apoyamos el programa de la actual mayoría de Gobierno y el de una coalición compuesta de heterogéneos grupos y motivaciones diversas.

Esta fuerte polarización hace necesaria una reflexión serena que permita afrontar sin crispación los principales problemas de nuestra Institución y facilite el entendimiento entre las distintas fuerzas. El pensamiento opuesto no sólo es compatible con el diálogo, también lo exige.

Por ello, entendemos muy positiva la conducta abierta al diálogo que en todo momento tiene el Presidente Luis Arroyo, lo que ha permitido, lo queremos subrayar, que tras las elecciones de mayo nos hayamos sumado a su proyecto.

Voy en este artículo a tratar, a título personal, uno de los puntos de la posible reforma del Reglamento, verdadera norma constitucional de la Docta Casa que a pesar de sus diferentes modificaciones sigue teniendo una fragancia ilustrada y levantando pasiones hasta el punto de haberse convertido en un punto de choque entre 1820 y la referida coalición, la cual acudió a las elecciones a Secciones denominándose significativamente “En defensa del Reglamento”.

Se encuentra pendiente que la Comisión que se nombró para la reforma del Reglamento haga una o varias propuestas. No cabe duda de que no es una misión sencilla pero tampoco es imposible. Como cualquier proyecto de calado requiere de reflexión y trabajo.

Una postura, sin duda legítima, es dejar el Reglamento como está por entender que es perfecto, que no es el momento o que limitaría las expectativas personales o de grupo. Pero también es legítimo querer cambiarlo. ¿Qué modificaciones pueden mejorarlo?.

En relación a ello, me voy a limitar ahora a analizar el sistema electoral que el Reglamento establece para elegir a la Junta de Gobierno:

Comencemos por las listas abiertas. En principio, podemos admitir que es el sistema más democrático. Ahora bien, sería infantil no tener en cuenta sus efectos más controvertidos; en primer lugar, si un grupo es notoriamente mayoritario y presenta candidatos a todos los puestos lo normal es que si hay una cierta disciplina de voto entonces cope su totalidad, quedándose sin representación las minorías (produce un sistema radicalmente mayoritario, que se puede visualizar en el Senado español); y, en segundo lugar, si ningún grupo es claramente mayoritario habrá cruces de votos que busquen neutralizar a un candidato concreto, normalmente del propio grupo, es decir, favorece los ajustes de cuentas internos.

Pasemos a la otra característica de este sistema electoral, esto es, que todos los años se somete a votación la mitad de la Junta de Gobierno, de forma que puede cambiar el Presidente cada dos años. Al igual que las listas abiertas, tiene la votación anual una indudable apariencia de plenitud democrática pero también consecuencias no deseables. La principal es la inestabilidad si van cambiando cada año o dos años las mayorías en la Junta de Gobierno; proyectos relevantes se iniciarán y quedarán después parados. Un gobierno sin cohesión interna, sin estabilidad suficiente, se convierte en un desgobierno.

Según lo expuesto, considero que un sistema de listas cerradas con elecciones cada tres o cuatro años, acompañado de un sistema proporcional d,hont, tendría indudables ventajas para el Ateneo: habría gobiernos más homogéneos y estables, se podrían hacer proyectos a largo plazo, se evitaría que se utilizara el voto cruzado para las “vendettas” y las minorías tendrían su presencia en proporción a sus votos, sin llegar a hacer inviable la gobernabilidad.

Se cumple aquí el clásico aforismo: “lo mejor es enemigo de lo bueno”.

No obstante, caben otras posibilidades, otros modelos. El debate está abierto.

José Antonio García Regueiro

Letrado del Tribunal de Cuentas. Ex Letrado del Tribunal Constitucional.

Presidente de la Agrupación Ateneística Agustín Argüelles. Ex Vicepresidente del Ateneo.

La palabra de los jóvenes, hoy

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Escuché a mi hijo, en el coche, de la universidad a casa, llamar “¡¡cerda!!” por el móvil a una compañera suya y casi frené en seco del susto. Pasmada esperé a que terminara el mensaje, siempre en un tono afectivo y cariñoso a su amiga Irene a la que yo también conozco. Y él, veinteañero “power tranquilito”, me explicó el modo de empleo de dicho apelativo: se dirige así a su amiga de manera afectuosa, porque son “best friends”; muda todavía, pensé qué palabra emplearía para algún compañero o compañera que no fueran santos (ni santas) de su devoción. Paradojas del idioma.

