Los socialistas y la diplomacia española en el Congreso de 1918

rosa roja

El Partido Socialista dedicó mucha atención a la Administración del Estado en su XI Congreso del otoño de 1918. En este artículo nos acercaremos a las cuestiones de la organización diplomática española debatidas en dicho Congreso, que suponían cambios profundos en un mundo tan tradicional.

Los socialistas aprobaron en la Ponencia denominada “Legislación General” la democratización de los servicios diplomáticos, junto con cambios tendentes a fomentar la eficacia de los mismos, en un momento clave de las relaciones internacionales, justo cuando finalizaba la Gran Guerra y debía construirse un nuevo orden mundial. Si no se emprendía una profunda reforma de la política internacional española se agravaría el desprestigio internacional del país, según la opinión socialista. Esa reforma debía abarcar todos los órganos de la actividad exterior española para, además, contribuir a la formación de una “conciencia internacionalista en España”.

El Ministerio de Estado debía ser transformado profundamente, con una profunda reorganización del cuerpo diplomático y del consular, equiparándolos, es decir, se pretendía una democratización de toda la estructura diplomática española, potenciando a los cónsules. Por fin, se defendía la dimensión cultural de las embajadas españolas, e incluir la representación obrera en las mismas.

Por su parte, Antonio Fabra i Ribas planteó la necesidad de establecer un plan de estudios para el Cuerpo consular. El socialista catalán era muy conocedor de la realidad internacional.

Fabra pretendía que los cónsules recibiesen una completa formación teórica y práctica sobre las materias que abarcaba su carrera. Había que cambiar casi completamente el temario de las oposiciones porque tenía un carácter “especulativo y memorista”. Interesaba que los cónsules adquiriesen conocimientos en Geografía comercial e industrial, Estadística y Legislación social comparada.

El cónsul debía residir el mayor número posible de años en el mismo país. Debería estudiar, además, las características sobre la agricultura, industria y comercio de dicho país.

Los cónsules deberían redactar una memoria semestral indicando las condiciones en que vivían los españoles residentes en el país, la mayor o menor aceptación de los productos españoles importados en comparación con los de otros países, y los productos propios que fueran de interés para España.

Los Consulados debían estar dotados del personal necesario, debidamente remunerado para que pudiera atender todos los servicios asignados a estos organismos con el fin de que los españoles residentes en el extranjero estuviesen atendidos adecuadamente.

El Congreso del PSOE aprobó por unanimidad esta proposición, que se añadió a la Ponencia.

Hemos consultado los números 3414 y 3552 de El Socialista.  Es recomendable consultar la obra de Miguel Ángel Ochoa Brun, Historia de la diplomacia española, Tomo XI-XII. La Edad Contemporánea, publicada por el Ministerio de Asuntos Exteriores en 1995.

Eduardo Montagut

La agresividad en la clínica psicoanalítica: Sabina y el Toro

Toro

Sabina Spielrein, la sibila, la profetisa, la elegida, que, a través                                        del destino de su pueblo y de su propio sufrimiento, pudo                                                contemplar los fondos abismales que los demás estamos                                              dispensados de ver. Ella dice lo que tiene que anunciar, y es                                            rechazada porque nadie la cree. (“La verdadera historia de                                          Sabina Spielrein”, Karsten Alnaes)

La agresividad en la clínica psicoanalítica: Sabina y el toro

En el significante toro me interesa resaltar dos acepciones: toro como animal, del latín taurus, y toro, del latín torus, que en arquitectura es la moldura en que se plasma la figura geométrica definida por una superficie tórica. En lenguaje común y gráfico puede decirse que es un «aro». En el campo semántico psiconalítico de taurus, se puede asociar temas relacionados con la pulsión de muerte y la agresividad, y por eso haré mención a Sabina Spielrein. Pero antes comentaré algunos aspectos relacionados con  el campo semántico de torus, en donde nos adentramos en las matemáticas como forma de poner orden y formalizar, con apreciaciones hechas por Gerard Pommier y por Jacques Lacan.

Torus y la poesía

             Gerard Pommier, en su artículo publicado en la colección Lapsus de Toledo “Mecanismos defensa en las psicosis”, intenta poner de manifiesto el hecho de que la poesía es la madre de la ciencia. Cito a Pommier: “Por mi parte, yo soy lacaniano a favor del gesto poético de Lacan más que por sus matemas, no solamente porque no son a menudo más que maneras de hablar, sino porque son siempre posteriores a la poesía.”

Pommier señala que en el nacimiento, todos los niños están aterrorizados por el movimiento de ir y venir de su propio grito. Este grito se alivia y se domestica a continuación gracias a la repetición poética. La repetición de los sonidos según sus distintos tonos, es musical, poética, y mantiene una distancia anti-incestuosa: crea la distancia, el espacio. La repetición ordena el efecto poético.

La poesía, y después la palabra hacen nacer a un padre mítico: es un padre que, quizá más tarde, encarnará al padre del complejo de Edipo.  Un padre oculta al otro. Antes del padre de la neurosis, se encuentra siempre el padre primitivo, el padre del Logos. Es el lobo, el ogro que existe desde el inicio.

Pero, mientras las palabras se vuelan al infinito, las cifras limitan un eterno presente. La cifra no tiene sexo contrariamente al significante. Todo lo que nombramos tiene un género, ya que nos proyectamos en todo lo que vemos. Contar, es una ducha fría, un contra-delirio. Hacer una operación calculada, es desexualizar al mundo, retirarle su género. No hay relación sexual en el mundo de las matemáticas, se puede descansar de ello. Un obsesivo que piensa con angustia en la mujer puede ponerse a contar a toda velocidad.

Por otra parte, Lacan utilizó , al final de su enseñanza, la topología para dar cuenta de ciertos rasgos de la estructura del sujeto. Lacan intentaba salir de la dicotomía filosófica del cuerpo-alma, del “pienso luego existo”, a un ser que “piensa sin saber lo que piensa”. Es decir, utilizaba los conceptos matemáticos en terminos de estructura, no como algoritmos para hallar soluciones cerradas.

La topología es el área más joven de las Matemáticas, es muy moderna y muy revolucionaria. Los topólogos ven igual una taza de café que un donut, porque ambos tienen la misma estructura. Es como si imagináramos nuestro mundo como si fuera de plastilina y todo se pudiera moldear. Pues eso es el mundo de la topología. Hay un teorema en topología que se llama “teorema de la bola peluda”, y haciendo un ejercicio de imaginación, si tenemos una esfera con pelo y la peinamos, ¿por dónde empezamos a peinar?, ¿dónde se termina?, ¿se puede peinar todo por igual?. La respuesta es que tiene que haber un remolino, ese remolino es una singularidad, hay un corte, algo distinto. En cambio en la figura del toro, si la imaginamos con pelo, esta se puede peinar sin remolinos; por tanto, no hay singularidad, no hay corte, es continuo.

La primera referencia de Lacan al toro es de 1953; pero solamente comienza a figurar con mayor importancia en su obra, a partir de su abordaje más profundo de la topología, en la década de 1970. La topología del toro le sirve para ilustrar ciertos rasgos de la estructura del sujeto. Por ejemplo: una característica importante del toro es que su centro de gravedad está fuera de su volumen. De la misma manera, el “centro” del sujeto está fuera de él: el sujeto está descentrado, es excéntrico. Otra propiedad del toro es que “su exterioridad periférica y su exterioridad central constituyen una región única”. Esto ilustra, por su parte, la manera en que el psicoanálisis problematiza la distinción entre el “adentro” y el “afuera” (concepto de extimidad).