Dando vueltas al tema, y atenta a las canciones que escuchan nuestros jóvenes, con letras que lucen agresividad, melodías vejatorias e insultantes, al margen de ritmos, me malicio que a fuerza de repetirlas, cubata en mano y a puro brinco desarticulado durante el ocio vespertino y nocturno, el cerebro interioriza y el lenguaje reproduce: léxico soez, música desalmada, palabras malsonantes, expresiones provocativas… Todo un cuadro peyorativo, un hilo narrativo muy derogativo. Tout à fait normal. Su comunicación pertenece a un nuevo universo, marcado por la inmediatez. Si algo se tiene que explicar, mal.

Parece que el meollo de la cuestión radica en estar en el ajo, es decir, formar parte del lío y dominar las condiciones y requisitos que impone el uso de ese microlenguaje, todo un idiolecto, en apariencia propio y privativo de la juventud, ¡divino tesoro!, cuyos códigos lingüísticos se han de conocer para pertenecer al grupo.

Si no, vas de cráneo. De ahí mi sorpresa mayúscula ante el insulto, que pensé, le estaba propinando mi hijo a su amiga.

Y yo me planteo: ¿qué me estoy perdiendo? ¿Qué se me escapa? Como madre, como profesora…Dejo las preguntas abiertas  (Continuará).

Pilar Úcar

La palabra que hostiga

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Mi anterior colaboración acababa muy inquietante…hoy quiero describir algo que ocurre a nuestro alrededor, un cerco presente, una especie de asedio lingüístico reflejo de otro social, perverso, acuciante y dañino, con preferencia hacia colectivos “vulnerables”, como se denominan ahora: un eufemismo que no esconde la cruda realidad identificadora del grupo desfavorecido, débil, indefenso…de todo eso, algo sabemos las mujeres: “pobrecitas desvalidas y abandonadas” mascullan algunos con sarcasmo e ironía, con resabios de creencia digerida e interiorizada durante décadas. Me refiero al acoso verbal, al que se ejerce con la palabra. Público y privado. En la calle, en el trabajo, en el ámbito doméstico, en los colegios, en las instituciones públicas. Ha de ser desterrado por completo y para siempre: sin rastro del daño que ocasiona a sus víctimas: un hostigamiento que adquiere diferentes formas léxicas a modo de piropo, por ejemplo.

Sobre todo si el que lo profiere pertenece a un rango jerárquico superior de la persona que lo recibe. Palabra asediante de machirulos que compadrean acerca de una compañera en su ámbito laboral, sin ella pedirles su opinión sobre su físico, apariencia… ese “trato” verbal acompañado de un “tonillo”  sospechoso, con elementos extralingüísticos que añaden caza y cañoneo. Palabras, actitudes y comportamientos tan frecuentes, tan “sociales” que suponen una regresión al primate, al modo carpetovetónico de tantos referentes conocidos.  A quienes ejercen el “acoso verbal”, los retrata.

No resulta raro suponer que estos adultos obedecen a patrones aprendidos de niños, porque así lo han vivido en el núcleo familiar a lo largo de los años de crecimiento escolar y afectivo.

Conviene, pues, proteger y salvaguardar los derechos individuales, escuchar a aquellas personas que se sienten acosadas, perseguidas con la palabra ajena, ofensiva y vejatoria.

Qué interesante va a resultar prestar oídos a nuestros jóvenes… (Continuará)

Pilar Úcar

Sobre la defensa del Reglamento

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Hace unos días se celebraron las elecciones para elegir las mesas de las Secciones del Ateneo de Madrid, con resultados muy igualados pues casi todos los candidatos rondaron los 200 votos. Fundamentalmente había dos grupos, en concreto el 1820 y el que se denominó “En defensa del Reglamento”, aunque este último es una alianza de varios, muy dispares entre sí.

Tiene especial mérito que el Grupo 1820 en el poco tiempo que lleva constituido haya conseguido ganar las elecciones a la Junta de Gobierno del pasado mayo (6 puestos de 6) y varias Secciones el pasado octubre. Todo un récord que indica la satisfacción de sus votantes con su programa, tanto de socios veteranos como recientes.

Sin duda los votantes de 1820 también hemos tenido en cuenta que partimos de una situación crónica de desmotivación que se ha visto reflejada durante los últimos años en la pérdida de varios miles de socios y que ha permitido la monopolización de la institución por grupos de 50 o, a lo sumo, 100 socios. Véase en este sentido los resultados electorales de los últimos años.

Respecto de la coalición “En defensa del Reglamento” llama la atención que algunos de sus principales líderes no hayan ganado la presidencia de las Secciones a las que se presentaban, lo que indica una significativa desviación de una parte del voto que en teoría debería haberles respaldado. ¿Fuego amigo?.