Taurus y Tánatos

Sabina Spielrein es la primera psicoanalista que escucha a Tánatos. Tánatos fue como Freud llamó a la pulsión de muerte, uno de los conceptos psicoanalíticos  más controvertidos que existen. De hecho, se puede decir que el concepto de pulsión de muerte ha sido el que ha fracturado más profundamente las distintas corrientes psicoanalíticas después de Freud; (a parte, del concepto de libido, que ya trajo consigo rupturas profundas todavía con Freud vivo.)

Su artículo, de unas 50 páginas, titulado “La destrucción como causa primera del devenir”  ( del ser o del nacimiento, según otras traducciones)” escrito en 1911, es un trabajo psicoanalítico pionero. Cuando lo presentó el 29 de noviembre de 1911, en el círculo de psicoanalistas en casa de Sigmund Freud, en Bergasse 19, la actitud de la mayoría de ellos, incluido Freud, podríamos decir que fue desde escéptica hasta negativa. Solo en una nota a pie de página de su ensayo de 1920 “Más allá del principio del placer”, Freud, todavía dejando traslucir su desconcierto, nombra a su predecesora en este concepto: “En un trabajo muy rico en ideas, aunque para mi no del todo transparente, emprende Sabina Spielrein una parte de esta investigación y califica de “destructores” a los componenetes sádicos de la pulsión sexual” .

Pero en esa primera presentación de 1911, podemos suponer que las críticas oscilaron entre ser un texto excesivamente metafísico, en donde al basarse en la deducción, con referencias a los mitos, las leyendas y la filosofía, para justificar sus principales tesis, se estaba desviando del camino que debería seguir el psicoanálisis, que era el de la ciencia y el del método inductivo. U otro tipo de críticas, en las que se decía que Sabina Spielrein vinculaba su teoría a las cualidades biológicas del ser humano. Otras críticas, en cambio, entre la que en ese momento se colocaba Freud, se referían a que no se necesitaba ninguna teoría sobre una pulsión de muerte primaria, porque los aspectos destructivos de la conducta humana podían entenderse dentro del marco del principio del placer y de la libido.

En los días posteriores a la presentación del trabajo de Sabina Spielrein, los comentarios que Freud escribió a Jung giraron en torno a ciertas objeciones dirigidas a la forma como la autora, basada en las ideas de Jung, trataba los temas mitológicos. También Freud advirtió el “componente personal” existente en la comunicación de Spielrein, lo que no dejó de comentar con Jung con las siguientes palabras: “…su pulsión de destrucción no me es simpática, ya que lo considero como personalmente determinado. Me parece que tiene más ambivalencia de la normal. “Es difícil de leer y entender. Escribe de una manera torpe, extraña”.

La novedad de la teoría de Sabina Spielrein reside en que relaciona la pulsión de muerte con la pulsión de vida. Sostiene que esas dos fuerzas motrices no sólo se mantienen en equilibrio, sino que son una condición la una de la otra, que las dos son primarias. De modo que la existencia de una de ellas es impensable sin la de la otra. Y lo que llama la atención es que Sabina Spielrein muestra ante todo cómo los mitos, leyendas y textos sagrados de distintas culturas relacionan la muerte y el nacimiento. Hay cierta conexión lógica, dice, entre el volver a la materia de origen y el volver a nacer. También muestra cómo los mismos mitos y leyendas revelan un conocimiento del elemento agresivo y destructor en lo erótico, y cómo la autodestrucción está dentro de nosotros como un instino, tanto porque abre camino a lo nuevo como porque está relacionado con la sensación de placer.

La pulsión de muerte como base de la agresividad y la violencia

             Hoy podemos decir que si la agresividad natural del ser humano, basada en la constitución del yo por medio de la imagen del otro, no implica necesariamente la instalación de la violencia, entonces el paso a esta violencia, el acto violento, puede leerse como una utilización social de esta agresividad innata; esta violencia es extrapolada, usufructuada, extraída de esa agresividad en uno modo que podríamos considerar similar a la extracción de plusvalía, es decir, aplicarse a matar y morir el servicio de los intereses de los Príncipes, como dice Voltaire, del Amo.

Por tanto, se destaca una configuración imaginaria de la agresividad por un lado y una inscripción simbólica de la violencia por otro. Dicho de otro modo, la agresividad no da cuenta del acto violento, la agresividad primordial constitutiva del sujeto no podría fundamentar la barbarie.

Para profundizar y entender mejor la diferencia entre agresividad y violencia, podemos comparar cómo se trataban estos conceptos en la tragedia griega y cómo se tratan en la guerras actuales. Según Bernard Sichère, en la actualidad el espectáculo nos muestra  lo trágico de una manera débil, con ofensivas figuras del horror y cuya consecuencia primera es sumirnos en el abatimiento, en lugar de suscitar nuestra resistencia. A lo “trágico débil” se le opone lo trágico verdadero, la tragedia griega, que no se confunde con el espectáculo del horror. No es que en la tragedia griega no exista un momento de horror y de devastación, sino que este momento de exceso está detrás de lo que puede darse a ver, de lo que puede mostrarse: no veremos a Antígona enterrada viva, ni a Edipo en el momento de hacerse saltar los ojos, porque esto corresponde al orden de lo imposible. No lo vemos, pero lo oímos a través de la queja de Antígona que avanza a su propia muerte, de la queja de Edipo, o de la queja de Medea por el asesinato de sus hijos. La queja se transmite a través del entramado simbólico que le permite al espectador extraer la enseñanza de que el hombre, si franquea un momento de horror y devastación, se le torna imposible su salvación.

En otras palabras, en la tragedia griega no se ve lo violento, pero sí se ve lo agresivo, esto crea en el espectador implicación, empatía, impacto, realidad…. En las guerras actuales, se ve lo violento, pero no se ve lo agresivo, esto crea en el espectador indiferencia, vacunación, irrealidad… y esto tiene como consecuencia el desconocimiento permanente de la muerte.

A modo de conclusión y de acuerdo con lo que dice John Kerr, en su libro de 1993 “Un método muy peligroso. La historia de Jung, Freud y Sabina Spielrein”: “ El listado de los diez mayores psicólogos del siglo XX es una cuestión de moda y gusto, pero en cualquier lista, cinco nombres inevitablemente aparecerían: Freud, Jung, Piaget, Luria y Vygotski. Sabina conoció a todos y cada uno de ellos. Tanto Jung, como Freud, Piaget y Vygotski se beneficiaron de las ideas de Sabina Spielrein.

Lola Burgos, psicóloga y psicoanalista

 

 

 

 

NADIE SABE LO QUE PUEDE UN CUERPO

Amis

Antropológicamente nuestro mundo es el más irreal de la historia. La pandemia de la covid19 nos ha hecho (re)descubrir nuestra enorme vulnerabilidad. Estamos ante un acontecimiento que, siendo inesperado, tiene todos los ingredientes para constituirse en un hito del todo significativo, de manera que a su carácter de imprevisto, se suma su potencial de dejar en suspenso el mero fluir de procesos en curso para, en una situación nueva, concitarnos ante alternativas, dilemas, y cambios futuros respecto a los cuales hay y habrá que tomar decisiones sin precedentes.

                       Nadie sabe lo que puede un cuerpo es un aforismo del filósofo del siglo XVII Baruch Spinoza, llamado el filósofo de la alegría, que me parece muy ad hoc para estos tiempos. Lo que subyace a este aforismo es la pregunta de cuál es la forma de vida más conveniente para un cuerpo, para un sujeto. Hay quien pretende saberlo y establece una moral universal; Spinoza critica a estos que se erigen en este saber/poder supuestamente universal que debe ordenar el mundo humano. Esta fue una de las razones por las cuales Spinoza fue expulsado de la Sinagoga. Tampoco Spinoza fue tan naif para no saber de los límites del cuerpo. Un ejemplo metafórico que parece que él ponía, era que los seres humanos son una esfera geométricamente idéntica pero materialmente distinta, es decir, somos como esferas, hechos de distintos materiales que ocupan el espacio y distribuyen la luz de diferente manera. Esto es, los límites que la luz proyecta cada una de las esferas son diferentes, por tanto los límites son dinámicos.

            Por otra parte, Michel Foucault, ya en el siglo XX, acuñó el concepto de biopolítica, o biopoder. Hasta hace dos siglos, el poder se basaba en la capacidad del soberano de dar muerte; ahora se basa en la capacidad de gestionar la vida. Así pues, se trata de controlar la vida, de hacerla crecer, organizarla y optimizarla.  Las dos formas de biopoder son las disciplinas del cuerpo y los controles de la población. Son sistemas encargados de moldear al individuo para integrarlo en la sociedad y convertirlo en un elemento útil. Lo ejercen instituciones como la educación o el ejército, pero también la anatomía.

            Mientras que las disciplinas del cuerpo se centran en el individuo, los controles de población se centran en la especie. El poder ya no se basa exclusivamente en la ley. Si bien la ley sigue existiendo, esta es un elemento más en un entramado de instituciones (la familia, el sistema educativo, el ejército, la medicina, etc.) que busca gobernar a base de regular lo que es lo normal y adaptar a ello a todos los individuos de la sociedad.

El biopoder se convierte así también en un nuevo marco para las ciencias, que bajo este nuevo paradigma se erigen como parte del entramado de instituciones que ejercen el biopoder.

Por ejemplo, nuestra propia concepción del la salud y del sexo sería biopolítica. Precisamente es el sexo, aquella esfera innombrable, que parece libre de toda injerencia política, donde el biopoder se manifiesta de forma implacable. Así, las prácticas sexuales comunes, pero también las concepciones científicas sobre el sexo, serían una forma de apuntalar los equilibrios de poder del statu quo a través de la práctica sexual. Vemos aquí como para Foucault los sistemas de conocimiento generan aquello que tratan de describir, de forma que en su esencia son mecanismos de poder.

El cuerpo se lee, sin duda: es un texto. El cuerpo ya no puede ser pensado como una materialidad previa e informe, ajena a la cultura y a sus códigos. No existe más allá o más acá del discurso, del poder del discurso y del discurso del poder. El cuerpo es la representación del cuerpo, el cuerpo tiene una existencia performativa dentro de los marcos culturales (con sus códigos) que lo hacen visible. Más que tener un cuerpo o ser un cuerpo, nos convertimos en un cuerpo y lo negociamos, en un proceso entrecruzado con nuestro devenir sujetos, esto es individuos, ciertamente, pero dentro de unas coordenadas que nos hacen identificables, reconocibles, a la vez que nos sujetan a sus determinaciones de ser, estar, parecer o devenir.

El cuerpo es fronterizo, se relaciona bidireccionalmente con el entorno sociocultural; lo constituye pero a la vez es constituido por él.  Una de las labores más loables y necesarias del psicoanálisis y de los feminismos ha sido y sigue siendo mostrar cómo actúan esos mecanismos de poder que consiguen que percibamos como naturales prácticas que en sí mismas no lo son. El poder se ejerce verticalmente, de arriba abajo, pero también se otorga, de abajo a arriba… o a los lados.

¿Cómo nos desenvolveremos como cuerpos después de esta aporía?

En otro orden de cosas, me gustaría señalar, en un primer y somero acercamiento a nivel clínico, las quejas y manifestaciones sintomáticas escuchadas y observadas desde mi posición analítica que me han llamado más la atención:

– El aislamiento continuado produce un enlentecimiento psíquico debido al aumento de la incertidumbre sobre las perspectivas vitales a corto y medio plazo, junto con pérdidas de memoria, dificultades para restaurar recuerdos.

-Se dan también manifestaciones sintomáticas de tipo supervivencial: En los primeros momentos del confinamiento, la compra desaforada de papel higiénico está relacionada con un mecanismo de defensa típico de una regresión a la etapa anal, expresado en términos ortodoxamente freudianos, donde la necesidad de control ante una situación totalmente fuera de control del sujeto, se manifiesta reveladoramente.

En un segundo momento del confinamiento, el masivo consumo de productos se trasladó la compra de harinas y levaduras. Una regresión a la etapa oral. En un artículo muy ocurrente de una periodista española, Cristina Fallarás, titulado “Nuestro tiempo es un bizcocho”, señalaba que restar importancia a la alimentación, es de alguna manera restar importancia a nuestra dedicación a nosotras mismas. Un bizcocho es algo hecho en casa, casero, un bizcocho es tiempo de esmero de cuidado, compartido, íntimo, la diferencia entre dinero y tiempo, lo pragmático y lo antipragmático. ¿Porqué un bizcocho y nuestro trabajo por dinero es incompatible o irreconciliable?

El sostenimiento de la carga emocional por las muertes por la covid19 en los hospitales ha recaído sobre todo el personal sanitario, ya que no había familiares en las habitaciones, que son los que en condiciones habituales soportan dicha carga. A esto hay que añadir, que parte de los médicos de hospital habitualmente tienden a tratar la enfermedad como entidad clínica, más que al enfermo como sujeto sufriente, pero ahora les ha tocado atender a los enfermos, de una enfermedad que conocen poco. Esta situación pavorosa lleva inevitablemente a un repunte sustancial de síntomas ansioso-depresivos.

-Y aparecen un tipo de manifestaciones sintomáticas, llamemosles paradójicas:

Los sujetos con estructuras cercanas a la melancolía, confinados habitualmente en su narcisismo depresivo, aparentemente parece que llevan mejor la situación. Podría ser debido a que todo a su alrededor está confinado, y ellos o bien saben manejarse mejor en esta situación, o bien mejoran en comparación, porque el resto de los sujetos nunca se han enfrentado de una manera tan patente a los abismos subjetivos que produce una situación de confinamiento.

Los que tienen tendencia al aislamiento de forma habitual, en el confinamiento han acusado el estar aislados; a los sujetos que no les gusta ser tocados o besados o acercarse mucho a los otros, ahora echan de menos esa posibilidad; quizá se trate más de hacer evidente las limitaciones en la ficción de libertad en que vivimos habitualmente.

Con esta pandemia, todas nuestras ficciones, registros imaginados y simbólicos, semblantes, fantasmas, fantasías, simulacros, patrones, plantillas, planillas, apaños… se nos han resquebrajado, y aparece de forma cruda e inmisericorde lo real. Nos toca rehacerlo, rehacernos.

Contamos con la extraordinaria capacidad de adaptación del ser humano. Pero hemos de ser realistas. Circula por ahí la idea de que una mala experiencia vuelve mejor a la gente.