En cuanto a la denominación utilizada por esta coalición, esto es, “En defensa del Reglamento”, su utilización como título y cartel electoral parece un intento de monopolizar las esencias del motor jurídico del Ateneo y, por ende, del Ateneo mismo. Me recuerda a los que quieren monopolizar la bandera española por entender que los que no piensan como ellos no son verdaderos españoles.

Desde Arco siempre hemos defendido, y seguimos defendiendo, que cualquier reforma del Reglamento debe hacerse sin alterar los valores y principios que son propios de la Docta Casa desde su fundación en 1820. Y tras analizar los programas y discursos de los diferentes colectivos que campean por el Ateneo, hemos llegado a la conclusión de que el que mejor puede garantizar el respeto de esos valores y principios del Reglamento, tanto si se modifica como si no, es el Grupo 1820.

Sin embargo, no caemos en el error de pensar que sólo nosotros queremos defender esos valores y principios, pues esa concepción exclusivista denotaría una preocupante carencia democrática. Por ello mismo, rechazamos a los que demonizan, insultan o descalifican a los adversarios. Quienes así actúan no son dignos de llamarse ateneístas ni de invocar el Reglamento.

Las ateneístas que nos hemos reunido en torno al Grupo 1820 apostamos por la tolerancia, por el respeto a los demás, defendemos los valores ilustrados y favorecemos todo impulso que permita abrir a la sociedad civil un Ateneo con un amplio abanico de ofertas políticas, culturales, científicas y literarias.

Ana Pulido Benito es Vicepresidenta de Arco y Socia del Ateneo

SUPREMO CONSEJO DE HAGION

Palabra y emociones

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Los humanos somos seres emocionales. Acudo a Tomás Moro para añadir, que somos emoción “a todas las horas”. Dueños o no de ese sentimiento intenso que nos invita a pensar, aprender, querer y aborrecer. Emoción como sinónimo de afecto. Lo contrario, insensibilidad. Gracias a la palabra conectamos, emocionalmente, con los demás. Agasajamos al prójimo si lo hacemos partícipe de palabras y de esta manera formamos una cadena de eslabones que se engarzan como las emociones… a flor de piel. Es la palabra, pues, la que consigue plasmar silencios contenidos, pasiones experimentadas, intimismo e intimidad, sin bravuconería, ni intimidación…

Según Oatley, el concepto de ‘emoción’, resulta un término relativamente nuevo, empleado en ciencia y literatura para distintos contextos comunicativos; a través del lenguaje se accede a las emociones.

Si nos detenemos en revisar su etimología, encontramos que emoción viene del latín emotĭo: «movimiento o impulso», «aquello que nos mueve hacia”; sabedores también de que las emociones actúan como depósito de influencias innatas y aprendidas, de alguna manera podemos afirmar que poseen características invariables, y otras que muestran cierta variación entre individuos, grupos y culturas, parafraseando a Levenson.

Por otro lado, el lenguaje, reflejo de la mente humana y canal de transmisión del pensamiento, se nos ofrece como un modo de hacer tangibles las emociones y así lograr  un reconocimiento familiar y cálido, un premio que nos llega de la voz del otro como una mano tendida al corazón.

El idioma crea y dirige sentimientos y emociones, de ahí que la mejor forma de trabar conocimiento con el otro, con los demás, próximos o no, es con el lazo de la palabra. Toda una suerte y un lujo poder y querer usar las palabras.

Alejemos, entonces, el hostigamiento y el acoso; solo exhibición afectiva y afectuosa. Mucha emoción.

(Continuará…)

Pilar Úcar

 

 

«El rostro en la ceniza» de Sánchez Pintado

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En la foto Sánchez Pintado durante su intervención

El viernes 29 de octubre pudimos disfrutar de un interesante coloquio, patrocinado por la Agrupación Agustín Argüelles en el Ateneo de Madrid, sobre los personajes del libro «El rostro en la ceniza» de Fernando Sánchez Pintado. Además del autor, intervinieron José Antonio García Regueiro, Enrique Sammer y José Lázaro.

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Palabra de los medios de comunicación

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Palabra de los medios de comunicación …la palabra conciliadora. Así terminaba mi colaboración anterior.

Podríamos plantearnos si los mass media, concilian con su palabra, con sus palabras. Que precisamente, por ser eso, medios o instrumentos de comunicar, no solo informan sino que ahora también, lo más rabiosamente moderno y actual: crean opinión.