Uno de los principales propagadores de esta ilusión fue Charles Dickens y su Cuento de navidad, en el que un banquero avariento se vuelve generoso y benévolo gracias a una serie de oportunos escarmientos metafísicos. Frank Capra, cineasta de buen corazón donde los haya, fue bastante más honesto al plantear en el suyo la desagradable verdad: la gente suele avinagrarse cuando vienen mal dadas y a los banqueros sin corazón rara vez les crece uno en el pecho.

El devenir subjetivo marca la pauta de los actos, acting y pasajes al acto con los que cada una de nosotras nos enfrentamos a los sucesos traumáticos que nos rodean, pero no olvidemos que aunque un suceso sea traumático a nivel social, no significa automáticamente que lo vaya a ser para todos y cada uno de los sujetos.

Saldremos de esta como hemos hecho siempre. La cuestión es si lo hacemos con Dignidad. La dignidad es un principio antipragmático. El delito de indignidad consiste en tratar a lo que tiene dignidad como si solo tuviera precio. Saldremos de esta, pero no sin cicatrices. Lo prioritario es que cuando eso ocurra sepamos leer esas marcas. La vida espera al otro lado.

Lola Burgos es psicóloga y psicoanalista

Mayo 2020

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Los socialistas y el sensacionalismo en 1913

F mujer

Eduardo Montagut es historiador.

En la España de los siglos XIX y XX, parte de la prensa seguía muy de cerca los sucesos desde una perspectiva claramente sensacionalista, por lo que lo que padecemos hoy con medios más modernos tiene claros antecedentes. Los asesinatos eran relatados con todo lujo de destalles, reales o inventados, con entrevistas, crónicas de las pesquisas policiales y de los juicios. Cuanta más sangre y morbo hubiera más ventas se generaban, alimentando tertulias en cafés, bares, patios de vecindad y reboticas.

En este trabajo nos hacemos eco de la reflexión que el periódico obrero El Socialista se hizo en abril de 1913 sobre este particular a cuenta de juicio por jurado por el asesinato de Encarnación Gaucín a manos de su marido Francisco Campoamor. Nos interesa el trabajo, lógicamente, no por las circunstancias terribles de este crimen, sino por lo que el órgano socialista decía en relación a cómo se trataban estas noticias.

El periódico anunciaba que con el inicio de este juicio se llenarían columnas y periódicos con los detalles “más nimios del suceso”, con declaraciones de testigos, y con una relación pormenorizada de todo lo que tuviera relación con el crimen. Habría una especie de competición entre los reporteros para ver quién era el que más columnas llenase con novedades que a los demás no se les hubiera ocurrido. El objetivo era alimentar la curiosidad del público, gran parte del mismo ávido de sangre y de escándalos. Había que tratar el asunto desde el punto de vista del sensacionalismo, pasando por encima de los objetivos de un periódico, que no eran otros que los relacionados con la cultura y la educación.

Lo que se pretendía, en realidad, era vender más, sin reparar en los daños o consecuencias que se seguían con esta forma de proceder.

El periódico socialista, en cambio, quería dejar claro que ese no era el camino a seguir por el mismo. El Socialista no ofrecería los detalles ni el relato pormenorizado del crimen, sin obviar la necesidad de informar, pero sin caer en lo que se calificaba como “historia imbécilmente naturalista acerca del suceso del día”. El Socialista no iba a llenar columnas con esos sucesos del día, ni con los toros, ni con tantas cuestiones que, siempre según su Redacción, empequeñecían y envilecían la “elevada misión de un periódico”.

Hemos consultado el número 1409 de El Socialista, de 2 de abril de 1913, en los momentos en los que comenzaba a ser diario.

 

SEGURIDAD NACIONAL Y ESTADO DE ALARMA

 Bosch 2

se debate en estos días si podría ser sustituido el Estado de Alarma por otras medidas jurídicas que fueran igualmente efectivas para combatir la pandemia, como, por ejemplo, las contenidas en la Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad, en la Ley 33/2011, de 4 de octubre, General de Salud Pública, la Ley Orgánica 4/2015, de 30 de marzo, de Seguridad Ciudadana, en la Ley Orgánica 5/2005, de 17 de noviembre, de Defensa Nacional y, especialmente, en la Ley 36/2015, de 28 de septiembre, de Seguridad Nacional, a la que nos vamos a referir en estas líneas comparando sus posibilidades con las del Estado de Alarma:

1º En el Estado de Alarma rige el principio de unidad de mando que corresponde al Gobierno de España, al cual supeditan sus competencias las demás Administraciones, tal y como disponen los artículos 7 y 9 de la Ley Orgánica 4/1981, de 1 de junio, de los estados de alarma, excepción y sitio: “A los efectos del estado de alarma la Autoridad competente será el Gobierno” … “Por la declaración del estado de alarma todas las Autoridades civiles de la Administración Pública del territorio afectado por la declaración, los integrantes de los Cuerpos de Policía de las Comunidades Autónomas y de las Corporaciones Locales, y los demás funcionarios y trabajadores al servicio de las mismas, quedarán bajo las órdenes directas de la Autoridad competente en cuanto sea necesario para la protección de personas, bienes y lugares, pudiendo imponerles servicios extraordinarios por su duración o por su naturaleza”.

Sin embargo, los principios básicos que orientan la “política de seguridad nacional” son los de coordinación y colaboración, tal y como establece el apartado 2 del art. 4 de la Ley 36/2015. En el mismo sentido, relata el preámbulo de esta Ley que sus medidas están orientadas esencialmente a la coordinación: “la dimensión que adquieren ciertos riesgos y amenazas, su acusada transversalidad, o la combinación de estos rasgos con su naturaleza abierta e incierta, como sucede en las situaciones de interés para la Seguridad Nacional definidas por la presente ley, son factores que indican claramente que toda respuesta que implique a los distintos agentes e instrumentos de la Seguridad Nacional se verá reforzada y resultará más eficiente si se realiza de forma coordinada”.

Precisa el Tribunal Constitucional que “la competencia estatal de coordinación presupone, lógicamente, la existencia de competencias autonómicas que deben ser coordinadas, competencia que el Estado debe respetar, evitando que la coordinación llegue ‘a tal grado de desarrollo’ que deje vacías de contenido las correspondientes competencias de las Comunidades Autónomas” (STC 45/1991).

Se caracteriza, pues, la “situación de interés para la Seguridad Nacional” por “una coordinación reforzada de las autoridades competentes”, coordinación que asume el Gobierno de España “en el marco del sistema de seguridad nacional” (apartado 2 del art. 23), respetando las competencias autonómicas.

2º El apartado 3 del art. 23 dispone que la situación de interés para la seguridad nacional se afrontará con “los poderes y medios ordinarios de las distintas Administraciones Públicas”. Lo anterior conlleva que se respetan las competencias autonómicas sobre protección civil o seguridad pública, si bien en el marco de una situación de mayor coordinación justificada por la envergadura y relevancia de la crisis que debe afrontarse, la cual exige una movilización unitaria de los medios disponibles (STC 184/2016).

Lo que explica que de la obligación de aportación de recursos humanos y materiales ordinarios que establece el apartado 2 del art. 24 no resulte una adscripción a las autoridades estatales pues la adscripción supondría una asignación orgánica y permanente, incompatible con la competencia autonómica; la aportación de recursos que el precepto contempla se refiere a la situación de crisis que se trata de gestionar, que, por definición, será temporal. Así, el apartado 1 c) del art. 24 dispone que el real decreto que declare la situación de interés para la seguridad nacional debe definir su “duración y, en su caso, su posible prórroga”.

Asimismo, el reconocimiento del Estado de Alarma como una situación de trascendencia superior se deduce de la Disposición adicional primera de esta ley que prevé que “Los instrumentos de gestión de crisis y de la contribución de recursos del Sistema de Seguridad Nacional servirán de apoyo en los estados de alarma y de excepción de conformidad con su propia regulación específica, a decisión del Gobierno, y sin perjuicio de lo dispuesto en la legislación de Defensa nacional”.

3º El art. 14 b) de la Ley 36/2015 al afirmar expresamente que corresponde al Gobierno “aprobar la Estrategia de Seguridad Nacional y sus revisiones mediante Real Decreto, en los términos previstos en esta Ley”, está refiriéndose a Decretos que no tienen rango legal, sólo reglamentario.

Al ser la decisión de declarar el Estado de Alarma expresión de una competencia constitucional atribuida con carácter exclusivo al Gobierno en tanto órgano constitucional al que le corresponde, por el art. 97 de la Constitución (C.E.), la dirección política del Estado, el Tribunal Constitucional reconoce a los Decretos del Estado de Alarma un rango legal (STC 83/2016).

4º Por último, es clave en estas diferencias que mientras que el Estado de Alarma permite restringir el derecho a la libertad de circulación reconocido en el artículo 19 C.E. (véanse los artículos 55 y 117 C.E. y la Ley Orgánica 4/1981), esta limitación no es posible ejercerla mediante la declaración de situación de interés para la Seguridad Nacional.

Es notorio que la limitación de movimientos está siendo fundamental para evitar los contagios por las comunicaciones entre países, provincias o, incluso, por el mero hecho de salir de casa, y que es, en definitiva, la que marca el pase de una fase a otra en la desescalada.

En conclusión, es manifiesto que el Estado de Alarma es el mejor instrumento jurídico que tiene el Gobierno de España para combatir la pandemia, especialmente en los momentos más complicados de la misma.

José Antonio García Regueiro.

Ha sido Letrado del Tribunal Constitucional. Ingresó por oposición en 1994 en el Cuerpo Superior de Letrados del Tribunal de Cuentas y también por oposición en 1990 en el Cuerpo Jurídico Militar.

 

 

Los socialistas y la religión en la lucha contra la gripe en 1918

BOSCO

Los socialistas españoles denunciaron en las páginas de El Socialista la solución de tipo religioso que algunos Ayuntamientos plantearon para intentar combatir la famosa epidemia de gripe de 1918.

El periódico obrero señalaba que no era admisible que las Corporaciones municipales, encargadas de las cuestiones sanitarias, demostraran más confianza en la acción de milagros de las imágenes que en el trabajo científico dedicado a la lucha contra la enfermedad.

Al parecer, en el mes de octubre de 1918, en ciudades, como Pamplona, Valladolid y Ferrol, no se había pensado remedio mejor para combatir la gripe que sacar vírgenes y santos locales, que servían, siempre según el periódico, tanto para traer la lluvia a los campos cuando se necesitaba, como para “ahuyentar la peste que la higiene debía evitar”.

En Ferrol se iba a sacar a la Virgen de los Dolores en solemne rogativa por sus calles. En la capital castellana una comisión municipal había visitado al arzobispo para que fuera sacada la patrona de la ciudad en procesión de rogativas para implorar que cesase la epidemia.

En realidad, la denuncia socialista no iba contra la Iglesia en sí, sino contra los poderes locales que no trabajaban por la higiene urbana, especialmente de los barrios obreros, ni construían alcantarillado ni saneaban las viviendas, además de no fomentar la construcción de vivienda social (“casas baratas e higiénicas”), así como, tampoco combatían a los acaparadores para evitar que hicieran negocio con el hambre general que se estaba padeciendo, y que era un caldo de cultivo para el desarrollo de la enfermedad. Pero eso no importaba a muchas autoridades municipales. El contenido de la denuncia era muy duro porque se insistía en las terribles condiciones de vida de la clase trabajadora en las ciudades, aludiendo también a otras de las grandes lacras endémicas, la tuberculosis. Si los socialistas fueran creyentes pedirían a Dios no que la emprendiese con las imágenes (“esculturas representativas de un fanatismo bien arraigado”) sino con quienes autorizaban esas “mojigangas”.

Por otro lado, con este tipo de soluciones las autoridades fomentaban aún más la “leyenda negra” de una España que era un “país de pandereta” donde se suspiraba por el pan, la Inquisición y los toros.

Eduardo Montagut

Hemos consultado el número 3365 de El Socialista.

 

 

 

 

 

NI UN PASO ATRÁS!!

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He dedicado una parte importante de mi vida a luchar por una sociedad mejor, más justa, más igualitaria, a construir respuestas frente a quienes nos quieren volver a llevar a un pasado negro donde nadie podía votar ni opinar y en el que las mujeres éramos meros sujetos pasivos.

Considero que ahora más que nunca debemos apoyar al Gobierno de España todos los que queremos una sociedad progresista y justa, todos los que no queremos perder la democracia; considero que es una irresponsabilidad hacer coro con la derecha reaccionaria con el pretexto de ejercer el derecho a la crítica o de explicar teorías pseudocientíficas.

Debemos unir nuestras fuerzas y no dispersarnos con discursos que con frecuencia sólo esconden narcisismos y frustraciones.

Un abrazo para todos,

 

Ana Pulido Benito, Directora de Arco Cultural y Vicepresidenta Primera de Arco Europeo.

 

El Primero de Mayo de 1900

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En este artículo nos acercamos al Primero de Mayo en la capital de España del año 1900. El Socialista publicó el 30 de marzo de 1900 una resolución del Comité Nacional del Partido Socialista, de 26 de marzo, firmada por Pablo Iglesias, como presidente, y Juan José Morato, como secretario, relativa a la celebración del Primero de Mayo de ese año, que refleja la posición socialista no sólo en relación con esta cuestión, sino también su estrategia política y social, por lo que merece nuestra atención. Los socialistas señalaban que, como se vivía en un régimen político dominado por los reaccionarios, los obreros no podían manifestarse en los espacios públicos, un derecho reservado solamente para los privilegiados o los partidos que representan sus intereses. Había que celebrar, por lo tanto, el Primero de Mayo en locales cerrados. En este sentido, conviene que hagamos un poco de Historia sobre lo ocurrido en la década final del siglo XIX.