Pero, ¡cuidado!: opinión de masas, de individualidades, no cuaja. La palabra personal e intransferible no se lleva; el aborregamiento, tal vez. Ser un verso suelto, tiene poco y mal futuro.

Los medios de comunicación constituyen auténticos espejos de la sociedad, nuestra sociedad. De ahí la relevancia que adquiere su palabra. Como docente, constato que de poco o nada sirve si los académicos “predicamos” una cosa y los medios expresan otra distinta. En este camino de la educación y la formación deberíamos seguir la misma vía. Por ejemplo: en mi curso sobre Género y Lenguaje sexista en los medios de comunicación, tratamos el tema de la inclusión lingüística, de la visibilización a través del lenguaje del cambio que ha experimentado la sociedad. Los periodistas deberían hacerse eco de esas lecciones para evitar una asincronía difícil de superar, entre la teoría y la práctica; aunar esfuerzos para crear una línea de actuación unánime, o al menos coherente.

Porque… ¿a quién cree la mayoría de la población? ¿A los profesores? No. Somos sospechosos de eruditos, desfasados y presuntuosos. ¿Entonces? Sin duda se cree a quienes en muchas ocasiones vociferan desde canales televisivos o emisoras radiofónicas “sus verdades”. Y lo hacen según criterios comerciales, ideológicos…La servidumbre de la palabra por intereses económicos, políticos. ¿Dónde queda el bien social? ¿El servicio a la comunidad? Hay que acercar la palabra al ciudadano. La palabra veraz y certera sin engañifas ni triquiñuelas, para tenderla para conciliar. La lengua es “un organismo” en constante cambio: un gran porcentaje de palabras pasan sin pena ni gloria: domina lo fugaz y caduco, lo inmediato: y de eso saben mucho los medios de comunicación. Su palabra, sin ambigüedades ni maledicencia debería garantizar la libertad de expresión, el respeto civilizado.

(Continuará…)

Pilar Úcar

 

 

 

La palabra… ¿arma social?

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Muchas son las ocasiones en que hemos escuchado y leído el poder que posee la palabra. El poder y la fuerza que se derivan de ella. Cierto. Por eso, conviene preservarla, cuidarla y utilizarla no solo con precisión y mesura, con tino y tiento, sino con cariño y afecto…hay que salvaguardar el lenguaje y tratarlo como se merece.

Soy consciente del peligro que entrañan las palabras, los riesgos que esconden: a veces resultan tramposas y solapan intenciones aviesas, torticeras, ofensivas y hasta insultantes. La palabra se convierte en el espejo de lo que uno quiere y desea expresar, transmitir y comunicar.

Hablar de “arma”  inspira temor y sugiere lucha, conflicto y beligerancia; connotaciones negativas que no nos dejan indiferentes. Poder, superioridad, casi un pugilato entre adversarios que llegan al hostigamiento. ¿Destrucción?

El ser humano es social por naturaleza y como tal ha de convivir en societas, procurando el bienestar colectivo, el beneficio de la comunidad. Conviene, por tanto, no  olvidar el acomodo ajeno, el pensar en el otro, y hacerlo con palabras que nos identifican a cada uno, que hablan de nosotros mismos, de nuestra personalidad y de nuestro propio comportamiento individual. Desde la sinceridad.

De ahí la importancia que adquiere la educación, aprender y descubrir; informarse, indagar, permanecer atento al cambio, a lo nuevo y a lo diferente, estableciendo el punto de mira en un futuro más consolidado, libre y justo.

Entre todos hemos de configurar, de manera firme y rotunda, una urdimbre acorde con los tiempos que nos está tocando vivir.

Francisco Ayala, Miguel de Unamuno, Alfonso X, el sabio y otros muchos eruditos coinciden y cito: «(…) el lenguaje es un arma de doble filo: puede ser puente para aproximar y muralla para separar”.

Volver a recuperar el valor de la palabra conciliadora… (Continuará)

Pilar Úcar

ATENEO: ARCO EUROPEO CON 1820

Compañeros y compañeras:

El próximo 26 de octubre se celebran las elecciones a Secciones en el Ateneo de Madrid. Varios de nuestros compañeros y compañeras de Arco Europeo y de la Agrupación Especial Ateneística Agustín Argüelles van en candidaturas del Grupo 1820, lo que sin duda es una excelente noticia pues el proyecto del Grupo 1820 coincide con nuestro ideario progresista y democrático.

Por ello, entendemos que es esencial que apoyemos con nuestros votos todas las candidaturas del Grupo 1820.

Ana Pulido Benito

Vicepresidenta de Arco Europeo y Secretaria de Comunicación de la Agrupación Ateneística Agustín Argüelles

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