En algunos momentos se habían producido actos violentos asociados al Primero de Mayo, especialmente, en el primero de ellos, diez años antes en Cataluña, pero donde el protagonista anarquista había sido evidente. Barcelona fue declarada en estado de sitio con presencia de tropas y de la Guardia Civil. Muchos patronos cerraron las fábricas. La presencia anarquista en Valencia derivó también en altercados. Eso mismo ocurrió en las zonas de control anarquista en Andalucía, especialmente en Cádiz y en Córdoba. Pero, por otro lado, el éxito de la jornada del 1º de mayo en otros lugares provocó que los socialistas decidieran repetirlo al año siguiente y se celebraron reuniones por todas las ciudades europeas. Los socialistas españoles tomaron la decisión en Bilbao. Los anarquistas se reafirmaron en su defensa de la huelga general para esa fecha. El gobierno español, ahora en manos de Cánovas, ante la experiencia vivida, decidió prohibir las manifestaciones públicas, aunque permitió los mítines y reuniones en locales cerrados. Los socialistas optaron por respetar la legalidad y decidieron que la fiesta se limitase al cese del trabajo y la celebración de actos. Eso provocó que el 1º de mayo de 1891 no tuviera nada que ver con el entusiasmo y la movilización del celebrado el año anterior. Destacaron los incidentes en Cádiz, y que influyeron en posteriores hechos sangrientos ocurridos en Jerez. Al año siguiente se decidió que el 1º de mayo sería una manifestación anual internacional. Los socialistas españoles analizaron la situación: los sucesos de Jerez, la posición anarquista y la postura del gobierno, que, independientemente de su signo político, liberal o conservador, siguió siendo contraria a las manifestaciones públicas. En consecuencia, tomaron la decisión de que, a partir de entonces, la jornada debía ser un día de afirmación plena de la lucha obrera pero no de la revolución social. Habría que organizar actos conmemorativos, siempre con ánimo pacífico. Los anarquistas decidieron que, al no poder realizar la revolución ese día, no tenía mucho sentido la jornada. A mediados de la década de los 90 dejaron de tener interés en el Primero de Mayo.

La celebración del Primero de Mayo en la España del primer cuarto del siglo XX se desarrolló entre la autorización y la prohibición gubernamentales. A comienzos del siglo fue autorizada por el gobierno, pero las autoridades provinciales no siempre fueron favorables a las manifestaciones. En este sentido, en el mitin madrileño de 1900 se aludiría a los temores infundados del Gobierno, aunque se señaló que el gobernador civil no había desplegado en ese año un gran alarde de fuerzas.

En la resolución del Comité Nacional se insistía en la importancia de que en ese día no se trabajase, y que todo debía transcurrir en paz y orden. El empleo de la violencia era inevitable para conseguir la emancipación, pero ese momento no había llegado aún. El empleo de medios violentos solamente era deseado por los explotadores. Se consideraba que sería una torpeza caer en esa provocación porque les permitiría acabar con el movimiento obrero, restringiendo los derechos conquistados de reunión y asociación, impidiendo la defensa de los intereses de los trabajadores. Estaba claro que los socialistas diferían claramente de la estrategia seguida por los anarquistas en relación con el Primero de Mayo. La fuerza había que demostrarla, siempre siguiendo la resolución, en el poder mismo de la organización, de la conciencia de clase, en la acción común y en la “seriedad y sensatez que se revelen” en todos los actos que se realizasen.

Ese debía ser el camino para arrancar conquistas sociales, como una legislación favorable a los intereses de los obreros, especialmente el respeto de la jornada de ocho horas, pero también en favor de los que vinieran después, y contra las guerras “donde tantos proletarios sucumben”. El Partido Socialista animaba a seguir en la lucha para conseguir los objetivos de los trabajadores. El Primero de Mayo era un momento capital en esa lucha.

En varios números del periódico obrero socialista de los días previos a la celebración se publicó una proclama sobre el Primero de Mayo llamando a los trabajadores para que participasen de tan importante fecha para los socialistas. Por otro lado, se sucedieron las reuniones de las distintas Sociedades Obreras para adherirse a los actos que se iban a celebrar. “El Socialista” publicó una sección para informar de estas decisiones, tanto para el caso madrileño como para el del resto del país.

En el número 739 (4 de mayo de 1900) apareció la crónica de lo acontecido en Madrid capital. La mayoría de los trabajadores pararon, tanto en la construcción como en los talleres. Todo comenzó de forma optimista, porque hasta la lluvia de días anteriores había dejado paso a un día soleado.

Se celebró un mitin multitudinario en el Frontón, lleno de las banderas de las distintas Sociedades obreras y de la Agrupación Socialista de Madrid. En el mitin hablaron destacados líderes, entre los que hay que citar a Largo Caballero y a Pablo Iglesias. Recordemos que Largo había ingresado en la Sociedad “El Trabajo” de albañiles de la UGT en 1890, y en la Agrupación Madrileña en 1894.

Es interesante destacar que el periódico reseñaba que la nota dominante de los discursos había sido la de recomendar “templanza” a los obreros, mientras la clase obrera no fuera lo suficientemente fuerte. Todos los oradores condenaron el empleo intempestivo y prematuro de la violencia que solamente podían ofrecer “frutos de sangre, víctimas para los inquisidores”. Se insistió, pues, en las decisiones tomadas en el Comité Nacional.

Los discursos también ahondaron en el relato de los progresos de la clase obrera en los últimos años, además de resaltar la importancia del Primero de Mayo. Destacada fue también la apelación al internacionalismo, a la fraternidad entre todos los obreros y al deseo de que terminasen todas las guerras.

El acto terminó con una actuación del Orfeón. Todo se desarrolló de forma ordenada y sin alteraciones, algo que, como hemos comprobado, siempre fue una preocupación de los socialistas. En el exterior se tuvieron que quedar muchas personas que no cabían en el Frontón. Los cálculos de El Socialista nos hablan de que entre asistentes en el interior y en el exterior se llegó a una concentración de unas 17.000 personas, aunque no tenemos otras fuentes para contrastar el dato.

La fiesta vespertina se desarrolló en la Fuente de la Teja sin incidentes, en un ambiente puramente festivo, con banda de música, cohetes y una breve actuación del Orfeón.

La celebración concluyó con un tercer acto en el Teatro Novedades donde se realizó una representación teatral con varias partes, destacando una en la que unas jóvenes representaron la Verdad, la Ciencia, el Arte, la Libertad y la Industria. El Orfeón cerraría el acto. Pero, aunque el día había comenzado con poca presencia de la fuerza pública, terminó de forma contraria, ya que el gobernador desplegó muchos efectivos en la zona donde estaba el teatro.

En conclusión, para El Socialista los obreros habían demostrado lo que de ellos podía esperar “la noble causa del Trabajo”.

En el siguiente número de El Socialista (en ese momento era semanario) se hacía un repaso a lo que la prensa madrileña había publicado sobre la celebración del Primero de Mayo.

Al parecer, el Heraldo de Madrid había dedicado abundante espacio a recoger artículos de los principales socialistas españoles, algo que se agradecía desde El Socialista porque, efectivamente, era una tribuna de amplia difusión, demostrando la tolerancia del medio. Recordemos que el Heraldo de Madrid se había creado en 1890, y que en los primeros años del nuevo siglo había alcanzado una amplia tirada, siendo muy popular. Unos pocos años después de los hechos que estamos relatando se dedicó a apoyar la labor de Canalejas.

Por su parte, El Liberal dedicó uno de los concursos literarios que convocaba al Primero de Mayo, y que ganó el socialista Matías Gómez Latorre, que había sido redactor de El Socialista. Al parecer, se habían presentado unos doscientos escritores. Matías Gómez es un personaje fundamental en la Historia del PSOE desde su fundación hasta el final de la Guerra Civil, ya que, a su longevidad (91 años tenía cuando murió en el exilio), se unió un intenso compromiso. Fue uno de los grandes tipógrafos del Partido, contribuyendo a su fundación en la comida del 2 de mayo de 1879. Para acercarnos a su vida conviene consultar la extensa ficha que le dedica el Diccionario Biográfico del Socialismo Español.

Los socialistas se sentían muy agradecidos con ambos medios de comunicación, pero consideraban que los elogios, como las críticas no modificarían su actitud. Al parecer, algunos pensaban que la mayor atención que la prensa nacional había dedicado a los socialistas era interesada, aunque no en los dos casos citados. En enero de 1900 se había creado la Unión Nacional, impulsada por los regeneracionistas, destacando en este empeño Joaquín Costa. Algunos medios, supuestamente, habrían querido contrarrestar la fuerza de esta nueva formación con la de los socialistas. En todo caso, la Unión Nacional sería un experimento político fallido.

En el mismo número 740 del periódico socialista se realizó un repaso destallado de la celebración del Primero de Mayo en distintos lugares de la geografía española.

Eduardo Montagut es Historiador

Eduardo Montagut

REFLEXIONES SOBRE LA DISCORDIA EN TIEMPOS DE CONFINAMIENTO

Alfonso

El insulto no es una táctica política recientemente inventada. Cinco siglos antes de Cristo la retórica clásica había acuñado el término “argumento ad hominem” para referirse al uso del argumento personal, el ataque verbal a un individuo como expresión de un vacío argumentativo en el pensamiento.

Escojo el insulto como manifestación contemporánea sobresaliente de la degradación de la vida, por la sencilla razón de que su empleo ha invadido la vida política a extremos que carecen de antecedentes. Por supuesto, la degradación conoció etapas infinitamente más extremas y espantosas. Pero precisamente no es a ellas a las que quiero referirme, sino a las que han convertido el lenguaje que forma parte de la contienda cotidiana, corriente, y el aprovechamiento de la disolución entre lo íntimo y lo público, en un instrumento de descalificación que recorre todo el espectro social: líderes políticos, influencers, opinólogos, comentaristas anónimos en las redes sociales. El insulto integra lo que denominamos “la nueva normalidad”, es decir, la siniestra comprobación de que solo se requiere tiempo para que una aberración cobre carta de ciudadanía y se integre al paisaje, y que pasemos de largo, indiferentes o anestesiados frente al rebajamiento moral de los discursos.

¿Por qué surge con tanta virulencia el insulto en estos tiempos de confinamiento en las redes sociales? ¿Por qué tan difícil es la sana dialéctica?

Nosotros no nos vamos a olvidar de estos momentos de pandemia, de este momento de apocalipsis. Ni en la ciencia ficción se pudieron imaginar que este aire, este gas virulento de virus, ha invadido el planeta tierra. Es impresionante. Está todo el planeta invadido. Sin embargo, lo más maravilloso es que reaccionamos globalmente muy bien. No obstante descubro en los grupos de las redes sociales que el confinamiento despierta nuestras pulsiones más primitivas. Son las pulsiones de amor, sexo, de autoconservación y también las pulsiones agresivas. Las pulsiones más primitivas son las que nos acercan al otro y las que nos separan del otro, y una forma de expresión de la agresividad es el insulto al otro ante la discordia.

Curiosamente estando confinados a veces nos reímos mucho y, a veces, hay también miedo. Hay tres sentimientos: el sentimiento de la dificultad de convivir, el del sonreír, del estar contentos, de pasar un momento bien. Como me decía un paciente: ”Yo estoy maravillado, encantado, hago lo que quiero». Y después tenemos el otro sentimiento, que es del miedo. El miedo viene cuando uno va a la televisión y ve las cifras de los muertos. Piensa en uno o en aquellos que queremos mucho, sobre todo las personas de edad. Allí tenemos miedo. Son los tres sentimientos: amor, miedo y, a veces ,dificultad, desafíos y peleas. A veces detrás de la expresión de esas pulsiones agresivas se esconde precisamente ese miedo y vulnerabilidad ante lo que nos sucede y es un caldo de cultivo para su expresión las redes sociales donde a modo de una falsa masa, porque los mensajes quedan escritos y se puede filtrar uno a uno, alguien puede pensar que en la soledad de su casa y su ordenador y como parte de una turba digital, puede agredir verbalmente a otro sin consecuencias. Las personas, en muchas ocasiones, prefieren seguir un proceso mental sencillo ante un estímulo, como una información, que un análisis más crítico, y esta comodidad a la hora de actuar se puede traducir en insultos o agresiones. Se utiliza el concepto de “eco digital” para explicar estas situaciones.

«Para entender el concepto se puede poner el ejemplo del fútbol. Si yo soy seguidor del Real Madrid, solo sigo a perfiles del Real Madrid, y leo prensa deportiva exclusiva de Madrid, es evidente que mi opinión y mi relación con otras personas es muy sectaria. Si en ese momento un aficionado del Barcelona, que sigue mis mismas pautas, se cruza en mi camino, es más que probable que entable una conversación en términos muy desagradables, ya que se trata de alguien que intenta ir contra todo lo que yo pienso», a partir de ahí la dialéctica es imposible.

En ese sentido se está produciendo en la sociedad española una división con relación al manejo de la situación sanitaria, creándose grupos confrontados donde la opinión intragrupo diferenciada no es escuchada y es agredida y censurada.

En España vemos que hay muchas deficiencias en el sistema sanitario y de prevención, lo cual ha producido una desagradable confrontación política, de nuevo una España dividida cuando más unida debía estar.

No se busca la verdad,  con relación a lo que ha sucedido para ser uno de los países mas afectados por el coronavirus, se produce una lucha por miedo a la perdida de poder, un no reconocimiento de errores, baluartes defensivos incluso ante la crítica interna en los partidos políticos, como si se tratara de una disciplina de voto, que muy a menudo lleva al insulto y descalificación del otro.

El discurso científico en dialéctica pierde valor frente a un discurso político muy empobrecido. Una colega amiga trabaja como internista en un Hospital de Madrid y me decía que en algunos momentos la situación era terrible porque hay que elegir a qué paciente se trata. Y es cierto que la mayor parte de los pacientes con patología que pueden esperar, que no son una patología urgente, son delegados para poder atender a aquellos que en este momento tienen un riesgo de vida o de muerte.. ¿Cómo puede confrontar la sociedad esa real posibilidad que es la muerte por falta de medios, por selección, por darwinismo? ¿Qué sienten los políticos en sus debates ante estas situaciones?. Pienso que ese darwinismo de circunstancia es lo que se impone cuando hay situaciones de emergencias graves. Pienso en el accidente de avión que tuvo lugar en la montaña, en Los Andes, donde efectivamente se discutía quién se comía a quien en ese momento tan trágico y tan final, tan extremo.

Esta experiencia de la pandemia va a ser inolvidable.

Todo va a ser cuestionado tras esta crisis por la gente: la globalización, la concentración económica, el poder de las grandes potencias, las decisiones que adoptaron los gobiernos, las políticas sanitarias, la protección.

Desgraciadamente pienso que los países dominadores van a volver a ser dominadores. Que esta macroeconomía que vivimos, donde hay mucho dinero en el mundo, mucho, mucho dinero, va a seguir.  Espero que cambien los sistemas sanitarios, que se pueda debatir ampliamente lo sucedido, es incuestionable que algo no ha funcionado bien, pero que ese cuestionamiento no se confunda con la agresividad y luchas de poder políticos, sino con una mejora del ciudadano y una mayor protección que la que ahora hemos tenido.

Que la grandeza de miras pueda ante la mezquindad, seguramente va a haber una preocupación mayor en las organizaciones de los hospitales, de las clínicas, de los sistemas de prevención.

Espero que desde el punto de vista médico y sanitario estemos reforzados. Vamos a aprender de esta lección, pero sobre todo que en el caos pueda, al final del túnel, retornar la armonía, que del insulto y agresividad se pase a la ironía, que recordemos que el fanatismo no lleva a ningún buen  puerto, que podamos pensar libremente lejos de las ataduras, que un partido político no se convierta en una confusión entre ideales compartidos y ausencia de sujeto individual, el cual es excluido o visto como enemigo interno, y dando lugar a una ausencia de diálogo posible donde al disidente solo le quedaría como oportunidad ante la falta de escucha el grito en el que se anuncia un saber que escapa a la universalidad, siendo señalado con la amenaza implícita de ser un conspirador que intriga a conciencia, para ser mas exactos a mala conciencia, con mala intención, de ahí a la agresividad e insulto al “disidente” solo hay un paso, que se franquea en estos momentos de confinamiento por la pulsión de muerte, donde al oponente interno se le convierte, de un modo paranoico en conspirador malintencionado y dividido literalmente, puro desecho, pura basura en el colectivo grupal.

Que la ideología no se vuelva loca, bajo la máscara del progreso o la libertad a modo de perversión, donde la creencia se vuelve en certeza y no se la pude refutar por la vía dialéctico-reflexiva con ayuda de la crítica, que el significante amo no se esconda de forma encubierta tras el telón de la democracia, que se mantenga una autonomía de cada sujeto, que ahora en estos momentos tan confusos y duros donde a veces parece que el soporte de nuestro mundo venga a desvanecerse no caigamos en el síntoma ideológico que obture la búsqueda del saber y la verdad y nos permita reconocernos como sujetos libres en nuestro discurso.

Alfonso A. Gómez Prieto

Médico y Psicoanalista. Presidente de la Agrupación Ángel Garma del Ateneo de Madrid. Director del Arco Psicoanalítico de Arco Europeo

 

El horror de las cenizas mezcladas

 

CRISTINAAndré Comte-Sponville, filósofo francés (que fue mi profesor en la Sorbona y con quien tengo una gran transferencia de trabajo) ha comentado que lo que le sorprende de la pandemia de la Covid 19 no es la gravedad del virus sino la locura mediática que lo acompaña como si los periodistas y las personas en general se percataran de repente que somos mortales. Como si eso fuera una novedad.

Por otro lado el filósofo Zizek ha dicho que él cree que cuando todo esto pase, puede haber un giro donde surjan nuevos sistemas con tendencias más comunistas o socialistas.

Mucho se está hablando y discutiendo de todos los problemas que están surgiendo y que son terribles, y también de las fallas en los sistemas actuales. Las fallas a nivel de la salud pública y privada, las fallas a nivel económico, los problemas por el cambio climático, la cuestión de las guerras, la problemática del sistema capitalista neoliberal, el colapso de los hospitales…

También hay mucha disputa en torno a lo que dicen los presidentes o mandatarios en todos los países. Hace unos días, por ejemplo, aquí en España, Pedro Sánchez dijo en una ocasión que «pronto regresaríamos a la normalidad» y muchos fueron los que lo criticaron ferozmente diciendo que ¡de ninguna manera debemos volver a la normalidad! porque la normalidad es lo que ha creado precisamente el problema.

Todos estos temas me parecen muy importantes y son puntos a debatir de manera profunda. Es por ello que me reuní con Jesús Muñoz, director de editorial Ledoria en España y juntos acordamos publicar un nuevo libro llamado COVID 19: REFLEXIONES Y VIVENCIAS para que las personas pudieran expresar lo que piensan y sienten con motivo de esta crisis terrible que está azotando nuestro planeta.

El libro se publicará a principios de mayo y contará con 90 autores. Lo presentaremos en diversos eventos vía ONLINE para que podamos seguir hablando de este momento histórico sin precedentes que todos estamos viviendo.

Pero en esta conferencia yo quiero centrarme en la labor que tenemos los psicoanalistas en este momento. Creo que es una labor vital porque si bien es cierto que hay consecuencias de orden general, también es cierto que las personas, nuestros analizantes necesitan ser escuchados desde sus historias propias y personales.

Muchas personas se cuestionan si se puede hacer análisis virtual. Yo creo firmemente que e dispositivo analítico ocurre en el momento en el que hay un encuentro entre el analista y su analizante. En esta contingencia no hay otra manera. La escucha analítica se está haciendo de tres maneras: vía telefónica (solo la voz) frente a frente en pantalla o vía correo electrónico.

Debido a que escuchamos todos los días cifras de fallecidos, la muerte está siendo protagonista. Sabemos que no es la primera vez, ya ha habido otras pestes que han dañado al mundo. Los pueblos han tenido que realizar actos desesperados cuando se han visto rebasados en la capacidad para enterrar a los fallecidos. Los aztecas, por ejemplo, cuando fueron infectados de viruela en 1520 echaban cal viva a los muertos o incluso quemaban sus casas con los cadáveres dentro para evitar tocarlos e infectarse. Hay por lo tanto, la necesidad de hablar del horror ante la muerte. El horror ante esas cifras de fallecidos.

Quiero comentar un suceso muy interesante que podré transmitir a través de un caso clínico: El analizante me contactó porque estaba teniendo una angustia insoportable, era la idea de que después de incinerar a su padre, le entregaban las cenizas mezcladas. El horror a las cenizas mezcladas lo sumergió en una angustia que le era imposible aplacar.

En la escucha analítica se pudo articular que había ocurrido un suceso en 1920. Resulta que en esa época, aquí en España se estaba pasando por una epidemia que fue devastadora: la gripe española. El abuelo de este paciente murió de la gripe española y en el discurso se dijo que a la hora de incinerar su cuerpo (como se hacían incineraciones colectivas) le entregaron a su abuela las cenizas mezcladas de su abuelo.

El padre de mi paciente se infectó del coronavirus y estuvo grave en un hospital. En ese momento surgió la angustia, producto de un recuerdo reprimido de otro momento donde ocurrió algo similar en su historia.

Las cosas que escuchaba en las noticias le aumentaba la angustia. Pensaba que si su padre moría iban a llevarlo al Palacio de Hielo en Madrid y seguramente iban a confundir los féretros e iban a entregarle el cuerpo de otra persona que no era su padre. Vivía el horror a los cuerpos mezclados.

Esta historia reconstruida en la escucha analítica ha podido calmar la angustia y disminuir la pesadilla.

No obstante, quiero transmitir que una de las cosas más dolorosas que estamos atravesando en estos tiempos aciagos, es la imposibilidad de hacer el duelo.

El no poder despedirse de los seres queridos que han muerto sin que se les haya podido acompañar. Los rituales de los entierros y las muertes no se han podido realizar y esto está acarreando problemas psíquicos muy intensos porque no se han podido simbolizar.

Por ello, en mi opinión, hoy más que nunca, se necesita de la escucha psicoanalítica.

Y por ello, en mi opinión, hoy más que nunca, el psicoanálisis se tiene que reinventar.

 

Esta conferencia se transmitió vía ONLINE en un Congreso llamado El psicoanálisis en tiempos de pandemia: efectos psíquicos organizado por Lapsus de Toledo México.

Cristina jarque es psicoanalista en Toledo, fundadora y presidenta de Lapsus de Toledo Internacional, vicepresidenta de la Fundación Europea para el Psicoanálisis, presidenta de EnsoñArte, representante de Criva en España, creadora de los Monólogos Femeninos.